miércoles, enero 25, 2006

Benedicto XVI publica primera Encíclica: "Deus caritas est"


Así lo cuenta ACI
VATICANO, 25 Ene. 06 (ACI).- El día de hoy fue publicada la primera Encíclica del Papa Benedicto XVI, quien bajo el título Deus caritas est


"Participando de la Eucaristía, también nosotros somos involucrados en la dinámica de su donación. Nos unimos a Él y al mismo tiempo nos unimos a todos los demás a los cuales Él se dona; convirtiéndonos así todos en ‘un solo cuerpo’. De modo que amor por Dios y amor por el prójimo son verdaderamente fusionados. El doble mandamiento, gracia a este encuentro con el ágape de Dios, no es más solo una exigencia: el amor puede ser ‘mandado’ porque antes ha sido donado”.

La práctica de la Caridad

La segunda parte del documento trata en cambio el ejercicio concreto del mandamiento del amor hacia el prójimo. En esta parte se afirma que “el amor al prójimo enraizado en el amor de Dios, además de ser una tarea de cada fiel, lo es también de la entera comunidad eclesial, que en su actividad caritativa debe reflejar el amor trinitario”.

“La conciencia de tal tarea –continúa la Encíclica– ha tenido una relevancia constitutiva en la Iglesia desde sus inicios. En la estructura fundamental de la Iglesia surge la ‘diaconía’ como servicio del amor hacia el prójimo ejercitado comunitariamente y en modo ordenado”.

El Papa Benedicto XVI hace ver también como “con el progresivo difundirse de la Iglesia, este ejercicio expresa así una triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios, celebración de los Sacramentos, servicio de la caridad. Se trata de tareas que se presuponen mutuamente y que no pueden ser separadas una de la otra”.

El Papa critica luego la visión utilitaria de la caridad, especialmente en el marxismo, al afirmar que “desde el siglo XIX, fue levantada una objeción fundamental contra la actividad caritativa de la Iglesia: esta estaría en contraposición –se ha dicho– con la justicia y terminaría por actuar como sistema de conservación del status quo. Con el cumplimiento de obras de caridad la Iglesia favorecería el mantenimiento del sistema injusto en acto haciéndolo algo soportable y frenando así la rebelión y el potencial cambio hacia un mundo mejor. En este sentido el marxismo había indicado en la revolución mundial y en su preparación la panacea para la problemática social- un sueño que en el entre tiempo se desvaneció”.

Recordando, en esta línea, el magisterio de los Pontífices, “comenzando por la Encíclica Rerum novarum de León XIII hasta la trilogía de Encíclicas sociales de Juan Pablo II (Laborem exercens, Sollicitudo rei socialis, Centesimus annus)”, la Encíclica afirma que ha “afrontado con creciente insistencia la cuestión social, y en el confronto con situaciones problemáticas siempre nuevas ha desarrollado una doctrina social muy articulada, que propone orientaciones válidas más allá de los confines de la Iglesia”.

“La creación de un justo orden de la sociedad y del Estado –continúa– es tarea central de la política, y por lo tanto no puede ser encargo inmediato de la Iglesia. La doctrina social católica no quiere dar a la Iglesia un poder sobre el Estado, sino simplemente purificar e iluminar la razón, ofreciendo así la propia contribución a la formación de las conciencias, para que las verdaderas exigencias de la justicia puedan ser percibidas, reconocidas y también realizadas. Sin embargo no existe ningún orden estatal que, por muy justo, pueda hacer superficial el servicio del amor".

"El Estado que quiere proveer a todo se convierte en definitiva en una instancia burocrática que no puede asegurar la contribución esencial que el hombre sufriente necesita: la amorosa entrega personal”, advierte además el Papa Benedicto.

La encíclica hace ver como un efecto colateral de la globalización “se manifiesta en el hecho que la solicitud por el prójimo, superando los confines de las comunidades nacionales, tiende a extender sus horizontes al mundo entero. Las estructuras del Estado y las asociaciones humanitarias secundan en varios modos la solidaridad expresada por la sociedad civil: se han formado así múltiples organizaciones con fines caritativos y filantrópicos".

"También en la Iglesia Católica –sigue el Santo Padre– y en otras Comunidades eclesiales han surgido nuevas formas de actividad caritativa. Entre todas estas instancias es necesario que se establezca una colaboración fructífera. Naturalmente es importante que la actividad caritativa de la Iglesia no pierda la propia identidad disolviéndose en la común organización asistencial y convertirse en una simple variante, sino que mantenga todo el esplendor de la esencia de la caridad cristiana y eclesial”.

Para que la Iglesia mantenga la esencia de la caridad cristiana, el Papa hace referencia a la necesidad de:

- “basarse en la experiencia de un encuentro personal con Cristo, cuyo amor ha tocado el corazón del creyente suscitando en él el amor por el prójimo”.

- “debe ser independiente de partidos e ideologías. El programa del cristiano es un corazón que ve. Este corazón ve donde hay necesidad de amor y actúa en modo consecuente”.

- “no debe ser medio en función de aquello que hoy es indicado como proselitismo. El amor es gratuito; no es ejercitado para alcanzar otros medios.

"Pero esto no significa que la acción caritativa deba, por así decir, dejar a Dios y a Cristo de lado", advierte el Pontífice. "El cristiano sabe cuando es tiempo de hablar de Dios y cuando es justo callar y dejar hablar solamente al amor. El himno a la caridad de San Pablo debe ser la Magna Carta de todo el servicio eclesial para protegerlo del riesgo de degradar en puro activismo”, añade.

Oración en la acción

Hacia el final de la encíclica el Santo Padre recuerda la importancia de la oración. “Frente al secularismo que puede condicionar también a muchos cristianos comprometidos en el trabajo caritativo, es necesario reafirmar la importancia de la oración”.

“El contacto vivo con Dios –dice el Papa– evita que la experiencia de la desproporción de la necesidad y de los límites del propio actuar puedan, por un lado, llevar a la persona a la ideología que pretende ahora aquello que Dios, por cuanto parece, no consigue, o, por otro lado, ser tentación para ceder a la inercia y a la resignación".

"Quien reza no pierde su tiempo, incluso si la situación parece impulsar únicamente la acción, no pretende cambiar o corregir los planes de Dios, sino que busca- bajo el ejemplo de María y los Santos- de buscar en Dios la luz y la fuerza del amor que vence toda oscuridad y egoísmo presente en el mundo”, concluye el Pontífice.

sábado, enero 21, 2006

Infancia misionera

ESTA mañana, cuando apenas rayaba el alba, ha entrado mi hija de tres años en la habitación, pidiéndome que apoquine un donativo para la Jornada de la Infancia Misionera. En su colegio, regentado por hermanas concepcionistas, le han hablado de otros niños de Guinea Ecuatorial o el Congo, Brasil o Filipinas, atendidos como ella por esta congregación misionera; niños que habrían muerto víctimas de enfermedades feroces o de pura inanición si esas monjas heroicas no hubiesen mediado en su tragedia. Como las hermanas concepcionistas, son miles los hombres y mujeres, religiosos y seglares, que un día cualquiera decidieron inmolarse en la salvación de otras vidas que languidecían en los arrabales del atlas; hombres y mujeres que, como cualquiera de nosotros, hubiesen preferido envejecer entre los suyos, disfrutando de las ventajas de una vida regalada, pero que respondieron sin rechistar a su vocación.

«¿Y qué es la vocación?», me interrumpe mi hija. «Es una llamada de Dios», empiezo un poco atolondradamente, pero como compruebo que mi hija no acaba de entenderme añado: «Dios nos habla a través de los niños que sufren». Y como temo que mi hija confunda a Dios con un ventrílocuo, trato de explicarme: «En realidad, Dios está dentro de cada niño que sufre, Dios es cada niño que sufre. Pero sólo algunas personas elegidas saben verlo; mientras los demás miramos para otro lado, los misioneros miran a Dios a los ojos, lo toman entre sus brazos, le dan un trozo de pan, le curan las heridas...». «¿Y también le cantan para que se duerma?», me interrumpe mi hija, empezando a comprender. «Todas las noches», le respondo. «¿Y cuándo se duerme ellos también descansan?», insiste. «No, ellos siempre están despiertos, porque apenas han conseguido que uno de estos niños se duerma otro empieza a llorar». Mi hija frunce el entrecejo: «¿Dios también llora?». «También. Dios está llorando siempre», le contesto.

Y estos misioneros, centinelas perpetuos de su llanto, se dedican a apaciguarlo, sabiendo que su misión es incontable como las arenas del desierto. Están hechos del mismo barro que nosotros, incluso parecen más frágiles que nosotros, más adelgazados por las noches de insomnio, por el recuerdo de las muchas vidas que han visto consumirse, por el llanto que no cesa y la rabia de no ser omnipotentes; pero en sus cuerpos curtidos por el sol y adelgazados de vigilias se esconde un incendio de benditas pasiones que mantiene caldeada la temperatura del mundo. Quizá mañana mismo se den de bruces con la muerte, que les tenderá su emboscada bajo la forma de un contagio, o de una ráfaga de plomo; pero, entretanto, perseveran en su epopeya silenciosa, sin aguardar otra recompensa que la sonrisa de un anciano famélico, la mirada palúdica de un niño que apenas se sostiene en pie, la caricia exhausta de una mujer que los contempla entre las neblinas de la fiebre. Ellos saben que en esa sonrisa claudicante, en esa mirada desvanecida, en esa caricia de rendida gratitud se esconde Dios. Son veinte mil españoles, entre los cientos de miles que se reparten allá donde las hambrunas y las guerras endémicas trituran vidas ante la indiferencia de los politicastros y los noticieros televisivos. Si mañana dimitieran de su misión, la noche se abalanzaría sobre el mundo. Seguimos vivos porque el fuego que los enardece no declina su llama.

Son veinte mil españoles para atender la muchedumbre del dolor, para apaciguar el llanto multitudinario de Dios que se copia en las lágrimas de cada hombre que sufre, para llevar el Reino a los parajes más arrasados del planeta. Son veinte mil hombres y mujeres salvando cada día a millones de niños. Y necesitan nuestra ayuda: nuestro aliento, nuestra gratitud y también nuestro dinero. Así que a ver si apoquinamos.

Por JUAN MANUEL DE PRADA

viernes, enero 20, 2006

Me he sentido perseguida por ser católica

DAVID GUERRERO
Pilar Domínguez llega corriendo, acalorada. Me saluda y se sienta. Su día ha transcurrido entre clases, práctica y horas de estudio. Está en cuarto de Farmacia. La entrevisto en la sede de Doble Erre, empresa dirigida por Raquel Revuelta para formar profesionales de las Relaciones Públicas, el turismo, la moda y la publicidad. En la forma de hablar se le nota que es modelo. Expresa muy bien lo que quiere decir y remarca las palabras. Mira fijamente para darle más sentido a sus frases. Se trata de una persona de profundas convicciones religiosas y de una sencillez admirable.

¿Cómo comenzó su afición por la moda?
Empecé de pura casualidad a través de una amiga, aunque a mí el mundo de la moda siempre me había gustado un poquito. Lo que no me gustaba era el mundo de las misses porque las veía muy diferentes amí, y yo ya tenía la facultad, mi familia, mis amigos, mi novio, el deporte.

Entonces ...
Al principio yo quería trabajar como azafata para sacar un dinero. Después, me convencieron y empezaron a prepararme para miss. Me presenté habiéndolo decidido poco tiempo antes y me lo tomé como una experiencias. Por eso, me llevé una sorpresa muy grande cuando fui elegida.

¿Qué papel juega la moda?
La moda en sí es un negocio que mueve mucho dinero y también la mentalidad social. Ya desde pequeña ves a las niñas que siguen los modelos que se establecen: modelos de belleza, de delgadez, de ojos, de maquillaje, de mujer perfecta. Al fin y al cabo, es lo que unas personas deciden en una reunión.

¿Y para usted?
Para mí, la moda es arte; en este caso, arte expresado en el textil. Además, en lo personal es un hobby, algo que me gusta y me permite desconectar un poco de todo.

¿Cómo percibe la moda actual?
Las hay muy diferentes. En España e Italia la moda es más elegante. En los países del norte, muy urbana. En Tokio, muy rara, muy moderna.

A veces, da la sensación de que los trajes de las pasarelas están muy apartados de las calles.
La moda que utiliza la gente es muy práctica, muy cómoda. La gente trabaja, estudia.. Por tanto, lo que yo creo que tiene que hacer la moda es adaptarse a las necesidades reales de la gente. Se percibe que algunos diseñadores van evolucionando y adecuándose.

¿Qué hace falta para ser una buena modelo?
Altura, un cuerpo bonito, oído y un sentido del ritmo. Después está la elegancia, aunque eso te lo pueden ir enseñando. Como modelo, tienes que tener la habilidad de expresar mucho. Eres, en definitiva, una actriz que debe plasmar una imagen.

Le he oído decir que no desfilaría nunca en ropa interior ni con transparencias.
Yo creo que no hace falta enseñar nada. En la moda hay que tener valores y principios. Esto puede resultar difícil en determinados ambientes pero la gente no tiene que tener miedo a manifestarse como es. Pero le aseguro que hay mucha gente que piensa como yo. No soy nada del otro mundo.

¿Ha tenido que rechazar ofertas por ello?
Sí, por supuesto. Pero si tienes las ideas claras, no vas donde te lleven. Hay que ir contracorrient. Creo que con esta forma de actuar puedo ser un ejemplo para otras chicas que, como yo, están en el mundo de la moda. De todas formas, ya le digo que no soy la única que piensa así.

¿Tiene esto que ver con su condición de católica?
Mi formación es muy importante en mi vida. Si no tienes religión, no tienes espiritualidad y nada te importa, ni siquiera tu cuerpo. No creo que la vida sea comer, dormir, reporducirse y morir.

Si permite la gracia, ¿ser católico no está de moda?
No tengo miedo de decir lo que pienso. A los cristianos siempre nos han perseguido. En la moda, me he sentido perseguida como católica.

¿Qué piensan sus compañeras?
Es cierto que a muchas les choca cosas como, por ejemplo, ser virgen a los 23 años. Yo pienso que antes de entregarte tienes que tener esa seguridad total de que vas a estar con la otra persona toda la vida. Y para ello, antes hay que pasar por el matrimonio.

Algunos dicen que la Iglesia discrimina a la mujer ..
Al contrario. Desde siempre, Jesús ha tenido muy valorada a la mujer, la ha tenido en un altar. La mujer es su mano derecha y la Iglesia como sucesora, ha fomentado ese mensaje. La gente siempre va a estar criticando miles de cosas y no puedes echarle cuenta a todo lo que dicen.

¿Qué le parece el Papa Benedicto XVI?
Tuve ocasión de ir a verlo y escucharlo en Colonia este verano, en la Jornada Mundial de la Juventud. Creo que se le ha criticado tanto porque es muy diferente de Juan Pablo II. De Benedicto XVI tengo que decir que tiene una formación muy grande- Está dejando las cosas muy claras, también los valores. Él no cede y, a la vez, se adecúa a los problemas actuales.

Póngame un ejemplo de modelo para usted.
Judit Mascó.

¿Y en su vida?
Mi madre ...y la Virgen María. ¿Quién mejor modelo que la Virgen María?

¿Piensa compatibiizar su carrera como modelo con su profesión?
Al final, imagino que tendrá que elegir. Tengo claro que voy a terminar Farmacia. Después no sé en qué voy a trabajar. Me gustan la televisión y la radio, poque me considero muy comunicativa.

jueves, enero 19, 2006

Miss Sevilla: «Hace falta que los cristianos venzamos el miedo y demos testimonio»

Pilar Domínguez asegura que «hablar de Dios en sitios donde nadie cree ratifica mi fe en Cristo»Image

Madrid- Habla con desparpajo y sinceridad, sin ocultar ni sus sentimientos ni la sangre andaluza que tiñe sus palabras. No se considera como una «miss» porque su vocación es la Farmacia. De hecho, el mundo de la moda sólo es una diversión para aliviar sus estudios universitarios. Y aunque a Pilar Domínguez le molesta que muchos consideren que su fe hace de ella «un bicho raro», nada más lejos de la realidad. Es una chica «normal y corriente», con un bonito rostro y unos valores sólidos que afirma con valentía que le gusta «nadar contra corriente y dar testimonio de Jesús». Y ha dejado las cosas claras desde un principio: «No desfilo con transparencias, ni ropa interior, ni faldas cortitas, ni cosas así».

- ¿Se le han cerrado algunas puertas por mantener sus principios en el mundo de la moda?

- Supongo que sí. Pero me da igual, porque tampoco me quiero dedicar a esto de por vida. Yo tengo mi vida, mi carrera, mi familia, mis amigas, mi mundo y, a nivel de ocio, tengo la moda, igual que el deporte u otras aficiones.

- Al verla, resulta curioso cómo rompe el prototipo del mundo de la moda basado en la apariencia, en lo pasajero, mientras que la fe es todo lo contrario

- Realmente es complicado compaginarlo y mantener firmes tus valores. Hay que ir casi continuamente contra corriente.

Cristianos sin miedo. - ¿Y cuesta?

- Cuesta al principio, pero cuando ya superas la barrera del miedo a ser diferente, te ratifica tu fe. Así das testimonio de Jesús en tu vida. A mí no me cuesta nada dar testimonio de Cristo. Me da igual lo que piense la gente de mí, y no sólo en el ámbito de la fe. Gracias a Dios tengo una personalidad fuerte y hago lo que creo que debo hacer. No dependo de los demás y por eso no tengo miedo. Me gusta dar testimonio en sitios donde es más difícil. Hablar de Dios en un sitio donde nadie cree, más bien todo lo contrario, donde todo el mundo hace lo que le da la gana con todo el mundo, provoca que te miren como un bicho raro. Pero me siento muy contenta y muy orgullosa.

- ¿Qué le dice a aquellos que afirman que ser cristiano está pasado de moda?

- Respondo que es al contrario. Si alguien me pide ayuda, crea o no, siempre digo: «No te preocupes, confía en Dios y reza un poquito porque Él es quien más quiere que seas feliz. Tus amigos te pueden aconsejar en mil cosas, pero el que te quiere es tu Padre, el que está arriba, y nunca te va a fallar». La gente tiene una idea de Dios un poco lejana, y en realidad está contigo siempre y puedes sentirlo así.

- ¿Hace falta, entonces, que los cristianos demos más testimonio, que perdamos ese miedo?

- Desde luego que es necesario. Juan Pablo II no paraba de decirlo. A los jóvenes siempre nos decía que la fe no estaba pasado de moda. Si no hay testimonio acabaremos perdiendo espacio, nos «invadirán» otras religiones y retrocederemos.

- En las pasarelas, ¿conoce cristinos que no sean capaces de decirlo?

- Sí, les da miedo marcar la diferencia. Muchos lo interiorizan y no hablan de ello. Pocas veces me encuentro gente con las ideas tan claras como yo. Y no es que yo sea ejemplo de nada, todo lo contrario.

Una experiencia brutal. - Participó en las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ) en Colonia, ¿qué tal fue la experiencia?

- Yo nunca había vivido unas JMJ con el Papa. En todos los sentidos fue muy, muy duro. Pero aprendí un montón de cosas, a compartir, a convivir con muchísimo tipo de gente. Te emocionas cuando estás rodeada por una masa de gente, de todos los países, de todos los idiomas, de todos los rasgos del mundo, y ves que toda esa gente ha ido a buscar lo mismo que tú, con la misma esperanza y siguiendo a Alguien. A todos se nos veía en la cara que compartíamos los mismos principios, las mismas ganas de vivir. Acababa casi todo el mundo con las lágrimas saltadas. La noche de la vigilia, en Marienfield, dormí super forrada, con leotardos, unos vaqueros, un montón de calcetines, un forro polar, un chaquetón, una camiseta interior y una sudadera. Me metí en el saco con eso, dos amigas, un chubasquero y una colchoneta en el campo...

- Como para defilar en pasarela...

- Sí, y maquilladas y todo (risas)

Un sacrificio que compensa. - ¿Qué es lo que más le marcó en Colonia?

- Después de todo lo que viví como «miss» y todos los pajaritos en la cabeza, tanta cosa, tanta gloria, tanta fama, promesas de dinero, lujos... en Colonia viví todo lo contrario. Fue una experiencia de vida brutal, la de volver a recordar lo que realmente importa en la vida. De golpe pasé del lujo al frío, el hambre, la sed, el cansancio... Recordé que sigo siendo la misma y seguiré sufriendo. Que en la vida hay momentos buenos y momentos malos, y que no todo es precioso y maravilloso. Que en la vida real hace falta «apechugar», y que si hacía falta estar así para escuchar lo que ibamos a escuchar, merecía la pena. Ofrecí todas las penurias que pasé. No es por decir, sino que todo era amor en el sacrificio y en mi caso lo ofrecí por mi hermana, por mi familia, para que le vaya bien a toda la gente que quiero.

- Si tuviera que elegir entre el certámen de Miss Internacional, al que acudió hace meses, o las Jornadas de Colonia, ¿con qué se queda?

- No puedo elegir, hay cosas buenas en ambas. Estar un mes entero en Tokio, sin mi familia, y sólo pensando en la belleza, en maquillarte, con aquel ambiente... es agotador.

- ¿De qué fuentes ha bebido en su formación cristiana?

- Formo parte del Movimiento de Cursillos de Cristiandad, en Sevilla. Mi formación es claretiana pero también soy cursillista, aunque este año los tengo un poco descuidados.

- ¿Cómo le gustaría terminar esta entrevista?

- Con la mejor de las intenciones propongo a todos los lectores que se hagan esta pregunta: «¿Qué quiere Dios de mí?». Quizá les ayude a encontrar un nuevo y verdadero sentido para su vida. (La Razón)

viernes, enero 13, 2006

Mario Au y Gary Chu: encontrar a Dios en Hong Kong

Este año se cumplen 20 años del inicio de la labor apostólica del Opus Dei en Hong Kong. Por este motivo, ofrecemos los testimonios de Mario Au y Gary Chu: dos personas que han encontrado la fe gracias a la amistad con fieles del Opus Dei.

12 de enero de 2006

Mario Au: un carnicero chino que descubrió el Opus Dei en un mercado de Hong Kong.

En un mercado de Hong Kong


Mario Au es un carnicero chino que trabaja en el mercado de Sai Wan Ho, un barrio de la periferia de Hong Kong. Una televisión italiana le pidió que contase su experiencia en el transcurso de un programa sobre el Opus Dei. Au estuvo hablando sobre su vida familiar en Tue Mun, sobre su trabajo en el mercado y su encuentro con Dios gracias a un amigo del Opus Dei que le fue mostrando la belleza de la fe, le enseñó el Catecismo y le acompañó en su itinerario de conversión hasta el Bautismo.

"Yo me paso el día cortando y vendiendo carne -contaba Au- y ahora, gracias a mis amigos del Opus Dei, he comprendido que le puedo ofrecer a Dios este trabajo mío de carnicero. Y aunque siga haciendo lo mismo de siempre -cortar, trozear, vender...-, procuro hacerlo cada vez mejor, con más entusiasmo.

Lo mismo me ha pasado en mi relación con los clientes, que son mujeres sobre todo. Antes me limitaba a decirles el precio y punto; ahora, aunque me encuentre cansado o nervioso, me esfuerzo por sonreír y hacer algún comentario animante.

A la mayoría de los chinos la vida en Hong-Kong nos resulta muy dura y fatigosa, y esto acaba influyendo en nuestras relaciones familiares. Yo antes, me enfadaba a la primera y mi mujer era también la primera que sufría las consecuencias...

En la actualidad estoy ganando en serenidad. Además, he conseguido dedicar más tiempo a mi familia. Mi momento favorito es el mediodía, porque he puesto los medios y almuerzo todos los días con mi mujer, y así podemos charlar un rato sobre nuestras cosas. Y dedico el domingo a la Misa y al descanso.

Estoy verdaderamente feliz por haber descubierto a Dios".

Pintura representativa del periodo Tang

Gary Chu: la oración de un artista.

Muchos cooperadores del Opus Dei, sobre todo en el Extremo Oriente, son no católicos y no cristianos. Aprecian el clima de amistad y de alegría que se vive en los centros de la Obra.

Es el caso de Gary Chu, pintor. Su padre era barrendero. Su familia, pobre y numerosa. No pudo realizar estudios de arte, pero en la escuela, mientras sus compañeros estudiaban los caracteres chinos, Gary Chu dibujaba a escondidas. Ha hecho algunos retratos del Fundador de la Obra.

En el momento de la entrevista, Gary está dando los retoques finales a una escena de Nuestra Señora con el Niño y un ángel jugando con una cometa. Es del estilo del periodo Tang.

“Todavía no soy católico pero pienso que algún día seré bautizado. Amo a Jesús, a la Virgen María y a San José, y gozo pintándolos. Les he pintado más de cien veces, y los cuadros están en diferentes partes del mundo; y cuando les estoy pintando les hablo, les rezo”.

Gary nos muestra uno de los primeros retratos que hizo de San Josemaría. "Como me dijeron que está adorando a Dios Sacramentado, pensé que tenía que pintarle concentrado, feliz y lleno de amor".

© 2006, Oficina de información del Opus Dei en Internet

Peregrinación a Torreciudad de una imagen de la Virgen de Kazán

El Santuario de Torreciudad recibió en la mañana del siete de enero la primera peregrinación mariana del año formada por un grupo de católicos rusos con el deseo de entronizar a una imagen de la Virgen de Kazán. Se trata de una representación del icono de la Madre de Dios más venerado por los ortodoxos rusos.

www.torreciudad.org

La imagen de la Virgen de Kazán presentada en Torreciudad ha sido elaborada en unos talleres de arte religioso de la ciudad rusa de San Petersburgo, por iniciativa del joven Elias Ivash junto a un grupo de compatriotas suyos y residentes en Cataluña. La imagen fue entregada al rector, que procedió a su bendición, incensándolas y rezando finalmente la oración empleada por Juan Pablo II con ocasión del envío del icono a Rusia.

Acto seguido, los asistentes asistieron a la santa Misa oficiada por mosén Joan Tarradellas, párroco de Artesa y encargado de atender a una parte de la comunidad rusa en Lérida. Al terminar la Eucaristía, los peregrinos han escuchado un breve recital de guitarra clásica ante el Portal de Belén, instalado en la cripta, como homenaje a la Sagrada Familia.

Apuntar que, horas antes de llegar la peregrinación, el icono fue bendecido durante el rito litúrgico greco-católico de la Navidad que fieles eslavos celebran tradicionalmente durante la medianoche del seis de enero. Además, los peregrinos ya han mostrado interés para traer un icono de la patrona de Ucrania y convocar a todas las personas de los pueblos eslavos a una Jornada Mariana.

El joven Elias Ivash, ha sido uno de los máximos impulsores de la peregrinación. Es original de San Petersburgo, dejó su país hace casi tres años y se ha instalado en España por aquello de “cambiar de mundo, traspasar fronteras, conocer otras culturas y.. buscar sol y calor”, dice. Ahora, reside en la localidad Artesa de Lérida donde compatibiliza sus estudios de quinto en el Conservatorio Superior de Música con conciertos en la banda municipal ‘Amadeo Erráiz’, en la que toca la tuba.

El joven músico conoció Torreciudad hace un año durante una excursión acompañado de “mosen Juan Torrellas”, párroco de una de las iglesias de su pueblo. En el santuario le atrajo la denominada Galería de Advocaciones Marianas, en la que se expone más de doscientas imágenes de la Virgen, pero en la que no había ninguna de origen ruso.

Al finalizar la jornada, los asistentes también han podido informarse sobre el quinto Encuentro Mundial de la Familia en Valencia, presidido por Benedicto XVI. En la oficina de información se les ha hecho entrega de diversa documentación, con noticias y datos del encuentro, y han mostrado gran interés de llevar una amplia peregrinación, en representación de las familias rusas. Según Elias, “estamos deseando que Benedicto XVI visite Rusia y pensamos que será posible cuando se nombre al sucesor del Patriarca Alexis. Esperando que en pocos años se rompan las fronteras que dividen a los católicos y ortodoxos.

La Virgen de Kazán es una de las imágenes más veneradas por los rusos, y su devoción, una de las más difundidas, puesto que es la patrona de millones de hogares rusos. La tradición cuenta que la imagen fue llevada por los generales a las batallas y se hizo conocida como la Kazanskaya, la “Protectora de Rusia”, convirtiéndose en el símbolo ruso de la victoria y la libertad.

HISTORIA DEL ICONO


El icono de la Madre de Dios de Kazan, el mas venerado por los ortodoxos rusos, tiene sus orígenes en el siglo XVI, aunque el icono actual, según estudios recientes, es del siglo XVIII.

Después de varios paraderos, el icono fue comprado en 1970 por el Ejército Azul, organización católica mariana dedicada a promover los mensajes y la espiritualidad de la Virgen en Fátima.

Permaneció en la capilla bizantina del hotel Domus Pacis que el Ejército Azul tiene en el santuario de Fátima. En 1993 fue entregado a Juan Pablo II, pasando así a los apartamentos papales por más de 10 años. El Papa tenía el ardiente deseo de ir a Rusia y entregárselo personalmente al patriarca ortodoxo ruso de Moscú.

Al no poder lograr su sueño de ir a Rusia, el Papa decidió enviar el icono a "nuestro hermano el patriarca Alejo II y a través de él a la santa Iglesia ortodoxa rusa y a todo el pueblo ruso". El 25 agosto del 2004, después de un solemne acto de despedida y veneración al que asistieron 7000 peregrinos, Juan Pablo II entregó a una delegación vaticana el icono de Kazan para que lo llevara el 28 de agosto al patriarca.

LA ORACIÓN DE JUAN PABLO II


El Papa compuso para la despedida de la Madre de Dios de Kazan una oración que reproducimos:

Gloriosa Madre de Jesús, que avanzas ante el pueblo de Dios en los caminos de la fe, del amor y de la unión con Cristo (Cf. «Lumen gentium», 63), ¡bendita seas!

Te llaman bienaventurada todas las generaciones porque ha hecho en tu favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre (Cf. Lucas 1, 48-49).

Bendita seas y honrada, Madre, en tu Icono de Kazan, en el que desde hace siglos estás rodeada por la veneración y el amor de los fieles ortodoxos, convirtiéndote en protectora y testigo de las obras particulares de Dios en la historia del pueblo ruso, muy querido por todos nosotros.

La Providencia divina, que tiene la fuerza de vencer al mal y de sacar el bien incluso de las malas obras de los hombres, hizo que tu santo icono, desaparecido en tiempos lejanos, volviera a aparecer en el santuario de Fátima, en Portugal. Sucesivamente, por voluntad de personas que te tienen devoción, fue acogido en la casa del sucesor de Pedro.

Madre del pueblo ortodoxo, la presencia en Roma de tu santa imagen de Kazan nos habla de una unidad profunda entre Oriente y Occidente, que permanece a pesar de las divisiones históricas y de los errores de los hombres.

Te elevamos ahora con especial intensidad nuestra oración, Virgen, mientras nos despedimos de esta sugerente imagen tuya. Con el corazón, te acompañaremos por el camino que te llevará hacia la santa Rusia. Acoge la alabanza y el honor que te rinde el pueblo de Dios que está en Roma.

Bendita entre todas las mujeres, al venerar tu icono en esta ciudad, marcada por la sangre de los apóstoles Pedro y Pablo, el obispo de Roma se une espiritualmente a su hermano en el ministerio episcopal, que preside como patriarca la Iglesia ortodoxa rusa. Y te pide, Madre Santa, que intercedas para que apresure el momento de la plena unidad entre Oriente y Occidente, de la plena comunión entre todos los cristianos.

¡Virgen gloriosa y bendita, señora, abogada y consoladora nuestra, reconcílianos con tu Hijo, encomiéndanos a tu Hijo, preséntanos a tu Hijo! Amén.

(Traducción del ruso realizada por www.zenit.org, ZS04082502)

© 2006, Oficina de información del Opus Dei en Internet

martes, enero 10, 2006

Lo dice Eulogio...

La mejor forma de ser colonizado es perder la lengua. Hispanoamérica es el patio trasero de Estados Unidos desde el mismo momento en que renuncia al castellano para implantar el inglés. Es más "fashion". Todo experto de comercialización hablará de "share" en lugar de "cuota" para demostrar sus conocimientos. La estupidez llega al ridículo cuando los trabajadores hacen "boxing" en lugar de meter las cosas en cajas para la mudanza.

La huella de un santo

El 9 de enero se cumplen 104 años del nacimiento de San Josemaría. Ofrecemos un vídeo y unos textos extraídos de la homilía “Amar al mundo apasionadamente”, pronunciada en el Campus de la Universidad de Navarra en 1967: síntesis de la amplia predicación del fundador del Opus Dei sobre la santidad en medio del mundo.

07 de enero de 2006

"O sabemos encontrar en nuestra vida ordinaria al Señor, o no lo encontraremos nunca".

Vea un extracto de esta homilía en vídeo

Lo he enseñado constantemente con palabras de la Escritura Santa: el mundo no es malo, porque ha salido de las manos de Dios, porque es criatura suya, porque Yaveh lo miró y vio que era bueno (Cfr. Gen 1, 7 y ss.). Somos los hombres los que lo hacemos malo y feo, con nuestros pecados y nuestras infidelidades. No lo dudéis, hijos míos: cualquier modo de evasión de las honestas realidades diarias es para vosotros, hombres y mujeres del mundo, cosa opuesta a la voluntad de Dios.

Por el contrario, debéis comprender ahora –con una nueva claridad– que Dios os llama a servirle en y desde las tareas civiles, materiales, seculares de la vida humana: en un laboratorio, en el quirófano de un hospital, en el cuartel, en la cátedra universitaria, en la fábrica, en el taller, en el campo, en el hogar de familia y en todo el inmenso panorama del trabajo, Dios nos espera cada día. Sabedlo bien: hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir.

(...) Hay una única vida, hecha de carne y espíritu, y ésa es la que tiene que ser –en el alma y en el cuerpo– santa y llena de Dios: a ese Dios invisible, lo encontramos en las cosas más visibles y materiales.

No hay otro camino, hijos míos: o sabemos encontrar en nuestra vida ordinaria al Señor, o no lo encontraremos nunca. Por eso puedo deciros que necesita nuestra época devolver –a la materia y a las situaciones que parecen más vulgares– su noble y original sentido, ponerlas al servicio del Reino de Dios, espiritualizarlas, haciendo de ellas medio y ocasión de nuestro encuentro continuo con Jesucristo.

Os aseguro, hijos míos, que cuando un cristiano desempeña con amor lo más intrascendente de las acciones diarias, aquello rebosa de la trascendencia de Dios. Por eso os he repetido, con un repetido martilleo, que la vocación cristiana consiste en hacer endecasílabos de la prosa de cada día. En la línea del horizonte, hijos míos, parecen unirse el cielo y la tierra. Pero no, donde de verdad se juntan es en vuestros corazones, cuando vivís santamente la vida ordinaria...

© 2006, Oficina de información del Opus Dei en Internet

'Sólo me he ido a dormir... Os quiero'

NOTA DE UNO DE LOS MINEROS DE EEUU ANTES DE MORIR

Éste y otros cuatro mensajes encontrados en el vestuario han dado cierto consuelo a los familiares

Martin Toler Jr, con su nieto en 2001. (Foto: AP)

Martin Toler Jr, con su nieto en 2001. (Foto: AP)

EL MUNDO
Actualizado domingo 08/01/2006 09:46

WASHINGTON.- El hallazgo de cinco notas escritas por los mineros de Virgina Occidental antes de morir asfixiados ha servido para proporcionar a sus familias un consuelo extraordinario. En uno de esos mensajes, Toler Jr se despide de sus seres queridos mientras entraba en un profundo sueño: "Esto no es tan malo. Tan sólo me he ido a dormir. Os quiero".

Echado junto a sus 11 compañeros sobre el suelo de aquella galería inundada de monóxido de carbono y sabiendo que su muerte estaba cerca, el minero Martin Toler Jr. sacó de su bolsillo un bolígrafo y un trozo de papel arrancado de un formulario de solicitud de un seguro y garabateó un mensaje de despedida para su familia. Con mano temblorosa y mientras iba cayendo en un profundo sueño -del que era consciente que nunca iba a despertar-, Toler escribió: "Decidles a todos que les volveré a ver en el más allá".

Después, a la derecha de donde había escrito su despedida, añadió unas cuantas palabras, que han servido al menos para llevar un leve consuelo a toda la comunidad de Virginia Occidental que se ha visto devastada por la tragedia minera de la semana pasada.

"Esto no es tan malo. Tan sólo me he ido a dormir", añadió este capataz de 51 años, uno de los fallecidos tras verse atrapados bajo tierra cuando explotó una galería en las primeras horas del pasado lunes. "Os quiero" se limitaba a despedirse.

A los familiares de estos mineros se les había hecho creer, durante tres horas del pasado martes, que 12 de los 13 afectados por el desastre habían sido encontrados con vida, y todo ello antes de que les comunicaran que, de hecho, eran 12 los mineros fallecidos. Tom Toler, un hermano mayor de Martin que había trabajado con él durante 30 años en la mina de Sago, aseguraba que aquella nota que se había encontrado la había escrito su hermano de una "manera muy ligera, sin apretar demasiado el bolígrafo" en la parte posterior de un formulario de solicitud de un seguro.

"Para mí, esto quiere decir que la nota fue escrita cuando mi hermano se encontraba ya en una fase terminal", afirma Tom. Además, comentaba que su hermano, al igual que su padre y su abuelo, era un hombre muy religioso, y que, con toda probabilidad, habría podido presenciar cómo "se iban a dormir" varios miembros de su equipo antes de decidirse a escribir la nota en cuestión.

Mensaje de despedida. (Foto: AP)

Mensaje de despedida. (Foto: AP)

Peggy Cohen -cuyo padre Fred Ware también murió en la catástrofe- asegura que cuando acudió al depósito de cadáveres para identificar al fallecido, los médicos forenses le aseguraron que varias de las víctimas habían dejado notas escritas.

"En todas las notas se decía que no estaban sufriendo, que simplemente se iban a dormir", manifestaba Peggy Cohen. Y añadía que, cuando pudo verle, su padre tenía un aspecto sumamente pacífico y que la única marca que tenía en todo su cuerpo era un simple cardenal en el pecho. "Me reconforta mucho saber que no sufrió".

Según el informe final del accidente, 12 de los 13 mineros consiguieron sobrevivir a la explosión y se arrastraron hacia lo más profundo del pozo (unos 3.962 metros) para intentar escapar del monóxido de carbono, que finalmente inundó toda la galería. La angustiosa labor de socorro duró 41 horas marcadas por la confusión.

El único superviviente del accidente, Randal McCloy, de 26 años, se encontraba ayer en situación estable, aunque en estado crítico por la intoxicación y los médicos no descartan que haya sufrido algún daño irreversible.

sábado, diciembre 31, 2005

«En esta hora tardía de mi vida...»


Me gustó el comentario

A los 78 años, una mudanza es una tortura, y más yendo a una casona de estructura antigua, sin reparaciones en serio desde hace un cuarto de siglo. Un equipo de electricistas, fontaneros, pintores e instaladores ha hecho maravillas en un trabajo muy intenso que el Papa les agradeció la víspera de Nochebuena.

«Os doy las gracias de corazón», les dijo, «porque habéis restaurado el apartamento del Papa en tres meses. Estoy convencido, porque construí una pequeña casa para mí en Alemania, de que en cualquier otro lugar las obras hubiesen durado más de un año. Me gusta, sobre todo, la biblioteca, con ese techo antiguo. También el estudio médico y todas las demás cosas», incluida la cocina ultramoderna regalada por un compatriota. «Habéis dado todo vuestro esfuerzo, y eso me anima a dar yo también, en esta hora tardía de mi vida, todo lo que puedo dar».

viernes, diciembre 30, 2005

Belenes


El sentido de la Navidad
Pilar Lázaro

He podido ver en una publicación reciente lo bonita que estaba adornada nuestra ciudad cuando el Rey Alfonso XIII vino a visitarla. La costumbre de embellecer las calles es un detalle de bienvenida a un personaje y una muestra de que deseamos agasajarle.

Logroño y muchísimas ciudades de los más diferentes países, todos los años por estas fechas, aparecen llenas de luces y adornos. También nuestras casas las decoramos con motivos navideños, donde no puede faltar el tradicional «belén», porque celebramos el nacimiento de Dios hecho hombre.

Hace escasas fechas leía en la Prensa que, muchos padres, cuando sus hijos les preguntan por algo de los belenes que visitan, no saben contestarles. Y es una pena que haya creyentes que lo han olvidado o no se hayan preocupado de enterarse de algo tan importante para el pueblo cristiano y tan enraizado desde el siglo XIII, en que San Francisco de Asís lo representó por primera vez.

Así no es extrañar, aunque me ha llamado poderosamente la atención, que en los escaparates proliferen los Papá Noel trepadores de balcones y otros adornos, que nada tienen que ver con nuestra tradición. También se encuentran las figuras del Nacimiento, en menor cantidad y en general de excelente calidad y belleza, pero a precios no asequibles para todos, mientras los otros adornos están más al alcance de cualquier bolsillo.

Mi conclusión es que, aunque pensemos que somos libres de comprar y decorar como queramos, no es cierto: compramos lo que otros han decidido, porque es lo que nos ofrecen a precios razonables. Animo a los fabricantes de figuras de los belenes, que oferten otros más asequibles, donde se puede elegir, conforme a las posibilidades de cada uno.

martes, diciembre 27, 2005

Más de 40 años de tarea pastoral en los Andes peruanos

He leído el libro, salió el mes pasado, y me ha encantado. Ahoraviene la reseña del portal

El obispo gerundense Enric Pèlach explica en un libro, a sus 88 años, recuerdos de su tarea pastoral en los Andes peruanos. Ofrecemos un fragmento.

27 de diciembre de 2005

El gerundense Enric Pèlach, obispo emérito de Abancay (Perú), explica a sus 88 años su «infatigable tarea pastoral» en el libro "Abancay. Un obispo en los Andes peruanos". El volumen relata sus viajes apostólicos, su tenaz tarea social en beneficio de los pobres y desplazados y su trabajo en favor de las vocaciones sacerdotales.

El obispo emérito nació el 1917 en Girona. Desde su infancia ya quería ser misionero. Ingresó en el seminario de Girona y estudió en la Universidad Gregoriana de Roma. En el año 1949 conoció a San Josemaría Escrivá, un encuentro decisivo en su vida. En 1952 pidió la admisión en la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. Al ser creada la Prelatura Nullius de Yauyos, en 1957, encomendada por la Santa Sede al Opus Dei, fue uno de los cinco primeros sacerdotes que llegaron al Perú para iniciar la tarea misionera junto a monseñor Ignacio de Orbegozo. Hasta el 2004 trabajó allí incansablemente, primero en Yauyos y desde 1968 como obispo de Abancay.

Pèlach asegura que era un «joven que se imaginaba lejos de casa de sus padres», después un «sacerdote que soñaba con ser misionero» y que «gracias a Dios y al Opus Dei llegó a los Andes del Perú y a Abancay».

Ofrecemos un fragmento del libro de sus recuerdos, que ha sido editado por la editorial Rialp:

Villancicos en castellano y en quechua La iglesia estaba repleta de gente esperándonos y cantando villancicos en castellano y sobre todo en quechua. Nos sentamos a confesar media hora. Yo celebré la Santa Misa y Don Ignacio siguió confesando hasta el final.

Después, mientras preparaban el almuerzo, nos echamos a dormir una hora en dos camas que nos prestó un maestro en su casa. No había aún casa parroquial en Alis. Y ¡vaya si dormimos!...como niños, durante los sesenta minutos, hasta que nos llamaron para comer con las autoridades, los maestros y algunas personas más. Era el día de Navidad y para la comida habían preparado cuyes rellenos, papas ancochada, rocotomu y picante, choclo tierno–mazorcas de maíz–,queso y un tazón de hierbabuena muy caliente.

Don Ignacio nos divirtió y entusiasmó a todos, contando con gracia y buen humor diversas historias. La sobremesa se alargó hasta la media tarde, momento en que partimos para Tomas, el pueblo siguiente según nuestro programa. Debíamos llegar aprovechando la trocha carrozable de la mina de Yauricocha, que sigue el curso del río, quebrada abajo. El viaje duró dos horas. Al anochecer llegamos a Tomas. Nos esperaba la gente. Tenían ya montado un monumental pesebre, en medio del presbiterio. Les ayudamos a colocarlo a un lado, para dejar libre el altar. Acostumbrados a no tener Misa por Navidad, lo habían colocado así para cantar y danzar con holgura ante la imagen del Niño–Dios.

Mientras unos seguían acomodando el nacimiento, otros aprovecharon para confesarse. Seguidamente comenzó la Santa Misa. Por ser un pueblo de pastores, la juventud interpretó tres danzas pastoriles bellísimas durante la Misa. La primera en el momento del ofertorio presentando al Niño–Dios corderitos adornados con cintas rojas y blancas, los colores de la bandera peruana. La segunda, muy fina y devota, después de la consagración, como un acto de adoración al Niño. La tercera al final de la Misa, cantando al Niño y sumándose y a todo el pueblo. Era una expresión de religiosidad popular de una sencillez encantadora y piadosa. Don Ignacio les felicitó emocionado. ¿La iglesia siempre cerrada? Al día siguiente, 26 de diciembre, Don Ignacio celebró la Santa Misa con asistencia de todo el pueblo. Yo la celebraría en Piños a media tarde, pueblo donde me pidieron “conjurar” a una mujer y a su hijita. ¿Qué es conjurar? Yo debía de rezar para que se le pasara un susto. Resulta que de noche había entrado un puma al pueblo. Al puma le ladró un perrito que fue perseguido por la fiera hasta alcanzarlo en la cocina bajo las faldas de la mujer con gran espanto de esta y de su niña. Les di la bendición y se quedaron tranquilas y felices.

En Carania, el pueblo siguiente, nos alojamos en la casa del alcalde, que era el herrero del pueblo, hombre fuerte, conversador y simpático. Su mujer nos sirvió un rico caldo de cordero, en el que no faltaban la carne y las papas. El alcalde, por su parte, nos preparó la cama: sobre unas tablas puso, para cada uno, tres cueros de buena lana de oveja merino de su rebaño, y ¡qué bien dormimos!

Al día siguiente muy temprano acudimos a la iglesia. En la gran puerta de entrada alguien había escrito con tiza:

“Triste es mi pueblo la Iglesia siempre cerrada sin velas, sin flores, siempre cerrada. ¡¡¡Triste es mi pueblo!!!”

Lo leímos y nos quedamos pensativos; lo interpretamos como un clamor de nuestros Andes pidiendo sacerdotes. A la Santa Misa acudió todo el pueblo, que no se cansaba de cantar villancicos llenos de gozo y respeto. Desayunamos y nos subimos a los caballos. Nos faltaba la etapa final de doce horas, pasando otra vez el collado de la Huacha, con sus 5.300 metros de altura.

© 2005, Oficina de información del Opus Dei en Internet

Un Belén distinto

Ingenieros de la Universidad de Navarra, diseñan el belén más pequeño del mundo.

www.unav.es
26 de diciembre de 2005

Investigadores de la Escuela de Ingenieros TECNUN de la Universidad de Navarra y de su centro tecnológico, CEIT, han diseñado el belén más pequeño del mundo. El nacimiento, apreciable únicamente a través de un microscopio, está formado por San José, la Virgen María y el niño Jesús. En conjunto, las tres figuras tienen un tamaño de 0,1 milímetros de ancho por 0,2 de alto.

Los ingenieros, expertos en el diseño de circuitos integrados para comunicaciones, han creado este belén sobre el sustrato de un microchip. Para la construcción de una escena tan pequeña, se han utilizado técnicas de nanotecnología y fotolitografía, como las empleadas para la fabricación de circuitos integrados.

Según explican Unai y Nuria, dos de los autores, el microbelén se ha realizado utilizando el espacio libre que quedaba, después de su diseño, en un circuito integrado de comunicación vía satélite. Sin embargo, se han empleado los distintos niveles de conexión que tiene el chip. “De esta manera se pueden plasmar a diferentes alturas las tres figuras, así como las coronas del niño y de la Virgen”, apunta Unai.


La seguridad que tiene el grupo de profesores de TECNUN y CEIT de que su belén es el más pequeño del mundo les ha llevado a solicitar la distinción del récord Guiness por haber sido los primeros en diseñar un nacimiento tan pequeño.

© 2005, Oficina de información del Opus Dei en Internet

lunes, diciembre 26, 2005

«Las cosas maravillosas de la vida son casi siempre obra de las mujeres»



El riojano José María Yanguas deja «con pena» su trabajo en la Santa Sede para «volver a la patria» como nuevo obispo de Cuenca

Como cada año, ha abandonado su trabajo en la Santa Sede para pasar las Navidades en su Alberite natal. Aunque en esta ocasión, las fiestas serán vividas por José María Yanguas de un modo especial: hace tan sólo dos semanas conoció su nombramiento como obispo de la Diócesis de Cuenca. Tras la Navidad, regresará a Roma por un pequeño espacio de tiempo; después, afrontará su nueva etapa como prelado. Para él, se trata de «una misión» que Dios le ha encomendado y que acometerá «con mucha ilusión y esperanza»
.

- ¿Cómo recibió la noticia de su nombramiento?

- Pues hombre, con una gran alegría porque el episcopado supone la plenitud de nuestra labor. Aunque he de reconocer que esa alegría viene acompañada de un lógico temor por la responsabilidad que ello supone. El Santo Padre confía en mí para desarrollar esta misión tan importante y surge cierto miedo a no estar preparado. Pero afronto el nuevo reto con ilusión y esperanza.

- Usted lleva ya dieciséis años en Roma, ¿va a sentir dejar la Santa Sede?

- La verdad me da pena dejar Roma, porque es para cualquier cristiano el centro de la Iglesia, la residencia del Papa. La primera vez que llegas a Roma, asusta porque a uno le han hablado de la Santa Sede como algo desconocido, algo rodeado de misterio. Sin embargo, en la Oficina de la Congregación para los Obispos, donde yo he trabajado, he encontrado gente de una gran talla humana e intelectual. Me da pena, sí, son muchos años en el Vaticano, pero volver a la patria es siempre una alegría.

- ¿Qué espera usted de su trabajo en la diócesis de Cuenca?

- Espero poder servir serenamente a la Iglesia de Cuenca, entregarme a su servicio con toda el alma, pero espero sobre todo de ellos. Sé que me van a acoger con afecto y cariño, porque es gente de profundas raíces cristianas. Aún tendré que esperar unos tres meses para comenzar mi labor allí; hay que concretar una serie de cosas que tienen que ver con mi ordenación y tengo que terminar algunas cosas pendientes en Roma.

- Supongo que ya habrá recibido las felicitaciones de sus convecinos de Alberite.

- Sí, sí. El párroco se ha encargado de lanzar las campanas al vuelo y comunicárselo a todos los vecinos. Siendo un pueblo pequeño y familiar, mi nombramiento se ha convertido en una noticia importante y yo estoy encantado con el cariño que los vecinos me han demostrado.

- ¿Cómo fue su infancia en Alberite?

- La vida en los pueblos pequeños está rodeada de un clima más humano, distendido y muy sano, que todavía se mantiene. Recuerdo mi infancia con mucho afecto a tantos amigos, a los maestros de la escuela, a mis parientes, que actuaron como altavoz de la voluntad de Dios e iniciaron mi camino hacia el sacerdocio. Allí canté misa por primera vez.

- ¿Qué recuerda de aquel día?

- La primera misa es el inicio de un gran camino y fue un día de muchas emociones. Celebrarla en mi pueblo hizo que me sintiera muy arropado por mi familia, por la gente que te quiere, que te ha visto crecer, y por los amigos que se sentaron contigo en los bancos de la escuela y con los que has compartido aventuras y travesuras. Esa misa tuvo para mí un encanto muy particular y entrañable.

- Usted ingresó en el seminario de Logroño con sólo once años. ¿Cómo nació su temprana vocación?

- Creo que una de mis maestras en la escuela del pueblo fue la que plantó la semilla en mi corazón. Era una mujer de una gran autoridad moral y cristiana, que profesaba mucha preocupación por la parroquia de mi pueblo y sus gentes. Las cosas maravillosas de la vida son casi siempre obra de las mujeres, que actúan en millones de ocasiones como instrumento de Díos.

- ¿Cómo va a pasar estas fechas en La Rioja?

- Como lo hago cada año: en familia, con los amigos de siempre y del modo más tranquilo posible. El nombramiento ha trastocado un poco mis planes, pero son días que ningún motivo puede desnaturalizar.

domingo, diciembre 25, 2005

Pastores de Belén



No lloréis, mis ojos;
Niño Dios, callad;
que si llora el Cielo,
¿quién podrá cantar?
Si de yelo frío,
Niño Dios, lloráis
turbaráse el Cielo
con tal tempestad.
Serenad los soles,
y el suyo podrá
deshacer los yelos
que os hacen llorar.
Cantarán los hombres
en la tierra paz,
que, si llora el Cielo,
¿quién podrá cantar?

Vuestra Madre hermosa,
que cantando está,
llorará también
si ve que lloráis.
O es fuego, o es frío
la causa que os dan;
si es amor, mis ojos,
muy pequeño amáis.
Enjugad las perlas,
nácar celestial,
que si llora el Cielo,
¿quién podrá cantar?

Los ángeles bellos
cantan que les dais
a los Cielos gloria
y a la tierra paz.
De aquestas montañas
decendiendo van
pastores cantando
por daros solaz.
Niño de mis ojos,
ea, no haya más,
que si llora el Cielo,
¿quién podrá cantar?

Lope de Vega

sábado, diciembre 24, 2005

El Papa Benedicto XVI nombra al riojano José María Yanguas obispo de la diócesis de Cuenca

El Papa Benedicto XVI nombra al riojano José María Yanguas obispo de la diócesis de Cuenca
El prelado era jefe de la oficina de la Congregación para los Obispos Natural de Alberite, pasa la fiestas navideñas con su familia en La Rioja
A punto de celebrar la Nochebuena, La Rioja recibe la noticia de que uno de sus hijos ha sido nombrado obispo de Cuenca por el Papa Benedicto XVI. José María Yanguas Sanz, nacido en Alberite en 1947, ha venido trabajando en Roma para la Santa Sede como jefe de la Oficina de la Congregación para los Obispos.
José María Yanguas, anoche, en el domicilio familiar de Logroño. / ALFREDO IGLESIAS

BIOGRAFÍA

26 de octubre de 1947: Nace en Alberite, en el seno de una familia modesta.

1959: Ingresa en el Seminario.

1971: Termina sus estudios eclesiásticos. Es ordenado sacerdote y celebra su primera misa en la parroquia de su pueblo.

1972-1989: Es profesor en la Universidad de Navarra.

1978: Doctor en Teología por la Universidad de Navarra.

1989: Se traslada a Roma.

1991: Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de Navarra.

2001: Trabaja como jefe de la Oficina de la Congregación para los Obispos. Es nombrado Prelado de Honor de Su Santidad.

2004: El Papa Benedicto XVI le ordena Obispo de Cuenca.

La diócesis de Cuenca se encontraba vacía desde que el pasado mayo, su obispo, monseñor Ramón del Hoyo, fuera trasladado como prelado de Jaén. El propio Ramón del Hoyo acogía la noticia del nombramiento del riojano con «mucha satisfacción» y no dudaba al asegurar que «el Señor regala a esta Iglesia, en la víspera de Navidad, el don más esperado desde hace meses».

La Conferencia Episcopal hacía ayer pública la noticia cuando el protagonista del día se encontraba viajando desde Roma a La Rioja para pasar las fiestas navideñas en la casa familiar.

Tras llegar anoche a Logroño en autobús, éste diario habló con él en su domicilio logroñés: «Soy una anomalía, pues entre los muchos y buenos sacerdotes de esta Diócesis riojana Su Santidad me ha elegido a mí». Con sorna añadía que «le sugeriría al Santo Padre que eligiese a otro cura riojano». Sobre su destino pide para sí mismo «la fidelidad sin límites que sabe de los fieles de Cuenca».

Por su parte, el Obispado de Calahorra y La Calzada-Logroño agradecía al Santo Padre la elección de un sacerdote riojano y pedía al Señor, «por intercesión de Santa María de Valvanera», que ayude al prelado a desempeñar el nuevo cargo.

José María Yanguas ingresó en el Seminario Conciliar de Logroño con tan sólo 12 años, en 1959, donde fue nombrado sacerdote en junio de 1971. Su primera Eucaristía la celebró en la parroquia de Alberite.

Sus familiares le describían ayer como un «estudioso, un trabajador y un fuera de serie». Lo cierto es que ha publicado numerosos libros religiosos y habla francés, inglés, italiano y alemán. También ejerció la docencia en la Universidad de Navarra, donde recibió los títulos de doctor en Teología y en Filosofía y Letras. Desde allí, partió a Roma en 1989 para ponerse al servicio de la Santa Sede, labor que hasta ahora ha desempeñado. Su conocimiento del alemán le permitió traducir uno de los libros del entonces cardenal Ratzinger.

Se espera que José María Yanguas Sanz sea consagrado obispo y tome posesión del cargo al frente de la diócesis de Cuenca en los próximos tres meses.

Una vieja especie: el opinador


Me llegó esto muy oportunamente:

El opinador es un personaje que acostumbra a opinar sobre cualquier cuestión, y con una soltura olímpica. No es que sepa mucho de muchas cosas, pero habla de todas ellas con un aplomo que llama la atención. Nada escapa del perspicaz análisis que hace desde la atalaya de su genialidad.

En aras de la libertad

¿Es que acaso no tengo libertad para opinar? dirá nuestro personaje. Y darán ganas de responderle: libertad sí que tienes, lo que te falta es cabeza; porque la libertad, sin más, no asegura el acierto.

Pertenecer al sector crítico y contestatario es para esas personas la mismísima cima de la objetividad.

Es cierto, indudablemente, que la crítica puede hacer grandes servicios a la objetividad. Pero la crítica, para ser positiva, ha de atenerse a ciertas pautas. Detrás de una actitud de crítica sistemática suelen esconderse la ignorancia y la cerrazón. Si hay algo difícil en la vida es el arte de valorar las cosas y hacer una crítica. No se puede juzgar a la ligera, sobre indicios o habladurías, o sobre valoraciones precipitadas de las personas o los problemas.

La crítica debe analizar lo bueno y lo malo, no sólo subrayar y engrandecer lo negativo. Un crítico no es un acusador, alguien que se opone sistemáticamente a todo. Para eso no hacer falta pensar mucho, bastaría con defender sin más lo contrario a lo que se oye, y eso lo puede hacer cualquiera sin demasiadas luces. Además, también es muy cómodo atacar a todo y a todos sin tener que defender ellos ninguna posición, sin molestarse en ofrecer una alternativa razonable —no utópica— a lo que se censura o se ataca.


Cuando la verdad no dinteles

Además, quienes están todo el día hablando mal de los demás, tienen que amargarse ellos también un poco la vida. Parece como si vivieran proyectando su amargura alrededor. Como si de su desencanto interior sobrenadaran vaharadas de crispación que les envuelven por completo. Les disgusta el mundo que les rodea, pero quizá sobre todo les disgusta el que tienen dentro. Y como son demasiado orgullosos para reconocer culpas dentro de ellos, necesitan buscar culpables y los encuentran enseguida.

Alfonso Aguiló

Monseñor José Mª Yanguas Sanz, nuevo Obispo de Cuenca

La Santa Sede ha hecho público que el Papa Benedicto XVI ha nombrado Obispo de la diócesis de Cuenca a Mons. José María Yanguas Sanz, del clero de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño, en la actualidad al servicio de la Santa Sede como Jefe de Oficina de la Congregación para los Obispos.

La diócesis de Cuenca estaba vacante por traslado de Mons. Ramón del Hoyo López a la diócesis de Jaén, cuyo nombramiento tenía lugar el pasado 19 de mayo y de la que tomó posesión el 2 de julio. Mons. del Hoyo estaba al frente de la diócesis conquense desde 1996, desde julio como administrador apostólico.

Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. En 1971 terminó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Calahorra. Es doctor en Teología (1978) y en Filosofía y Letras (1991) por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote el 19 de junio de 1971 para la diócesis de Calahorra.

El Obispo electo de Cuenca comenzó su ministerio sacerdotal como colaborador en varias parroquias de Logroño, entre 1971 y 1972. Desde este último año y hasta 1989 se dedicó a la docencia en la Universidad de Navarra. Fue profesor de Teología para los universitarios de las Facultades Civiles, de 1972 a 1976; profesor adjunto de Teología Dogmática, de 1976 a 1981; profesor adjunto de Teología Moral, de 1981 a 1989; y miembro de la “Dirección de Investigación” de la Facultad de Teología, de 1988 a 1989. Esta labor docente la compaginó con la colaboración pastoral en la parroquia S. Nicolás en Pamplona durante el año académico y en varias parroquias de Logroño durante las vacaciones de verano.

Desde el año 1989 Mons. Yanguas Sanz está al servicio de la Santa Sede, primero como agregado, y luego, desde 2001, como jefe de oficina de la Congregación para los Obispos. El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad.
Pues me da un alegrón, la noticia. Dios te bendiga Jose Mari

FELIZ NAVIDAD

viernes, diciembre 23, 2005

El Opus Dei más allá de los mitos

No parece que se haya enterado de mucho o tiene malas explicaderas.


Investigación del vaticanista John L. Allen

ROMA, jueves 22 de diciembre 2005 (ZENIT.org).- Acaba de publicarse la primera investigación periodística en forma de libro sobre el Opus Dei que intenta separar los hechos de la ficción.

El volumen lleva por título «Opus Dei, una mirada objetiva detrás de los mitos y la realidad de la fuerza más controvertida en la Iglesia católica» («Opus Dei, An Objective Look Behind the Myths and Reality of the Most Controversial Force in the Catholic Church»).

Por primera vez, un periodista norteamericano ha podido adentrarse en los entresijos de esta organización. John L. Allen, vaticanista de la revista «National Catholic Reporter», ha dedicado un año a entrevistar a personas del Opus Dei en Italia, España, Kenia, Estados Unidos, Perú y otros países.

El periodista ha hablado también con antiguos miembros del Opus Dei. El resultado son cuatrocientas páginas en las que este corresponsal en el Vaticano, que también colabora con los canales de televisión BBC y CNN, dibuja un cuadro general del Opus Dei, la fuerza «más misteriosa y controvertida en la Iglesia católica».

Los temas tratados van desde la separación entre hombres y mujeres hasta el uso del cilicio o las finanzas de la organización.

El libro ha sido publicado en Estados Unidos por Doubleday y en Inglaterra por Penguin. Ya se ha traducido al portugués y al coreano y pronto saldrán traducciones a varios idiomas, incluido el castellano.

--Entonces, el Opus Dei no es tan malo como parecía, constata usted. ¿Es esta la idea general de su libro?

--Allen: El objetivo de mi libro es ser tan objetivo como sea posible en un tema que realmente no se caracteriza por una discusión objetiva. La idea es separar los hechos de la ficción, ofreciendo las herramientas para que tenga lugar una discusión racional, que se base en los hechos y en la realidad, y no en los mitos o los estereotipos.

No era mi intención «convertir» a los lectores a cualquier posición particular sobre el Opus Dei, y mi experiencia es que la mayoría de las personas que han leído el libro siguen sin haber cambiado sus impresiones fundamentales, pero quizá se sienten un poco más informadas, y menos alarmadas.

Por otro lado, dado que el Opus Dei tiene una imagen muy negativa en algunos sectores, cualquier comparación seria de esa imagen con la realidad hará que el grupo inevitablemente parezca más humano, menos nefasto de lo que algunos creían previamente.

Por hablar de números, el Opus Dei tiene en el mundo 85 mil miembros, es decir, aproximadamente el número de fieles de la diócesis de Hobart, en la isla de Tasmania, Australia. El grupo también cuenta con 164 mil «cooperadores», gente que apoya, en su mayoría mujeres.

Fuera de España, dónde nació el Opus Dei en 1928, representa un diminuto --casi invisible-- fragmento de la comunidad católica; en los Estados Unidos, por ejemplo, hay tres mil miembros aproximadamente en una población católica total de 67 millones.

Los activos totales del Opus Dei --es decir, el valor físico de todos los recursos registrados como «obras corporativas» del Opus Dei-- rondan en torno a los 2.800 millones de dólares estadounidenses.

Si sirve de comparación, la General Motors en el año 2003 declaró activos equivalentes a 455 mil millones de dólares. Incluso para el estándar católico, los activos del Opus Dei no son demasiado impresionantes. En 2003, la archidiócesis de Chicago declaró 2.500 millones de dólares. Los Caballeros de Colón, organización de laicos católicos en Estados Unidos, gestionan un programa de seguros que por sí solo está valorado en 6 mil millones de dólares.

En cuanto al poder, el Opus Dei no tiene más que unos 40 de los más de 4.500 obispos católicos del mundo, incluyendo dos cardenales, y unos 20 de los 2.500 empleados en la Curia romana, con un solo jefe de dicasterio vaticano.

En realidad, la influencia del Opus Dei dentro del catolicismo es más limitada de lo que muchos imaginan. Por cada batalla que han ganado los miembros del Opus Dei en el Vaticano a lo largo de los años, hay otras que han perdido.

A pesar de ser una máquina de reclutamiento apreciada, el porcentaje de crecimiento del Opus Dei es bastante bajo. Mundialmente agregan aproximadamente 650 miembros por año, y en algunos lugares están prácticamente estancados. En los Estados Unidos, el Opus Dei se mantiene con unos tres mil miembros desde los años ochenta.

Todo esto da a entender que el Opus Dei no es tan imponente como algunos mitos harían creer. Irónicamente, las personas más determinadas para creer en el poder oculto del Opus Dei generalmente no son sus miembros, sino sus críticos, que ven en su estructura modesta una máscara de inmensa influencia inadvertida.

--El dinero, el poder, la mortificación, el «Octopusdei»... la mayor parte de su libro intenta «purificar» el misterio alrededor del Opus Dei. ¿Piensa que lo ha logrado?

--Allen: Yo no soy tan ingenuo para creer que los perjuicios y teorías de conspiración que se han formado en setenta años van a derrumbarse de la noche a la mañana con este libro. Lo que espero, sin embargo, es que la verdadera información proporcionada en el libro, en buena parte publicada por primera vez, represente un punto de partida para la discusión futura.

Hay un debate legítimo que debe ser tenido en cuenta sobre algunos aspectos de la cultura interna y sobre la vida práctica del Opus Dei, y según mi experiencia esa cuestión se está debatiendo, en primer lugar, dentro del propio Opus Dei.

La pregunta de cómo el Opus Dei podría hacerse más transparente sin comprometer su propia identidad, por ejemplo, es un punto sumamente razonable para afrontar. El Opus Dei debe comprender cada vez mejor que no sólo tiene una responsabilidad ante sí mismo y ante la memoria de san Josemaría Escrivá, sino más ampliamente ante la Iglesia católica, y por tanto debería hacer lo posible para responder a preguntas y dudas legítimas.

Al mismo tiempo, el Opus Dei también ha sido un imán para algunas de las acusaciones y especulaciones más salvajes a lo largo de los años, y espero que el libro ayude a aclarar esas tergiversaciones para que tenga lugar una discusión más productiva.

--Al leer su libro, resulta que el Opus Dei no tiene tanto poder ni influencia como parece. ¿Por qué entonces esta controversia y el aura misteriosa que se ha creado a su alrededor?

-Allen: Para mí, esta es la grande y única pregunta sobre el Opus Dei: ¿Qué hizo este grupo relativamente pequeño, con una riqueza e influencia modestas, para convertirse en el coco de la imaginación católica? Yo pienso que la respuesta es compleja y se basa al menos en cuatro factores:

1) El Opus Dei creció en la España franquista, con lo cual se le ha asociado durante mucho tiempo al fascismo español;
2) El Opus Dei y los Jesuitas entablaron una feroz «guerra de frontera» por las vocaciones jóvenes en España en los años treinta, generando una rivalidad que ha perseguido al Opus Dei dondequiera que vaya, a causa de la extensa red mundial de los Jesuitas;
3) Tras el Concilio Vaticano II, el Opus Dei se convirtió en un símbolo de los forcejeos más amplios dentro del catolicismo entre la izquierda y la derecha;
4) En la era de Juan Pablo II, el Opus Dei recibió un favor papal considerable, generando envidia en algunos sectores y la oposición ideológica en otros. En otros términos, el Opus Dei representa un tipo de «tormenta perfecta», en la que una combinación de factores históricos y políticos chocó para que se atribuyera a este grupo un status mítico que no se justifica por su perfil sociológico real.

--Si yo fuera del Opus Dei le agradecería sin duda alguna su libro. ¿Ha recibido muchos mensajes en este sentido?

--Allen: He tenido noticias de varios miembros del Opus Dei que agradecen lo que ven como un trato relativamente equilibrado en el libro.

Otros, sin embargo, no están contentos con lo que ven, por considerar que me centro excesivamente en las controversias que circundan al Opus Dei. Sienten al Opus Dei como su familia, y siempre es doloroso oír acusaciones contra seres queridos, aun cuando se les dé el trato más equilibrado del mundo.

Diría que he recibido la misma reacción de los críticos del Opus Dei. Algunos sienten que el libro dio la voz justa a sus preocupaciones, mientras que otros, convencidos de que el Opus Dei es peligroso, sienten que no he ido lo suficientemente lejos a la hora de presentar sus errores.

Esta reacción ilustra desgraciadamente la fuerte polarización de buena parte de la polémica sobre el Opus Dei.

--Usted piensa que personalmente no encaja en la estructura del Opus Dei: ¿se ha percatado ahora después de su investigación, o ya lo sabía?

--Allen: Como periodista, por una cuestión de principios, no formo parte de grupos dentro de la Iglesia, porque necesito conservar mi imparcialidad.

Por esa razón, nunca me he planteado seriamente la cuestión de mi adhesión al Opus Dei o a cualquier otro grupo. Las más de trescientas horas de entrevistas y viajes a ocho países que he realizado para redactar este libro me han dejado claro que, si decidiera pasar a formar parte de un grupo católico, ciertamente éste no sería el Opus Dei.

No se trata de falta de respeto o de que tenga miedo del Opus Dei; al contrario, he acabado admirando a la mayoría de las personas que he encontrado en el Opus Dei, y en general me pareció que su compañía era altamente estimulante y agradable. Sin embargo hay un «programa diario de vida» para los miembros del Opus Dei, y una serie de expectativas sobre la asistencia a acontecimientos etc. que me parecería agobiante.

Yo soy un clásico «hijo único», en el sentido de que me gusta controlar mi tiempo y mi espacio. No me gusta que nadie me ponga horarios, o que me diga cuándo tengo que rezar, o cómo.

Permítame ser claro: ésta es una cuestión de gusto personal. Admiro el compromiso que veo en los miembros del Opus Dei, y mi percepción es que la mayoría están sumamente satisfechos con sus experiencias.
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«Los miembros del Opus Dei no somos ni ángeles ni demonios»
Entrevista a Marc Carroggio, responsable internacional de la Oficina de Prensa del Opus Dei

ROMA, jueves, 22 diciembre 2005 (ZENIT.org).- El responsable de la relación con periodistas internacionales del Opus Dei en Roma, Marc Carroggio, reconoce que «está satisfecho» por el libro el periodista vaticanista John L. Allen acaba de publicar: «Opus Dei, una mirada objetiva detrás de los mitos y la realidad de la fuerza más controvertida en la Iglesia Católica», editado por el momento en inglés («Opus Dei, An Objective Look Behind the Myths and Reality of the Most Controversial Force in the Catholic Church»), portugués y coreano.

Marc Carroggio comenta con Zenit que este es el primer libro que compara desapasionadamente los «mitos» sobre la Obra (nombre con el que se conoce el Opus Dei) y la realidad.

El libro, editado por Doubleday, es un reportaje periodístico, aclara este portavoz, y afirma que «el autor ha comprendido bien la naturaleza del Opus Dei».

En esta entrevista Marc Carroggio desvela la motivación principal de los miembros del Opus Dei: «seguir un ideal espiritual que nos entusiasma» y más allá del mito que envuelve a esta organización constata: «somos gente de carne y hueso, con errores y aciertos».

--Estarán ustedes contentos, este libro desmonta todos los tópicos acerca del Opus Dei.

--Carroggio: He trabajado en la Oficina de información de Roma mientras John L. Allen escribía este libro. No puedo negar que estoy satisfecho, y no me refiero tanto al resultado como al método.

Pienso que el autor aporta muchos datos, después de invertir cientos de horas en recoger informaciones y opiniones de todo género; sitúa los datos en su contexto, de manera que se pueden entender los porqués de muchas actuaciones; ha escuchado todas las campanas y ha tratado con respeto a todos los campaneros; y, por último, deja que el lector llegue libremente a sus propias conclusiones.

Pienso que son cualidades muy apreciables en un libro de este estilo. Los tópicos son obstáculos al diálogo y al debate desapasionado.

En este sentido, cualquier esfuerzo por desmontar falsos clichés es positivo.

Las comparaciones son odiosas, pero no puedo dejar de señalar que el autor del Código Da Vinci no ha estado nunca en un centro del Opus Dei, y que yo sepa no ha hablado nunca con una persona del Opus Dei.

El retrato que pinta de la Obra en el Código existe sólo en su imaginación. Pienso que el trabajo de Allen puede servir para que muchos lectores de esa novela, que no conocen el Opus Dei de primera mano, se den cuenta de que no somos «ni ángeles ni demonios». Somos gente de carne y hueso, con errores y aciertos, con defectos y con deseos de seguir un ideal espiritual que nos entusiasma.

--El autor ha tenido acceso --y lo explica-- a documentos que no están al alcance del público. Ha estado en centros del Opus Dei para numerarios, ha entrevistado a decenas de personas de la Obra, se ha imbuido de lo que significa «ser del Opus Dei». Según usted, para comprender mejor el Opus Dei, ¿qué le faltaría?

--Carroggio: Pienso que el autor ha comprendido bien el Opus Dei, la naturaleza de su mensaje, las razones de sus propuestas, la forma de vida de sus fieles: nuestros ideales y también nuestras limitaciones.

Este libro es un reportaje periodístico, no una tesis de teología ni un tratado de historia de la Iglesia. Su enfoque es más bien sociológico, aunque presta gran atención a la dimensión espiritual. El propio autor subraya que su propósito no es explicar de modo exhaustivo el Opus Dei, sino comparar los mitos con la realidad.

En consecuencia, dedica mucho espacio a asuntos que son relativamente secundarios en la vida del Opus Dei, pero que han sido objeto de atención de los medios de comunicación, sobre todo en Estados Unidos.

En ese sentido, cabría decir mucho más sobre la experiencia espiritual que representa pertenecer al Opus Dei y sobre la motivación profunda que lleva a seguir este camino de búsqueda de la santidad en medio del mundo: la conciencia de la propia vocación cristiana, el deseo de imitar a Jesucristo precisamente en el trabajo, la familia y la vida ordinaria.

En una institución de la Iglesia, los aspectos personales, existenciales, son más importantes que los esquemas organizativos o las cuestiones de imagen.

--Para su investigación, John L. Allen ha dado voz también a antiguos miembros del Opus Dei. ¿Le parece que ha dado demasiado espacio a estos testimonios?

--Carroggio: El libro es un reportaje periodístico, no una reflexión sobre cuestiones de principio. Es el resultado de un gran número de entrevistas con personas en diferentes situaciones. En este tipo de trabajos, es el propio periodista quien determina el equilibrio entre las fuentes. Yo respeto su decisión, que me parece del todo legítima.

Personalmente, pienso que el autor explica bien que estas críticas tienen una naturaleza diferente de las que proceden, por así decir, de la fantasía de escritores de novelas. Es fácil demostrar que el Opus Dei no está detrás de las oscuras operaciones de complot que se le atribuyen (me ahorro los ejemplos, para no alargarme).

Pero cuando se trata de una persona que tiene una experiencia negativa, la cuestión cambia. Ante una herida, un dolor, un mal recuerdo, no cabe un desmentido. Ya no estamos ante un problema sólo de verdades y mentiras. Ante una experiencia negativa, es preciso expresar respeto, compartir el dolor, aunque a veces no se comparta la interpretación de los hechos.

Es cierto que los fieles del Opus Dei viven su entrega a Dios con plena libertad, y que esa entrega les ayuda a experimentar la felicidad, una felicidad relativa dentro de lo que es posible en este mundo.

Por eso, la inmensa mayoría de los hombres y mujeres que se acercan a los centros de la Obra guardan afecto de por vida. Pero no siempre es así, y no me parece negativo, al contrario, que un libro como el de John L. Allen se haga eco de esos casos que considero excepcionales.

Cuando el autor preguntó al Prelado por esta cuestión, monseñor Echevarría dijo que a las personas que no se han sentido bien tratadas, les pedimos perdón de todo corazón. Como usted puede comprender, yo no tengo nada que añadir.

--¿Le gustaría una «segunda parte» de este libro?

--Carroggio: Cada libro es único. Ésa es su fuerza, me parece. Aunque el libro de John L. Allen no es sólo un libro sobre controversias, en él pesan mucho las polémicas. En mi opinión, trata las cuestiones controvertidas de modo respetuoso y ofrece datos empíricos más que explicaciones de parte o ideológicas.

Además, el autor hace un esfuerzo por resumir algunos rasgos esenciales del Opus Dei: filiación divina, libertad, santificación del trabajo y de la vida ordinaria, etc.

Me gustaría que un futuro libro desarrollara más estos aspectos, pero precisamente en forma de reportaje periodístico: un libro que consiguiera contar con frescura la experiencia de la vida cristiana en medio del mundo. El recurso admirable que suponen la fe y la oración para la vida ordinaria, también en los trances más difíciles, como la enfermedad física o psíquica, la pérdida del trabajo o la muerte de un ser querido. Hay mucha historia que contar.
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