viernes, mayo 11, 2007

Discurso a los jóvenes de Benedicto XVI



¡Queridos jóvenes! ¡Queridos amigos y amigas!

«Si quieres ser perfecto, anda,
vende lo que tienes y dáselo a los pobres […]
luego ven, y sígueme.» (Mt 19,21).



1. He deseado ardientemente encontrarme con vosotros en éste mi primer viaje a América Latina. Vine a inaugurar la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano que, por deseo mío, va a realizarse en Aparecida, aquí en Brasil, en el Santuario de Nuestra Señora. Ella nos coloca a los pies de Jesús para aprender sus lecciones sobre el Reino e impulsarnos a ser sus misioneros, para que los pueblos de este “Continente de la Esperanza” tengan, en Él, vida plena. Vuestros Obispos de Brasil, en su Asamblea General del año pasado, reflexionaron sobre el tema de la evangelización de la juventud y colocaron en vuestras manos un documento. Pidieron que fuese acogido y perfeccionado por vosotros durante todo el año. En esta última Asamblea retomaron el asunto, enriquecido con vuestra colaboración, y anhelan que las ponderaciones hechas y las orientaciones propuestas sirvan como incentivo y faro para vuestro caminar. Las palabras del Arzobispo de São Paulo y del encargado de la Pastoral de la Juventud, las cuales agradezco, bien testifican el espíritu que os mueve a todos.

Ayer por la tarde, al sobrevolar el territorio brasileño, pensaba ya en éste nuestro encuentro en el Estadio de Pacaembu, con el deseo de daros un gran abrazo bien brasileño, y manifestar los sentimientos que llevo en lo íntimo del corazón y que a propósito, el Evangelio de hoy nos quiso indicar.

Siempre he experimentado una alegría muy especial en estos encuentros. Recuerdo particularmente la Vigésima Jornada Mundial de la Juventud, que tuve la ocasión de presidir hace dos años atrás en Alemania. ¡Algunos de los que están aquí también estuvieron allá! Es un recuerdo conmovedor, por los abundantes frutos de la gracia enviados por el Señor. Y no queda la menor duda que el primer fruto, entre muchos, que pude constatar fue el de la fraternidad ejemplar que hubo entre todos, como demostración evidente de la perenne vitalidad de la Iglesia por todo el mundo.



2. Pues bien, queridos amigos, estoy seguro de que hoy se renuevan las mismas impresiones de aquel mi encuentro en Alemania. En 1991, el Siervo de Dios, el Papa Juan Pablo II, de venerada memoria, decía, a su paso por Mato Grosso (Brasil), que los “jóvenes son los primeros protagonistas del tercer milenio [...] son ustedes quienes van a trazar los rumbos de esta nueva etapa de la humanidad” (Discurso 16/10/1991). Hoy, me siento movido a hacerles idéntica observación. El Señor aprecia, sin duda, vuestra vivencia cristiana en las numerosas comunidades parroquiales y en las pequeñas comunidades eclesiales, en las Universidades, Colegios y Escuelas y, especialmente, en las calles y en los ambientes de trabajo de las ciudades y de los campos; se trata, sin embargo, de ir adelante. Nunca podemos decir basta, pues la caridad de Dios es infinita y el Señor nos pide, o mejor, nos exige ensanchar nuestros corazones para que en ellos quepa siempre más amor, más bondad, más comprensión por nuestros semejantes y por los problemas que envuelven no sólo la convivencia humana, sino también la efectiva preservación y conservación de la naturaleza, de la cual todos hacemos parte. “Nuestros bosques tienen más vida”: no dejéis que se apague esta llama de esperanza que vuestro Himno Nacional pone en vuestros labios. La devastación ambiental de la Amazonía y las amenazas a la dignidad humana de sus poblaciones requieren un mayor compromiso en los más diversos espacios de acción que la sociedad viene pidiendo.



3. Hoy quiero con vosotros reflexionar sobre el texto de San Mateo (19, 16-22), que acabamos de oír. Habla de un joven. Él vino corriendo al encuentro de Jesús, merece que se destaque su ansia. En este joven veo a todos vosotros, jóvenes de Brasil y de América Latina. Vinisteis corriendo de diversas regiones de este Continente para nuestro encuentro; queréis oír, por la voz del Papa, las palabras del propio Jesús. Como en el Evangelio, tenéis una pregunta importante que hacerle. Es la misma del joven que vino corriendo al encuentro de Jesús: ¿Qué debo hacer para alcanzar la vida eterna? Me gustaría profundizar con vosotros esta pregunta. Se trata de la vida, la vida que, en vosotros, es exuberante y bella. ¿Qué hacer con ella? ¿Cómo vivirla plenamente?

Pronto entendemos, en la formulación de la propia pregunta, que no basta el aquí y ahora, o sea, nosotros no conseguimos delimitar nuestra vida al espacio y al tiempo, por más que pretendamos extender sus horizontes. La vida os trasciende. En otras palabras, queremos vivir y no morir. Sentimos que algo nos revela que la vida es eterna y que es necesario empeñarnos para que esto acontezca. En otras palabras, ella está en nuestras manos y depende, de algún modo, de nuestra decisión.

La pregunta del Evangelio no contempla apenas el futuro. No trata apenas de una cuestión sobre qué pasará después de la muerte. Hay, por el contrario, un compromiso con el presente aquí y ahora, que debe garantizar autenticidad y consecuentemente el futuro. En una palabra, la pregunta cuestiona el sentido de la vida. Puede por eso ser formulada así: ¿qué debo hacer para que mi vida tenga sentido? O sea: ¿cómo debo vivir para cosechar plenamente los frutos de la vida? O más aún: ¿qué debo hacer para que mi vida no transcurra inútilmente?

Jesús es el único capaz de darnos una respuesta, porque es el único que puede garantizar la vida eterna. Por eso también es el único que consigue mostrar el sentido de la vida presente y darle un contenido de plenitud.



4. Sin embargo, antes de dar su respuesta, Jesús cuestiona al joven con una pregunta muy importante: "¿Por qué me llamas bueno?" En esta pregunta se encuentra la clave de la respuesta. Aquel joven percibió qué Jesús es bueno y que es maestro. Un maestro que no engaña. Estamos aquí porque tenemos esta misma convicción: Jesús es bueno. Quizás no sabemos toda la razón de esta percepción, pero es cierto que ella nos aproxima a Él y nos abre a su enseñanza: un maestro bueno. Quien reconoce el bien es señal que ama, y quien ama, en la feliz expresión de San Juan, conoce a Dios (cf.1Jn 4,7). El joven del Evangelio tuvo una percepción de Dios en Jesucristo. Jesús nos garantiza que solo Dios es bueno. Estar abierto a la bondad significa acoger a Dios. Así Él nos invita a ver a Dios en todas las cosas y en todos los acontecimientos, inclusive ahí donde la mayoría solo ve la ausencia de Dios; viendo la belleza de las criaturas y constatando la bondad presente en todas ellas, es imposible no creer en Dios y no hacer una experiencia de su presencia salvífica y consoladora. Si lográsemos ver todo el bien que existe en el mundo y, más aún, experimentar el bien que proviene del propio Dios, no cesaríamos jamás de aproximarnos a Él, de alabarlo y agradecerle. Él continuamente nos llena de alegría y de bienes. Su alegría es nuestra fuerza.

Pero nosotros no conocemos sino de forma parcial. Para percibir el bien necesitamos de auxilios, que la Iglesia nos proporciona en muchas oportunidades, principalmente por la catequesis. Jesús mismo explicita lo que es bueno para nosotros, dándonos su primera catequesis. « si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos » (Mt 19,17). Él parte del conocimiento que el joven ya obtuvo ciertamente de su familia y de la Sinagoga: de hecho, conoce los mandamientos. Ellos conducen a la vida, lo que equivale a decir que ellos nos garantizan autenticidad. Son los grandes indicadores que nos señalan el camino cierto. Quien observa los mandamientos está en el camino de Dios.

No basta conocerlos. El testimonio vale más que la ciencia, o sea, es la propia ciencia aplicada. No nos son impuestos de fuera, ni disminuyen nuestra libertad. Por el contrario: constituyen impulsos internos vigorosos, que nos llevan a actuar en esta dirección. En su base está la gracia y la naturaleza, que no nos dejan inmóviles. Necesitamos caminar. Somos lanzados a hacer algo para realizarnos nosotros mismos. Realizarse, a través de la acción, en verdad, es volverse real. Nosotros somos, en gran parte, a partir de nuestra juventud, lo que nosotros queremos ser. Somos, por así decir, obra de nuestras manos.



5. En esta momento me vuelvo nuevamente a vosotros jóvenes, queriendo oír también de vosotros la respuesta del joven del Evangelio: "todo esto lo he observado desde mi juventud". El joven del Evangelio era bueno, observaba los mandamientos, estaba pues en el camino de Dios, por eso Jesús lo miró con amor. Al reconocer que Jesús era bueno, dio testimonio de que también él era bueno. Tenía una experiencia de la bondad y por eso, de Dios. Y vosotros, jóvenes de Brasil y de América Latina ¿ya descubristeis lo que es bueno? ¿Seguís los mandamientos del Señor? ¿Descubristeis que éste es el verdadero y único camino hacia la felicidad?

Los años estáis viviendo son los años que preparan vuestro futuro. El “mañana” depende mucho de cómo estéis viviendo el “hoy” de la juventud. Ante los ojos, mis queridos jóvenes, tenéis una vida que deseamos que sea larga; pero es una sola, es única: no la dejéis pasar en vano, no la desperdiciéis. Vivid con entusiasmo, con alegría, pero, sobretodo, con sentido de responsabilidad.

Muchas veces sentimos temblar nuestros corazones de pastores, constatando la situación de nuestro tiempo. Oímos hablar de los miedos de la juventud de hoy. Nos revelan un enorme déficit de esperanza: miedo de morir, en un momento en que la vida se está abriendo y busca encontrar el propio camino de realización; miedo de sobrar, por no descubrir el sentido de la vida; y miedo de quedar desconectado delante de la deslumbrante rapidez de los acontecimientos y de las comunicaciones. Registramos el alto índice de muertes entre los jóvenes, la amenaza de la violencia, la deplorable proliferación de las drogas que sacude hasta la raíz más profunda a la juventud de hoy, se habla por eso, a menudo de una juventud perdida.

Pero mirándoos a vosotros, jóvenes aquí presentes, que irradiáis alegría y entusiasmo, asumo la mirada de Jesús: una mirada de amor y confianza, en la certeza de que vosotros encontrasteis el verdadero camino. Sois jóvenes de la Iglesia, por eso yo os envío para la gran misión de evangelizar a los jóvenes y a las jóvenes que andan errantes por este mundo, como ovejas sin pastor. Sed los apóstoles de los jóvenes, invítenlos a que vengan con vosotros, a que hagan la misma experiencia de fe, de esperanza y de amor; se encuentren con Jesús, para que se sientan realmente amados, acogidos, con plena posibilidad de realizarse. Que también ellos y ellas descubran los caminos seguros de los Mandamientos y por ellos lleguen hasta Dios.

Podéis ser protagonistas de una sociedad nueva si buscáis poner en práctica una vivencia real inspirada en los valores morales universales, pero también un empeño personal de formación humana y espiritual de vital importancia. Un hombre o una mujer no preparados para los desafíos reales de una correcta interpretación de la vida cristiana de su medio ambiente será presa fácil de todos los asaltos del materialismo y del laicismo, cada vez más actuantes en todos los niveles.

Sed hombres y mujeres libres y responsables; haced de la familia un foco irradiador de paz y de alegría; sed promotores de la vida, desde el inicio hasta su final natural; amparad a los ancianos, pues ellos merecen respeto y admiración por el bien que os hicieron. El Papa también espera que los jóvenes busquen santificar su trabajo, haciéndolo con capacidad técnica y con laboriosidad, para contribuir al progreso de todos sus hermanos y para iluminar con la luz del Verbo todas las actividades humanas (cf. Lumen Gentium, N. 36). Pero, sobretodo, el Papa espera que sepan ser protagonistas de una sociedad más justa y más fraterna, cumpliendo las obligaciones ante al Estado: respetando sus leyes; no dejándose llevar por el odio y por la violencia; siendo ejemplo de conducta cristiana en el ambiente profesional y social, distinguiéndose por la honestidad en las relaciones sociales y profesionales. Tengan en cuenta que la ambición desmedida de riqueza y de poder lleva a la corrupción personal y ajena; no existen motivos para hacer prevalecer las propias aspiraciones humanas, sean ellas económicas o políticas, con el fraude y el engaño.

Concluyendo, existe un inmenso panorama de acción en el cual las cuestiones de orden social, económica y política ganan un particular relieve, siempre que tengan su fuente de inspiración en el Evangelio y en la Doctrina Social de la Iglesia La construcción de una sociedad más justa y solidaria, reconciliada y pacífica; la contención de la violencia y las iniciativas que promuevan la vida plena, el orden democrático y el bien común y, especialmente, aquellas que llevan a eliminar ciertas discriminaciones existentes en las sociedades latinoamericanas y no son motivo de exclusión, sino de recíproco enriquecimiento.

Tened, sobretodo, un gran respeto por la institución del Sacramento del Matrimonio. No podrá haber verdadera felicidad en los hogares si, al mismo tiempo, no hay fidelidad entre los esposos. El matrimonio es una institución de derecho natural, que fue elevado por Cristo a la dignidad de Sacramento; es un gran don que Dios hizo a la humanidad, Respetadlo, veneradlo. Al mismo tiempo, Dios os llama a respetaros también en el romance y en el noviazgo, pues la vida conyugal que, por disposición divina, está destinada a los casados es solamente fuente de felicidad y de paz en la medida en la que sepáis hacer de la castidad, dentro y fuera del matrimonio, un baluarte de vuestras esperanzas futuras. Repito aquí para todos vosotros que «el eros quiere conducirnos más allá de nosotros mismos, hacia Dios, pero por eso mismo requiere un camino de ascesis, renuncias, purificaciones y saneamientos» (Carta encl. Dios caritas est, (25/12/2005), N. 5). En pocas palabras, requiere espíritu de sacrificio y de renuncia por un bien mayor, que es precisamente el amor de Dios sobre todas las cosas. Buscad resistir con fortaleza a las insidias del mal existente en muchos ambientes, que os lleva a una vida disoluta, paradójicamente vacía, al hacer perder el bien precioso de vuestra libertad y de vuestra verdadera felicidad. El amor verdadero “buscará siempre más la dicha del otro, se preocupará cada vez más de él, se donará y deseará existir para el otro” (Ib. N. 7) y, por eso, será siempre más fiel, indisoluble y fecundo.

Para ello, contáis con la ayuda de Jesucristo que, con su gracia, hará esto posible (cf. MT 19,26). La vida de fe y de oración os conducirá por los caminos de la intimidad con Dios, y de la comprensión de la grandeza de los planes que Él tiene para cada uno. “Por amor del reino de los cielos” (ib., 12), algunos son llamados a una entrega total y definitiva, para consagrarse a Dios en la vida religiosa, “eximio don de la gracia”, como fue definido por el Concilio Vaticano II (Decr. Perfectae caritatis, n.12). Los consagrados que se entregan totalmente a Dios, bajo la moción del Espíritu Santo, participan en la misión de Iglesia, testimoniando la esperanza en el Reino celeste ante todos los hombres. Por eso, bendigo e invoco la protección divina a todos los religiosos que dentro de la mies del Señor se dedican a Cristo y a los hermanos. Las personas consagradas merecen, verdaderamente, la gratitud de la comunidad eclesial: monjes y monjas, contemplativos y contemplativas, religiosos y religiosas dedicados a las obras de apostolado, miembros de institutos seculares y de las sociedades de vida apostólica, eremitas y vírgenes consagradas. “Su existencia da testimonio del amor a Cristo cuando ellos se encaminan por su seguimiento, tal como éste se propone en el Evangelio y, con íntima alegría, asumen el mismo estilo de vida que Él escogió para Sí” (Congr. para los Inst. de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica: Instr. Partir de Cristo, N. 5). Hago votos de que, en este momento de gracia y de profunda comunión en Cristo, el Espíritu Santo despierte en el corazón de tantos jóvenes un amor apasionado en el seguimiento e imitación de Jesucristo casto, pobre y obediente, dirigido completamente a la gloria del Padre y al amor de los hermanos y hermanas.



6. El Evangelio nos asegura que aquel joven, que vino corriendo al encuentro de Jesús, era muy rico. Entendemos esta riqueza no apenas en el plano material, la propia juventud es una riqueza singular. Es necesario descubrirla y valorarla. Jesús le dio tal valor que invitó a este joven a participar de su misión de salvación. Tenía todas las condiciones para una gran realización y una gran obra. Pero el Evangelio nos refiere que ese joven se entristeció con la invitación. Se alejó abatido y triste. Este episodio nos hace reflexionar una vez más sobre la riqueza de la juventud. No se trata, en primer lugar, de bienes materiales, sino de la propia vida, con los valores inherentes a la juventud. Proviene de una doble herencia: la vida, transmitida de generación en generación, en cuyo origen primero está Dios, lleno de sabiduría y de amor; y la educación que nos inserta en la cultura, a tal punto que, en cierto sentido, podemos decir que somos más hijos de la cultura y por eso de la fe, que de la naturaleza. De la vida brota la libertad que, sobretodo en esta fase se manifiesta como responsabilidad. Es el gran momento de la decisión, en una doble opción: una en cuanto al estado de vida y otra en cuanto a la profesión. Responde a la cuestión: ¿qué hacer con la vida?

En otras palabras, la juventud se muestra como una riqueza porque lleva al descubrimiento de la vida como un don y como una tarea. El joven del Evangelio percibió la riqueza de su juventud. Fue hasta Jesús, el Buen Maestro, a buscar una orientación. Pero a la hora de la gran opción no tuvo coraje de apostar todo en Jesucristo. Consecuentemente salió de allí triste y abatido. Es lo que pasa toda vez que nuestras decisiones flaquean y se vuelven mezquinas e interesadas. Sintió que faltó generosidad, lo que no le permitió una realización plena. Se cerró sobre su riqueza, tornándola egoísta.

Jesús sintió mucho la tristeza y la mezquindad del joven que lo fue a buscar. Los Apóstoles, como todos y todos vosotros hoy, rellenan esta laguna dejada por aquel joven que se retiró triste y abatido. Ellos y nosotros estamos alegres porque sabemos en quién creemos (2 Tim 1,12). Sabemos y damos testimonio con nuestra propia vida de que solo Él tiene palabras de vida eterna (Jn 6,68). Por eso, como San Pablo, podemos exclamar: "estad siempre alegres en el Señor" (Fil 4,4).



7. Mi pedido hoy, a vosotros jóvenes, que vinisteis a este encuentro, es que no desaprovechéis vuestra juventud. No intentéis huir de ella. Vividla intensamente, consagradla a los elevados ideales de la fe y de la solidaridad humana. Vosotros, jóvenes, no sois apenas el porvenir de la Iglesia y de la humanidad, como una especie de fuga del presente, por el contrario: sois el presente joven de la Iglesia y de la humanidad. Sois su rostro joven. La Iglesia necesita de vosotros, como jóvenes, para manifestar al mundo el rostro de Jesucristo, que se dibuja en la comunidad cristiana. Sin el rostro joven la Iglesia se presentaría desfigurada.

(en español) Queridos jóvenes, dentro de poco inauguraré la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. Os pido que sigáis con atención sus trabajos; que participéis en sus debates; que recéis por sus frutos. Como ocurrió con las Conferencias anteriores, también ésta marcará de modo significativo los próximos diez años de Evangelización en América Latina y en el Caribe. Nadie debe quedar al margen o permanecer indiferente ante este esfuerzo de la Iglesia, y mucho menos los jóvenes. Vosotros con todo derecho formáis parte de la Iglesia, la cual representa el rostro de Jesucristo para América Latina y el Caribe.

(en francés) Saludo a los de habla francesa que viven en el Continente latinoamericano, invitándolos a ser testimonios del Evangelio y actores de la vida eclesial. Me uno particularmente a vosotros los jóvenes, sois llamados a construir vuestra vida sobre Cristo y sobre los valores humanos fundamentales. Que todos os sintáis invitados a colaborar en la edificación de un mundo de justicia y de paz.

(en ingles) Queridos jóvenes amigos, como el joven del Evangelio, que preguntó a Jesús “ qué debo hacer para tener la vida eterna?” , todos vosotros buscáis maneras de responder generosamente al llamado de Dios. Rezo para que escuchéis su palabra salvadora y os tornéis sus testigos ante los pueblos de hoy. Que Dios derrame sobre vosotros sus bendiciones de paz y alegría.

Queridos jóvenes, Cristo os llama a ser santos. Él mismo os convoca y quiere andar con vosotros, para animar con Su espíritu los pasos del Brasil en este inicio del tercer milenio de la era cristiana. Pido a la Señora Aparecida que os conduzca, con su auxilio materno y os acompañe a lo largo de la vida.

¡Alabado sea Nuestro Señor Jesucristo!
Estadio Pacaembu, San Pablo, 10 de abril de 2007

jueves, abril 26, 2007

La Iglesia católica y los pobres

Deseo hacer algún comentario sobre la carta publicada en ese diario acerca de «La Iglesia de los pobres». En ella se afirman una serie de tópicos que estamos hartos de oír, pero sin pruebas razonables.

Efectivamente la iglesia católica es de los pobres por sus numerosas actividades en favor de ellos. El mismo Jesucristo nos enseñó el precepto del amor y en especial con los más necesitados. Por eso ha desarrollado diferentes iniciativas, encaminadas a ellos. Por citar algunas: Cáritas ofrece a los mendigos alimentos y refugio contra la intemperie, el 26% de los enfermos mundiales de sida están atendido por católicos. Precisamente el destino que va a darse a 'San Carlos Borromeo' es el de atenciones sociales.

Todas estas actuaciones pueden ser de-sarrolladas por seglares, al igual que en las demás oenegés que existen, para remediar diversas carencias. Los sacerdotes no son necesarios para estas atenciones materiales, aunque puedan también realizarlas sin menoscabo de su función específica. La principal misión de los sacerdotes es predicar la palabra de Dios, perdonar los pecados en la confesión y celebrar la santa misa.

Fue Jesucristo quien les dio la facultad de perdonar en su nombre los pecados confesados. También les otorgó la grandiosa capacidad de convertir el pan (ácimo, sin levadura) y el vino en su cuerpo y sangre, de modo que cuando el sacerdote pronuncia las palabras de la consagración el pan, ya no es pan: es el cuerpo de Cristo y el vino es la Sangre de Cristo. Todo ello para que los creyentes podamos vencer las dificultades que se nos presentan para alcanzar el cielo. Si la consagración se hace con galletas, lo que tomamos no es el cuerpo de Cristo, son simplemente galletas. El cambio es abismal, además de un fraude y una falta de respeto al Sacramento.

La predicación de la palabra de Dios debe ir en consonancia con el magisterio de la Iglesia. Fue también Jesús quién quiso que su doctrina fuera una, bajo la autoridad del Papa; lo demás ya no es la Iglesia de Cristo.

La atención de las necesidades materiales seguirán recibiéndola los necesitados en los mismos locales. Para la espiritual ya se han designado otras dos parroquias, a fin de que los fieles quedan atendidos totalmente.

Pilar Lázaro

lunes, abril 02, 2007

Juan Pablo II Segundo aniversario



Oración para implorar favores por intercesión de Juan Pablo II


Oh Trinidad Santa,
Te damos gracias por haber concedido a la
Iglesia al Papa Juan Pablo II y porque en él has
reflejado la ternura de Tu paternidad, la gloria de
la cruz de Cristo y el esplendor del Espíritu de amor.

Él, confiando totalmente en tu infinita
misericordia y en la maternal intercesión de
María, nos ha mostrado una imagen viva de
Jesús Buen Pastor, indicándonos la santidad,
alto grado de la vida cristiana ordinaria, como
camino para alcanzar la comunión eterna Contigo.

Concédenos, por su intercesión, y si es Tu
voluntad, el favor que imploramos, con la
esperanza de que sea pronto incluido en el
número de tus santos.
Amén.

Para enviar algún testimonio que pueda colaborar con el proceso, comunicarse con:

Mons. Slawomir Oder
Vicariato di Roma
Piazza San Giovanni in Laterano 6/A
00184 ROMA

jueves, febrero 22, 2007

Del ala izquierda del pollo al dulcísimo precepto del Decálogo

Todos los días, cuando me levanto, me vienen a la memoria dos hechos: el primero tiene que ver con San Josemaría, cuando habla en sus escritos del amor que debemos tener los miembros de la Obra y todos los cristianos al cuarto mandamiento de la ley de Dios. El segundo hecho, fue una intervención radiofónica que tuve en los años ochenta

Todos los días, cuando me levanto, me vienen a la memoria dos hechos: el primero tiene que ver con San Josemaría, cuando habla en sus escritos del amor que debemos tener los miembros de la Obra y todos los cristianos al cuarto mandamiento de la ley de Dios. San Josemaría lo llamaba “el dulcísimo precepto del Decálogo”; el segundo hecho, fue una intervención radiofónica que tuve en los años ochenta. Los invitados a la tertulia no tenían quizá las ideas muy claras sobre la Obra. Yo llamé por teléfono y puntualicé una serie de cuestiones que me parecían interesantes. Uno de los tertulianos me dijo en un momento de la conversación:

- Todos los miembros del Opus Dei tienen carrera universitaria....

- Pues yo trabajo en un matadero de aves. Mi encargo es quitar la carne al ala izquierda del pollo, le contesté.

- ...

Y así iba la cosa hasta que de nuevo alguien señaló que a los miembros de la Obra se les separa de sus padres. En ese momento mi madre, que escuchaba la conversación y es agradablemente de armas tomar, agarró el teléfono y dijo:

- Yo soy la madre de este chico, ¿algún problema?...

En fin, han pasado los años desde esta segunda anécdota: alrededor de 25 años. La vida ha cambiado, y mis padres, gracias a Dios siguen viviendo conmigo. Digo conmigo, porque hasta hace tres años, yo vivía con ellos.

En el año 2002 me fui a Pamplona para hacer un doctorado y preparar la tesis doctoral. Para ello dejé de vivir con mis padres después de 42 años. Yo soy Licenciado en Filología Hispánica y trabajaba entonces en un colegio de Jaén.

En una de mis clases


Mi madre estaba un poco delicada de salud, pero el médico de familia me decía que los síntomas que padecía eran los típicos de las personas mayores. Después de hablar con ellos, llegamos a la conclusión que me podía desplazar a Navarra para completar mis estudios. Mis padres tenían entonces 78 y 79 años.

A los dos años y medio de residir en Pamplona mi padre sufrió una trombosis cerebral, se le quedó inmovilizada la parte derecha del cuerpo, y a mi madre, después de analizarla un especialista, le diagnosticaron Alzheimer en una fase bastante avanzada.

"En vista de lo que ocurría a mis progenitores dejé los estudios de Pamplona y me volví a mi ciudad natal para cuidar de mis padres"

En vista de lo que ocurría a mis progenitores dejé los estudios de Pamplona y me volví a mi ciudad natal para cuidar de mis padres. He vuelto a mi trabajo de profesor en el colegio Altocastillo, pero sólo por las mañanas. He pedido reducción de jornada, ya que por las tardes y noches cuido de mis padres. Mientras yo estoy en el colegio, una señora que tengo contratada cuida de ellos y cuando vuelvo del colegio recojo el testigo hasta el día siguiente a la hora de irme a trabajar.

Mi padre, gracias a nuestro padre, San Josemaría, se ha recuperado de una forma milagrosa. Ha recuperado la movilidad y es autónomo. Los médicos todavía no se lo creen, porque me dijeron que se quedaría postrado en una cama hasta su fallecimiento. Ahora no necesita ayuda para nada, pero tampoco me ayuda en nada.

Mi madre va perdiendo facultades poco a poco. Necesita vigilancia las 24 horas del día y hay que hacérselo todo: levantarla, asearla, darle de comer, etc. Ya no conoce a nadie, y a veces no sabe dónde está y se pone muy nerviosa. Entonces aprovecho para intentar calmarla y la saco a pasear en una silla de ruedas. Estuve una temporada que por las noches no dormíamos nada, a veces, cuando se ponía nerviosa la sacaba a la calle, aunque lloviera, tronara, hiciera frío, calor, etc.

Los que padecen esta enfermedad, los especialistas no saben el porqué, durante las horas de la tarde se ponen más inquietos, entonces tengo que cargarme de paciencia, e intentar calmarla y distraerla, porque no hay medicinas que la tranquilicen. El médico me dice que lo mejor es intentar distraerla, que la trate como a un niño de 3 años. Y eso es lo que hago.

Mis padres
Siguiendo la recomendación de San Josemaría lo más importante que puedo hacer ahora es cuidar de mis padres, como ellos lo hicieron de mí cuando era más joven. Cuidando de mis padres estoy haciendo el Opus Dei, porque veo en ellos a Jesucristo y cuando estoy cansado o agobiado miro la cruz del Señor y recuerdo la cita de Mateo: “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame ” (Mt. 16, 24).

A medida que pasa el tiempo y me voy haciendo más mayor, por lo que veo en el colegio y por lo que me cuentan mis amigos y conocidos de edad más avanzada, veo que no soy un mártir, porque hay gente que está peor que yo. A estas personas intento animarlas y que vean en ello la cruz del Señor.

En el pueblo donde resido somos trece mil habitantes, y casi todos nos conocemos, hemos creado una asociación de Alzheimer. El ayuntamiento nos está dando toda clase de facilidades para sacar adelante la asociación, y nos hemos puesto en contacto con los sacerdotes del pueblo para que atiendan espiritualmente a nuestros enfermos.

Cuando voy por la calle mis paisanos me paran y me preguntan por mis padres, a la vez que me animan y felicitan por la labor que estoy haciendo con ellos, yo entonces me acuerdo del dulcísimo precepto del Decálogo del que hablaba San Josemaría y de mi intervención en el programa de radio.

Gabriel Robledillo Amezcua es agregado del Opus Dei

miércoles, enero 31, 2007

jueves, enero 25, 2007

Tatiana Goritschewa: el "aroma" de la santidad

Cuando concluye el Octavario por la Unidad de los cristianos publicamos este artículo sobre el mensaje del fundador del Opus Dei de una conocida escritora rusa.

A nuestro pueblo de Rusia, torturado pero no aniquilado, le ha quedado una autoridad: los "startsi" (1). En un país en el que raramente se puede conseguir la Biblia, ellos son el Evangelio viviente, la demostración viva de que Dios existe, inalcanzable para el cálculo político y el pensamiento mundano. Los startsi son guías espirituales probados por su vida. Nos salen al encuentro como padres. Y como padres nos salvan, nos dirigen, nos fortalecen, nos contagian su alegría.

En Josemaría Escrivá, a quien he encontrado a través de sus escritos, he encontrado el mismo ánimo, la misma fortaleza y el mismo amor por encima de las fronteras que distingue a los espíritus. Sus obras contienen una respuesta para todo el que anda en busca de confianza. Y he hallado en él también esa autoridad inconfundible que no violenta ni oprime, sino que enamora y entusiasma: la paternidad.

Nuestro tiempo ha perdido autoridades que cohesionen a los hombres, ha perdido la paternidad. Y cuando no hay padres, los hombres se vuelven desarraigados y sin hogar.

El lazo que los emparentaba se rompe, tanto en Occidente como en Oriente. Tras la "muerte de Dios", el hombre mató también al hombre: en el Este, físicamente; en el Oeste, espiritualmente. El nihilismo es el mismo. Por eso son tan valiosas para nosotros esas figuras que son capaces de brillar en la oscuridad de toda Europa y que se convierten en autoridad allí donde se había perdido el mismo concepto de autoridad.

"Este hombre es jovial. No puede ser ateo", dijo Dostoyevski en una ocasión. Y Josemaría Escrivá repite como un estribillo su llamada a la alegría por ser hijos de Dios. Sorprendentemente, la santidad tiene un efecto paradójico. La santidad exige el máximo de nosotros: "sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto".

El santo exige de nosotros que lo abandonemos todo, que tomemos nuestra cruz y sigamos a Cristo. Santidad significa escuchar, atender a esta llamada y obedecerla sin condiciones. Y precisamente obedeciendo nos hacemos libres.

Una obediencia interior, que no tiene nada en común con la esclavitud bajo una ideología y mucho menos con el sometimiento a un sistema político, sea el que sea. A la obediencia interior se la elige libremente.

Por eso la santidad va acompañada de la alegría. El hombre del siglo XX alardea de sus libertades. En realidad es una víctima, y está dominado. No sólo por sus pasiones: la pasión fuerte, al menos hace que se ensanchen los corazones estrechos y que se dilaten los espíritus cuadriculados; hace que se derrita el mundo de sentimientos de piedra y el pensar programado del ordenador. Están dominados, porque apartan su mirada del icono para dirigirla a la televisión y esperan llenar sus anhelos con la publicidad.

En su indigencia, el hombre del siglo XX se pregunta si la Iglesia no significará para él también esclavitud. No admite las respuestas de la tradición y la moral. Sólo lo vivo convence. Un amigo que durante 35 años de su vida había seguido el lema "mejor morir de pie que vivir de rodillas" me contó que experimentó por vez primera la sensación de libertad sin límites del ser obediente al arrodillarse en una iglesia.

También la vida de nuestros maestros espirituales, el espíritu vivo de nuestros santos modernos es una respuesta. Contemplarlos ensancha el alma, nos lleva a la paz. Nuestro mundo interior vuelve a nosotros.

La alegría jovial de la infancia espiritual esconde el Gólgota. Nuestra libertad ha costado mucho. La paternidad espiritual participa de la divina, que nos ha rescatado y liberado por amor. Por eso llamamos padre a aquel por cuya palabra Dios nos borra toda culpa: el confesor. En el sacramento del perdón amoroso se enraíza la paternidad espiritual y el misterio incomprensible de su servicio. Al confesor y al director espiritual no le interesa prohibir esto o aquello. Ni la negación ni la prohibición constituyen el camino del cristiano.

La ascética cristiana no es la negación por la negación, sino un camino "de fuerza en fuerza"; no evitar el pecado, sino crecer en el amor. "Si el monje sólo vive la lucha torturante -dice el starets Padre Sofroniy-, si no conoce la alegría animante, su ascética le aprovecha al diablo". Y Escrivá: "Tu castidad (...) no puede ser de ninguna manera una negación fría y matemática". Antes al contrario, el cristiano debe contagiar con su alegría, contagiar mediante "la santa pureza, que es afirmación gozosa".

Pureza y castidad no son aquí conceptos de la moral, no son "ética fría y abstracta. Son algo más, más profundo, más misterioso, una belleza llena de ternura y de ánimo: la santa pureza es "algo enterizo y delicado a la vez, fino, que evita incluso manifestaciones de palabras inconvenientes, porque no pueden agradar a Dios". En ese aspecto de nuestra vida espiritual no se pierde de vista el todo de la Iglesia, puesto que todo se lleva con el amor y el sacrificio.

Quien ama a la Iglesia espontáneamente, no sólo con su inteligencia, sino con todo su ser, también con el sentimiento y el instinto, sabe que el pecado se queda sin fuerza donde hay santos. "Estas crisis mundiales son crisis de santos", dice Escrivá.

Monseñor Escrivá habla de un ambiente de santidad, incluso de su "buen olor". Sí, la santidad tiene un aroma natural. La santidad se propaga espontáneamente. Y aúna.

El hombre separado de ella acostumbra a vivir en el exterior. Otra vez encontramos la paradoja: buscándose a sí mismo, huye de sí, huye de su yo interior, huye a la entropía de lo impersonal, a la vida social hueca.

Este intento de vivir completamente en los otros termina con la afirmación de Sartre: "El infierno son los otros". No quiere a los demás y tampoco se quiere a sí mismo, precisamente porque está huyendo hacia el egocentrismo y el narcisismo. El amor convierte la presencia de los demás en el paraíso. A la vez defiende el yo interior, la persona espiritual, que se une aún más con Dios.

Me ha impresionado la constante llamada de Escrivá a la santidad de lo cotidiano. Tenemos la inclinación a esperar grandes cosas y grandes hechos. Esta tendencia -hasta el delirio de grandeza- es una señal de los proyectos humanos y las ideologías. Pero el cristianismo no es una utopía ni un simple idealismo. Los iconos contienen, en su perspectiva de fondo, el peculiar anuncio de otorgar atención a las cosas pequeñas: el óbolo de la viuda, la puerta estrecha, el grano de mostaza, el ojo de la aguja. Cuanto mayor es Dios, más pequeño es el mundo.

Su anuncio de lo que no brilla es una señal inequívoca de que el icono no es ideológico. Desde cualquier detalle pequeño nos mira Dios. La ideología está también siempre orientada al futuro. En cambio, Dios es presente. El cristiano vive hoy y aquí. En el hoy están comprendidas la infinitud y la eternidad: "renueva cada jornada el deseo eficaz de anonadarte, de abnegarte, de olvidarte de ti mismo, de caminar 'in novitate sensus', con una vida nueva, cambiando esta miseria nuestra por toda la grandeza oculta y eterna de Dios". Las cosas pequeñas cotidianas van señalando el lugar y momento adecuados y, sobre todo, reales para el amor y la fidelidad.

La poesía del cristianismo tiene su raíz en lo concreto de cada día. El cristiano está llamado, con palabras de Escrivá, a "hacer de la prosa de cada día verso heroico". Justo con el mismo sentido, el starets Paisiy Velichovskiy llamó al monje "mártir de lo cotidiano", y Escrivá al camino del cristiano "sacrificio escondido".

La paternidad es espiritual en la medida en que ella misma sea obediente y se deje guiar por el cielo. En la dirección espiritual se juntan la igualdad y la autoridad de manera admirable. El padre espiritual conduce a su hijo o su hija espiritual hacia arriba; enseña cómo se puede subir un escalón más. Como dice Dionisio Aeropagita, no se vuelve el escalón más alto de la jerarquía espiritual contra el más bajo. Ante la mirada de Dios son todos iguales. Así la dirección espiritual, con toda su igualdad, exige audacia y llama al cristiano a ser siempre fecundo.

Tatjana Goritschewa

(Traducido del ruso por Irina Porudominskaya y Vicente Ayuso)

(1) Los startsi (en singular starets) son sacerdotes o monjes que por su fama de santidad llevan la dirección espiritual de otros fieles en el mundo ortodoxo ruso. Es famoso el starets Tsósima de "Los hermanos Karamazov". La misma Tatiana Goritscheva explica el papel de los startsi en su libro "La fuerza de los débiles". [Subir]

miércoles, enero 17, 2007

miércoles, enero 10, 2007

Sagrado Corazón de Jesús


Explicación sobre la devoción

La devoción al Corazón de Jesús ha existido desde los primeros tiempos de la Iglesia, desde que se meditaba en el costado y el Corazón abierto de Jesús, de donde salió sangre y agua. De ese Corazón nació la Iglesia y por ese Corazón se abrieron las puertas del Cielo.

La devoción al Sagrado Corazón está por encima de otras devociones porque veneramos al mismo Corazón de Dios. Pero fue el propio Jesús que, en el siglo XVII en Paray-le-Monial, Francia, solicitó, a través de una humilde religiosa, que se estableciera definitiva y específicamente la devoción a su Sacratísimo Corazón.

En efecto, el 16 de junio de 1675, Jesús se le apareció a Santa Margarita María de Alacoque. Su Corazón estaba rodeado de llamas de amor, coronado de espinas, con una herida abierta de la cual brotaba sangre y, del interior de su corazón, salía una cruz. Santa Margarita escuchó a Nuestro Señor decir: "He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres, y en cambio, de la mayor parte de los hombres no recibe nada más que ingratitud, irreverencia y desprecio, en este sacramento de amor."

Con estas palabras Nuestro Señor mismo nos dice en qué consiste la devoción a su Sagrado Corazón. La devoción en sí está dirigida a la persona de Nuestro Señor Jesucristo y a su amor no correspondido, representado por su Corazón. Dos, pues son los actos esenciales de esta devoción: amor y reparación. Amor, por lo mucho que Él nos ama. Reparación y desagravio, por las muchas injurias que recibe sobre todo en la Sagrada Eucaristía.

La devoción al Corazón de Jesús, no solo se ajusta enteramente a los requisitos mencionados en el documento del Concilio Vaticano II concerniente a la liturgia, sino que, además, se encuentra enraizada en la entraña del mismo Evangelio, de donde proceden todos aquellos ideales, actitudes, conductas y prácticas fundamentales, definitorias del auténtico cristianismo y peculiares del culto cristiano.

En este sentido, la devoción al Corazón de Jesús está totalmente de acuerdo con la esencia del Cristianismo, que es religión de amor. Ya que tiene por fin el aumento de nuestro amor a Dios y a los hombres. No apareció de repente en la Iglesia, ni se puede afirmar que deba su origen a revelaciones privadas. Pues es evidente que las revelaciones de Santa Margarita María de Alacoque no añadieron nada nuevo a la Doctrina Católica.

La importancia de estas revelaciones está unicamente en que sirvieron para que, de una forma extraordinaria, Cristo nos llamase la atención para que nos fijásemos en los misterios de su amor. "En su corazón debemos poner todas las esperanzas". Ya que "la Eucaristía, el Sacerdocio y María son dones del Corazón de Jesús" (Pío XII, Encíclica Haurietis Aquas).

lunes, diciembre 25, 2006

O admirabile commercium




O admirabile commercium:
Creator generis humani,
animatum corpus sumens,
de Virigine nasci dignatus est:
et procedens homo sine semine,
largitus est nobis suam deitatem.



martes, diciembre 19, 2006

miércoles, diciembre 13, 2006

Decálogo de La Calidad

Me lo ha enviado Nacho:

1. Trata de hacer todo bien, desde el principio hasta el final, cuidando los detalles.

2. Planea con tiempo cada uno de los procesos y actividades. Así se evitarán las improvisaciones que tanto daño hacen a la calidad.

3. Pon los cinco sentidos en lo que hace -atención y concentración-: requiere esfuerzo pero vale la pena por la calidad obtenida.

4. No te aceleres, declárale la guerra a las urgencias. Serenidad, calma, pero sin pausa.

5. Revisa las cosas dos veces. Ten una actitud permanente de autoevaluación de ti mismo y de todo lo que haces. No te conformes con la calidad obtenida.

6. Cuidando las cosas pequeñas, la calidad se convierte en excelencia: cada vez un poco mejor.

7. Ten ojos para ver lo que otros no ven: detalles que pueden ser mejorados. Detecta los problemas cuando son pequeños y soluciónalos en ese momento.

8. De nada sirve cuidar la calidad de vez en cuando, o en algunos procesos. La calidad es en todo y siempre.

9. Armonía en los detalles. Buen gusto. La calidad es bella y lo pequeño es hermoso.

10. Calidad en nuestro ser. Calidad en nuestras actividades. Calidad en las cosas.

sábado, diciembre 09, 2006

La Iglesia no puede callar

Por Jesús Higueras

Fue tarea de los profetas denunciar al pueblo y a los gobernantes los errores que pudieran cometer. Los profetas del Antiguo Testamento fueron tenidos por impostores y molestos. Los poderosos los ningunearon o intentaron quitarles de en medio. Así sucede también en nuestro tiempo cuando los obispos españoles, en comunión con el Santo Padre, avisan a todos los hombres de buena voluntad de la sociedad española que hay síntomas en nuestra convivencia que hacen prever un daño profundo al ser humano.

En estos días en los que se discute sobre la importancia de la religión en la sociedad, en la vida pública, en las escuelas, en las relaciones humanas y profesionales, algunas voces parecen querer quitar de en medio a toda costa esa voz de los obispos. Sin embargo, ellos realizan un servicio a la comunidad: son los que en nombre del Señor nos indican dónde está el camino verdadero. Es verdad que Dios puede ser un estorbo a veces, que frente a determinados planes o proyectos de poder o de control de las personas, la persona de Cristo ha sido una molestia grande. Sin embargo, no por ello la Iglesia tendrá que callar, porque es la misma voz de Dios la que dice al ser humano: «No te hagas daño. No te alejes de tu destino. Recuerda tu identidad».

Pretender construir una sociedad sin Dios, en la que el mensaje de Cristo quede oculto, es ficticio. La historia, maestra de la vida, ya nos ha enseñado que las sociedades que se construyen sin una referencia al Dios verdadero, acaban hundiéndose y son ellas mismas la causa de su propia ruina.
En estos momentos, en la vida social española hay elementos que preocupan. La salvación no vendrá de los políticos ni de los grandes planes económicos, sino de la reconstrucción moral de cada uno de los individuos, de que las conciencias humanas se purifiquen y de que reconozcan los propios errores, y trasladen ese afán de conversión a su ámbito familiar, profesional y social. Los cristianos tenemos que reconocer nuestros propios errores y vivir esa transformación. Tenemos que ser como faro luminoso que alumbre al resto. Solamente desde la verdad más íntima del hombre, se puede construir una sociedad que tenga un destino y una meta y si no, nos haremos cada día más insensibles. Ante la actitud de los pastores valientes que hablan a sus ovejas, no cabe más que gratitud y conversión por parte de la sociedad.

LA MISIÓN

jueves, diciembre 07, 2006

Akathistos

El Himno Akathistos (que literalmente significa «estando de pie», porque se canta en esta posición) es el himno mariano más famoso del Oriente cristiano y quizá de la Iglesia entera. Compuesto en griego, a finales del siglo V, es de autor desconocido. Su paternidad se ha atribuido a diversos personajes, pero no hay ninguna prueba concluyente, y quizá sea mejor así. Como dice un comentarista moderno, «está bien que el himno sea anónimo. Así el himno es de todos, porque es de la Iglesia». Efectivamente, desde principios del siglo VI la Iglesia bizantina lo incluyó en su liturgia como la expresión más alta del culto a la Santísima Virgen y lo canta en muchas ocasiones, de modo especialmente solemne en el sábado de la 5ª semana de Cuaresma.
La estructura métrica del texto original es de una perfección suma, difícil de verter a otras lenguas. Las veinticuatro estrofas que lo componen (unas más largas, otras más breves, alternativamente) se distribuyen por igual en dos partes: una evangélica y otra dogmática. La primera parte escenifica la narración evangélica en una serie de cuadros, que van desde la Anunciación al encuentro de María con el anciano Simeón en el Templo de Jerusalén. La segunda parte expone los principales artículos de la fe mariana de la Iglesia: perpetua virginidad, maternidad divina, mediación de gracia desde el Cielo.
El Himno Akathistos es común a todos los cristianos de rito bizantino, sean católicos u ortodoxos. Constituye, pues, un puente vetusto y solemne hacia la plena comunión entre la Iglesia de Oriente y de Occidente.


María en el Evangelio
(Himno Akathistos, I parte, estrofas 1-12)

1. El más excelso de los ángeles fue enviado desde el Cielo para
decir «Ave» a la Madre de Dios. Al transmitir su incorpóreo saludo,
viéndote hecho hombre en Ella, Señor, extasiado el ángel, de este
modo a la Madre aclamó:

Ave, por ti resplandecen los gozos,
Ave, por ti se disuelve el dolor,
Ave, rescate del llanto de Eva,
Ave, salud de Adán que cayó.

Ave, Tú cima sublime a humano intelecto,
Ave, Tú abismo insondable a mirada de ángel,
Ave, Tú llevas a Aquél que todo sostiene,
Ave, Tú eres la sede del trono real.

Ave, oh estrella que al Astro precedes,
Ave, morada del Dios que se encarna,
Ave, por ti se renueva el creado,
Ave, por ti se hace niño el Señor.

¡Ave, Virgen y Esposa!


2. Bien sabía María que era Virgen sagrada, y por eso respondió
a Gabriel: «Tu singular mensaje se muestra incomprensible a mi
alma, pues anuncias un parto de virginal seno, exclamando:
¡Aleluya!»

Aleluya, aleluya, aleluya!


3. Ansiaba la Virgen comprender el misterio, y preguntaba al
Mensajero divino: «¿Podrá mi seno virginal dar a luz un hijo?
¡Dímelo!». Y aquél, reverente, aclamándola, así respondió:

Ave, presagio de excelsos designios,
Ave, Tú prueba de arcano misterio,
Ave, prodigio primero de Cristo,
Ave, compendio de toda verdad.

Ave, oh escala celeste que baja el Eterno,
Ave, oh puente que llevas los hombres al Cielo,
Ave, de coros celestes cantado portento,
Ave, oh azote que ahuyenta a la horda infernal.

Ave, la Luz inefable has portado,
Ave, Tú el «modo» a nadie has contado,
Ave, la ciencia de sabios trasciendes,
Ave, Tú enciendes al fiel corazón.

¡Ave, Virgen y esposa!


4. La Virtud del Altísimo cubrió con su sombra e hizo Madre a la
Virgen que no conocía varón: aquel seno, hecho fecundo desde lo
Alto, se convirtió en campo ubérrimo para todos los que quieren
alcanzar la salvación, cantando de esta manera: ¡Aleluya!

¡Aleluya, aleluya, aleluya!


5. Con el Señor en su seno, presurosa, María subió a la
montaña y habló con Isabel. El pequeño Juan, en el vientre de su
madre, oyó el virginal saludo y exultó; saltando de gozo, cantaba a
la Madre de Dios:

Ave, sarmiento del más santo Brote,
Ave, renuevo de un Fruto sin mancha,
Ave, das vida al Autor de la vida,
Ave, cultivas a tu Agricultor.

Ave, Tú campo que muestras las más ricas gracias,
Ave, Tú mesa que ofreces los dones mejores,
Ave, un pronto refugio a los fieles preparas,
Ave, un pasto agradable Tú haces brotar.

Ave, Tú incienso agradable de súplicas,
Ave, del mundo suave perdón,
Ave, clemencia de Dios con el hombre,
Ave, confianza del hombre con Dios.

¡Ave, Virgen y Esposa!


6. Con el corazón turbado y encontrados pensamientos, el sabio
José se agitaba en la duda; admirándote intacta, sospecha
esponsales secretos, oh Inmaculada! Y cuando te supo Madre por
obra de Espíritu Santo, exclamó: ¡Aleluya!

¡Aleluya, aleluya, aleluya!

7. Los pastores oyeron los coros de los ángeles que cantaban a
Cristo, bajado entre nosotros. Corriendo a ver al Pastor, lo
contemplan como cordero inocente, que se nutre al pecho de la
Virgen, y cantan así:

Ave, Tú Madre del Pastor-Cordero,
Ave, recinto del rebaño fiel,
Ave, defensa de fieras malignas,
Ave, guardiana de la eternidad.

Ave, por ti con la tierra exultan los cielos,
Ave, por ti con los cielos se goza la tierra,
Ave, voz eres perenne de Apóstoles santos,
Ave, de Mártires fuertes invicto valor.

Ave, potente sustento de fe,
Ave, de gracia esplendente pendón,
Ave, por ti fue expoliado el infierno,
Ave, por ti nos vestimos de honor.

¡Ave, Virgen y Esposa!


8. Observando la estrella que guiaba al Eterno, los Magos
siguieron su fulgor. Fue luminaria segura para ir en busca del
Poderoso, del Señor. Y alcanzando al Dios inalcanzable, lo
aclaman felices: ¡Aleluya!

¡Aleluya, aleluya, aleluya!


9. Los Magos contemplaron en los brazos maternos al Sumo
Hacedor del hombre. Sabiendo que era el Señor, aunque bajo la
apariencia de siervo, premurosos le ofrecieron sus dones, diciendo
a la Madre bienaventurada:

Ave, oh Madre del Astro perenne,
Ave, aurora del místico día,
Ave, las fraguas de errores Tú apagas,
Ave, conduces con tu brillo a Dios.

Ave, al odioso tirano arrojaste del trono,
Ave, Tú a Cristo nos das, clemente Señor,
Ave, rescate Tú eres de ritos nefandos,
Ave, Tú eres quien salvas del cieno opresor.

Ave, Tú el culto del fuego destruyes,
Ave, Tú extingues la llama del vicio,
Ave, Tú enseñas la ciencia al creyente,
Ave, Tú gozo de todas las gentes.

¡Ave, Virgen y Esposa!


10. Pregoneros de Dios fueron los Magos en el camino de
vuelta. Cumplieron tu vaticinio y te predicaban, oh Cristo, a todos,
sin preocuparse de Herodes, el necio, que era incapaz de cantar:
¡Aleluya!

¡Aleluya, aleluya, aleluya!


11. Iluminando Egipto con el esplendor de la verdad, arrojaste
las tinieblas del error, porque los ídolos de entonces, Señor,
debilitados por la fuerza divina, cayeron. Y los hombres, salvados,
aclamaban a la Madre de Dios:

Ave, desquite del género humano,
Ave, derrota del reino infernal,
Ave, Tú aplastas mentiras y errores,
Ave, Tú muestras la gran falsedad.

Ave, Tú mar que devoras al gran Faraón,
Ave, Tú roca que manas el Agua de Vida,
Ave, columna de fuego que guías de noche,
Ave, refugio del mundo cual nube sin par.

Ave, dadora del maná celeste,
Ave, nodriza de los gozos santos,
Ave, Tú místico hogar prometido,
Ave, de leche y de miel manantial.

¡Ave, Virgen y Esposa!


12. El viejo e inspirado Simeón estaba a punto de dejar este
mundo engañoso. Fuiste dado a él como párvulo, pero en ti
reconoció al perfecto Señor; y estupefacto, admirando la divina
Sabiduría, exclamó: ¡Aleluya!

¡Aleluya, aleluya, aleluya!

martes, noviembre 21, 2006

La grandeza de la vida ordinaria

El mensaje del Opus Dei ayuda a descubrir a Dios. Él nos acompaña en el trabajo y en el descanso, en la familia y entre los amigos. Vea este vídeo, en el que personas de los cinco continentes narran cómo encuentran y tratan a Dios en su vida diaria.

domingo, noviembre 12, 2006

Ataques a las misiones

MOZAMBIQUE

El 6 de noviembre fueron asesinados en la región de Tete (Mozambique) el jesuita brasileño P. Waldyr dos Santos y la voluntaria portuguesa Idalina Neto, de la Asociación Laicos para el Desarrollo. Es el quinto ataque a una misión católica que se produce en la región de Tete en lo que va de año.

Niños de la calle o zabbaleen atendidos
por una misionera en un barrio de El Cairo

El jesuita brasileño de 69 años, P. Waldyr dos Santos, y la voluntaria de la asociación portuguesa “Laicos para el Desarrollo” Idalina Neto Gomes, de 30 años, fueron asesinados el 6 de noviembre, de madrugada, en Angonia, en la provincia mozambiqueña de Tete. Muy temprano por la mañana, un grupo de hombres armados entró en la residencia de los jesuitas sorprendiendo a los misioneros en sus habitaciones. Cuando los asaltantes pidieron dinero, el P. Waldyr dos Santos se resistió y, sin mediar palabra, los asaltantes dispararon contra él causándole la muerte e hiriendo a otros dos misioneros: el P. Mario de Almeida, también brasileño, y el Hno. José Araújo de Andrade, mozambiqueño de 76 años. Acto seguido, los bandidos se dieron a la fuga.

En la misión se encontraban también algunos voluntarios de la asociación portuguesa “Laicos para el Desarrollo”. Idalina Neto, una laica de esta asociación, intentó huir, momento en el que uno de los asaltantes la agredió con un cuchillo, causándole también la muerte. Cuando llegó la policía, los bandidos ya se habían ido llevándose dinero en metálico y uno de los vehículos de la comunidad.

La Congregación para la Evangelización de los Pueblos difundió un comunicado del P. Carlos Giovanni Salomão, superior regional de los Jesuitas en Mozambique, en el que afirma que “es justo aclarar que la muerte del P. Waldyr y de Idalina no se trató de ninguna manera de un ajuste de cuentas, como han dado a entender algunos medios de comunicación. Se trató de un acto brutal dirigido a intimidar y desestabilizar las instituciones religiosas en la provincia de Tete, y específicamente las obras que la Compañía de Jesús está desarrollando a favor de la población de Angonia, sobre todo en el terreno de la evangelización, de la educación, de la salud y de los proyectos sociales que se orientan al desarrollo y al bienestar de esa población que tanto ha sufrido”.

El P. Carlos Giovanni Salomão recuerda que “la Compañía de Jesús tiene una larga historia de comunión con la población del altiplano de Angonia, alternando momentos de profunda alegría con otros de profunda tristeza. Siempre nos hemos preocupado de conservar la fidelidad y el respeto por la cultura de la población local. Es justo afirmar que los cristianos siempre han reconocido y correspondido en todo momento a nuestras intervenciones”. “Así, añade el superior de los jesuitas, no nos dejaremos intimidar por un acto cobarde y violento”. Y solicita: “a todos que colaboren con el Gobierno de la República de Mozambique para detener esta oleada de violencia que devasta el país”.

Solamente en la provincia de Tete, se han producido este año cinco ataques contra casas e instituciones religiosas. Además de los jesuitas, han sido asaltados y atacados los misioneros combonianos y las Hermanas de San Vicente de Paúl, aunque en los ataques anteriores no se había tenido que lamentar ninguna muerte.

Para el P. Carlos, “hay una pregunta que preocupa a nuestros corazones y es el porqué de esta violencia contra los religiosos sólo en esta provincia”. El comunicado concluye con la esperanza de que “la sangre del P. Waldyr y de Idalina ayude a producir frutos espirituales que sólo Dios Padre puede hacer brotar con su inmensa generosidad y misericordia”.

EL DON DE LA EUCARISTÍA - Testimonio del año 155

Me parece importante que tengáis a mano, queridos lectores de la Hoja Diocesana “Pueblo de Dios”, el precioso testimonio que san Justino, mártir, nos da del desarrollo de la celebración Eucarística ya en el año 155 de nuestra era. Dice así:

“El día llamado del sol los cristianos, en el campo o en la ciudad, se reúnen en un mismo lugar. Se leen las memorias de los apóstoles y los escritos de los profetas, siempre que el tiempo lo permita. Cuando el lector ha acabado de leer, el que preside toma la palabra exhortando a imitar esos hermosos relatos que se han leído. [El obispo o el sacerdote que presidía la celebración ya hacía en ese tiempo una homilía].

Después nos ponemos de pie y hacemos plegarias de intercesión por nosotros, por los demás, estén presentes o ausentes, para que lleguemos a ser santos en nuestra vida y fieles a los mandamientos del Señor, con el fin de obtener, de este modo, la vida eterna. Concluidas las oraciones nos damos le “beso de la paz”. [El abrazo o “beso” de paz existía ya en el año 155. Entre los ortodoxos se ha practica tal cual después de la plegaria universal, mientras que entre los católicos se practica justo antes de la comunión].

Posteriormente se lleva al que preside un poco de pan y una copa de vino mezclado con agua. Los toma en sus manos y dirige una plegaria de alabanza a Dios Padre, en nombre de su Hijo Jesucristo, por medio del Espíritu Santo, y hace una gran plegaria de acción de gracias (llamada en griego eucharistian). [Se trata de la plegaria Eucarística que sigue al santus de la Misa y llega hasta la oración del Padre Nuestro].

Cuando el que preside ha terminado las oraciones y la plegaria de acción de gracias, todo el pueblo presente aclama a Dios diciendo: Amén. Cuando el que preside ha terminado la acción de gracias y el pueblo ha respondido, los diáconos distribuyen a todos los presentes el pan y el vino de la Eucaristía y lo llevan a los ausentes, a los enfermos.

Quienes son ricos y quieren, dan de sus bienes según su propio criterio. Lo que se recoge se entrega a quien preside la celebración para que lo haga llegar a los huérfanos y a las viudas, a los enfermos, a los que no tienen recursos para vivir, a los prisioneros, inmigrantes y, en una palabra, a quienes son pobres y necesitan ayuda”.

Y concluye san Justino diciendo: “Porque este pan y este vino han sido ‘eucaristificados’ llamamos a esta comida Eucaristía y nadie puede tomar parte de ella si no tiene nuestra fe, si no ha recibido el baño del bautismo para la remisión de los pecados y si no cumple los mandamientos del Señor”.

Hasta aquí el relato de san Justino describiendo cómo se desarrollaba la celebración de la santa Misa ya en el año 155. Las palabras de Jesús Haced esto en memoria mía, se han perpetuado a través de los siglos. La Eucaristía es también una celebración en la fidelidad al amor del Señor. Nadie es dueño de la Eucaristía, ni debe celebrarla cambiando lo que quiera. Es un don recibido. Ojalá sepamos participar en ella con la misma fe, la misma entrega y la misma preparación y disposición con la que han participado todos los santos a lo largo de los siglos.

Con mi afecto y bendición ,
+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

viernes, noviembre 10, 2006

Endiosamiento del deseo


Sobre la Ley de Identidad de Género

Monseñor Jose Ignacio Munilla

Esta semana ha sido aprobada en el Congreso de Diputados la “Ley de Identidad de Género”. El Gobierno español, en poco más de dos años, ha puesto en marcha una amplia batería de iniciativas contrarias a la propia naturaleza humana: cambio del concepto de matrimonio, adopción de niños por parejas homosexuales, desprotección del ser humano en su fase embrionaria, restricción en la práctica del derecho de los padres a educar a sus hijos… y, ahora, la Ley de Identidad de Género. Por lo visto, eso de que tengamos que ser hombres o mujeres por naturaleza, ahora se entiende como una imposición inadmisible, y en adelante el ciudadano podrá ejercer el derecho de elegir libremente su sexo.

Esta nueva ley resulta tan sorprendente y extraña para la mayor parte de la población, que posiblemente sea ignorada o reducida al comentario cómico e irónico. Sin embargo, nos equivocaríamos si no le prestásemos la debida atención. Esto, a pesar de las apariencias, no es ninguna broma, sino un paso más en la implacable puesta en práctica de la llamada “ideología de género”.

1.- ¿Mera respuesta a una demanda social o política activa? Las políticas liberales suelen autojustificarse con el argumento de que se limitan a dar un marco legal a las demandas sociales existentes. Pero la historia reciente del divorcio y el aborto nos ha enseñado más bien lo contrario:

En vísperas de la introducción de la ley del divorcio en España, en 1981, el entonces Ministro de Justicia, Francisco Fernández Ordóñez, afirmó sin titubeos que “medio millón de parejas esperaban esa ley como agua de mayo para formalizar la ruptura de sus matrimonios”. Afortunadamente, cometió un pequeño error de cálculo. El número total de las parejas que solicitó el divorcio en los dos años posteriores a la aprobación de la ley, no llegó al 7% de sus pronósticos.

En 1985 se despenalizaba la “interrupción del embarazo”, con un argumento similar. Había que dar un marco legal a los 300.000 abortos anuales que se calculaban se estaban realizando en la clandestinidad. Sin embargo, al año siguiente de la despenalización se registraron tan solo 467 abortos legales.

Eso sí, a partir de ahí, el aborto y el divorcio no han hecho sino crecer en España, hasta superar los 80.000 abortos y las 87.000 demandas de divorcios del año pasado. Paradojas de la vida, aquellos datos ofrecidos a la opinión pública como estimaciones de una realidad falseada, acabaron siendo más bien vaticinios de la degradación moral que esas leyes iban a promover. Lo cual demuestra que las políticas familiares no se limitan a dar marco legal a las realidades sociales con las que se encuentran, sino que las generan activamente.

Pues bien, la historia se repite, y el número de parejas homosexuales que solicitan el matrimonio o de transexuales que vayan a inscribir en el Registro Civil su cambio de sexo, en el momento actual es insignificante. La ley actual, ¿da solución a un problema o, por el contrario, va a contribuir a que se genere?

2º.- ¿Esto nos afecta en la práctica? Muchos pueden pensar que estamos ante una iniciativa tan excéntrica, que difícilmente va a tener incidencia en nuestras vidas. Pero, por desgracia, la experiencia nos dice que se equivocan.

Una de las consecuencias más rápidas y notorias que tendrá la actual disposición (al igual que ha ocurrido con el llamado “matrimonio” homosexual), es que los contenidos de las asignaturas cursadas por los niños españoles serán revisados para adecuarse a la nueva legislación. Al niño se le instruirá en que, como ciudadano español, puede casarse indistintamente con un hombre o una mujer; y que, igualmente, puede aceptar la condición sexual con la que ha nacido o cambiarla, si no se siente a gusto con ella. La consecuencia será que el niño se connaturalice con unas propuestas totalmente extrañas a la educación que se le trasmite en el seno de la familia. En la práctica, será un gravísimo obstáculo para que los padres puedan hacer valer su derecho constitucional de educar a los hijos conforme a sus principios y convicciones.


3º.- Al fondo está el endiosamiento del “deseo”: El centro de nuestra cultura secularizada, no es otro que el endiosamiento de la propia voluntad. Más exactamente, habríamos de decir, del “deseo” (que no es lo mismo que la voluntad, a decir verdad). Uno ya no tiene el sexo que tiene, sino el que quiere. ¡La naturaleza no es quién para imponerle a nuestra sacrosanta libertad el sexo con el que nacemos! A partir de ahora seremos nosotros mismos los que “fabriquemos la realidad” a nuestra medida, cuando ésta no responda a nuestras expectativas. Ni que decir tiene que será totalmente rechazado cualquier intento de educar y adecuar nuestros sentimientos y deseos en conformidad a la naturaleza. ¡Esto sería percibido como la reedición de la inquisición en nuestros días! Llegamos así a la tentación diabólica de los orígenes de la humanidad: “Seréis como dioses, conocedores (determinadores) del bien y del mal” (Génesis 3,5).

Sin embargo, paradójicamente, lo único que el “endiosamiento del deseo” no es capaz de conseguir es la felicidad. Los teóricos de la “Ideología de Género” han ignorado la objetividad de la naturaleza humana, pretendiendo moldearla cual si de chicle o plastilina se tratase. Por el contrario, y aquí está la paradoja: sólo alcanzan la felicidad aquellos que aceptan la realidad y se adecuan a ella. “La Verdad es la que nos hace libres” (Jn 8, 32), no nuestro deseo.
.

jueves, octubre 19, 2006

Isabel la Católica, humanista integral

El papel evangelizador de Isabel la Católica en América, a debate en Toledo

El Deán de la catedral Primada de Toledo, don Santiago Calvo, escribe acerca de la conferencia que el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, arzobispo de Santo Domingo y Primado de América, pronunció sobre Isabel la católica y la Isla Hispaniola, el pasado día 11, en la iglesia de San Juan de los Reyes, de Toledo

La Comisión pro Beatificación de la Reina Isabel la Católica, del Arzobispado de Valladolid, ha celebrado un acto en el que se resaltó la influencia que la figura de Isabel la Católica ejerció en América. El acto comenzó con una Misa presidida por el cardenal arzobispo de Toledo y Primado de España, don Antonio Cañizares, y concelebrada por el cardenal de Santo Domingo y el arzobispo de Valladolid. Durante su homilía, el cardenal Cañizares se refirió a la fiesta de la Virgen del Pilar, e insistió en la necesidad de promover en la España de hoy la vida religiosa y los valores cristianos.

El cardenal arzobispo de Santo Domingo y Primado de América, don Nicolás de Jesús López Rodríguez, resaltó durante la posterior conferencia, Isabel la Católica y la Isla Hispaniola , que «a Isabel la Católica no se le puede dirigir la crítica más leve, porque todo lleva en ella, al menos en lo que se refiere a las proyecciones de su genio sobre el destino de América, la perfección propia de las cosas superiores», y por lo tanto «todo americano tiene que ponerse espiritualmente de rodillas para pronunciar el nombre de esta Reina excelsa, que fue para los indios, en los días críticos de la conquista, una especie de divinidad bienhechora».
En su conferencia el cardenal López Rodríguez expuso los pasos seguidos durante la conquista, población y evangelización de la Hispaniola (La Española); isla compartida hoy por Haití y Santo Domingo, y que en su día fue el primer punto de América al que llegó Cristóbal Colón. Además, manifestó cómo el objetivo primordial de la Reina Católica fue que la presencia de España en el Nuevo Mundo descubierto debía ser llevar a los habitantes que allí había el Evangelio y hacerles cristianos.
Durante el transcurso de la conferencia se resaltó también la especial preocupación de la Reina Católica por que los habitantes de aquellas tierras fuesen respetados como lo eran los españoles; lo que significó que no permitió que se les convirtiera en esclavos, y obligó a que se devolviera la libertad a quienes habían sido reducidos a esclavitud, y fueran devueltos a sus lugares de origen quienes a España habían sido traídos como esclavos.

Labor evangelizadora

También se recordó la labor evangelizadora que la Reina realizó al ordenar que, junto a cada convento, se estableciera una escuela; al seleccionar las Órdenes religiosas que podrían ir a misionar; y al escoger a las que ya habían sido reformadas -franciscanos, dominicos, mercenarios y agustinos-, ordenando además que los misioneros que de estas Órdenes fuesen enviados, además de que existiese constancia de su virtud y que poseyesen suficiente preparación intelectual, fuesen jóvenes, pero no en demasía, para poder afrontar la dureza de vida que en el Nuevo Mundo les esperaba.
El cardenal López Rodríguez afirmó también que Isabel la Católica se propuso y consiguió, un año después de la reforma tridentina, la reforma del clero y Órdenes religiosas en España, que sería clave para la evangelización del continente americano. Por último, para que quedara establecida la Iglesia de una manera más firme y oficial, solicitó y logró que el Papa erigiera, en el año 1504, tres diócesis en la Española: la archidiócesis de Yagüate y las diócesis de Maguá y Bainoa.

El cardenal arzobispo de Santo Domingo finalizó su exposición destacando que, «de ponerle hoy una etiqueta moderna al quehacer político y económico de Isabel la Católica en la aventura americana de España hasta su muerte, ésta sería la de humanismo integral, por su seria preocupación por el ser humano. Un humanismo que exigía que el mundo económico y político estuviese subordinado al ser humano y no viceversa. Éste es uno de sus mayores timbres de gloria».

Santiago Calvo Valencia