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jueves, julio 02, 2009

«En Medjugorje mucha gente conoce, por primera vez en su vida, lo que significa el amor»

Ante un numeroso público que rondaba las doscientas personas, el martes pasado Gonzalo Altozano, subdirector de Alba, y Álex Rosal, presidente de la editorial LibrosLibres, fueron los anfitriones en la presentación del primer libro de investigación sobre el fenómeno Medjugorje publicado en España y escrito por el periodista Jesús García.

(Madrid/S.M.) Gonzalo Altozano comenzó recordando cómo se conoció Medjugorje en España a través del semanario Alba y de la sección «Historia», que realizaba en aquellos momentos Jesús García. Allí, semana tras semana, aparecían los «héroes de lo cotidiano, gente que transformaba con su conducta a la sociedad y demostraba así sus valores», relató Altozano. Una de las historias acabó convirtiéndose en un viaje a Medjugorje donde Jesús se convirtió, sin pretenderlo, en «el periodista que se adentra en los misterios de la fe».

Por su parte, Jesús García inició su alocución reconociendo que, cuando oyó hablar por primera vez del fenómeno, su «orgullo de periodista católico» se dolió porque la Virgen llevaba apareciéndose 30 años y él no se había enterado: «Me parecía asombroso que una historia así no hubiese sido desmentida en todo ese tiempo, porque es difícil que algo se mantenga a lo largo del tiempo si no es verdad». Cuando viajó hasta allí, buscaba «entrevistar a los videntes, verles en éxtasis, comprobar de primera mano el fenómeno», pero se encontró con «el epicentro de muchas historias, el centro de un fenómeno espiritual de magnitud global», subrayó el autor.

Conversiones profundas

«Al final», relató Jesús, «no conocí a ningún vidente ni estuve en ninguna aparición, pero lo que sí vi es que la gente experimentaba conversiones profundas, eran personas adultas que se transformaban: su vida, sus hábitos, sus prioridades… Todas estas historias satisfacían mi ansiedad periodística, pero también me cambiaron a mí espiritualmente», reconoció Jesús García. «Para mí, Medjugorje es un sitio donde mucha gente conoce, por primera vez en su vida, lo que significa el amor».

Jesus García cuenta lo que le dijo, con cierta sorna, un franciscano ante las numerosas críticas que recibe este pueblo de Bosnia: «Que la parroquia de Medjugorje éste llena todos los días, sus confesionarios estén a rebosar y con Misas y peregrinos que se suceden continuamente durante todo el día debe ser obra del demonio; pero que otras iglesias de occidente estén vacías, sin embargo, es obra de Dios. ¡Vamos, vamos!». El periodista también comentó la posición actual que tiene la Iglesia ante estas apariciones: «Ahora mismo el Vaticano sigue muy de cerca todo lo que sucede en Medjugorje pero todavía no puede hacer un juicio hasta que las apariciones no concluyan. La Virgen se sigue apareciendo desde hace 25 años todos los días. Algunos dicen que eso no puede ser y ponen como ejemplo Fátima o Lourdes, cuyas apariciones apenas duraron unos meses. Sin embargo, nos olvidamos de apariciones marianas de Laos o Vietnam, que duraron 54 años y 100 respectivamente. La comisión de investigación esta regida directamente por la Santa Sede que le quitó en su día la potestad de investigar al obispo de Mostar, algo verdaderamente excepcional».

El periodista señaló uno de los mensajes de la Virgen que más le han impactado: «Si cada uno de los católicos que hay en el mundo se confesase una vez al mes; el mundo se convertiría».

Por último, el autor de «Medjugorje» explicó: «El trabajo de escribir este libro ha sido una gozada, he disfrutado muchísimo, y a la vez lo he realizado con un cariño tremendo hacia mi madre, que es la Iglesia católica». «No sé si se ha aparecido la Virgen allí o no, yo no la he visto. Lo que sí he visto es que allí pasa algo, y que es algo bueno. Y, como dice el Evangelio, ‘por sus frutos los conoceréis’», concluyó García.

Religión en libertad y Alba

sábado, junio 27, 2009

Es una peregrinación escrita a la que se invita a ir con apertura de mente


Jesús García narra en «Medjugorje» cómo la vida de muchas personas ha cambiado tras visitar esta pequeña aldea

El autor cuenta que la tarde del 24 de junio de 1981 cambió para siempre la vida de seis niños de una pequeña aldea ubicada al sur de Bosnia y Herzegovina, en la Antigua Yugoslavia. A la espera de la confirmación de la Iglesia católica de las apariciones marianas, millones de personas en todo el mundo han sido tocados y transformados por un fenómeno que tuvo un gran eco mediático. El martes se presenta su nuevo libro.

(Javier Fariñas) Jesús García (Madrid, 1977), especializado en Diseño Gráfico, se vinculó al periodismo cuando comenzó a trabajar en el diario El Mundo. Actualmente forma parte del departamento de Comunicación de la asociación pontificia «Ayuda a la Iglesia Necesitada». Especializado en temática religiosa, colabora con diversos medios de comunicación y tuvo su primer contacto directo con Medjugorje cuando en 2006 fue enviado allí para investigar los hechos. «Medjugorje», su primer libro, es la crónica más exhaustiva escrita en castellano sobre lo que viene sucediendo en la pequeña aldea de Bosnia y Herzegovina.

-¿Este libro es un libro sobre apariciones, de testimonios, de peregrinos, de viajeros, una «guía» para conocer Medjugorje…?

-Es un trabajo periodístico, en cuanto al periodismo entendido como ir, ver e informar, presentado como una peregrinación ficticia, un viaje hasta el lugar de los hechos en el que el guía del viaje sería el autor y los peregrinos los lectores. Así, a través de las páginas de este libro se visitan los lugares más importantes de esta historia, se entrevista a los protagonistas, se estudia la posición de las autoridades eclesiásticas locales y de fuera, se comparten historias y anécdotas con otros peregrinos y se escuchan testimonios de esos que ponen lo pelos de punta.

Es, por decirlo de alguna manera, una peregrinación escrita a la que se invita a ir con apertura de mente, sin prejuicios ni aspavientos, para la que no hace falta ni saber rezar, ni querer rezar, ni pensar que se tenga que hacer. Es sencillamente leer por el sano ejercicio de conocer, de una manera entretenida. Nada más.

-¿Por qué escribir un libro sobre este lugar cuando aún la Iglesia no se ha pronunciado oficialmente sobre lo que acontece allí? Es numerosa la literatura que existe sobre estos fenómenos y muchas veces se encuentra el silencio, la mofa o el rechazo como respuesta.

-Porque está ocurriendo ahora y de ser cierto, nos lo estamos perdiendo. Y el que se mofe o lo rechace sin conocerlo, es un imprudente, por decirlo con educación. No me importan las mofas de los ignorantes ni el rechazo de los intelectuales de salón. A mí me importan las dudas de los que sí han estado allí y han vivido aquello. Ellos tienen todo mi respeto.

Hay que saber que en lo que a eventos de apariciones se refiere, la Iglesia no debe pronunciarse nunca a favor de su autenticidad mientras el evento esté transcurriendo, ya que sería una falta de prudencia y de rigor. Sería como hacer una crítica de una película cuando aún se está rodando, o escribir la crónica de un partido de fútbol cuando van por el descanso. O abrir un proceso de canonización de una persona que aún está viva. No, eso no sería serio.

Una vez dicho todo esto, mientras la Iglesia espera y observa, la gente no tiene por qué esperar su dictamen. Ten en cuenta que eso significaría perdérselo, ir cuando ya ha acabado. Y que a los católicos les quede claro que no pasa nada por ir allí ya, no es pecado y no está prohibido.

No seamos ingenuos. Medjugorje lleva ocurriendo ya casi treinta años, los peregrinos viajan allí en manadas, si me permite la expresión, y los testimonios de cosas sorprendentes que se dan allí son incontables. No hablo de batallitas ni de cosas graciosas que contar al volver de un viaje. Hablo de impactos profundos en las vidas de las personas, de cambios radicales en su comprensión y vivencia de diferentes aspectos que conformaban su vida. Y la Iglesia está dejando hacer, con inteligencia y prudencia. Por ahora tenemos que esperar, pero mientras tanto, no pasa nada por conocerlo uno mismo.

En mi opinión, me encantaría que, de ser cierto, la Iglesia nunca lo declarase, porque así el viajero irá allí «a pelo», sin que nadie le haya hecho el trabajo, obligado a enfrentarse él solo a la posibilidad de que el fenómeno sea cierto. Por lo que he visto entre los peregrinos, esa es la mejor y más maravillosa vivencia de Medjugorje, se crea en Dios o no. Porque Medjugorje no es solo para católicos. Medjugorje es para valientes, personas inquietas y abiertas de mente, sean católicos o no. Eso sí, hay que ser muy valiente para abrir el corazón allí, porque de ser cierto, exige respuestas concretas.

-¿Se puede hablar ya de apariciones de la Virgen o hay que esperar el dictamen de la Iglesia para dar veracidad a estos hechos?

-No se puede decir que sea cierto, pero tampoco que no lo sea. La Iglesia no ha dicho nada, pero no pasa nada ni por creer ni por no creer que allí esté sucediendo eso. La Iglesia dice a sus fieles que en lo que tiene que creer es en el Credo, y ahí no dice nada de Medjugorje. En lo que a mí respecta, la verdad es que he estado allí en varias ocasiones y yo nunca he visto a la Virgen María. Lo que no puedo negar es que allí, se aparezca o no, pasa algo que no ocurre en ningún otro lugar y que es bueno para la gente, para el mundo y para la Iglesia. Eso es así. ¿Qué es ese «algo» que ocurre allí? Teniendo en cuenta esto, y escuchando y viendo cosas que allí ocurren, no veo descabellada la postura de aquellos que creen que es cierto, aunque eso prefiero dejárselo a quien lo tenga que decir.

-¿Qué está ocurriendo en la actualidad en este lugar? ¿Es sólo un lugar de peregrinación o se siguen produciendo las apariciones?

-No, no, las apariciones se siguen dando. Los muchachos ya son mayores pero su vida ha seguido igual en este sentido desde 1981. Cada uno de ellos tiene sus apariciones con una frecuencia u otra, en unos lugares u otros, pero el evento sigue sucediendo. Esto ha dado la oportunidad de investigar los hechos mientras están sucediendo, no una vez sucedidos. Es muy divertido el capítulo dedicado a la ciencia y los exámenes hechos a los chavales durante esos momentos en que parecen ver a la Virgen María. Nadie ha podido desmentir el testimonio de esos chicos, y eso es algo muy serio, porque ellos no dicen «un día me pasó esto, hace mas de veinte años». No, ellos dicen «hoy me pasa esto. Si quieres quedamos y me puedes examinar con todo tipo de aparatos mientras ocurre, a ver qué descubres». Eso hace que esta historia sea asombrosa, que descomponga a las mentes más exhaustivas y meticulosas del mundo, tanto de la Iglesia como fuera de ella.

Ahora bien, mi experiencia es que una vez que llegas allí, las apariciones, los videntes, los milagros... Todo eso pasa a un segundo plano. Es increíble pero es verdad. Cuando llegas allí y te ves sumergido entre toda esa gente, en la vivencia del fenómeno, empiezas a importar solo tú y tu actitud ante un montón de cosas que en otro entorno no te planteas. Eso te da la oportunidad de descubrir errores que puedes corregir, y otras cosas que son muy buenas y que no habías disfrutado.

-¿Cómo y por qué te aproximas a este enclave de Bosnia?

-Aunque la historia tiene muchos recovecos, puedo situar mi primer contacto con el fenómeno Medjugorje cuando trabajaba en el Semanario Alba. Surgió la idea de viajar allí, miramos cada uno a una parte y no hubo voluntarios. Al final fui yo con un compañero y creo que éramos los menos indicados para hacer ese trabajo. Sin embargo, gracias a ese viaje creí tener conciencia por primera vez en mi vida, de que Dios pudiera existir y actuar en tu vida con profunda sabiduría y un amor enorme, extrañísimo pero auténtico, si le dejas un poquito.

-Millones de personas han pasado y pasarán por este santuario mariano. ¿Qué dice un lugar como éste a la sociedad actual, sea o no creyente?

-Pues lo que nos viene a decir es algo así como: «Oye, las cosas no van bien, tal vez tengas que pararte a pensar un rato sobre qué haces en este asunto que llamamos vida, cómo te planteas algunas cosas y si realmente estás tan seguro de que Dios exista o no exista». Es un viaje que no defrauda y no deja indiferente, de verdad. Y mucho más divertido que ir al psicoanalista.

-Gente que va a Medjugorje repite varios mensajes, pero coincidentes en muchos casos en el perdón, la reconciliación y la conversión, ¿por qué?

- En el mundo en que vivimos estamos sumergidos en una tremenda competitividad fomentada por el afán de poseer, y en esa vorágine no nos damos cuenta de que, a veces, nos perdemos cosas fantásticas que nada tiene que ver con eso. La amistad verdadera, la salud, el amor, el sentirnos bien, la paz interior. El plan que propone Medjugorje es encontrar esa paz interior que es el origen de toda paz, y que no nos las dan las cosas del mundo, como en realidad ya sabemos todos.

-¿Por qué deberíamos leer su libro y por qué deberíamos ir a Medjugorje?

-A Medjugorje no debe ir nadie. Medjugorje es una invitación a la que responder si uno quiere. Yo la recomiendo, porque he estado allí y a mí me ha encantado. Pero cada uno es libre de hacer lo que quiera. Aunque creo que es como que te inviten a una fiesta sorprendente y quedarte en casa viendo la tele.
Y el libro es algo parecido, una propuesta que hago al lector de disfrutar, de leer por el sano interés de conocer, nada más.

Son tantas las historias falsas y mal contadas que pululan sobre Medjugorje que te da pena que haya gente que se pueda perder una historia con conlleva tanto bien para las personas, en un momento en el que además, todos estamos muy necesitados de bien. Medjugorje realmente abre una ventanita en la tierra desde la que tal vez no se vea el cielo, pero sí que se puede oler. Tal vez no se vea, pero se huele. Y es una alegría. Puedo asegurar que este libro sorprende, tal vez no tanto por la valía de su autor, sino por lo asombroso al mismo tiempo que cercano de su historia. Está sucediendo ahora, y eso le hace al lector protagonista de ella.

Jesús García: “Las cartas de san Pablo son los mejores reportajes”

"La fe aporta al mundo las más grandes historias"

Camina con paso firme por la senda que trazó Vittorio Messori: la del periodista que indaga en los misterios de la fe. Ahí están sus incontables reportajes en ALBA y su primer libro, Medjugorje (Ed. Libros Libres), en el que da las claves de por qué desde 1981 más de 30 millones de personas han ido en peregrinación a ese pueblito perdido de Bosnia-Herzegovina.

-¿Se define como periodista católico?
-Digamos que soy un católico metido a periodista.

-Pero ¿es eso posible?
-¡Claro! La existencia de la Iglesia es un acontecimiento universal que parte de una noticia concreta. Y la proclamación de esa noticia es el más grande de los periodismos.

-O sea, que con las cosas de Dios pueden hacerse buenos reportajes.
-¿Buenos? ¡Los mejores!

-¿Por ejemplo?
-Las cartas de san Pablo. Son crónicas que, además de carga argumental, están llenas de viajes, de anécdotas, de aventuras…

-Y de contratiempos…
-A pesar de los cuales el periodista, en este caso san Pablo, con tal de proclamar la verdad, no se viene abajo.

-Habla de aventuras. ¿Es de los que piensa que no la hay más apasionante que la de la fe?
-Absolutamente. El de la fe siempre es un camino hacia lo desconocido (con certezas, sí, pero intangibles). Por eso la fe ha aportado -y sigue aportando- al mundo las más grandes historias; historias que, además, son verdaderas, no fabuladas.

-Incluye, supongo, las de conversión. ¿Por qué a unos les suceden y a otros no?
-La llamada a la conversión es universal. Pero hay personas que se cierran tanto que Dios tiene que buscarles un camino específico.

-Específico y, a veces, increíbles. ¿Cómo dar por verdadera una historia así?
-Juzgando por los frutos. Conocí a un tipo que de los dieciocho a los veinticinco fue el rey del narcotráfico en Frankfurt. Hoy, quince años después, y tras una serie de avatares, es sacerdote católico y utiliza su experiencia de dolor y de cruz para sacar a gente del pozo de la droga.

-Otro testimonio.
-El del hombre que tenía planeado viajar a Cuba, en plan turista sexual. Al llegar a Barajas, se dio cuenta de que la agencia de viajes le había engañado. La compañía aérea, para solucionarlo, le metió en un avión rumbo a los Balcanes.

-¿Y?
-Acabó en Medjugorje, una pequeña aldea católica rodeada de musulmanes, al sur de Bosnia-Herzegovina. Allí se convirtió al catolicismo.

-En Medjugorje, dicen, se aparece la Virgen desde 1981. La Iglesia estudia el caso. Hacer eso en el siglo XXI, ¿no es dar argumentos a los que tratan de ridiculizar a los católicos?
-Las apariciones marianas no son invento de la Iglesia, sino intervenciones de Dios. Cuando la Iglesia estudia una no es ella la que queda a los pies de los caballos, sino sus enemigos.

-¿Por qué?
-Porque ¿y si la ciencia se agota sin explicar el fenómeno? ¿Qué harán los que ridiculizan a la Iglesia? ¿Plegar velas? ¿Convertirse?

-Fátima, Lourdes, Banneux… ¿No le llama la atención que María elija para aparecerse destinos tan poco turísticos?
-Cuando se quiere dar difusión a algo, lo normal es ir a las televisiones, dar una rueda de prensa en Naciones Unidas, montar un numerito en Las Vegas. ..

-¿Qué quiere decir?
-Que para hacerse hombre, Dios eligió el último pueblo de la última provincia romana: Belén. ¡Y en un tiempo en que no existía Google Maps!

-O sea que…
-Es la forma que Dios tiene de actuar. Cuando el Señor irrumpe en la Historia, quiere dejar claro que es Él quien lo hace, no los hombres los que le obligan.

-Y para tener un encuentro personal con Cristo, ¿es necesario peregrinar?
-¡En absoluto! A Cristo lo puedes encontrar en una persona, en un movimiento de la Iglesia, en una situación trágica, en un momento dulce… Él está detrás de todas las esquinas de la vida.

-Hablamos de peregrinación. Defínala.
-Ejercicio espiritual y físico que conlleva disposiciones interiores y exteriores.

-O sea, que no es un viaje.
-Sí, pero no uno cualquiera. El destino final está más dentro que fuera. El peregrino se pone en camino para detenerse en lo importante de sí mismo.

-¿Algún consejo?
-No buscar satisfacer tus anhelos materiales ni tu ego, tener la mente abierta, abandonarte en manos de Dios, dejarle hacer… Sólo así actuará en nosotros; si no, seremos turistas, no peregrinos.

-Conclusión.
-Peregrinar es darle la oportunidad a Dios de demostrarte en pocos días lo que puede hacer por ti en toda tu vida.

Presentación del libro ‘Medjugorje’ en Madrid

martes, junio 02, 2009

Entrevista en la radio sobre Medjugorje a Jesús García

Las apariciones en Medjugorje (Bosnia-Herzegovina) con el periodista Jesús García

Seguimos con Medjugorje: entrevista a Jesús García


Medjugorje es una pequeña aldea ubicada al sur de Bosnia y Herzegovina, en la Antigua Yugoslavia. Hasta 1981 era sencillamente un pueblecito más de los miles que hay repartidos por la vieja Europa. Pero la tarde del 24 de junio de ese año cambió para siempre la vida de seis niños de la aldea, la de todos sus habitantes y la de millones de personas en todo el mundo, que han sido tocados y transformados por un fenómeno que tuvo un gran eco mediático que los años no solo no han apagado, sino que no ha parado de crecer en todo el mundo a pesar de sufrir fuertes persecuciones, en un boca a boca mundial, sin portavoces oficiales, que se cuentan una maravillosa noticia uno a otros, algo bueno para este mundo tan convulso.
Lo cierto es que a día de hoy, la Iglesia Católica investiga un posible evento de apariciones marianas, al estilo de Lourdes o de Fátima, pero que al contrario que en esos dos eventos, están pudiendo ser estudiados mientras ocurren, y no cuando ya han ocurrido.


¿Este libro es un libro sobre apariciones, de testimonios, de peregrinos, de viajeros, una ‘guía’ para conocer Medjugorje…?


-Es un trabajo periodístico, en cuanto al periodismo entendido como ir, ver e informar, presentado como una peregrinación ficticia, un viaje hasta el lugar de los hechos en el que el guía del viaje sería el autor y los peregrinos los lectores. Así, a través de las páginas de este libro se visitan los lugares más importantes de esta historia, se entrevista a los protagonistas, se estudia la posición de las autoridades eclesiásticas locales y de fuera, se comparten historias y anécdotas con otros peregrinos y se escuchan testimonios de esos que ponen lo pelos de punta. Es, por decirlo de alguna manera, una peregrinación escrita a la que se invita a ir con apertura de mente, sin prejuicios ni aspavientos, para la que no hace falta ni saber rezar, ni querer rezar, ni pensar que se tenga que hacer. Es sencillamente leer por el sano ejercicio de conocer, de una manera entretenida. Nada más.

-¿Por qué escribir un libro sobre este lugar cuando aún la Iglesia no se ha pronunciado oficialmente sobre lo que acontece allí? Es numerosa la literatura que existe sobre estos fenómenos y muchas veces se encuentra el silencio, la mofa o el rechazo como respuesta.


-Por que está ocurriendo ahora y de ser cierto, nos lo estamos perdiendo. Y el que se mofe o lo rechace sin conocerlo, es un imprudente, por decirlo con educación. No me importan las mofas de los ignorantes ni el rechazo de los intelectuales de salón. A mí me importan las dudas de los que sí han estado allí y han vivido aquello. Ellos tienen todo mi respeto.
Hay que saber que en lo que a eventos de apariciones se refiere, la Iglesia no debe pronunciarse nunca a favor de su autenticidad mientras el evento esté transcurriendo, ya que sería una falta de prudencia y de rigor. Sería como hacer una crítica de una película cuando aún se está rodando, o escribir la crónica de un partido de fútbol cuando van por el descanso. O abrir un proceso de canonización de una persona que aún está viva. No, eso no sería serio.
Una vez dicho todo esto, mientras la Iglesia espera y observa, la gente no tiene por qué esperar su dictamen. Ten en cuenta que eso significaría perdérselo, ir cuando ya ha acabado. Y que a los católicos les quede claro que no pasa nada por ir allí ya, no es pecado y no está prohibido.
No seamos ingenuos. Medjugorje lleva ocurriendo ya casi treinta años, los peregrinos viajan allí en manadas, si me permite la expresión, y los testimonios de cosas sorprendentes que se dan allí son incontables. No hablo de batallitas ni de cosas graciosas que contar al volver de un viaje. Hablo de impactos profundos en las vidas de las personas, de cambios radicales en su comprensión y vivencia de diferentes aspectos que conformaban su vida. Y la Iglesia está dejando hacer, con inteligencia y prudencia. Por ahora tenemos que esperar, pero mientras tanto, no pasa nada por conocerlo uno mismo.
En mi opinión, me encantaría que, de ser cierto, la Iglesia nunca lo declarase, porque así el viajero irá allí ‘a pelo’, sin que nadie le haya hecho el trabajo, obligado a enfrentarse él solo a la posibilidad de que el fenómeno sea cierto. Por lo que he visto entre los peregrinos, esa es la mejor y más maravillosa vivencia de Medjugorje, se crea en Dios o no. Porque Medjugorje no es solo para católicos. Medjugorje es para valientes, personas inquietas y abiertas de mente, sean católicos o no. Eso sí, hay que ser muy valiente para abrir el corazón allí, porque de ser cierto, exige respuestas concretas.

-¿Se puede hablar ya de apariciones de la Virgen o hay que esperar el dictamen de la Iglesia para dar veracidad a estos hechos?


-No se puede decir que sea cierto, pero tampoco que no lo sea. La Iglesia no ha dicho nada, pero no pasa nada ni por creer ni por no creer que allí esté sucediendo eso. La Iglesia dice a sus fieles que en lo que tiene que creer es en el Credo, y ahí no dice nada de Medjugorje. En lo que a mí respecta, la verdad es que he estado allí en varias ocasiones y yo nunca he visto a la Virgen María. Lo que no puedo negar es que allí, se aparezca o no, pasa algo que no ocurre en ningún otro lugar y que es bueno para la gente, para el mundo y para la Iglesia. Eso es así. ¿Qué es ese ‘algo’ que ocurre allí? Teniendo en cuenta esto, y escuchando y viendo cosas que allí ocurren, no veo descabellada la postura de aquellos que creen que es cierto, aunque eso prefiero dejárselo a quien lo tenga que decir.

-¿Qué está ocurriendo en la actualidad en este lugar? ¿Es sólo un lugar de peregrinación o se siguen produciendo las apariciones?


-No, no, las apariciones se siguen dando. Los muchachos ya son mayores pero su vida ha seguido igual en este sentido desde 1981. Cada uno de ellos tiene sus apariciones con una frecuencia u otra, en unos lugares u otros, pero el evento sigue sucediendo. Esto ha dado la oportunidad de investigar los hechos mientras están sucediendo, no una vez sucedidos. Es muy divertido el capítulo dedicado a la ciencia y los exámenes hechos a los chavales durante esos momentos en que parecen ver a la Virgen María. Nadie ha podido desmentir el testimonio de esos chicos, y eso es algo muy serio, porque ellos no dicen “un día me pasó esto, hace mas de veinte años”. No, ellos dicen “hoy me pasa esto. Si quieres quedamos y me puedes examinar con todo tipo de aparatos mientras ocurre, a ver qué descubres”. Eso hace que esta historia sea asombrosa, que descomponga a las mentes más exhaustivas y meticulosas del mundo, tanto de la Iglesia como fuera de ella.
Ahora bien, mi experiencia es que una vez que llegas allí, las apariciones, los videntes, los milagros... Todo eso pasa a un segundo plano. Es increíble pero es verdad. Cuando llegas allí y te ves sumergido entre toda esa gente, en la vivencia del fenómeno, empiezas a importar solo tú y tu actitud ante un montón de cosas que en otro entorno no te planteas. Eso te da la oportunidad de descubrir errores que puedes corregir, y otras cosas que son muy buenas y que no habías disfrutado.

-¿Cómo y por qué te aproximas a este enclave de Bosnia?

-Aunque la historia tiene muchos recovecos, puedo situar mi primer contacto con el fenómeno Medjugorje cuando trabajaba en el Semanario Alba. Surgió la idea de viajar allí, miramos cada uno a una parte y no hubo voluntarios. Al final fui yo con un compañero y creo que éramos los menos indicados para hacer ese trabajo. Sin embargo, gracias a ese viaje creí tener conciencia por primera vez en mi vida, de que Dios pudiera existir y actuar en tu vida con profunda sabiduría y un amor enorme, extrañísimo pero auténtico, si le dejas un poquito.

-Millones de personas han pasado y pasarán por este santuario mariano. ¿Qué dice un lugar como éste a la sociedad actual, sea o no creyente?

-Pues lo que nos viene a decir es algo así como: “Oye, las cosas no van bien, tal vez tengas que pararte a pensar un rato sobre qué haces en este asunto que llamamos vida, cómo te planteas algunas cosas y si realmente estás tan seguro de que Dios exista o no exista”. Es un viaje que no defrauda y no deja indiferente, de verdad. Y mucho más divertido que ir al psicoanalista.

-Gente que va a Medjugorje repite varios mensajes, pero coincidentes en muchos casos en el perdón, la reconciliación y la conversión, ¿por qué?


- En el mundo en que vivimos estamos sumergidos en una tremenda competitividad fomentada por el afán de poseer, y en esa vorágine no nos damos cuenta de que, a veces, nos perdemos cosas fantásticas que nada tiene que ver con eso. La amistad verdadera, la salud, el amor, el sentirnos bien, la paz interior. El plan que propone Medjugorje es encontrar esa paz interior que es el origen de toda paz, y que no nos las dan las cosas del mundo, como en realidad ya sabemos todos.

-¿Por qué deberíamos leer su libro y por qué deberíamos ir a Medjugorje?

-A Medjugorje no debe ir nadie. Medjugorje es una invitación a la que responder si uno quiere. Yo la recomiendo, porque he estado allí y a mí me ha encantado. Pero cada uno es libre de hacer lo que quiera. Aunque creo que es como que te inviten a una fiesta sorprendente y quedarte en casa viendo la tele.
Y el libro es algo parecido, una propuesta que hago al lector de disfrutar, de leer por el sano interés de conocer, nada más. Son tantas las historias falsas y mal contadas que pululan sobre Medjugorje que te da pena que haya gente que se pueda perder una historia con conlleva tanto bien para las personas, en un momento en el que además, todos estamos muy necesitados de bien. Medjugorje realmente abre una ventanita en la tierra desde la que tal vez no se vea el cielo, pero sí que se puede oler. Tal vez no se vea, pero se huele. Y es una alegría. Puedo asegurar que este libro sorprende, tal vez no tanto por la valía de su autor, sino por lo asombroso al mismo tiempo que cercano de su historia. Está sucediendo ahora, y eso le hace al lector protagonista de ella.

Por Javier Fariñas


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sábado, mayo 30, 2009

Medjugorje, el milagro comprobable

No diría yo que es un libro bien construido, una crónica que engarce el ayer con el mañana con trasbordo en el día de hoy. No, tiene la estructura lineal de un escrito notarial. Pero debo ser muy poco esteta porque este libro es un jalón en mis lecturas, que no tienen muchos, con la excepción de todas y cada una de las obras de Gilbert K. Chesterton, naturalmente. Hablo de Medjugorje, obra de Jesús García, editado cómo no, por LibrosLibres, esa casa editorial irrepetible, del irrepetible Alex Rosal.



Poco sabía de esa aldea bosnia, perteneciente al arzobispado de Mostar, perdida detrás de la vuelta del mundo. Los acontecimientos cinematográficos siempre ocurren en Nueva York pero la Madre del Creador del universo prefiere comunicarse visualmente con los hombres en una aldea bosnia donde nadie iría de vacaciones, quizás porque los dioses no precisan publicidad y los hombres vivimos de ella. Desde 1981, la Santísima Virgen se aparece a seis adolescentes -ya no lo son- con una extraordinaria peculiaridad: se les sigue apareciendo, a tres de ellos, diariamente. Sí, han leído bien: se les sigue apareciendo a los seis, y a tres de ellos, diariamente.
Y también: la ciencia -hermoso nombre- ha auscultado hasta la saciedad a los seis infelices -lo digo por lo de la paciencia que hay que tener con los científicos-. Les han examinado médicos y psicólogos de todos los colores, además de un buen número de policías cuyos métodos eran un poco más expeditivos y menos tediosos que los de los científicos, pero igualmente desagradables. Y sí: mientras los agraciados ven -y hablan- a la Señora, les puedes pinchar, situar ante los ojos el haz luminoso más cegador o en los oídos los 40 principales a todo volumen: ni se inmutan, ni se enteran. Estamos ante un milagro comprobable.

Entonces, ¿por qué no es más famoso Medjugorje? Esto nos llevaría a todo un tratado sobre semiología y semántica, incluso semiótica, en la sociedad de la información pero podemos ahorrarnos el esfuerzo si aceptamos que, en el siglo XXI, nada detiene el fluir informativo con la única excepción del prejuicio.

Especialmente en España, paraíso del prejuicio. Es triste escuchar a Iván Dragicevic, uno de los videntes, cuando asegura que, de todo Occidente, España es el único país desde el que jamás le han llamado para hablar de las apariciones y de los mensajes de la Señora. Precisamente España, la "tierra de María". Y aún más duro escuchar a otra de las videntes, Vicka Bijakovici: "No es que en España no hayáis sido llamados, como los demás. Lo que se nota es la respuesta, el cuánto hemos respondido a la llamada de la Virgen".

Y, también, esto es lo que distingue a Medjugorje de Garabandal (Cantabria,1961): los videntes bosnios fueron fieles a los cometidos de la Madre -que, como buena Madre, es exigente con sus hijos-. Por el contrario, las niñas-adolescentes de Garabandal (una de ellas acaba de morir) no. Y semejante parangón puede establecerse respecto al comportamiento de la jerarquía respecto a las apariciones: ningún apoyo en España y, aunque en Medjugorje los dos últimos obispos de la zona -Mostar- se han convertido en adversarios de las apariciones, Medjugorje ha contado desde el comienzo con una gran aliado: Juan Pablo II.

Luego viene lo del morbo: no es ningún secreto para nadie -aunque pocos se atreven a decirlo para que no les tomen por locos- que las apariciones marianas se han acelerado en el siglo XX y que en todas ellas, se apunta a fin de ciclo, lo que tantos llaman fin del mundo y otros prefieren el término más documentado de juicio de las naciones, que no tiene por qué coincidir con aquel... No debería producirnos reconcomio alguno el hecho de hablar del fin del mundo porque, como asegura Leonardo Castellani, sin duda la cumbre del estudio del Apocalipsis en el mundo moderno, negar el fin del mundo es negar el Credo -"y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos"- y todo el dogma cristiano, que se basa en tres hechos: creación, redención y parusía.

Pues bien, Garabandal centró esas profecías marianas sobre el fin del mundo en la ya conocido -al menor entre quienes se ocupan de estos temas, a veces demasiado- el triángulo aviso/milagro/castigo. Por su parte, Medjugorje también tiene su propia historia milenarista. Y ojo, porque es muy habitual entre los videntes despreciara el morbo que tanto nos atrae al resto de los

mortales, porque, a fin de cuentas, el fin del mundo para cada uno no es más que su propia muerte. Otra de las videntes, Mirjana Bijakovici, lo explica así para la pluma de García: "La Gospa (Virgen María en croata), quiere que estemos preparado para presentarnos ante Dios cuando llegue nuestro momento y no perder el tiempo hablando del futuro".

Pero claro, aquí se da le mismo efecto del discurso escatológico de Cristo: no sabéis el día ni la hora pero nos proporciona pistas para conocer el momento, por lo que, me temo que la reflexión sobre el asunto no es ociosa. Especialmente si consideramos que, a la luz de los últimos tiempos, se interpretan mejor los tiempos de ahora mismo.
Porque, a fin de cuentas, según el mensaje mariano que nos trasmite otro de los videntes e Medjugorje: "Lo que he empezado en Fátima (1917) lo acabaré en Medjugorje (1981 y siguientes), mi corazón vencerá".
Si quiere un consejo, corra la librería más próxima y compre este libro. Es demasiado importante como para dejarlo a un lado. Es un milagro comprobable y una rigurosa interpretación de eso que nos tiene tan confundidos: lo que pasa en el mundo.


Eulogio López

eulogio@hispanidad.com

martes, mayo 05, 2009