martes, junio 02, 2009
Seguimos con Medjugorje: entrevista a Jesús García
¿Este libro es un libro sobre apariciones, de testimonios, de peregrinos, de viajeros, una ‘guía’ para conocer Medjugorje…?
-Es un trabajo periodístico, en cuanto al periodismo entendido como ir, ver e informar, presentado como una peregrinación ficticia, un viaje hasta el lugar de los hechos en el que el guía del viaje sería el autor y los peregrinos los lectores. Así, a través de las páginas de este libro se visitan los lugares más importantes de esta historia, se entrevista a los protagonistas, se estudia la posición de las autoridades eclesiásticas locales y de fuera, se comparten historias y anécdotas con otros peregrinos y se escuchan testimonios de esos que ponen lo pelos de punta. Es, por decirlo de alguna manera, una peregrinación escrita a la que se invita a ir con apertura de mente, sin prejuicios ni aspavientos, para la que no hace falta ni saber rezar, ni querer rezar, ni pensar que se tenga que hacer. Es sencillamente leer por el sano ejercicio de conocer, de una manera entretenida. Nada más.-¿Por qué escribir un libro sobre este lugar cuando aún la Iglesia no se ha pronunciado oficialmente sobre lo que acontece allí? Es numerosa la literatura que existe sobre estos fenómenos y muchas veces se encuentra el silencio, la mofa o el rechazo como respuesta.
-Por que está ocurriendo ahora y de ser cierto, nos lo estamos perdiendo. Y el que se mofe o lo rechace sin conocerlo, es un imprudente, por decirlo con educación. No me importan las mofas de los ignorantes ni el rechazo de los intelectuales de salón. A mí me importan las dudas de los que sí han estado allí y han vivido aquello. Ellos tienen todo mi respeto.
Hay que saber que en lo que a eventos de apariciones se refiere, la Iglesia no debe pronunciarse nunca a favor de su autenticidad mientras el evento esté transcurriendo, ya que sería una falta de prudencia y de rigor. Sería como hacer una crítica de una película cuando aún se está rodando, o escribir la crónica de un partido de fútbol cuando van por el descanso. O abrir un proceso de canonización de una persona que aún está viva. No, eso no sería serio.
Una vez dicho todo esto, mientras la Iglesia espera y observa, la gente no tiene por qué esperar su dictamen. Ten en cuenta que eso significaría perdérselo, ir cuando ya ha acabado. Y que a los católicos les quede claro que no pasa nada por ir allí ya, no es pecado y no está prohibido.
No seamos ingenuos. Medjugorje lleva ocurriendo ya casi treinta años, los peregrinos viajan allí en manadas, si me permite la expresión, y los testimonios de cosas sorprendentes que se dan allí son incontables. No hablo de batallitas ni de cosas graciosas que contar al volver de un viaje. Hablo de impactos profundos en las vidas de las personas, de cambios radicales en su comprensión y vivencia de diferentes aspectos que conformaban su vida. Y la Iglesia está dejando hacer, con inteligencia y prudencia. Por ahora tenemos que esperar, pero mientras tanto, no pasa nada por conocerlo uno mismo.
En mi opinión, me encantaría que, de ser cierto, la Iglesia nunca lo declarase, porque así el viajero irá allí ‘a pelo’, sin que nadie le haya hecho el trabajo, obligado a enfrentarse él solo a la posibilidad de que el fenómeno sea cierto. Por lo que he visto entre los peregrinos, esa es la mejor y más maravillosa vivencia de Medjugorje, se crea en Dios o no. Porque Medjugorje no es solo para católicos. Medjugorje es para valientes, personas inquietas y abiertas de mente, sean católicos o no. Eso sí, hay que ser muy valiente para abrir el corazón allí, porque de ser cierto, exige respuestas concretas.-¿Se puede hablar ya de apariciones de la Virgen o hay que esperar el dictamen de la Iglesia para dar veracidad a estos hechos?
-No se puede decir que sea cierto, pero tampoco que no lo sea. La Iglesia no ha dicho nada, pero no pasa nada ni por creer ni por no creer que allí esté sucediendo eso. La Iglesia dice a sus fieles que en lo que tiene que creer es en el Credo, y ahí no dice nada de Medjugorje. En lo que a mí respecta, la verdad es que he estado allí en varias ocasiones y yo nunca he visto a la Virgen María. Lo que no puedo negar es que allí, se aparezca o no, pasa algo que no ocurre en ningún otro lugar y que es bueno para la gente, para el mundo y para la Iglesia. Eso es así. ¿Qué es ese ‘algo’ que ocurre allí? Teniendo en cuenta esto, y escuchando y viendo cosas que allí ocurren, no veo descabellada la postura de aquellos que creen que es cierto, aunque eso prefiero dejárselo a quien lo tenga que decir.-¿Qué está ocurriendo en la actualidad en este lugar? ¿Es sólo un lugar de peregrinación o se siguen produciendo las apariciones?
-No, no, las apariciones se siguen dando. Los muchachos ya son mayores pero su vida ha seguido igual en este sentido desde 1981. Cada uno de ellos tiene sus apariciones con una frecuencia u otra, en unos lugares u otros, pero el evento sigue sucediendo. Esto ha dado la oportunidad de investigar los hechos mientras están sucediendo, no una vez sucedidos. Es muy divertido el capítulo dedicado a la ciencia y los exámenes hechos a los chavales durante esos momentos en que parecen ver a la Virgen María. Nadie ha podido desmentir el testimonio de esos chicos, y eso es algo muy serio, porque ellos no dicen “un día me pasó esto, hace mas de veinte años”. No, ellos dicen “hoy me pasa esto. Si quieres quedamos y me puedes examinar con todo tipo de aparatos mientras ocurre, a ver qué descubres”. Eso hace que esta historia sea asombrosa, que descomponga a las mentes más exhaustivas y meticulosas del mundo, tanto de la Iglesia como fuera de ella.
Ahora bien, mi experiencia es que una vez que llegas allí, las apariciones, los videntes, los milagros... Todo eso pasa a un segundo plano. Es increíble pero es verdad. Cuando llegas allí y te ves sumergido entre toda esa gente, en la vivencia del fenómeno, empiezas a importar solo tú y tu actitud ante un montón de cosas que en otro entorno no te planteas. Eso te da la oportunidad de descubrir errores que puedes corregir, y otras cosas que son muy buenas y que no habías disfrutado.-¿Cómo y por qué te aproximas a este enclave de Bosnia?
-Aunque la historia tiene muchos recovecos, puedo situar mi primer contacto con el fenómeno Medjugorje cuando trabajaba en el Semanario Alba. Surgió la idea de viajar allí, miramos cada uno a una parte y no hubo voluntarios. Al final fui yo con un compañero y creo que éramos los menos indicados para hacer ese trabajo. Sin embargo, gracias a ese viaje creí tener conciencia por primera vez en mi vida, de que Dios pudiera existir y actuar en tu vida con profunda sabiduría y un amor enorme, extrañísimo pero auténtico, si le dejas un poquito.
-Millones de personas han pasado y pasarán por este santuario mariano. ¿Qué dice un lugar como éste a la sociedad actual, sea o no creyente?
-Pues lo que nos viene a decir es algo así como: “Oye, las cosas no van bien, tal vez tengas que pararte a pensar un rato sobre qué haces en este asunto que llamamos vida, cómo te planteas algunas cosas y si realmente estás tan seguro de que Dios exista o no exista”. Es un viaje que no defrauda y no deja indiferente, de verdad. Y mucho más divertido que ir al psicoanalista.
-Gente que va a Medjugorje repite varios mensajes, pero coincidentes en muchos casos en el perdón, la reconciliación y la conversión, ¿por qué?
- En el mundo en que vivimos estamos sumergidos en una tremenda competitividad fomentada por el afán de poseer, y en esa vorágine no nos damos cuenta de que, a veces, nos perdemos cosas fantásticas que nada tiene que ver con eso. La amistad verdadera, la salud, el amor, el sentirnos bien, la paz interior. El plan que propone Medjugorje es encontrar esa paz interior que es el origen de toda paz, y que no nos las dan las cosas del mundo, como en realidad ya sabemos todos.-¿Por qué deberíamos leer su libro y por qué deberíamos ir a Medjugorje?
-A Medjugorje no debe ir nadie. Medjugorje es una invitación a la que responder si uno quiere. Yo la recomiendo, porque he estado allí y a mí me ha encantado. Pero cada uno es libre de hacer lo que quiera. Aunque creo que es como que te inviten a una fiesta sorprendente y quedarte en casa viendo la tele.
Y el libro es algo parecido, una propuesta que hago al lector de disfrutar, de leer por el sano interés de conocer, nada más. Son tantas las historias falsas y mal contadas que pululan sobre Medjugorje que te da pena que haya gente que se pueda perder una historia con conlleva tanto bien para las personas, en un momento en el que además, todos estamos muy necesitados de bien. Medjugorje realmente abre una ventanita en la tierra desde la que tal vez no se vea el cielo, pero sí que se puede oler. Tal vez no se vea, pero se huele. Y es una alegría. Puedo asegurar que este libro sorprende, tal vez no tanto por la valía de su autor, sino por lo asombroso al mismo tiempo que cercano de su historia. Está sucediendo ahora, y eso le hace al lector protagonista de ella.
Por Javier Fariñas
Más en Libros Libres
sábado, mayo 30, 2009
Medjugorje, el milagro comprobable
Y también: la ciencia -hermoso nombre- ha auscultado hasta la saciedad a los seis infelices -lo digo por lo de la paciencia que hay que tener con los científicos-. Les han examinado médicos y psicólogos de todos los colores, además de un buen número de policías cuyos métodos eran un poco más expeditivos y menos tediosos que los de los científicos, pero igualmente desagradables. Y sí: mientras los agraciados ven -y hablan- a la Señora, les puedes pinchar, situar ante los ojos el haz luminoso más cegador o en los oídos los 40 principales a todo volumen: ni se inmutan, ni se enteran. Estamos ante un milagro comprobable.
Entonces, ¿por qué no es más famoso Medjugorje? Esto nos llevaría a todo un tratado sobre semiología y semántica, incluso semiótica, en la sociedad de la información pero podemos ahorrarnos el esfuerzo si aceptamos que, en el siglo XXI, nada detiene el fluir informativo con la única excepción del prejuicio.
Especialmente en España, paraíso del prejuicio. Es triste escuchar a Iván Dragicevic, uno de los videntes, cuando asegura que, de todo Occidente, España es el único país desde el que jamás le han llamado para hablar de las apariciones y de los mensajes de la Señora. Precisamente España, la "tierra de María". Y aún más duro escuchar a otra de las videntes, Vicka Bijakovici: "No es que en España no hayáis sido llamados, como los demás. Lo que se nota es la respuesta, el cuánto hemos respondido a la llamada de la Virgen".
Y, también, esto es lo que distingue a Medjugorje de Garabandal (Cantabria,1961): los videntes bosnios fueron fieles a los cometidos de la Madre -que, como buena Madre, es exigente con sus hijos-. Por el contrario, las niñas-adolescentes de Garabandal (una de ellas acaba de morir) no. Y semejante parangón puede establecerse respecto al comportamiento de la jerarquía respecto a las apariciones: ningún apoyo en España y, aunque en Medjugorje los dos últimos obispos de la zona -Mostar- se han convertido en adversarios de las apariciones, Medjugorje ha contado desde el comienzo con una gran aliado: Juan Pablo II.
Luego viene lo del morbo: no es ningún secreto para nadie -aunque pocos se atreven a decirlo para que no les tomen por locos- que las apariciones marianas se han acelerado en el siglo XX y que en todas ellas, se apunta a fin de ciclo, lo que tantos llaman fin del mundo y otros prefieren el término más documentado de juicio de las naciones, que no tiene por qué coincidir con aquel... No debería producirnos reconcomio alguno el hecho de hablar del fin del mundo porque, como asegura Leonardo Castellani, sin duda la cumbre del estudio del Apocalipsis en el mundo moderno, negar el fin del mundo es negar el Credo -"y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos"- y todo el dogma cristiano, que se basa en tres hechos: creación, redención y parusía.
Pues bien, Garabandal centró esas profecías marianas sobre el fin del mundo en la ya conocido -al menor entre quienes se ocupan de estos temas, a veces demasiado- el triángulo aviso/milagro/castigo. Por su parte, Medjugorje también tiene su propia historia milenarista. Y ojo, porque es muy habitual entre los videntes despreciara el morbo que tanto nos atrae al resto de los
mortales, porque, a fin de cuentas, el fin del mundo para cada uno no es más que su propia muerte. Otra de las videntes, Mirjana Bijakovici, lo explica así para la pluma de García: "La Gospa (Virgen María en croata), quiere que estemos preparado para presentarnos ante Dios cuando llegue nuestro momento y no perder el tiempo hablando del futuro".
Pero claro, aquí se da le mismo efecto del discurso escatológico de Cristo: no sabéis el día ni la hora pero nos proporciona pistas para conocer el momento, por lo que, me temo que la reflexión sobre el asunto no es ociosa. Especialmente si consideramos que, a la luz de los últimos tiempos, se interpretan mejor los tiempos de ahora mismo.
Porque, a fin de cuentas, según el mensaje mariano que nos trasmite otro de los videntes e Medjugorje: "Lo que he empezado en Fátima (1917) lo acabaré en Medjugorje (1981 y siguientes), mi corazón vencerá".
Si quiere un consejo, corra la librería más próxima y compre este libro. Es demasiado importante como para dejarlo a un lado. Es un milagro comprobable y una rigurosa interpretación de eso que nos tiene tan confundidos: lo que pasa en el mundo.
Eulogio López
eulogio@hispanidad.com
viernes, abril 03, 2009
Benoîte Rencurel, nueva venerable

Nuestra Señora de Laus, nueva aparición reconocida por la Iglesia
Apareció a Benoîte Rencurel por 54 años
Los hechos
Benoîte era una pastora que trabajaba cuidando el rebaño de una señora. Nació el 16 de setiembre de 1647en Saint-Étienne d'Avançon; su padre falleció cuando tenía 7 años. Nunca aprendió a leer ni escribir y su única instrucción era el sermón de la misa dominical. Un día de mayo de 1664, mientras rezaba el Rosario, ve a una hermosa señora sobre un peñasco, que lleva de la mano a un niño de belleza singular. "¡Hermosa señora! —le dice—, ¿Qué está haciendo ahí arriba? ¿Quiere comer conmigo? Tengo algo de pan bueno, lo remojaríamos en la fuente". La señora sonrió, pero no le dijo nada. "¡Hermosa señora! —insiste Benoîte— ¡Podría darnos por favor a ese niño, que tanto nos alegraría?". La señora sonríe, toma a su niño en brazos y desaparece en una cueva.
Durante cuatro meses, la señora se muestra todos los días, conversando con gran familiaridad con la joven, educándola para su futura misión. Benoîte cuenta sus visiones a la dueña del rebaño, quien no le cree, pero una mañana la sigue en secreto hasta el pequeño valle de Fours. Una vez allí, no ve a la señora, pero oye las palabras que ésta dirige a Benoîte. La aparición le pide que advierta a la dueña del rebaño de los peligros que corre su alma: "Tiene una mancha en la conciencia. Que haga penitencia". Afectada por aquello, ésta se corrige, vuelve a frecuentar los sacramentos y vive el resto de sus días muy cristianamente.
El 29 de agosto pregunta a la visitante cómo se llama, y ella le responde: "Mi nombre es María". Durante el invierno de 1664-1665, Benoîte sube hasta Laus muy a menudo, donde ve cada vez a la Virgen, quien le recomienda "rezar continuamente por los pecadores". La noticia de las apariciones se propaga entre los aldeanos, gracias a las veladas de las noches de invierno.
Laus en Francia
El 18 de septiembre de 1665, cuando Benoîte tiene dieciocho años, las apariciones y la peregrinación son reconocidas oficialmente por parte de la autoridad diocesana y, a partir del otoño de ese año, empieza la construcción de una iglesia para poder acoger a los peregrinos, que cada vez son más numerosos.
Nuestra Señora se revela en Laus como reconciliadora y refugio de los pecadores, y por eso aporta señales para convencer a éstos de la necesidad de convertirse; entonces dice a la pastora que el aceite de la lámpara de la capilla (que arde ante el Santo Sacramento) obrará curaciones en los enfermos que se lo apliquen, si recurren con fe a su intercesión.
Benoîte tomó en serio la misión y se convierte en laica misionera dominica, pues abraza la Orden de Predicadores como terciaria y virgen consagrada, funda el santuario de Nuestra Señora de Laus y se dedica a la acogida y preparación de los pecadores para que reciban el sacramento de la penitencia. A la vez, recibe el carisma del conocimiento de conciencias (consiste en conocer los pensamientos, intenciones y deseos de las personas, como lo tenía San Pío de Pietrelcina), don que emplea en las conversiones y anima con frecuencia a los dos sacerdotes adscritos al santuario a recibir a los peregrinos con dulzura, paciencia y caridad, empleando una bondad especial para con los más pecadores a fin de animarlos al arrepentimiento.
Además de las apariciones marianas, Benoîte apreció apariciones de ángeles, santos y de Jesús. Los testigos describieron a Benoîte como una mujer de personalidad sólida, llena de buen sentido y confianza total en la Virgen María.
La Virgen le pide que amoneste a las mujeres de vida escandalosa y que les pida que se vistan con recato y practiquen la modestia, especialmente, a las que cometen aborto, a los ricos injustos o perversos, a los sacerdotes y religiosos infieles a sus compromisos sagrados.
Entre 1669 y 1679, se le aparece Jesús cinco veces, se le revela en un estado de sufrimiento. Un viernes de julio de 1673, Jesús ensangrentado, le dice: "Hija mía, me muestro en este estado para que participes de los dolores de mi Pasión". La visionaria falleció el 28 de diciembre de 1718.
Conversiones y curaciones
En vida de Benoîte el santuario de Nuestra Señora de Laus se hizo conocido, hoy recibe a más de 120 mil peregrinos al año. En la época, las autoridades eclesiásticas dudaban de los hechos, hasta que el vicario general de Embrun, Antoine Lambert, investiga y es testigo de la curación de una mujer de 22 años, afectada por parálisis por seis años, quien en la noche del 18 al 19 de abril de 1665, estando en su cama siente que puede mover las piernas. En la mañana corre a la misa que celebraba Lambert, quien exclama: “¡El dedo de Dios está acá! ¡El dedo de Dios está acá!”
Las primeras curaciones de Laus comprendían tanto a adultos como a niños, entre las que destacan graves deficiencias visuales, sanadas al aplicar el aceite de la lámpara del santuario.
Benoîte Rencurel
En la actualidad las curaciones físicas y espirituales con el aceite siguen sucediendo. En el 2000, una señora belga estaba afectada por una grave hernia discal prominente y la iban a operar de urgencia, a lo que respondió: “No doctor, no me opere, María me va sanar!” El cirujano sonrió y le dijo con ironía: “¿Todavía cree en milagros?” —“Sí doctor”—, respondió; tras cuatro meses, al ver que no regresaba, el cirujano la llama para pasarla por un escáner y se sorprende de la sanación. “¿Doctor, ahora cree en los milagros?”, preguntó, a lo que el médico respondió: “Sí señora, lo que usted tenía sólo era curable con cirugía”.
Tras la muerte de Benoîte, el santuario prosiguió como la Virgen anunciara, ella había dicho que las osamentas de Benoîte harían milagros y que los enfermos vendrían de todas partes a obtener curación. “He elegido este lugar para la conversión de los pecadores”, había dicho la Virgen, mientras que un ángel había dicho: “Laus es obra de Dios, ni hombre ni demonio, con toda su malicia y rabia, podrán destruir, pues subsistirá siempre floreciendo, hasta el fin del mundo hará grandes frutos por todas partes”.
Las conversiones de los pecadores son numerosas, los religiosos evidencian en Laus confesiones de una rara calidad. En 1854, monseñor Depéry obtuvo de Pío IX autorización para coronar la estatua de Nuestra Señora de Laus, en ceremonia del 23 de mayo de 1855. El 18 de marzo de 1894, al santuario le fue concedido el título de basílica menor por León XIII.
El Obispo de Gap y Embrun, Jean-Michel di Falco, en el 2003 retoma la causa de beatificación de Benoîte, admitida por Juan Pablo II, sin que a la fecha haya sido beatificada. No obstante, este 4 de mayo obtuvo el reconocimiento de la aparición del Vaticano. "Reconozco el origen sobrenatural de las apariciones y los hechos y dichos, experimentados y narrados por Benoîte Rencurel. Animo a todos los fieles a venir y orar; y buscar renovación espiritual en este santuario", dijo el prelado.
En la Iglesia Católica nadie está obligado a creer en las apariciones, incluso en aquellas reconocidas oficialmente; pero se les reconoce como ayuda en la fe y la vida diaria.
El Partido Comunista francés, la semana pasada describió el anuncio de la ceremonia como "un intento de marketing de la Iglesia" y denunció la anunciada presencia del Secretario para asuntos de desarrollo regional, Hubert Falco, como una "violación de la separación entre Iglesia y estado". El ministro Falco, quien no es pariente del obispo, señaló que su presencia era un ejercicio de libertad religiosa, que llevaba a cabo "como simple persona de fe".