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miércoles, mayo 19, 2010

Entrevista a Tim Guénard

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Lo publica la revista Misión y se ha escrito un libro.


Cuando tenía tres años su madre le abandonó atado a un poste de electricidad. A los cinco años su padre le dio una paliza que le retuvo en un hospital hasta los siete años. El resto de su infancia la pasó de una casa de acogida a otra, hasta que, ya en la adolescencia y tras varias estancias en la cárcel para menores, vivió la ley de la calle para subsistir. Con esa vida, lo único que le animaba a seguir era el deseo de matar a su padre. Pero el “Big Boss” –como llama a Dios– y el encuentro con personas clave hicieron que su camino diese un giro de 180 grados hacia el perdón y el amor.

Tim GUÉNARD fue un niño rechazado y maltratado por las personas que más le importaban: sus padres. Como su familia no quiso hacerse cargo de él, entró en un orfanato a los siete años donde tampoco nadie lo quiso adoptar. Sufrió el maltrato y el desprecio de las personas encargadas de su cuidado y acabó en un hospital psiquiátrico por un error administrativo. De allí fue a parar a un reformatorio, donde aprendió a pelear y a odiar al mundo entero… Sólo las ganas de matar a su padre le mantuvieron en pie, convertido ya en todo un delincuente de 12 años.

El círculo vicioso siguió su curso con más huidas, maltratos físicos, vivencias en la calle, una violación y las mafias de la prostitución. Pero a los 16 años, una jueza –“la señora jueza”– fue la primera persona que realmente se ocupó de él; le consiguió un trabajo como aprendiz de escultor de gárgolas y, con esta profesión, Tim comenzó a ser alguien. Tras cumplir la mayoría de edad, el encuentro con otras personas clave le llevaron por un camino de renovación, de perdón y superación de aquella dramática espiral que asoló toda su vida.

Apoyado en el “Big Boss”, Tim es hoy un hombre de casi 50 años, que vive en el sudeste de Francia, cerca de Lourdes, y que está felizmente casado con Martine, con quien tiene cuatro hijos. Un hombre que acoge en su propia casa a personas con problemas, a las que orienta y da ánimos para que encuentren nuevos motivos para vivir, ofreciéndoles un techo y una mano amiga. Un hombre que no olvida la promesa que se hizo en su adolescencia: acoger a otros con las mismas necesidades que él sufrió.

Pero la misión de Tim no sólo se desarrolla en Francia, el culmen de su renovación interior fue escribir un libro autobiográfico (Más fuerte que el odio. Gedisa, 2003), donde desgrana con sencillez y sinceridad la historia de su vida. A partir de entonces, acude a donde le llaman para narrar su experiencia, demostrándole al mundo que “el hombre es libre de alterar su destino”.

Cuando piensa en su infancia, ¿cuál es su peor recuerdo?
El peor es haber estado tres años en la cama de un hospital por culpa de los golpes que me dio mi papá. Cuando bebía, no sabía lo que hacía y me pegaba sin darse cuenta. Lo que más me dolió es que durante ese tiempo de convalecencia, nunca tuve una visita.

Un día en el hospital, vio que a su compañero de habitación se le cayó el envoltorio de uno de los regalos que recibió. Usted cogió ese papel y lo escondió. Cuenta en su libro que, a pesar de su situación, este simple papel le ayudó a salir adelante... 

Sí, eso fue lo que me ayudó. El papel tenía el dibujo de un tren con vagones llenos de juguetes y un oso de peluche que movía su brazo. Lo escondí en los baños del final del pasillo y todos los días me arrastraba hasta allá (no podía andar) para ver mi papel a escondidas; me daba la impresión de que el osito me decía “¡Hola Tim!” y que me daba las buenas noches al final del día. Para mí era la única visita (esto demuestra que lo que desechan los demás puede ser importante para otros). Ese papel me dio un poco de calor y suscitó en mí el deseo de volver a caminar. Gracias a ese esfuerzo para ver mi papel de regalo, aprendí a andar nuevamente.

¿Qué se necesita para superar una situación como la que describe?

Siempre es necesaria la motivación. Yo soñaba que habían metido a mi papá en una lavadora y que llegaba todo nuevo. ¡Tenía tantas ganas de un beso!, o de una mirada, un gesto; pero tristemente nunca llegó... Un día ya no tuve ganas de eso, tuve ganas de vivir para matarlo; y el odio me dio fuerza.

Sin embargo, insiste en que el odio y la violencia no son genéticos, ¿cómo romper ese círculo vicioso?

Si una persona no sale de su entorno, no se da cuenta de cómo es en realidad y, por desgracia, reproduce esas actitudes inconscientemente. Cuando ves a personas que quieren y son queridas eso te ayuda a no reproducir malas conductas. Para los que no tienen cariño, ver a gente con amor es como mirar ese escaparate donde no se puede comprar. Sin embargo, puedes decir: “pues yo algún día viviré de otro modo”. Yo no he reproducido la violencia simplemente porque encontré a gente que me hizo desear cosas más positivas.

¿Qué le permitió olvidar y perdonar?

Ha sido un camino imprevisto en el que encontré a gente que dice en voz alta lo que tú piensas en bajito. Esos que van unos pasos por delante de ti, que han tenido una vida difícil y que ahora tienen una vida muy bella. Me preguntaba por qué y pensaba que yo también tendría una vida así en el futuro. Esa gente te da ambiciones, incluso sin que tú lo sepas. Por eso la mejor manera de ir en contra del destino es ir al encuentro de los demás; porque te dan ilusiones y te enseñan que la vida tiene otro paisaje.

Usted acoge en su familia a jóvenes con problemas, ¿qué les ofrece a diferencia del DASS (el servicio del Estado para niños abandonados)?

Es muy importante que esos jóvenes vean que la vida no es una fantasía, que hay otro modo de existir, que cuando uno comete un error puede pedir perdón e intentar no volver a hacerlo. Para que ellos se convenzan, lo tienen que ver en la práctica. Nosotros acogemos a los jóvenes y delante de ellos vivimos como una familia normal, por eso no es difícil para ellos imitarnos. Si fuéramos gente “perfecta” sería difícil imitarnos, pero justamente los roces que tenemos en la familia nos dan la oportunidad de crecer. Por eso, los jóvenes piensan: ¿y si yo también fuera capaz de mejorar?

¿Qué les diría a los jóvenes para animarlos a mirar más alto?

A los que tienen la suerte de tener una familia, les diría que es importante respetarla, honrarla y aceptarla; que ni aquellas personas a las que más queremos son perfectas. Muchas veces pregunto a la gente: “¿les has dicho a tus padres o a tus hijos que los quieres?”. Y la gente me dice: “ya lo saben”. Para criticar y decir lo malo, la gente no pone medida; sin embargo, cuando toca decir “te quiero” o “estoy orgulloso de ti” muchos se callan. Se anima a los futbolistas o a los ciclistas, pero es necesario que nos animemos entre nosotros. No es necesario ser un famoso para que alguien te anime. Y cuando los jóvenes ven eso, se producen cambios extraordinarios.





¿Qué influencia ha tenido su esposa sobre usted?

Mi mujer viene de un entorno completamente distinto, en el que no había problemas ni confusiones. Ella es diferente: es sencilla y vive sin complicaciones mentales. Conocía cosas que yo desconocía, tenía valores que me atraían... a veces los extremos se atraen. Y, ante todo, tuvo una mirada bella sobre mí porque si algunas veces soy guay, otras soy muy tonto. Cuando hablábamos yo le decía: “confía en mí y ya verás. Cambiaré”. Algunas cosas las cambiaba fácilmente pero en otras tenía que ponerme tres o cuatro veces. Ella ha tenido la paciencia y la delicadeza de creer en mí, incluso cuando yo dudaba de mí mismo.

¿Y sus hijos?

Los hijos son un regalo hermoso. Hay espejos para mirarse, peinarse y vestirse, pero el espejo para cambiar tu vida está en aquellos que más quieres. Porque uno solo no puede verse a sí mismo. No es suficiente con decirte que vas a cambiar. Los niños exigen que no te des a medias. Ser adulto es fácil, pero para ser una gran persona, se necesita a los niños.

Mis hijos me decían que no hubieran querido tener otro papá y eso me hacía sentir muy orgulloso. Me decían: “papá, has cambiado mucho, eso está muy bien, ya no te peleas”. Yo les digo a mis hijos: “si papá hace algo bien, decírselo; y si hace algo mal, también”. Mi reto es mejorar cada día.

Ha tenido momentos duros pero también luces en la oscuridad: encuentros hermosos como, por ejemplo, con la Madre Teresa de Calcuta en Roma...

Pues yo no lo hice a propósito, no sabía ni quién era. Para mí era una anciana. Eso es otro ejemplo de lo que ha pasado en mi vida: tener encuentros que si los hubiera buscado nunca los habría vivido. Para mí son caricias del “Big Boss”; la vida no sólo te trata mal, eso únicamente pasa en las malas películas. En la vida real, cuando se escucha a la gente que se ha levantado después de vivir situaciones difíciles, uno se da cuenta de que nadie se levanta solo. Yo mismo he tenido personas en mi camino: el indigente que me enseñó a leer, papá Gaby (su padre adoptivo de los servicios sociales del Estado), la buena jueza y el padre Thomas. Todos son como regalos. El regalo más bonito en la vida son las personas que uno ha querido y quiere; y se necesita la vida entera para conocerlas.

Cuando expone su testimonio de vida, ¿cree que ayuda a las personas que tienen problemas?

Yo nunca pido dar ninguna charla pero hay gente que me invita. Recibo muchos correos de personas que han cambiado su vida porque se dicen: “si Tim lo ha conseguido, yo también puedo”. Mucha gente afirma que mi testimonio le ha dado sentido a su vida. Algunos han dejado de beber o de ser violentos y vienen a darme las gracias. Pero yo no he hecho nada. Por ejemplo, la gente lee mi libro y piensa: “Tim no es mejor que yo, así que igual yo también puedo cambiar”.

Por desgracia, se necesita tiempo para que los demás se den cuenta de las cosas, por eso la gente no tiene que desesperarse a la hora de hacer el bien. El campesino, cuando siembra, no va al día siguiente a su campo a echarle la bronca a la tierra y a pedirle que se dé prisa en dar frutos. El amor que se da en este mundo es similar: no es para gente que tiene prisa.

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martes, junio 02, 2009

Entrevista en la radio sobre Medjugorje a Jesús García

Las apariciones en Medjugorje (Bosnia-Herzegovina) con el periodista Jesús García

Seguimos con Medjugorje: entrevista a Jesús García


Medjugorje es una pequeña aldea ubicada al sur de Bosnia y Herzegovina, en la Antigua Yugoslavia. Hasta 1981 era sencillamente un pueblecito más de los miles que hay repartidos por la vieja Europa. Pero la tarde del 24 de junio de ese año cambió para siempre la vida de seis niños de la aldea, la de todos sus habitantes y la de millones de personas en todo el mundo, que han sido tocados y transformados por un fenómeno que tuvo un gran eco mediático que los años no solo no han apagado, sino que no ha parado de crecer en todo el mundo a pesar de sufrir fuertes persecuciones, en un boca a boca mundial, sin portavoces oficiales, que se cuentan una maravillosa noticia uno a otros, algo bueno para este mundo tan convulso.
Lo cierto es que a día de hoy, la Iglesia Católica investiga un posible evento de apariciones marianas, al estilo de Lourdes o de Fátima, pero que al contrario que en esos dos eventos, están pudiendo ser estudiados mientras ocurren, y no cuando ya han ocurrido.


¿Este libro es un libro sobre apariciones, de testimonios, de peregrinos, de viajeros, una ‘guía’ para conocer Medjugorje…?


-Es un trabajo periodístico, en cuanto al periodismo entendido como ir, ver e informar, presentado como una peregrinación ficticia, un viaje hasta el lugar de los hechos en el que el guía del viaje sería el autor y los peregrinos los lectores. Así, a través de las páginas de este libro se visitan los lugares más importantes de esta historia, se entrevista a los protagonistas, se estudia la posición de las autoridades eclesiásticas locales y de fuera, se comparten historias y anécdotas con otros peregrinos y se escuchan testimonios de esos que ponen lo pelos de punta. Es, por decirlo de alguna manera, una peregrinación escrita a la que se invita a ir con apertura de mente, sin prejuicios ni aspavientos, para la que no hace falta ni saber rezar, ni querer rezar, ni pensar que se tenga que hacer. Es sencillamente leer por el sano ejercicio de conocer, de una manera entretenida. Nada más.

-¿Por qué escribir un libro sobre este lugar cuando aún la Iglesia no se ha pronunciado oficialmente sobre lo que acontece allí? Es numerosa la literatura que existe sobre estos fenómenos y muchas veces se encuentra el silencio, la mofa o el rechazo como respuesta.


-Por que está ocurriendo ahora y de ser cierto, nos lo estamos perdiendo. Y el que se mofe o lo rechace sin conocerlo, es un imprudente, por decirlo con educación. No me importan las mofas de los ignorantes ni el rechazo de los intelectuales de salón. A mí me importan las dudas de los que sí han estado allí y han vivido aquello. Ellos tienen todo mi respeto.
Hay que saber que en lo que a eventos de apariciones se refiere, la Iglesia no debe pronunciarse nunca a favor de su autenticidad mientras el evento esté transcurriendo, ya que sería una falta de prudencia y de rigor. Sería como hacer una crítica de una película cuando aún se está rodando, o escribir la crónica de un partido de fútbol cuando van por el descanso. O abrir un proceso de canonización de una persona que aún está viva. No, eso no sería serio.
Una vez dicho todo esto, mientras la Iglesia espera y observa, la gente no tiene por qué esperar su dictamen. Ten en cuenta que eso significaría perdérselo, ir cuando ya ha acabado. Y que a los católicos les quede claro que no pasa nada por ir allí ya, no es pecado y no está prohibido.
No seamos ingenuos. Medjugorje lleva ocurriendo ya casi treinta años, los peregrinos viajan allí en manadas, si me permite la expresión, y los testimonios de cosas sorprendentes que se dan allí son incontables. No hablo de batallitas ni de cosas graciosas que contar al volver de un viaje. Hablo de impactos profundos en las vidas de las personas, de cambios radicales en su comprensión y vivencia de diferentes aspectos que conformaban su vida. Y la Iglesia está dejando hacer, con inteligencia y prudencia. Por ahora tenemos que esperar, pero mientras tanto, no pasa nada por conocerlo uno mismo.
En mi opinión, me encantaría que, de ser cierto, la Iglesia nunca lo declarase, porque así el viajero irá allí ‘a pelo’, sin que nadie le haya hecho el trabajo, obligado a enfrentarse él solo a la posibilidad de que el fenómeno sea cierto. Por lo que he visto entre los peregrinos, esa es la mejor y más maravillosa vivencia de Medjugorje, se crea en Dios o no. Porque Medjugorje no es solo para católicos. Medjugorje es para valientes, personas inquietas y abiertas de mente, sean católicos o no. Eso sí, hay que ser muy valiente para abrir el corazón allí, porque de ser cierto, exige respuestas concretas.

-¿Se puede hablar ya de apariciones de la Virgen o hay que esperar el dictamen de la Iglesia para dar veracidad a estos hechos?


-No se puede decir que sea cierto, pero tampoco que no lo sea. La Iglesia no ha dicho nada, pero no pasa nada ni por creer ni por no creer que allí esté sucediendo eso. La Iglesia dice a sus fieles que en lo que tiene que creer es en el Credo, y ahí no dice nada de Medjugorje. En lo que a mí respecta, la verdad es que he estado allí en varias ocasiones y yo nunca he visto a la Virgen María. Lo que no puedo negar es que allí, se aparezca o no, pasa algo que no ocurre en ningún otro lugar y que es bueno para la gente, para el mundo y para la Iglesia. Eso es así. ¿Qué es ese ‘algo’ que ocurre allí? Teniendo en cuenta esto, y escuchando y viendo cosas que allí ocurren, no veo descabellada la postura de aquellos que creen que es cierto, aunque eso prefiero dejárselo a quien lo tenga que decir.

-¿Qué está ocurriendo en la actualidad en este lugar? ¿Es sólo un lugar de peregrinación o se siguen produciendo las apariciones?


-No, no, las apariciones se siguen dando. Los muchachos ya son mayores pero su vida ha seguido igual en este sentido desde 1981. Cada uno de ellos tiene sus apariciones con una frecuencia u otra, en unos lugares u otros, pero el evento sigue sucediendo. Esto ha dado la oportunidad de investigar los hechos mientras están sucediendo, no una vez sucedidos. Es muy divertido el capítulo dedicado a la ciencia y los exámenes hechos a los chavales durante esos momentos en que parecen ver a la Virgen María. Nadie ha podido desmentir el testimonio de esos chicos, y eso es algo muy serio, porque ellos no dicen “un día me pasó esto, hace mas de veinte años”. No, ellos dicen “hoy me pasa esto. Si quieres quedamos y me puedes examinar con todo tipo de aparatos mientras ocurre, a ver qué descubres”. Eso hace que esta historia sea asombrosa, que descomponga a las mentes más exhaustivas y meticulosas del mundo, tanto de la Iglesia como fuera de ella.
Ahora bien, mi experiencia es que una vez que llegas allí, las apariciones, los videntes, los milagros... Todo eso pasa a un segundo plano. Es increíble pero es verdad. Cuando llegas allí y te ves sumergido entre toda esa gente, en la vivencia del fenómeno, empiezas a importar solo tú y tu actitud ante un montón de cosas que en otro entorno no te planteas. Eso te da la oportunidad de descubrir errores que puedes corregir, y otras cosas que son muy buenas y que no habías disfrutado.

-¿Cómo y por qué te aproximas a este enclave de Bosnia?

-Aunque la historia tiene muchos recovecos, puedo situar mi primer contacto con el fenómeno Medjugorje cuando trabajaba en el Semanario Alba. Surgió la idea de viajar allí, miramos cada uno a una parte y no hubo voluntarios. Al final fui yo con un compañero y creo que éramos los menos indicados para hacer ese trabajo. Sin embargo, gracias a ese viaje creí tener conciencia por primera vez en mi vida, de que Dios pudiera existir y actuar en tu vida con profunda sabiduría y un amor enorme, extrañísimo pero auténtico, si le dejas un poquito.

-Millones de personas han pasado y pasarán por este santuario mariano. ¿Qué dice un lugar como éste a la sociedad actual, sea o no creyente?

-Pues lo que nos viene a decir es algo así como: “Oye, las cosas no van bien, tal vez tengas que pararte a pensar un rato sobre qué haces en este asunto que llamamos vida, cómo te planteas algunas cosas y si realmente estás tan seguro de que Dios exista o no exista”. Es un viaje que no defrauda y no deja indiferente, de verdad. Y mucho más divertido que ir al psicoanalista.

-Gente que va a Medjugorje repite varios mensajes, pero coincidentes en muchos casos en el perdón, la reconciliación y la conversión, ¿por qué?


- En el mundo en que vivimos estamos sumergidos en una tremenda competitividad fomentada por el afán de poseer, y en esa vorágine no nos damos cuenta de que, a veces, nos perdemos cosas fantásticas que nada tiene que ver con eso. La amistad verdadera, la salud, el amor, el sentirnos bien, la paz interior. El plan que propone Medjugorje es encontrar esa paz interior que es el origen de toda paz, y que no nos las dan las cosas del mundo, como en realidad ya sabemos todos.

-¿Por qué deberíamos leer su libro y por qué deberíamos ir a Medjugorje?

-A Medjugorje no debe ir nadie. Medjugorje es una invitación a la que responder si uno quiere. Yo la recomiendo, porque he estado allí y a mí me ha encantado. Pero cada uno es libre de hacer lo que quiera. Aunque creo que es como que te inviten a una fiesta sorprendente y quedarte en casa viendo la tele.
Y el libro es algo parecido, una propuesta que hago al lector de disfrutar, de leer por el sano interés de conocer, nada más. Son tantas las historias falsas y mal contadas que pululan sobre Medjugorje que te da pena que haya gente que se pueda perder una historia con conlleva tanto bien para las personas, en un momento en el que además, todos estamos muy necesitados de bien. Medjugorje realmente abre una ventanita en la tierra desde la que tal vez no se vea el cielo, pero sí que se puede oler. Tal vez no se vea, pero se huele. Y es una alegría. Puedo asegurar que este libro sorprende, tal vez no tanto por la valía de su autor, sino por lo asombroso al mismo tiempo que cercano de su historia. Está sucediendo ahora, y eso le hace al lector protagonista de ella.

Por Javier Fariñas


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