lunes, junio 22, 2009

Vigilia con motivo del 90 aniversario de la Consagración de España al Corazón de Jesús



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Resumen de la Vigilia con motivo del 90 aniversario de la Consagración de España al Corazón de Jesús. Gentileza de www.populartv.net

viernes, junio 19, 2009

Carta a los presbiteros por el año sacerdotal


CIUDAD DEL VATICANO, 18 JUN 2009 (VIS).-El Papa ha dirigido una carta a los presbíteros del mundo con motivo del Año Sacerdotal, en el 150 aniversario de la muerte de Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars.

Mañana, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y jornada de santificación sacerdotal, Benedicto XVI inaugurará este año jubilar durante la celebración de las vísperas en la basílica vaticana.

Este es el texto completo de la carta, que se ha publicado en inglés, francés, español, italiano, alemán, portugués y polaco:

"Queridos hermanos en el Sacerdocio:

He resuelto convocar oficialmente un "Año Sacerdotal" con ocasión del 150 aniversario del "dies natalis" de Juan María Vianney, el Santo Patrón de todos los párrocos del mundo, que comenzará el viernes 19 de junio de 2009, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús -jornada tradicionalmente dedicada a la oración por la santificación del clero-. Este año desea contribuir a promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo, y se concluirá en la misma solemnidad de 2010.

"El Sacerdocio es el amor del corazón de Jesús", repetía con frecuencia el Santo Cura de Ars. Esta conmovedora expresión nos da pie para reconocer con devoción y admiración el inmenso don que suponen los sacerdotes, no sólo para la Iglesia, sino también para la humanidad misma. Tengo presente a todos los presbíteros que con humildad repiten cada día las palabras y los gestos de Cristo a los fieles cristianos y al mundo entero, identificándose con sus pensamientos, deseos y sentimientos, así como con su estilo de vida. ¿Cómo no destacar sus esfuerzos apostólicos, su servicio infatigable y oculto, su caridad que no excluye a nadie? Y ¿qué decir de la fidelidad entusiasta de tantos sacerdotes que, a pesar de las dificultades e incomprensiones, perseveran en su vocación de "amigos de Cristo", llamados personalmente, elegidos y enviados por Él?



Todavía conservo en el corazón el recuerdo del primer párroco con el que comencé mi ministerio como joven sacerdote: fue para mí un ejemplo de entrega sin reservas al propio ministerio pastoral, llegando a morir cuando llevaba el viático a un enfermo grave. También repaso los innumerables hermanos que he conocido a lo largo de mi vida y últimamente en mis viajes pastorales a diversas naciones, comprometidos generosamente en el ejercicio cotidiano de su ministerio sacerdotal.



Pero la expresión utilizada por el Santo Cura de Ars evoca también la herida abierta en el Corazón de Cristo y la corona de espinas que lo circunda. Y así, pienso en las numerosas situaciones de sufrimiento que aquejan a muchos sacerdotes, porque participan de la experiencia humana del dolor en sus múltiples manifestaciones o por las incomprensiones de los destinatarios mismos de su ministerio: ¿Cómo no recordar tantos sacerdotes ofendidos en su dignidad, obstaculizados en su misión, a veces incluso perseguidos hasta ofrecer el supremo testimonio de la sangre?



Sin embargo, también hay situaciones, nunca bastante deploradas, en las que la Iglesia misma sufre por la infidelidad de algunos de sus ministros. En estos casos, es el mundo el que sufre el escándalo y el abandono. Ante estas situaciones, lo más conveniente para la Iglesia no es tanto resaltar escrupulosamente las debilidades de sus ministros, cuanto renovar el reconocimiento gozoso de la grandeza del don de Dios, plasmado en espléndidas figuras de Pastores generosos, religiosos llenos de amor a Dios y a las almas, directores espirituales clarividentes y pacientes. En este sentido, la enseñanza y el ejemplo de san Juan María Vianney pueden ofrecer un punto de referencia significativo.

El Cura de Ars era muy humilde, pero consciente de ser, como sacerdote, un inmenso don para su gente: "Un buen pastor, un pastor según el Corazón de Dios, es el tesoro más grande que el buen Dios puede conceder a una parroquia, y uno de los dones más preciosos de la misericordia divina". Hablaba del sacerdocio como si no fuera posible llegar a percibir toda la grandeza del don y de la tarea confiados a una criatura humana: "¡Oh, qué grande es el sacerdote! Si se diese cuenta, moriría... Dios le obedece: pronuncia dos palabras y Nuestro Señor baja del cielo al oír su voz y se encierra en una pequeña ostia...". Explicando a sus fieles la importancia de los sacramentos decía: "Si desapareciese el sacramento del Orden, no tendríamos al Señor. ¿Quién lo ha puesto en el sagrario? El sacerdote. ¿Quién ha recibido vuestra alma apenas nacidos? El sacerdote. ¿Quién la nutre para que pueda terminar su peregrinación? El sacerdote. ¿Quién la preparará para comparecer ante Dios, lavándola por última vez en la sangre de Jesucristo? El sacerdote, siempre el sacerdote. Y si esta alma llegase a morir [a causa del pecado], ¿quién la resucitará y le dará el descanso y la paz? También el sacerdote... ¡Después de Dios, el sacerdote lo es todo!... Él mismo sólo lo entenderá en el cielo".

Estas afirmaciones, nacidas del corazón sacerdotal del santo párroco, pueden parecer exageradas. Sin embargo, revelan la altísima consideración en que tenía el sacramento del sacerdocio. Parecía sobrecogido por un inmenso sentido de la responsabilidad: "Si comprendiéramos bien lo que representa un sacerdote sobre la tierra, moriríamos: no de pavor, sino de amor... Sin el sacerdote, la muerte y la pasión de Nuestro Señor no servirían de nada. El sacerdote continúa la obra de la redención sobre la tierra... ¿De qué nos serviría una casa llena de oro si no hubiera nadie que nos abriera la puerta? El sacerdote tiene la llave de los tesoros del cielo: él es quien abre la puerta; es el administrador del buen Dios; el administrador de sus bienes... Dejad una parroquia veinte años sin sacerdote y adorarán a las bestias... El sacerdote no es sacerdote para sí mismo, sino para vosotros".



Llegó a Ars, una pequeña aldea de 230 habitantes, advertido por el Obispo sobre la precaria situación religiosa: "No hay mucho amor de Dios en esa parroquia; usted lo pondrá". Bien sabía él que tendría que encarnar la presencia de Cristo dando testimonio de la ternura de la salvación: "Dios mío, concédeme la conversión de mi parroquia; acepto sufrir todo lo que quieras durante toda mi vida". Con esta oración comenzó su misión. El Santo Cura de Ars se dedicó a la conversión de su parroquia con todas sus fuerzas, insistiendo por encima de todo en la formación cristiana del pueblo que le había sido confiado.

Queridos hermanos en el Sacerdocio, pidamos al Señor Jesús la gracia de aprender también nosotros el método pastoral de san Juan María Vianney. En primer lugar, su total identificación con el propio ministerio. En Jesús, Persona y Misión tienden a coincidir: toda su obra salvífica era y es expresión de su "Yo filial", que está ante el Padre, desde toda la eternidad, en actitud de amorosa sumisión a su voluntad. De modo análogo y con toda humildad, también el sacerdote debe aspirar a esta identificación. Aunque no se puede olvidar que la eficacia sustancial del ministerio no depende de la santidad del ministro, tampoco se puede dejar de lado la extraordinaria fecundidad que se deriva de la confluencia de la santidad objetiva del ministerio con la subjetiva del ministro. El Cura de Ars emprendió en seguida esta humilde y paciente tarea de armonizar su vida como ministro con la santidad del ministerio confiado, "viviendo" incluso materialmente en su Iglesia parroquial: "En cuanto llegó, consideró la Iglesia como su casa... Entraba en la Iglesia antes de la aurora y no salía hasta después del Angelus de la tarde. Si alguno tenía necesidad de él, allí lo podía encontrar", se lee en su primera biografía.

La devota exageración del piadoso hagiógrafo no nos debe hacer perder de vista que el Santo Cura de Ars también supo "hacerse presente" en todo el territorio de su parroquia: visitaba sistemáticamente a los enfermos y a las familias; organizaba misiones populares y fiestas patronales; recogía y administraba dinero para sus obras de caridad y para las misiones; adornaba la iglesia y la dotaba de paramentos sacerdotales; se ocupaba de las niñas huérfanas de la "Providence" (un Instituto que fundó) y de sus formadoras; se interesaba por la educación de los niños; fundaba hermandades y llamaba a los laicos a colaborar con él.

Su ejemplo me lleva a poner de relieve los ámbitos de colaboración en los que se debe dar cada vez más cabida a los laicos, con los que los presbíteros forman un único pueblo sacerdotal y entre los cuales, en virtud del sacerdocio ministerial, están puestos "para llevar a todos a la unidad del amor: 'amándose mutuamente con amor fraterno, rivalizando en la estima mutua' (Rm 12, 10)". En este contexto, hay que tener en cuenta la encarecida recomendación del Concilio Vaticano II a los presbíteros de "reconocer sinceramente y promover la dignidad de los laicos y la función que tienen como propia en la misión de la Iglesia... Deben escuchar de buena gana a los laicos, teniendo fraternalmente en cuenta sus deseos y reconociendo su experiencia y competencia en los diversos campos de la actividad humana, para poder junto con ellos reconocer los signos de los tiempos".

El Santo Cura de Ars enseñaba a sus parroquianos sobre todo con el testimonio de su vida. De su ejemplo aprendían los fieles a orar, acudiendo con gusto al sagrario para hacer una visita a Jesús Eucaristía. "No hay necesidad de hablar mucho para orar bien", les enseñaba el Cura de Ars. "Sabemos que Jesús está allí, en el sagrario: abrámosle nuestro corazón, alegrémonos de su presencia. Ésta es la mejor oración". Y les persuadía: "Venid a comulgar, hijos míos, venid donde Jesús. Venid a vivir de Él para poder vivir con Él...". "Es verdad que no sois dignos, pero lo necesitáis". Dicha educación de los fieles en la presencia eucarística y en la comunión era particularmente eficaz cuando lo veían celebrar el Santo Sacrificio de la Misa. Los que asistían decían que "no se podía encontrar una figura que expresase mejor la adoración... Contemplaba la ostia con amor". Les decía: "Todas las buenas obras juntas no son comparables al Sacrificio de la Misa, porque son obras de hombres, mientras la Santa Misa es obra de Dios". Estaba convencido de que todo el fervor en la vida de un sacerdote dependía de la Misa: "La causa de la relajación del sacerdote es que descuida la Misa. Dios mío, ¡qué pena el sacerdote que celebra como si estuviese haciendo algo ordinario!". Siempre que celebraba, tenía la costumbre de ofrecer también la propia vida como sacrificio: "¡Cómo aprovecha a un sacerdote ofrecerse a Dios en sacrificio todas las mañanas!".

Esta identificación personal con el Sacrificio de la Cruz lo llevaba -con una sola moción interior- del altar al confesionario. Los sacerdotes no deberían resignarse nunca a ver vacíos sus confesonarios ni limitarse a constatar la indiferencia de los fieles hacia este sacramento. En Francia, en tiempos del Santo Cura de Ars, la confesión no era ni más fácil ni más frecuente que en nuestros días, pues el vendaval revolucionario había arrasado desde hacía tiempo la práctica religiosa. Pero él intentó por todos los medios, en la predicación y con consejos persuasivos, que sus parroquianos redescubriesen el significado y la belleza de la Penitencia sacramental, mostrándola como una íntima exigencia de la presencia eucarística. Supo iniciar así un "círculo virtuoso". Con su prolongado estar ante el sagrario en la Iglesia, consiguió que los fieles comenzasen a imitarlo, yendo a visitar a Jesús, seguros de que allí encontrarían también a su párroco, disponible para escucharlos y perdonarlos. Al final, una muchedumbre cada vez mayor de penitentes, provenientes de toda Francia, lo retenía en el confesionario hasta 16 horas al día. Se comentaba que Ars se había convertido en "el gran hospital de las almas". Su primer biógrafo afirma: "La gracia que conseguía [para que los pecadores se convirtiesen] era tan abundante que salía en su búsqueda sin dejarles un momento de tregua". En este mismo sentido, el Santo Cura de Ars decía: "No es el pecador el que vuelve a Dios para pedirle perdón, sino Dios mismo quien va tras el pecador y lo hace volver a Él". "Este buen Salvador está tan lleno de amor que nos busca por todas partes".

Todos los sacerdotes hemos de considerar como dirigidas personalmente a nosotros aquellas palabras que él ponía en boca de Jesús: "Encargaré a mis ministros que anuncien a los pecadores que estoy siempre dispuesto a recibirlos, que mi misericordia es infinita". Los sacerdotes podemos aprender del Santo Cura de Ars no sólo una confianza infinita en el sacramento de la Penitencia, que nos impulse a ponerlo en el centro de nuestras preocupaciones pastorales, sino también el método del "diálogo de salvación" que en él se debe entablar. El Cura de Ars se comportaba de manera diferente con cada penitente. Quien se acercaba a su confesionario con una necesidad profunda y humilde del perdón de Dios, encontraba en él palabras de ánimo para sumergirse en el "torrente de la divina misericordia" que arrastra todo con su fuerza. Y si alguno estaba afligido por su debilidad e inconstancia, con miedo a futuras recaídas, el Cura de Ars le revelaba el secreto de Dios con una expresión de una belleza conmovedora: "El buen Dios lo sabe todo. Antes incluso de que se lo confeséis, sabe ya que pecaréis nuevamente y sin embargo os perdona. ¡Qué grande es el amor de nuestro Dios que le lleva incluso a olvidar voluntariamente el futuro, con tal de perdonarnos!". A quien, en cambio, se acusaba de manera fría y casi indolente, le mostraba, con sus propias lágrimas, la evidencia seria y dolorosa de lo "abominable" de su actitud: "Lloro porque vosotros no lloráis", decía. "Si el Señor no fuese tan bueno... pero lo es. Hay que ser un bárbaro para comportarse de esta manera ante un Padre tan bueno". Provocaba el arrepentimiento en el corazón de los tibios, obligándoles a ver con sus propios ojos el sufrimiento de Dios por los pecados como "encarnado" en el rostro del sacerdote que los confesaba. Si alguno manifestaba deseos y actitudes de una vida espiritual más profunda, le mostraba abiertamente las profundidades del amor, explicándole la inefable belleza de vivir unidos a Dios y estar en su presencia: "Todo bajo los ojos de Dios, todo con Dios, todo para agradar a Dios... ¡Qué maravilla!". Y les enseñaba a orar: "Dios mío, concédeme la gracia de amarte tanto cuanto yo sea capaz".

El Cura de Ars consiguió en su tiempo cambiar el corazón y la vida de muchas personas, porque fue capaz de hacerles sentir el amor misericordioso del Señor. Urge también en nuestro tiempo un anuncio y un testimonio similar de la verdad del Amor: "Deus caritas est" (1 Jn 4, 8). Con la Palabra y con los Sacramentos de su Jesús, Juan María Vianney edificaba a su pueblo, aunque a veces se agitaba interiormente porque no se sentía a la altura, hasta el punto de pensar muchas veces en abandonar las responsabilidades del ministerio parroquial para el que se sentía indigno. Sin embargo, con un sentido de la obediencia ejemplar, permaneció siempre en su puesto, porque lo consumía el celo apostólico por la salvación de las almas. Se entregaba totalmente a su propia vocación y misión con una ascesis severa: "La mayor desgracia para nosotros los párrocos -deploraba el Santo- es que el alma se endurezca"; con esto se refería al peligro de que el pastor se acostumbre al estado de pecado o indiferencia en que viven muchas de sus ovejas.

Dominaba su cuerpo con vigilias y ayunos para evitar que opusiera resistencia a su alma sacerdotal. Y se mortificaba voluntariamente en favor de las almas que le habían sido confiadas y para unirse a la expiación de tantos pecados oídos en confesión. A un hermano sacerdote, le explicaba: "Le diré cuál es mi receta: doy a los pecadores una penitencia pequeña y el resto lo hago yo por ellos". Más allá de las penitencias concretas que el Cura de Ars hacía, el núcleo de su enseñanza sigue siendo en cualquier caso válido para todos: las almas cuestan la sangre de Cristo y el sacerdote no puede dedicarse a su salvación sin participar personalmente en el "alto precio" de la redención.

En la actualidad, como en los tiempos difíciles del Cura de Ars, es preciso que los sacerdotes, con su vida y obras, se distingan por un vigoroso testimonio evangélico. Pablo VI ha observado oportunamente: "El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escucha a los que enseñan, es porque dan testimonio". Para que no nos quedemos existencialmente vacíos, comprometiendo con ello la eficacia de nuestro ministerio, debemos preguntarnos constantemente: "¿Estamos realmente impregnados por la palabra de Dios? ¿Es ella en verdad el alimento del que vivimos, más que lo que pueda ser el pan y las cosas de este mundo? ¿La conocemos verdaderamente? ¿La amamos? ¿Nos ocupamos interiormente de esta palabra hasta el punto de que realmente deja una impronta en nuestra vida y forma nuestro pensamiento?". Así como Jesús llamó a los Doce para que estuvieran con Él (cf. Mc 3, 14), y sólo después los mandó a predicar, también en nuestros días los sacerdotes están llamados a asimilar el "nuevo estilo de vida" que el Señor Jesús inauguró y que los Apóstoles hicieron suyo.

La identificación sin reservas con este "nuevo estilo de vida" caracterizó la dedicación al ministerio del Cura de Ars. El Papa Juan XXIII en la Carta encíclica "Sacerdotii nostri primordia", publicada en 1959, en el primer centenario de la muerte de san Juan María Vianney, presentaba su fisonomía ascética refiriéndose particularmente a los tres consejos evangélicos, considerados como necesarios también para los presbíteros: "Y, si para alcanzar esta santidad de vida, no se impone al sacerdote, en virtud del estado clerical, la práctica de los consejos evangélicos, ciertamente que a él, y a todos los discípulos del Señor, se le presenta como el camino real de la santificación cristiana".

El Cura de Ars supo vivir los "consejos evangélicos" de acuerdo a su condición de presbítero. En efecto, su pobreza no fue la de un religioso o un monje, sino la que se pide a un sacerdote: a pesar de manejar mucho dinero (ya que los peregrinos más pudientes se interesaban por sus obras de caridad), era consciente de que todo era para su iglesia, sus pobres, sus huérfanos, sus niñas de la "Providence", sus familias más necesitadas. Por eso "era rico para dar a los otros y era muy pobre para sí mismo". Y explicaba: "Mi secreto es simple: dar todo y no conservar nada". Cuando se encontraba con las manos vacías, decía contento a los pobres que le pedían: "Hoy soy pobre como vosotros, soy uno de vosotros". Así, al final de su vida, pudo decir con absoluta serenidad: "No tengo nada... Ahora el buen Dios me puede llamar cuando quiera". También su castidad era la que se pide a un sacerdote para su ministerio. Se puede decir que era la castidad que conviene a quien debe tocar habitualmente con sus manos la Eucaristía y contemplarla con todo su corazón arrebatado y con el mismo entusiasmo la distribuye a sus fieles. Decían de él que "la castidad brillaba en su mirada", y los fieles se daban cuenta cuando clavaba la mirada en el sagrario con los ojos de un enamorado. También la obediencia de san Juan María Vianney quedó plasmada totalmente en la entrega abnegada a las exigencias cotidianas de su ministerio. Se sabe cuánto le atormentaba no sentirse idóneo para el ministerio parroquial y su deseo de retirarse "a llorar su pobre vida, en soledad". Sólo la obediencia y la pasión por las almas conseguían convencerlo para seguir en su puesto. A los fieles y a sí mismo explicaba: "No hay dos maneras buenas de servir a Dios. Hay una sola: servirlo como Él quiere ser servido". Consideraba que la regla de oro para una vida obediente era: "Hacer sólo aquello que puede ser ofrecido al buen Dios".

En el contexto de la espiritualidad apoyada en la práctica de los consejos evangélicos, me complace invitar particularmente a los sacerdotes, en este Año dedicado a ellos, a percibir la nueva primavera que el Espíritu está suscitando en nuestros días en la Iglesia, a la que los Movimientos eclesiales y las nuevas Comunidades han contribuido positivamente. "El Espíritu es multiforme en sus dones... Él sopla donde quiere. Lo hace de modo inesperado, en lugares inesperados y en formas nunca antes imaginadas... Él quiere vuestra multiformidad y os quiere para el único Cuerpo". A este propósito vale la indicación del Decreto Presbyterorum ordinis: "Examinando los espíritus para ver si son de Dios, [los presbíteros] han de descubrir mediante el sentido de la fe los múltiples carismas de los laicos, tanto los humildes como los más altos, reconocerlos con alegría y fomentarlos con empeño". Dichos dones, que llevan a muchos a una vida espiritual más elevada, pueden hacer bien no sólo a los fieles laicos sino también a los ministros mismos. La comunión entre ministros ordenados y carismas "puede impulsar un renovado compromiso de la Iglesia en el anuncio y en el testimonio del Evangelio de la esperanza y de la caridad en todos los rincones del mundo".

Quisiera añadir además, en línea con la Exhortación apostólica "Pastores dabo vobis" del Papa Juan Pablo II, que el ministerio ordenado tiene una radical "forma comunitaria" y sólo puede ser desempeñado en la comunión de los presbíteros con su Obispo. Es necesario que esta comunión entre los sacerdotes y con el propio Obispo, basada en el sacramento del Orden y manifestada en la concelebración eucarística, se traduzca en diversas formas concretas de fraternidad sacerdotal efectiva y afectiva. Sólo así los sacerdotes sabrán vivir en plenitud el don del celibato y serán capaces de hacer florecer comunidades cristianas en las cuales se repitan los prodigios de la primera predicación del Evangelio.

El Año Paulino que está para concluir orienta nuestro pensamiento también hacia el Apóstol de los gentiles, en quien podemos ver un espléndido modelo sacerdotal, totalmente "entregado" a su ministerio. "Nos apremia el amor de Cristo -escribía-, al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron" (2 Co 5, 14). Y añadía: "Cristo murió por todos, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos" (2 Co 5, 15). ¿Qué mejor programa se podría proponer a un sacerdote que quiera avanzar en el camino de la perfección cristiana?

Queridos sacerdotes, la celebración del 150 aniversario de la muerte de San Juan María Vianney (1859) viene inmediatamente después de las celebraciones apenas concluidas del 150 aniversario de las apariciones de Lourdes (1858). Ya en 1959, el Beato Papa Juan XXIII había hecho notar: "Poco antes de que el Cura de Ars terminase su carrera tan llena de méritos, la Virgen Inmaculada se había aparecido en otra región de Francia a una joven humilde y pura, para comunicarle un mensaje de oración y de penitencia, cuya inmensa resonancia espiritual es bien conocida desde hace un siglo. En realidad, la vida de este sacerdote cuya memoria celebramos, era anticipadamente una viva ilustración de las grandes verdades sobrenaturales enseñadas a la vidente de Massabielle. Él mismo sentía una devoción vivísima hacia la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen; él, que ya en 1836 había consagrado su parroquia a María concebida sin pecado, y que con tanta fe y alegría había de acoger la definición dogmática de 1854". El Santo Cura de Ars recordaba siempre a sus fieles que "Jesucristo, cuando nos dio todo lo que nos podía dar, quiso hacernos herederos de lo más precioso que tenía, es decir de su Santa Madre".

Confío este Año Sacerdotal a la Santísima Virgen María, pidiéndole que suscite en cada presbítero un generoso y renovado impulso de los ideales de total donación a Cristo y a la Iglesia que inspiraron el pensamiento y la tarea del Santo Cura de Ars. Con su ferviente vida de oración y su apasionado amor a Jesús crucificado, Juan María Vianney alimentó su entrega cotidiana sin reservas a Dios y a la Iglesia. Que su ejemplo fomente en los sacerdotes el testimonio de unidad con el Obispo, entre ellos y con los laicos, tan necesario hoy como siempre. A pesar del mal que hay en el mundo, conservan siempre su actualidad las palabras de Cristo a sus discípulos en el Cenáculo: "En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo" (Jn 16, 33). La fe en el Maestro divino nos da la fuerza para mirar con confianza el futuro. Queridos sacerdotes, Cristo cuenta con vosotros. A ejemplo del Santo Cura de Ars, dejaos conquistar por Él y seréis también vosotros, en el mundo de hoy, mensajeros de esperanza, reconciliación y paz".

martes, junio 16, 2009

Un regalo para Nuestra Señora en Medjugorje: novena

Comienza el 16 de Junio!
Medjugorje 1981 – 2009

¿Qué ofrecerle a Nuestra Señora por el 28º aniversario de sus apariciones? ¿Qué podemos ofrecerle a la Reina de la Paz por este aniversario de sus apariciones?

Esta es la pregunta que se hacen muchos peregrinos, y nosotros respondemos con otra pregunta: ¿No sería el regalo más precioso que comenzáramos a vivir realmente sus mensajes?

El tema principal de los mensajes es la llamada a la paz y la reconciliación, pero Ella subraya a menudo que sólo podremos obtenerlas a través de la oración. Por eso es que Ella nos llama incesantemente a orar, a renovar la oración hasta que se convierta en gozo para nosotros, a orar con el corazón...

Hemos compuesto una sencilla novena con el profundo deseo de ofrecer algo especial a Nuestra Señora para este Aniversario, algo que una a todos sus hijos en el mundo entero, algo que nos ayude a vivir sus mensajes.

¿Por qué una Novena?
La idea de la Novena proviene del Nuevo Testamento, cuando María y los Apóstoles, 40 días después de la Resurrección de Jesús, permanecieron en oración por nueve días consecutivos. Ellos oraron con un solo corazón y perseveraron en la oración, esperando la venida del Espíritu Santo, el Paráclito, que les había sido prometido y quien los llenó cuando se cumplió el tiempo de Pentecostés (Hch 2,1). Desde entonces, las Novenas se han vuelto una práctica frecuente en la tradición de la Iglesia. También en Medjugorje, la Virgen nos llama: Queridos hijos, ofrezcan novenas, haciendo sacrificios a los cuales se sientan de lo más dispuestos. (Julio 25 de 1993)

¿Cómo rezar esta Novena?
Cada día está dedicado a orar por una intención especial. Rezamos por esta intención, meditando en los textos propuestos, por medio de los Misterios Gloriosos del Rosario. El primer texto es un pasaje del Evangelio, el segundo - un mensaje de Nuestra Señora de alguno de los aniversarios previos, y el tercero - un pasaje del Catecismo de la Iglesia Católica. Estos han sido elegidos para dar una triple perspectiva de la intención de oración: un Evangelio, un pensamiento mariano (por medio de los mensajes de Medjugorje) y la visión eclesial, para ayudar a la persona que guía la oración e introduce los Misterios. Los pasajes del Catecismo sobre la oración nos muestran la riqueza, la profundidad y la inmensidad de la experiencia de la oración cristiana, la cual nos recuerda la Virgen aquí en Medjugorje. La oración conclusiva reúne todas las intenciones de oración respecto a la intención del día.

Unidos hacia algo nuevo
Creemos que esta unión en la oración traerá una nueva experiencia del amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. Esta experiencia es siempre un nuevo comienzo, un pasaje a un nuevo nivel de existencia. Las guerras reales, las guerras de nuestras dudas e incredulidad, pueden ser detenidas e incluso las leyes naturales pueden ser cambiadas a través de la oración. Esperamos, sinceramente, que nuestra oración en común, unidos en el Corazón de María por la victoria de su Corazón Inmaculado, nos obtendrán la conversión de nuestros corazones y nuestras vidas y constituirán además el regalo más precioso para Nuestra Señora.

Fuente: http://fcpeace.com/spanish

Novena MRP.pdf pulse aquí: http://www.virgendemedjugorje.org/pdf/novena%20MRP.pdf

Adopcion Espiritual

sábado, junio 13, 2009

Pange lingua



Anton Bruckner: Motette

miércoles, junio 03, 2009

martes, junio 02, 2009

Entrevista en la radio sobre Medjugorje a Jesús García

Las apariciones en Medjugorje (Bosnia-Herzegovina) con el periodista Jesús García

Seguimos con Medjugorje: entrevista a Jesús García


Medjugorje es una pequeña aldea ubicada al sur de Bosnia y Herzegovina, en la Antigua Yugoslavia. Hasta 1981 era sencillamente un pueblecito más de los miles que hay repartidos por la vieja Europa. Pero la tarde del 24 de junio de ese año cambió para siempre la vida de seis niños de la aldea, la de todos sus habitantes y la de millones de personas en todo el mundo, que han sido tocados y transformados por un fenómeno que tuvo un gran eco mediático que los años no solo no han apagado, sino que no ha parado de crecer en todo el mundo a pesar de sufrir fuertes persecuciones, en un boca a boca mundial, sin portavoces oficiales, que se cuentan una maravillosa noticia uno a otros, algo bueno para este mundo tan convulso.
Lo cierto es que a día de hoy, la Iglesia Católica investiga un posible evento de apariciones marianas, al estilo de Lourdes o de Fátima, pero que al contrario que en esos dos eventos, están pudiendo ser estudiados mientras ocurren, y no cuando ya han ocurrido.


¿Este libro es un libro sobre apariciones, de testimonios, de peregrinos, de viajeros, una ‘guía’ para conocer Medjugorje…?


-Es un trabajo periodístico, en cuanto al periodismo entendido como ir, ver e informar, presentado como una peregrinación ficticia, un viaje hasta el lugar de los hechos en el que el guía del viaje sería el autor y los peregrinos los lectores. Así, a través de las páginas de este libro se visitan los lugares más importantes de esta historia, se entrevista a los protagonistas, se estudia la posición de las autoridades eclesiásticas locales y de fuera, se comparten historias y anécdotas con otros peregrinos y se escuchan testimonios de esos que ponen lo pelos de punta. Es, por decirlo de alguna manera, una peregrinación escrita a la que se invita a ir con apertura de mente, sin prejuicios ni aspavientos, para la que no hace falta ni saber rezar, ni querer rezar, ni pensar que se tenga que hacer. Es sencillamente leer por el sano ejercicio de conocer, de una manera entretenida. Nada más.

-¿Por qué escribir un libro sobre este lugar cuando aún la Iglesia no se ha pronunciado oficialmente sobre lo que acontece allí? Es numerosa la literatura que existe sobre estos fenómenos y muchas veces se encuentra el silencio, la mofa o el rechazo como respuesta.


-Por que está ocurriendo ahora y de ser cierto, nos lo estamos perdiendo. Y el que se mofe o lo rechace sin conocerlo, es un imprudente, por decirlo con educación. No me importan las mofas de los ignorantes ni el rechazo de los intelectuales de salón. A mí me importan las dudas de los que sí han estado allí y han vivido aquello. Ellos tienen todo mi respeto.
Hay que saber que en lo que a eventos de apariciones se refiere, la Iglesia no debe pronunciarse nunca a favor de su autenticidad mientras el evento esté transcurriendo, ya que sería una falta de prudencia y de rigor. Sería como hacer una crítica de una película cuando aún se está rodando, o escribir la crónica de un partido de fútbol cuando van por el descanso. O abrir un proceso de canonización de una persona que aún está viva. No, eso no sería serio.
Una vez dicho todo esto, mientras la Iglesia espera y observa, la gente no tiene por qué esperar su dictamen. Ten en cuenta que eso significaría perdérselo, ir cuando ya ha acabado. Y que a los católicos les quede claro que no pasa nada por ir allí ya, no es pecado y no está prohibido.
No seamos ingenuos. Medjugorje lleva ocurriendo ya casi treinta años, los peregrinos viajan allí en manadas, si me permite la expresión, y los testimonios de cosas sorprendentes que se dan allí son incontables. No hablo de batallitas ni de cosas graciosas que contar al volver de un viaje. Hablo de impactos profundos en las vidas de las personas, de cambios radicales en su comprensión y vivencia de diferentes aspectos que conformaban su vida. Y la Iglesia está dejando hacer, con inteligencia y prudencia. Por ahora tenemos que esperar, pero mientras tanto, no pasa nada por conocerlo uno mismo.
En mi opinión, me encantaría que, de ser cierto, la Iglesia nunca lo declarase, porque así el viajero irá allí ‘a pelo’, sin que nadie le haya hecho el trabajo, obligado a enfrentarse él solo a la posibilidad de que el fenómeno sea cierto. Por lo que he visto entre los peregrinos, esa es la mejor y más maravillosa vivencia de Medjugorje, se crea en Dios o no. Porque Medjugorje no es solo para católicos. Medjugorje es para valientes, personas inquietas y abiertas de mente, sean católicos o no. Eso sí, hay que ser muy valiente para abrir el corazón allí, porque de ser cierto, exige respuestas concretas.

-¿Se puede hablar ya de apariciones de la Virgen o hay que esperar el dictamen de la Iglesia para dar veracidad a estos hechos?


-No se puede decir que sea cierto, pero tampoco que no lo sea. La Iglesia no ha dicho nada, pero no pasa nada ni por creer ni por no creer que allí esté sucediendo eso. La Iglesia dice a sus fieles que en lo que tiene que creer es en el Credo, y ahí no dice nada de Medjugorje. En lo que a mí respecta, la verdad es que he estado allí en varias ocasiones y yo nunca he visto a la Virgen María. Lo que no puedo negar es que allí, se aparezca o no, pasa algo que no ocurre en ningún otro lugar y que es bueno para la gente, para el mundo y para la Iglesia. Eso es así. ¿Qué es ese ‘algo’ que ocurre allí? Teniendo en cuenta esto, y escuchando y viendo cosas que allí ocurren, no veo descabellada la postura de aquellos que creen que es cierto, aunque eso prefiero dejárselo a quien lo tenga que decir.

-¿Qué está ocurriendo en la actualidad en este lugar? ¿Es sólo un lugar de peregrinación o se siguen produciendo las apariciones?


-No, no, las apariciones se siguen dando. Los muchachos ya son mayores pero su vida ha seguido igual en este sentido desde 1981. Cada uno de ellos tiene sus apariciones con una frecuencia u otra, en unos lugares u otros, pero el evento sigue sucediendo. Esto ha dado la oportunidad de investigar los hechos mientras están sucediendo, no una vez sucedidos. Es muy divertido el capítulo dedicado a la ciencia y los exámenes hechos a los chavales durante esos momentos en que parecen ver a la Virgen María. Nadie ha podido desmentir el testimonio de esos chicos, y eso es algo muy serio, porque ellos no dicen “un día me pasó esto, hace mas de veinte años”. No, ellos dicen “hoy me pasa esto. Si quieres quedamos y me puedes examinar con todo tipo de aparatos mientras ocurre, a ver qué descubres”. Eso hace que esta historia sea asombrosa, que descomponga a las mentes más exhaustivas y meticulosas del mundo, tanto de la Iglesia como fuera de ella.
Ahora bien, mi experiencia es que una vez que llegas allí, las apariciones, los videntes, los milagros... Todo eso pasa a un segundo plano. Es increíble pero es verdad. Cuando llegas allí y te ves sumergido entre toda esa gente, en la vivencia del fenómeno, empiezas a importar solo tú y tu actitud ante un montón de cosas que en otro entorno no te planteas. Eso te da la oportunidad de descubrir errores que puedes corregir, y otras cosas que son muy buenas y que no habías disfrutado.

-¿Cómo y por qué te aproximas a este enclave de Bosnia?

-Aunque la historia tiene muchos recovecos, puedo situar mi primer contacto con el fenómeno Medjugorje cuando trabajaba en el Semanario Alba. Surgió la idea de viajar allí, miramos cada uno a una parte y no hubo voluntarios. Al final fui yo con un compañero y creo que éramos los menos indicados para hacer ese trabajo. Sin embargo, gracias a ese viaje creí tener conciencia por primera vez en mi vida, de que Dios pudiera existir y actuar en tu vida con profunda sabiduría y un amor enorme, extrañísimo pero auténtico, si le dejas un poquito.

-Millones de personas han pasado y pasarán por este santuario mariano. ¿Qué dice un lugar como éste a la sociedad actual, sea o no creyente?

-Pues lo que nos viene a decir es algo así como: “Oye, las cosas no van bien, tal vez tengas que pararte a pensar un rato sobre qué haces en este asunto que llamamos vida, cómo te planteas algunas cosas y si realmente estás tan seguro de que Dios exista o no exista”. Es un viaje que no defrauda y no deja indiferente, de verdad. Y mucho más divertido que ir al psicoanalista.

-Gente que va a Medjugorje repite varios mensajes, pero coincidentes en muchos casos en el perdón, la reconciliación y la conversión, ¿por qué?


- En el mundo en que vivimos estamos sumergidos en una tremenda competitividad fomentada por el afán de poseer, y en esa vorágine no nos damos cuenta de que, a veces, nos perdemos cosas fantásticas que nada tiene que ver con eso. La amistad verdadera, la salud, el amor, el sentirnos bien, la paz interior. El plan que propone Medjugorje es encontrar esa paz interior que es el origen de toda paz, y que no nos las dan las cosas del mundo, como en realidad ya sabemos todos.

-¿Por qué deberíamos leer su libro y por qué deberíamos ir a Medjugorje?

-A Medjugorje no debe ir nadie. Medjugorje es una invitación a la que responder si uno quiere. Yo la recomiendo, porque he estado allí y a mí me ha encantado. Pero cada uno es libre de hacer lo que quiera. Aunque creo que es como que te inviten a una fiesta sorprendente y quedarte en casa viendo la tele.
Y el libro es algo parecido, una propuesta que hago al lector de disfrutar, de leer por el sano interés de conocer, nada más. Son tantas las historias falsas y mal contadas que pululan sobre Medjugorje que te da pena que haya gente que se pueda perder una historia con conlleva tanto bien para las personas, en un momento en el que además, todos estamos muy necesitados de bien. Medjugorje realmente abre una ventanita en la tierra desde la que tal vez no se vea el cielo, pero sí que se puede oler. Tal vez no se vea, pero se huele. Y es una alegría. Puedo asegurar que este libro sorprende, tal vez no tanto por la valía de su autor, sino por lo asombroso al mismo tiempo que cercano de su historia. Está sucediendo ahora, y eso le hace al lector protagonista de ella.

Por Javier Fariñas


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sábado, mayo 30, 2009

Medjugorje, el milagro comprobable

No diría yo que es un libro bien construido, una crónica que engarce el ayer con el mañana con trasbordo en el día de hoy. No, tiene la estructura lineal de un escrito notarial. Pero debo ser muy poco esteta porque este libro es un jalón en mis lecturas, que no tienen muchos, con la excepción de todas y cada una de las obras de Gilbert K. Chesterton, naturalmente. Hablo de Medjugorje, obra de Jesús García, editado cómo no, por LibrosLibres, esa casa editorial irrepetible, del irrepetible Alex Rosal.



Poco sabía de esa aldea bosnia, perteneciente al arzobispado de Mostar, perdida detrás de la vuelta del mundo. Los acontecimientos cinematográficos siempre ocurren en Nueva York pero la Madre del Creador del universo prefiere comunicarse visualmente con los hombres en una aldea bosnia donde nadie iría de vacaciones, quizás porque los dioses no precisan publicidad y los hombres vivimos de ella. Desde 1981, la Santísima Virgen se aparece a seis adolescentes -ya no lo son- con una extraordinaria peculiaridad: se les sigue apareciendo, a tres de ellos, diariamente. Sí, han leído bien: se les sigue apareciendo a los seis, y a tres de ellos, diariamente.
Y también: la ciencia -hermoso nombre- ha auscultado hasta la saciedad a los seis infelices -lo digo por lo de la paciencia que hay que tener con los científicos-. Les han examinado médicos y psicólogos de todos los colores, además de un buen número de policías cuyos métodos eran un poco más expeditivos y menos tediosos que los de los científicos, pero igualmente desagradables. Y sí: mientras los agraciados ven -y hablan- a la Señora, les puedes pinchar, situar ante los ojos el haz luminoso más cegador o en los oídos los 40 principales a todo volumen: ni se inmutan, ni se enteran. Estamos ante un milagro comprobable.

Entonces, ¿por qué no es más famoso Medjugorje? Esto nos llevaría a todo un tratado sobre semiología y semántica, incluso semiótica, en la sociedad de la información pero podemos ahorrarnos el esfuerzo si aceptamos que, en el siglo XXI, nada detiene el fluir informativo con la única excepción del prejuicio.

Especialmente en España, paraíso del prejuicio. Es triste escuchar a Iván Dragicevic, uno de los videntes, cuando asegura que, de todo Occidente, España es el único país desde el que jamás le han llamado para hablar de las apariciones y de los mensajes de la Señora. Precisamente España, la "tierra de María". Y aún más duro escuchar a otra de las videntes, Vicka Bijakovici: "No es que en España no hayáis sido llamados, como los demás. Lo que se nota es la respuesta, el cuánto hemos respondido a la llamada de la Virgen".

Y, también, esto es lo que distingue a Medjugorje de Garabandal (Cantabria,1961): los videntes bosnios fueron fieles a los cometidos de la Madre -que, como buena Madre, es exigente con sus hijos-. Por el contrario, las niñas-adolescentes de Garabandal (una de ellas acaba de morir) no. Y semejante parangón puede establecerse respecto al comportamiento de la jerarquía respecto a las apariciones: ningún apoyo en España y, aunque en Medjugorje los dos últimos obispos de la zona -Mostar- se han convertido en adversarios de las apariciones, Medjugorje ha contado desde el comienzo con una gran aliado: Juan Pablo II.

Luego viene lo del morbo: no es ningún secreto para nadie -aunque pocos se atreven a decirlo para que no les tomen por locos- que las apariciones marianas se han acelerado en el siglo XX y que en todas ellas, se apunta a fin de ciclo, lo que tantos llaman fin del mundo y otros prefieren el término más documentado de juicio de las naciones, que no tiene por qué coincidir con aquel... No debería producirnos reconcomio alguno el hecho de hablar del fin del mundo porque, como asegura Leonardo Castellani, sin duda la cumbre del estudio del Apocalipsis en el mundo moderno, negar el fin del mundo es negar el Credo -"y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos"- y todo el dogma cristiano, que se basa en tres hechos: creación, redención y parusía.

Pues bien, Garabandal centró esas profecías marianas sobre el fin del mundo en la ya conocido -al menor entre quienes se ocupan de estos temas, a veces demasiado- el triángulo aviso/milagro/castigo. Por su parte, Medjugorje también tiene su propia historia milenarista. Y ojo, porque es muy habitual entre los videntes despreciara el morbo que tanto nos atrae al resto de los

mortales, porque, a fin de cuentas, el fin del mundo para cada uno no es más que su propia muerte. Otra de las videntes, Mirjana Bijakovici, lo explica así para la pluma de García: "La Gospa (Virgen María en croata), quiere que estemos preparado para presentarnos ante Dios cuando llegue nuestro momento y no perder el tiempo hablando del futuro".

Pero claro, aquí se da le mismo efecto del discurso escatológico de Cristo: no sabéis el día ni la hora pero nos proporciona pistas para conocer el momento, por lo que, me temo que la reflexión sobre el asunto no es ociosa. Especialmente si consideramos que, a la luz de los últimos tiempos, se interpretan mejor los tiempos de ahora mismo.
Porque, a fin de cuentas, según el mensaje mariano que nos trasmite otro de los videntes e Medjugorje: "Lo que he empezado en Fátima (1917) lo acabaré en Medjugorje (1981 y siguientes), mi corazón vencerá".
Si quiere un consejo, corra la librería más próxima y compre este libro. Es demasiado importante como para dejarlo a un lado. Es un milagro comprobable y una rigurosa interpretación de eso que nos tiene tan confundidos: lo que pasa en el mundo.


Eulogio López

eulogio@hispanidad.com

martes, mayo 26, 2009

Urbanidad de la piedad

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Me ha gustado esto de Rebeca Reynaud y Dr. E. Volpacchio


En la vida social hay unas formas, unas "reglas" de buena educación y hasta un protocolo. Una persona se muestra a sí misma, también a través de ellas. También hay unos modos de tratar a Dios y de estar en una iglesia. Se la podría llamar la urbanidad de la piedad.

Hay una distancia infinita entre Dios y el hombre: el amor y la confianza que proceden de la filiación divina no conllevan una falta de respeto o igualdad de situación delante de nuestro Creador. Es por esto que debemos cuidad las posturas y los gestos. Todo pretende ser expresión de respeto y amor a Dios. Por eso hemos de cuidar una serie de detalles como:
* Vestirse dignamente y con cierta elegancia para visitar a Dios. Evitar los escotes y los vestidos provocativos.

* El agua bendita nos recuerda nuestro bautismo y borra los pecados veniales, se suele usar al entrar en la iglesia.

* Dios nos habla, pero no por celular. Apágalo.

* Guardar silencio en el recinto sagrado para facilitar el recogimiento y ayudar a que los demás puedan hablar con Dios. El silencio es ya una forma de culto ante la Eucaristía.

* Guardar la hora de ayuno si se va a comulgar. La fila para comulgar no es una cola, es una procesión hacia Jesús. Vamos preparándonos a recibir al Señor. Supone recogimiento interior (concentrados, sin la curiosidad de mirar para todos lados, darse vuelta, etc.). No llevar las manos en los bolsillos.

* No cruzar las piernas; no es elegante hacerlo dentro del recinto sagrado. En las ceremonias litúrgicas es necesario saber cuando sentarse, ponerse de pie, arrodillarse.

* No comer, ni mascar chicle..., no jugar, no hacer muecas ni bromas o molestar a otros.

* Evitar distracciones. Como la curiosidad de mirar quién entra o sale, o quien estornudó... Tampoco se debe cruzar la pierna dentro de la iglesia.

* Persignarse con devoción, sabiendo que se hace la señal de la Cruz.

* Que la genuflexión ante el sagrario sea un acto de fe. La rodilla derecha toca el suelo, con el cuerpo erguido, mirando hacia el sagrario.

* La inclinación de cabeza son señal de respeto y veneración. Se hace ante el altar (que representa a Cristo) y ante imágenes.

* Cuidar la forma de sentarse. Derechos, sin "acostarse" en los bancos. Sin apoyar los pies en los reclinatorios (se arruinan, los zapatos llenan de polvo los reclinatorios que después manchan las rodillas de los pantalones).

* Enseñar a los niños a comportarse; a no correr sino caminar despacio dentro de la iglesia.

Amar a Dios con todo nuestro ser y nuestra vida. Obviamente incluye nuestros gestos. El amor se nota. Y si no se nota... es que es demasiado débil.

Hemos de estar atentos para que la confianza no degenere en falta de respeto. No es verdad que la espontaneidad sea de por sí buena. Depende de qué espontaneidad: la hay buena y la hay salvaje.

El amor tiene una línea de mínima que es el respeto y la veneración. No puedo amar lo que no respeto. Tampoco lo que no venero.

Así como el cumplimiento de los modales y normas de buena educación muestran la "calidad humana" de una persona. La urbanidad de la piedad muestra nuestra fe, esperanza y amor. Es respeto y elegancia, aplicado a las cosas de Dios.

Parábola de la oveja perdida

viernes, mayo 22, 2009

¡Gracias, Santo Padre!

Este artículo de Mons. Martínez fue publicado en la Revista Fiesta junto a una síntesis del Comunicado de la Conferencia Episcopal Regional de África Occidental (CERAO), cuyo documento completo pueden encontrar a continuación del artículo del Arzobispo de Granada.

Los dos hechos que siguen me han sido contados por sus protagonistas.

En un país de América Latina, una médico, ginecóloga, premiada como la mejor médico del país por el gobierno de su nación, ha dedicado parte de su vida profesional a impartir un programa de educación afectiva y sexual a adolescentes y jóvenes. Es un programa con una duración de seis meses, y un trabajo semanal a lo largo de ese período. El programa consiste en dar a conocer con detalle suficiente a los jóvenes (ellos y ellas) el funcionamiento del cuerpo humano en relación con la sexualidad y con el afecto. Con detenimiento y cariño, por ejemplo, se les acompaña a las muchachas a conocer sus ciclos reproductivos, y a todos a descubrir la belleza de la sexualidad y su funcionamiento, a reconocer el misterio que somos y lo bien que Dios nos ha hecho. Es un programa magnífico, creado por una médico norteamericana (una religiosa) que ha trabajado muchos años como ginecóloga en Pakistán y en Bangladesh.

Nuestra médico de América Latina estaba impartiendo su programa en un colegio de la capital de su nación al que asistían las hijas del ministro de Educación. Un día, en el entreacto de un teatro, coincidieron el ministro y la médico. Fue el ministro quien vio a la médico, y se acercó a ella para felicitarla: “¡Doctora, qué alegría verla! ¡No se puede hacer idea de lo contentas que están mis hijas! ¡Vienen a casa y no paran de hablar de lo bonito que es su programa y del bien que les hace! ¡Enhorabuena!” El ministro siguió en esa vena por un rato, hasta que la médico le dijo: “También a mí me alegra, ministro, que sus hijas estén tan contentas, y que usted haya tenido la ocasión de ver el valor que tiene un programa planteado así. ¿Qué le parece si desde el Ministerio se permitiese que en los colegios públicos donde los padres lo pidieran —las hijas del ministro estudiaban, como es natural, en un colegio privado—, pudiéramos también dar el mismo programa?” “¡Ah! ¡Eso no, doctora! ¡Eso no puede ser! A unos pocos se les puede educar, pero al pueblo hay que darle preservativos”.

Vamos con la segunda:

En este caso era una médico norteamericana, que trabajaba en Ghana, en un centro de Atención Primaria. Había estado en la Conferencia Internacional de El Cairo sobre la Población y el Desarrollo, en 1994, y de retorno a América, antes de volver a su misión, pasó por España. Coincidimos en un acto, nos presentaron y estuvimos hablando un buen rato. En el centro donde ella trabajaba, en una zona sumamente deprimida —me dijo—, morían todos los días niños deshidratados a causa de una simple colitis, por falta de suero fisiológico, y por la ignorancia de las madres. Sin embargo, el centro estaba literalmente “lleno” —o tal vez sería mejor decir “invadido”— de cajas y cajas de preservativos que ciertas compañías americanas y europeas les enviaban gratis, hasta no saber qué hacer con ellos, porque ocupaban un espacio en el centro que no tenían, y que necesitaban para cosas más urgentes y más graves.

Cui prodest? ¿Quién paga el anuncio? ¿Qué visión del ser humano y de la vida —y de las distintas clases de seres humanos, y de vidas humanas— se esconde detrás de estas historias? ¿Quiénes, qué poderes y qué industrias, se benefician de la despoblación de África, y piensan ya sin duda en los futuros beneficios de sus inmensas riquezas y reservas naturales? Sin duda, los mismos que degradan sin cesar y sin límite nuestra propia humanidad y la dignidad de nuestro pensamiento cuando deciden —y nadie sería capaz de explicar racionalmente en virtud de qué poder—, promover entre nosotros la banalización absoluta del uso del cuerpo humano y del sexo.

Los mismos que deciden que el matrimonio —esa maravillosa y fragilísima realidad humana, o mejor, divina— no es un bien que necesita ser protegido. Los mismos que han decidido que a cualquier cosa —incluso constitutivamente estéril— se la puede llamar matrimonio, haciendo burla de los millones de personas de las que ellos viven, porque son quienes pagan como pueden sus impuestos, aunque ninguna de esas personas —absolutamente ninguna— haya nacido de esas uniones estériles. Los mismos que deciden que matar a un ser humano, siempre que no haya nacido y no tenga voz para gritar, ni acceso a los medios de comunicación para defender sus derechos, ni un sindicato que le defienda, es legítimo, con tal de que les convenga a alguno de los adultos implicados. Los mismos que están a punto de decidir “una salida” igualmente digna y honrosa “a favor” de quienes han dejado ya de producir, para que no sean una carga para la Seguridad Social. Los mismos que piden mil controles para obtener un antibiótico, pero dan a menores, sin que sus padres lo sepan, sin rechistar y sin comentario, y todas las veces que haga falta, una píldora abortiva cuyas consecuencias, absolutamente conocidas en caso de abuso, no se quieren decir, para que no quede rastro o huella alguna, para que nadie les pueda reclamar el día de mañana por este crimen contra la humanidad de nuestros adolescentes (y contra su salud mental, afectiva y corporal).

Lo que se silencia es el dato —perfectamente constatado— de que el uso masivo de los preservativos no ha detenido el sida en África, sino que lo ha propagado. Y se silencia el número de suicidios que se producen entre las mujeres que han abortado. Y se silencia la amargura infinita y el dolor en que viven la inmensa mayoría de las que se han creído que “eso” era un derecho, y no saben que sería mucho mejor que fuese un pecado, porque los pecados, todos los pecados, HAY quien los perdona, y quien nos ama y nos abraza y nos cura. Y se silencia que, según estadísticas oficiales, en Andalucía, la primera causa de muerte entre los adolescentes y jóvenes no son los accidentes de tráfico, sino el suicidio. Y como se silencia, nadie se pregunta por qué. No hace falta preguntarse, porque es obvio que vivimos en el País de las maravillas. Y estamos lanzados hacia el progreso. Desde luego, a toda velocidad. A tanta velocidad, que ya no podemos saber hacia dónde vamos, si hacia el progreso o hacia el abismo.

¡Qué difícil es no pensar en aquella escena de El tercer hombre en la que Joseph Cotten y Orson Wells mantienen una conversación en la noria del Prater de Viena! En aquella Viena destruida por la II Guerra Mundial, Orson Wells vendía de estraperlo penicilina adulterada, con terribles consecuencias para quienes la usaban, incluso cuando sobrevivían. Lo importante es mirar a los hombres de lejos, como desde lo alto de la noria, hasta que no sean más que puntitos... “Si te ofrecen veinte dólares por cada uno de esos puntitos que dejara de moverse, ¿cuántos crees que se resistirían? ... Y libres de impuestos, amigo, libres de impuestos...” Con un cinismo helador, Orson Wells continúa: “Los gobiernos lo hacen, ¿por qué no podríamos hacerlo nosotros?” La sociedad de los puntitos vistos de lejos, vistos en las estadísticas, es ya nuestra sociedad. La vida del hormiguero industrioso al servicio de los intereses económicos y políticos de los poderosos podría ser nuestro futuro. Lo más sarcástico, lo más esperpéntico de todo, es que parecemos dirigirnos hacia ese futuro tan alegres y confiados como unos párvulos a los que sus maestros llevan de excursión.



Lo que el Santo Padre ha dicho en África es, sencillamente, que tenemos necesidad de cambiar nuestra mirada sobre la sexualidad. Y también que tenemos necesidad de cambiar nuestra mirada sobre la enfermedad y sobre los enfermos. Dos verdades evidentes. Antes que ninguna otra reflexión acerca del derecho del Papa a hablar, o acerca de qué cosas puede o no puede, o debe o no debe hablar, lo que se impone recordar es, SOBRE TODO, QUE LO QUE HA DICHO EL PAPA ES VERDAD. Es verdad para África y es verdad para nosotros. Es verdad para todo el que no se resigne a que nuestra sexualidad, ni nada en nuestra vida, sea como en la vida de los animales. Es verdad para todo el que no esté dispuesto a resignarse a que su futuro sea formar parte, solidaria y alegremente, del hormiguero universal, controlado por esa nueva casta de Grandes Hermanos que se multiplica como las setas. Hay una forma más bella, mejor y más humana de vivir la sexualidad. Hay una forma mejor, más bella y más humana de afrontar nuestra fragilidad y nuestra miseria, nuestra enfermedad y nuestra muerte. ¡Gracias, Santo Padre, por tener el valor de decirnos la verdad, a nosotros y a nuestros hermanos africanos! ¡Gracias por reclamarnos a todos a una vida de primera clase, a una vida verdadera y plenamente humana! ¡Millones de hombres pedimos al Señor todos los días para que no se canse, para que no ceda, para que el Señor le sostenga y siga siendo libre!

† Javier Martínez
Arzobispo de Granada


COMUNICADO DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL REGIONAL DE ÁFRICA OCCIDENTAL (CERAO)

Estamos todos sorprendidos y atónitos por el modo en el que una frase del Santo Padre, Benedicto XVI, sobre su primer viaje apostólico a África, ha sido completamente sacada de su contexto directo e indirecto para hacer de ella el hilo conductor de todas las transmisiones de la Rfi (Radio Francia Internacional) y de otros medios de comunicación franceses.

El colmo es el ocultamiento sistemático de todas las demás ideas expresadas en la entrevista y la minimización de todo aquello que el Santo Padre ha querido comunicarle a África como motivo de esperanza, tanto en Camerún como en Angola. Precisamente por esto, ¿acaso no está claro que es la Iglesia y su misión evangelizadora el motivo de la arremetida de los autores de oscuridad?

Nosotros, los obispos de la Conferencia Episcopal Regional de África Occidental (Cerao) hemos analizado los hechos y queremos declarar lo siguiente:

Demoler la moral es un crimen contra la humanidad
El SIDA no podrá ser aniquilado quebrando la fuerza espiritual y moral de los hombres, especialmente de los adolescentes y de los jóvenes, volviéndolos frágiles y convirtiéndolos en paquetes de deseo sexual sin los elementos reguladores previstos por el Creador.

Privar al niño, al adolescente y al joven de la preparación para el dominio del espíritu sobre el cuerpo y sobre los impulsos, la denominada educación sexual, es un crimen contra la humanidad. En este sentido, los eslóganes publicitarios y la distribución de preservativos no podrían ser otra cosa más que irresponsabilidad y crimen contra la humanidad.

Propósitos irreverentes, injuriosos y sacrílegos
Para nosotros africanos, el Papa es el padre de la gran Familia que es la Iglesia y, como tal, le debemos respeto y afecto. Según nuestro parecer, desde el mero punto de vista de nuestra cultura africana tradicional, por no hablar aún de la fe, es un sacrilegio que hijos e hijas de la Iglesia que se profesan católicos ataquen al Papa con vulgaridad, arrogancia e injurias, como se han permitido hacer algunos periodistas y personalidades francesas, españolas y europeas. Deploramos y condenamos estas declaraciones irreverentes e injuriosas.

El atentado post-moderno contra la verdad y sus consecuencias violentas sobre las relaciones humanas
Sin embargo no pertenecemos a una cultura sino por causa de la verdad más profunda de nuestra humanidad. Y la humanidad, que es común a todos, es única; se concreta en un cierto número de derechos y deberes inseparables de la dignidad de toda persona humana. Es absolutamente intolerable que un pequeño grupo de operadores de medios de comunicación – en ocasiones, por desgracia, africanos sin escrúpulos que se apuntan a la riqueza “sucia” de aquellos que han expoliado a sus propios pueblos-, se atribuya el derecho de deformar la verdad para presentarse a sí mismos como benefactores y responsables ante la situación dramática de nuestros hermanos y hermanas portadores del virus del SIDA, presentando al Santo Padre como un personaje ‘irresponsable’ y desprovisto de humanidad y así poder injuriarle e intentar atizar contra él a una masa de individuos que se consideran con el derecho de hablar de lo que no se han preocupado de conocer con precisión. Olvidan que, actuando de este modo, pierden crédito profesional, pues existe una diferencia fundamental entre crear noticias sensacionales y escandalosas e informar.

Deploramos y condenamos el atentado contra la verdad que es el pecado de nuestro mundo postmoderno, del cual derivan las graves heridas que la Santa Iglesia, nuestra Madre, está sufriendo cada vez más. ¿Qué mundo es éste en el que no se dedica tiempo a escuchar al otro, a escucharlo en profundidad, y se le hace decir lo que se quiere que diga? La sabiduría africana y la sabiduría bíblica, ambas fundamentadas sobre la escucha, quieren proponer otra visión del mundo.

Profunda unión de pensamiento y corazón entre Benedicto XVI y la Iglesia
Nosotros, los obispos africanos, damos las gracias de corazón al Santo Padre, que tiene tanta afinidad con nosotros, por nuestra comunión de pensamiento sobre la Iglesia y por nuestro compromiso común a favor de los pobres, de los heridos por la vida y de los pequeños.

¿Quién ignora que las palabras Iglesia, Casa (Familia) y Pueblo de Dios; Iglesia, Fraternidad Cristiana e Iglesia-comunión, las ha hecho suyas? Ha creído y viene trabajado en ellas desde hace tiempo, primero como joven teólogo y más recientemente como cardenal prefecto de Dicasterio. También nosotros creemos en ellas y estamos a pié de obra para edificar en África, la Iglesia - Comunión como Familia de Dios y Fraternidad de Cristo. El Papa ha venido a nuestra casa para confirmarnos en esta fe. Le estamos agradecidos por ello.

Iglesia en África, una Iglesia portadora de esperanza
Le agradecemos también el mensaje de esperanza que (el Santo Padre) ha venido a entregarnos en Camerún y en Angola. Ha venido a animarnos a vivir unidos, reconciliados en la justicia y la paz para que la Iglesia en África sea ella misma una llama ardiente de esperanza para la vida de todo el continente. Y le damos las gracias por habernos replanteado a todos, con delicadeza, claridad y agudeza, la enseñanza común de la Iglesia en materia de pastoral de los enfermos de SIDA.

Humanización de la sexualidad y don de sí-mismo a los enfermos de Sida
Nos anima a todos a vivir y a promover la humanización de la sexualidad y el don de la propia humanidad para estar junto a los hermanos y hermanas afectados por el Sida y ayudarlos, como la auténtica actitud responsable de los católicos ante los enfermos de SIDA y ante todos aquellos que aman auténticamente a los africanos golpeados por este mal. Acogemos su mensaje, que expresa asimismo nuestra propia postura. Y declaramos todos nosotros unidos a él:

“No se puede superar este problema del Sida sólo con eslóganes publicitarios. Si no ponemos en ello nuestra alma, si no ayudamos a los africanos, no se puede eliminar esta plaga con la distribución de preservativos: al contrario, así tomamos el riesgo de aumentar el problema”. Estas son las palabras de Benedicto XVI que un martilleo mediático se ha esforzado en disfrazar. Inutilmente.

Responsabilidad de los medios
Decir menos es despreciar al africano y mostrarse interesado en matar aquello que hay de auténticamente humano en el hombre negro, cuyas tradiciones, por ejemplo, atribuyen gran valor a la castidad que se verifica en el matrimonio. Deploramos y condenamos esa pretendida responsabilidad respecto del hombre negro, que no tendría otra solución que la mecánica ante un problema tan vital como es la sexualidad para todos los hombres, también para el africano. La responsabilidad de los medios de comunicación es grande; no deben evadirla: corremos el peligro de perder algo fundamental para el ser humano.

No al pensamiento por poderes
Finalmente, afirmamos que los africanos son capaces de pensar por sí mismos, tanto sobre los problemas que les afectan como sobre aquellos que afectan a toda la humanidad. Deploramos y denunciamos el crimen que tiene su origen en los tiempos en los que nuestros hermanos y hermanas eran tratados como mercancía y como “bienes muebles” (Código Negro, art. 44) y que hoy consiste en obstinarse en pensar por nosotros, en hablar por nosotros, a actuar por nosotros, porque sin duda, no se nos considera capaces de hacerlo por nosotros mismos.

Quizá se diga que se ha confiado hábilmente a los operadores de medios de comunicación africanos el trabajo indecente de hacer de juglares para divertir al mundo y convertir a África en objeto de doble compasión: no sólo material sino también moralmente.

Pero no son estos africanos que ignoran las estructuras antropológicas más sólidas y los valores morales más firmes de África los únicos que ostentan autoridad para hablar en nombre del continente. Nosotros, obispos de la Iglesia católica del área Cerao, exigimos que se deje de pensar en lugar nuestro, de empujar a los africanos de la calle a hablar en nombre de África y de divertir al público a costa de nuestros pueblos.

Exigimos que para hablar de África, se respeten los valores fundamentales, sin los que el hombre no es ya hombre, y que se encuentran sintetizados en la dignidad de todo hombre, creado a imagen de Dios. Retomando el Concilio Vaticano II, ratificamos que “la criatura sin el Creador simplemente se desvanece”.

Agradecemos al Santo Padre el haber hecho del Dios del Amor y de la fe en él la más importante prioridad de nuestro tiempo. Justamente por el espejismo de que pueda haber otra prioridad se ha creado esta situación paradójica y violenta de pretender responsabilizarse de nosotros, saqueando lo más vital que tenemos: nuestra relación de fe, esperanza y amor con el Dios vivo, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, y nuestra vida moral.

Abidjan, 7 de marzo de 2009.

Cardenal Théodore Adrien Sarr
Presidente de la Cerao
Publicado en L’Osservatore Romano, 18.04.2009, p. 2

El Papa invita a los jóvenes a dar testimonio a través de Internet

sábado, mayo 16, 2009

Angelus Domini



Angelus Domini nuntiavit Mariae et concepit de Spiritu Sancto

Ecce ancilla Domini. Fiat mihi secundum verbum tuum.

Et verbum caro factum est et habitavit in nobis.

Ora pro nobis, Sancta Dei Genetrix, ut digni efficiamur promissionibus Christi

Oremus. Gratiam Tuam, quaesumus, Domine, mentibus nostris infunde, ut, qui angelo nuntiante, Christi, filii Tui, incarnationem cognovimus, per passionem Eius et crucem ad resurrectionis gloriam perducamur. Per Eundem Christum, Dominum nostrum. Amen.

Regina coeli




Regina coeli, laetare, alleluia.
Quia quem meruisti portare, alleluia,
Resurrexit, sicut dixit, alleluia.
Ora pro nobis Deum, alleluia.


Reina del cielo, Alégrate, aleluya.
Porque el que en tu seno llevaste; aleluya.
Resucitó, como dijo; aleluya.
Ruega a Dios por nosotros; aleluya.

miércoles, mayo 13, 2009

Nosotros también estamos contigo





Imágenes del Papa Benedicto XVI: visitas a algunos países, encuentros con jóvenes, necesitados y enfermos.

viernes, mayo 08, 2009

I pray the Rosary. Do you?

Ave Maria



Ave Maria, gratia plena,
Dominus tecum,
benedicta tu in mulieribus,
et benedictus fructus ventris tui Iesus.
Sancta Maria mater Dei,
ora pro nobis peccatoribus,
nunc, et in hora mortis nostrae.
Amen

martes, mayo 05, 2009

miércoles, abril 22, 2009

lunes, abril 20, 2009

domingo, abril 19, 2009

De la Televisión a la marcha por la vida pasando por Medjugorje

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Pilar Soto es la joven de la coleta rubia que está al lado de la religiosa: en Medjugorje

Pilar Soto es uno de esos rostros familiares en televisión, una chica guapa, simpática y con talento, que, desde muy joven, decidió que era feliz subida a un escenario, ya fuera tocando el piano, dando las campanadas de fin de año, o co-presentando alguno de los programas que la lanzó al estrellato, como El Gran Prix o Mamma mía. Cualquiera podría pensar que la suya sería una vida llena de amistades y fiestas de la farándula, pero nadie sabía que la realidad era muy diferente: «El tipo de vida que llevaba -explica para Alfa y Omega- me llevó a vivir hasta en 7 países distintos.

La falta de raíces, a causa de tantos viajes, el hecho de que nunca nadie estuviera esperándome al volver, me resultaba durísimo. Siempre estaba sola, siempre estaba vacía, no tenía amigos, no tenía a nadie. Comenzaron a sucederme una serie de circunstancias muy dramáticas, y caí en algo terrible que se llama bulimia. La bulimia me llevó a la anorexia, y de ahí al alcohol y las drogas. Sufrí varias sobredosis, pero yo seguía trabajando, perdí muchísimo peso, y no se lo contaba a nadie. Sé que estoy viva de milagro. Caí en un pozo sin fondo, donde no tenía lo más importante, que es Dios. Yo siempre digo: A mí Cristo no me tiró de un caballo, sino de un plató de televisión».

El principio del fin comenzó a raíz de su participación en La Isla de los famosos. Era el día 3 de julio de 2004: «Salí del plató dando tumbos, cogí un taxi, y a mitad de camino le dije al taxista: Señor ayúd... Lo siguiente que recuerdo era que estaba en el Hospital de la Princesa, llena de tubos. Un médico me dijo: Lo sentimos muchísimo, señorita Soto, pero no podemos hacer más. ¿A quién hay que llamar? Intenté decirles que me cortaran una pierna, que hicieran lo que fuera pero que me salvaran. El pánico y el miedo que sentí en ese momento era indescriptible. Sabía que me estaba muriendo. En ese momento, llamé a Cristo, y con los ojos de mi alma vi su rostro. Estaba todavía en la cruz, lloraba. Y pensé: Dios mío, ¿qué he hecho? Perdóname, Señor. Así no, Señor, no es mi hora, ahora entiendo que nada justifica haber atentado contra el cuerpo que me has dado, donde reside mi alma. Dame una oportunidad, déjame demostrarte que te amo».

Y éste fue el principio de un largo caminar, donde Pilar experimentó el amor de Dios de una forma radical, lo que le ayudó a comenzar desde cero una nueva vida, con una misión muy especial: comunicar la Buena Noticia al mundo entero. Hoy, Pilar es franciscana seglar y, además de trabajar en el canal de televisión Intereconomía, dedica su tiempo y sus conocimientos en el mundo del espectáculo para dar testimonio de su fe y promocionar y presentar actividades como la Marcha por la Vida, del pasado día 29 de marzo, o como hará con el Encuentro Nacional de la Infancia Misionera, el próximo 2 de mayo, en Madrid.


Leído en alfa y omega

jueves, abril 16, 2009

sábado, abril 11, 2009

viernes, abril 10, 2009

La roca fría del Calvario



Se oculta en negra nube
Por un sendero solitario
la Virgen Madre sube.
Camina,
y es su cara morena
flor de azucena
que ha perdido el color.
Y en su pecho, lacerado,
se han clavado
las espinas del dolor.
Su cuerpo vacilante
se dobla al peso de la pena;
pero sigue adelante.
Camina,
y sus labios de hielo
besan el suelo,
donde brota una flor
en cada gota de sangre
derramada
por Jesús el Redentor.
Sombra peregrina,
emblema del amor hecho luz,
camina,
camina ligera
que el Hijo la espera
muerto en la Cruz.
¡Mujer y Madre!
De todo lo del mundo,
lo más sagrado.
Desde una loma del sendero,
la Virgen, caminante,
ve la silueta del madero
y al Hijo agonizante.
Y llora
Su callado tormento
con un lamento
que no puede vencer.
Es el grito desgarrado
arrancado
a su carne de mujer.
Divina estrella,
sobre la huella
del humano dolor,
triste camina, camina llorosa
la Madre Dolorosa
del Redentor.

viernes, abril 03, 2009

Benoîte Rencurel, nueva venerable


Nuestra Señora de Laus, nueva aparición reconocida por la Iglesia

Apareció a Benoîte Rencurel por 54 años

El 4 de mayo la Iglesia reconoció, después de siglos, las apariciones de la Virgen María (Nuestra Señora de Laus o Notre-Dame du Laus) a Benoîte Rencurel, ocurridas entre 1644 y 1718 en Laus, en los altos Alpes franceses. Aunque el caso estaba bien documentado desde el principio, debido a las guerras fue postergado el trámite de aprobación por el Vaticano.

Los hechos

Benoîte era una pastora que trabajaba cuidando el rebaño de una señora. Nació el 16 de setiembre de 1647en Saint-Étienne d'Avançon; su padre falleció cuando tenía 7 años. Nunca aprendió a leer ni escribir y su única instrucción era el sermón de la misa dominical. Un día de mayo de 1664, mientras rezaba el Rosario, ve a una hermosa señora sobre un peñasco, que lleva de la mano a un niño de belleza singular. "¡Hermosa señora! —le dice—, ¿Qué está haciendo ahí arriba? ¿Quiere comer conmigo? Tengo algo de pan bueno, lo remojaríamos en la fuente". La señora sonrió, pero no le dijo nada. "¡Hermosa señora! —insiste Benoîte— ¡Podría darnos por favor a ese niño, que tanto nos alegraría?". La señora sonríe, toma a su niño en brazos y desaparece en una cueva.

Durante cuatro meses, la señora se muestra todos los días, conversando con gran familiaridad con la joven, educándola para su futura misión. Benoîte cuenta sus visiones a la dueña del rebaño, quien no le cree, pero una mañana la sigue en secreto hasta el pequeño valle de Fours. Una vez allí, no ve a la señora, pero oye las palabras que ésta dirige a Benoîte. La aparición le pide que advierta a la dueña del rebaño de los peligros que corre su alma: "Tiene una mancha en la conciencia. Que haga penitencia". Afectada por aquello, ésta se corrige, vuelve a frecuentar los sacramentos y vive el resto de sus días muy cristianamente.

El 29 de agosto pregunta a la visitante cómo se llama, y ella le responde: "Mi nombre es María". Durante el invierno de 1664-1665, Benoîte sube hasta Laus muy a menudo, donde ve cada vez a la Virgen, quien le recomienda "rezar continuamente por los pecadores". La noticia de las apariciones se propaga entre los aldeanos, gracias a las veladas de las noches de invierno.

Gap Laus St Ethienne
Laus en Francia

El 18 de septiembre de 1665, cuando Benoîte tiene dieciocho años, las apariciones y la peregrinación son reconocidas oficialmente por parte de la autoridad diocesana y, a partir del otoño de ese año, empieza la construcción de una iglesia para poder acoger a los peregrinos, que cada vez son más numerosos.

Nuestra Señora se revela en Laus como reconciliadora y refugio de los pecadores, y por eso aporta señales para convencer a éstos de la necesidad de convertirse; entonces dice a la pastora que el aceite de la lámpara de la capilla (que arde ante el Santo Sacramento) obrará curaciones en los enfermos que se lo apliquen, si recurren con fe a su intercesión.

Benoîte tomó en serio la misión y se convierte en laica misionera dominica, pues abraza la Orden de Predicadores como terciaria y virgen consagrada, funda el santuario de Nuestra Señora de Laus y se dedica a la acogida y preparación de los pecadores para que reciban el sacramento de la penitencia. A la vez, recibe el carisma del conocimiento de conciencias (consiste en conocer los pensamientos, intenciones y deseos de las personas, como lo tenía San Pío de Pietrelcina), don que emplea en las conversiones y anima con frecuencia a los dos sacerdotes adscritos al santuario a recibir a los peregrinos con dulzura, paciencia y caridad, empleando una bondad especial para con los más pecadores a fin de animarlos al arrepentimiento.

Además de las apariciones marianas, Benoîte apreció apariciones de ángeles, santos y de Jesús. Los testigos describieron a Benoîte como una mujer de personalidad sólida, llena de buen sentido y confianza total en la Virgen María.

La Virgen le pide que amoneste a las mujeres de vida escandalosa y que les pida que se vistan con recato y practiquen la modestia, especialmente, a las que cometen aborto, a los ricos injustos o perversos, a los sacerdotes y religiosos infieles a sus compromisos sagrados.

Entre 1669 y 1679, se le aparece Jesús cinco veces, se le revela en un estado de sufrimiento. Un viernes de julio de 1673, Jesús ensangrentado, le dice: "Hija mía, me muestro en este estado para que participes de los dolores de mi Pasión". La visionaria falleció el 28 de diciembre de 1718.

Conversiones y curaciones

En vida de Benoîte el santuario de Nuestra Señora de Laus se hizo conocido, hoy recibe a más de 120 mil peregrinos al año. En la época, las autoridades eclesiásticas dudaban de los hechos, hasta que el vicario general de Embrun, Antoine Lambert, investiga y es testigo de la curación de una mujer de 22 años, afectada por parálisis por seis años, quien en la noche del 18 al 19 de abril de 1665, estando en su cama siente que puede mover las piernas. En la mañana corre a la misa que celebraba Lambert, quien exclama: “¡El dedo de Dios está acá! ¡El dedo de Dios está acá!”

Las primeras curaciones de Laus comprendían tanto a adultos como a niños, entre las que destacan graves deficiencias visuales, sanadas al aplicar el aceite de la lámpara del santuario.

Benoite Rencurel
Benoîte Rencurel

En la actualidad las curaciones físicas y espirituales con el aceite siguen sucediendo. En el 2000, una señora belga estaba afectada por una grave hernia discal prominente y la iban a operar de urgencia, a lo que respondió: “No doctor, no me opere, María me va sanar!” El cirujano sonrió y le dijo con ironía: “¿Todavía cree en milagros?” —“Sí doctor”—, respondió; tras cuatro meses, al ver que no regresaba, el cirujano la llama para pasarla por un escáner y se sorprende de la sanación. “¿Doctor, ahora cree en los milagros?”, preguntó, a lo que el médico respondió: “Sí señora, lo que usted tenía sólo era curable con cirugía”.

Tras la muerte de Benoîte, el santuario prosiguió como la Virgen anunciara, ella había dicho que las osamentas de Benoîte harían milagros y que los enfermos vendrían de todas partes a obtener curación. “He elegido este lugar para la conversión de los pecadores”, había dicho la Virgen, mientras que un ángel había dicho: “Laus es obra de Dios, ni hombre ni demonio, con toda su malicia y rabia, podrán destruir, pues subsistirá siempre floreciendo, hasta el fin del mundo hará grandes frutos por todas partes”.

Las conversiones de los pecadores son numerosas, los religiosos evidencian en Laus confesiones de una rara calidad. En 1854, monseñor Depéry obtuvo de Pío IX autorización para coronar la estatua de Nuestra Señora de Laus, en ceremonia del 23 de mayo de 1855. El 18 de marzo de 1894, al santuario le fue concedido el título de basílica menor por León XIII.

El Obispo de Gap y Embrun, Jean-Michel di Falco, en el 2003 retoma la causa de beatificación de Benoîte, admitida por Juan Pablo II, sin que a la fecha haya sido beatificada. No obstante, este 4 de mayo obtuvo el reconocimiento de la aparición del Vaticano. "Reconozco el origen sobrenatural de las apariciones y los hechos y dichos, experimentados y narrados por Benoîte Rencurel. Animo a todos los fieles a venir y orar; y buscar renovación espiritual en este santuario", dijo el prelado.

En la Iglesia Católica nadie está obligado a creer en las apariciones, incluso en aquellas reconocidas oficialmente; pero se les reconoce como ayuda en la fe y la vida diaria.

El Partido Comunista francés, la semana pasada describió el anuncio de la ceremonia como "un intento de marketing de la Iglesia" y denunció la anunciada presencia del Secretario para asuntos de desarrollo regional, Hubert Falco, como una "violación de la separación entre Iglesia y estado". El ministro Falco, quien no es pariente del obispo, señaló que su presencia era un ejercicio de libertad religiosa, que llevaba a cabo "como simple persona de fe".