jueves, febrero 23, 2006

Victoria Gillick: un testimonio


Victoria Gillick

A lo largo de los años, he ido aquilatando un gran respeto por la figura de San Josemaría, Fundador del Opus Dei. Las biografías que conozco le describen como una persona santa y decidida, de fuerte personalidad, que no dudó en acometer proyectos que parecían “imposibles humanos” por amor a Jesucristo.

De alguna forma, me siento identificada en esa actitud valiente de Josemaría Escrivá. Con frecuencia, en mi tarea como conferenciante y activista a favor de la institución familiar he sentido que los medios que podía emplear eran claramente desproporcionados para los objetivos que pretendía; y también, gracias a Dios, a los logros que de esos esfuerzos se derivaban. Obviamente, no pretendo compararme con el Fundador del Opus Dei, al que la Iglesia venera en los altares, pues únicamente me considero una corriente madre de familia inglesa, que solo ha buscado defender a sus hijos y conseguir sacarlos adelante. Pero también en eso me parece descubrir un paralelismo con el Padre, como le llaman tantos miles de personas en todo el mundo, porque frecuentemente tuvo que emplearse a fondo para defender a sus hijos. Unas veces —según me cuentan—, con una honda catequesis por muchos países para ofrecerles alimento espiritual, ante el espectacular avance de ideologías anticristianas; otras, defendiendo la libertad de expresión de un hijo suyo, al que se le negaba su derecho a intervenir en la vida pública; y, siempre, en el ejercicio de una paternidad que tenía mucho de humana, quizá porque era muy sobrenatural.

"Las semillas que al principio parecen minúsculas se revelan años más tarde como árboles de una fecundidad asombrosa"

Esta actitud me recuerda un episodio concreto. A mediados de octubre de 1985, mi marido Gordon y yo salíamos de la Cámara de los Lores amargamente decepcionados por haber perdido —tras cinco años de duro esfuerzo— el último asalto de nuestra batalla legal contra el Ministerio de la Salud y su política de suministrar secretamente píldoras anticonceptivas a las colegialas. Nos encontramos con un hombre que daba saltos de alegría y alegaba que habíamos ganado. “¿De verdad?”, le dije deprimida y sorprendida por una conducta que juzgaba muy extraña. Pero aquel hombre no se inmutó: nos hizo ver que nuestro caso había dejado huella en la opinión pública británica; había hecho historia, aunque nosotros no lo viésemos en ese momento. Como tantas cosas que se siembran, nuestros esfuerzos tenían que desaparecer de la vista y abonar calladamente el campo antes de dar fruto; así, las semillas que al principio parecen minúsculas se revelan años más tarde como árboles de una fecundidad asombrosa. Creo que esa misma experiencia le aconteció a San Josemaría en varias ocasiones.

En sus escritos valora mucho la madurez humana que se forja en el trabajo profesional, en la contradicción o en el dolor. Ese esfuerzo por crecer en la virtud, un aspecto que se palpa en todos sus libros, es algo con lo que ahora puedo identificarme fácilmente, aunque no lo comprendía o no lo valoraba completamente en mi juventud. Por ejemplo, mientras luchaba en la defensa de la familia por los vericuetos judiciales y de la política social del Reino Unido, nunca pensé que ese esfuerzo me llevaría a un crecimiento personal; y sin embargo, así fue. La escasez de recursos económicos, las continuas reuniones y relaciones con todo tipo de personas y la dedicación urgente e intensa para solucionar ese problema fueron los apoyos para crecer más plenamente en lo humano. Mi marido y yo aprendimos a superar todas las dificultades que suponía esa batalla legal. Aprendimos a querernos aún más el uno al otro, y fuimos descubriendo también la maravilla de nuestro matrimonio y de la familia que queríamos formar. Añoro, por ejemplo, el paseo que di con Gordon desde la iglesia hasta nuestra casa, después de la boda, cuando los invitados se olvidaron de nosotros y huyeron para refugiarse de la intensa lluvia que caía. Hubiera podido ser un desastre, pero en vez de eso fue una oportunidad maravillosa pasar unos momentos preciosos los dos juntos.


Otro aspecto que aprendí de San Josemaría fue su tenacidad y alegría en medio de las dificultades; el no perder la calma, aun en medio de las críticas. Durante los años setenta se estableció firmemente en Gran Bretaña una mentalidad contraría a la vida; y ello gracias a los misántropos fanáticos de la “superpoblación”, firmemente asentados en el gobierno; a determinados círculos médicos, y a la actividad de algunos medios de comunicación, todos los cuales atacaban feroz y persistentemente el concepto mismo de maternidad. Se sometía a las jóvenes parejas recién casadas a una feroz presión social para que utilizasen productos químicos y todo tipo de dispositivos para que limitásemos nuestras familias a uno o, como máximo, dos hijos.

Recuerdo la cantidad de reproches nada velados que recibí por parte de médicos —e incluso por parte de extraños en la calle— que veían mis sucesivos embarazos como una irresponsabilidad malvada y egoísta. Gordon y yo sabíamos en el fondo de nuestros corazones —y nunca dudamos ni por un momento de ello— que esta actitud abierta a la vida dentro de nuestro matrimonio, acogiendo a los diez hijos que Dios quiso enviarnos, era la única opción correcta y buena; y no solo para nosotros y nuestros hijos, sino en último extremo para nuestra sociedad, tan tristemente equivocada. Entonces pensaba, y hoy estoy aún más convencida de ello, que vivir con fidelidad la doctrina de la Iglesia y secundar los planes divinos en relación a la generación humana nos acerca verdaderamente a Dios, y a través de Él, a los demás. Entre mis amistades descubro ahora que muchos de los hijos de San Josemaría han sacado adelante una familia numerosa, con similares quebraderos de cabeza, pero también con idénticas alegrías. Creo que es crucialmente importante adquirir una sólida formación en la Fe que profesamos y en la habilidad de explicar esa Fe a nuestros hijos conforme van madurando. Por eso me gustaría invitarles a valorar y agradecer esos medios de formación que la Obra pone tan a su alcance.

La necesidad fue, para mis hijos, el origen de una fuerte unidad en la familia. Especialmente lo noté cuando nacieron nuestros gemelos Theodore y James. Recuerdo que, alguna vez, preguntaba en voz alta: “¿quién me ayuda a dar de comer a los pequeños?”. Inmediatamente, un coro de voces acogía con entusiasmo la petición. Sentados los dos candidatos en cada extremo del sofá, con un gemelo cada uno, daban cuidadosamente el biberón a los dos, mientras yo podía dedicarme a otras tareas del hogar. Nunca fallaron en ese cometido, y fue una experiencia que sirvió para unirles muy estrechamente a sus hermanos.

Procuramos bautizar a los niños a las pocas semanas de su nacimiento para ayudarles a estirar tempranamente sus alas espirituales. En esos mismos años —otra coincidencia más—, el Padre desarrollaba su amplia catequesis por todo el mundo, e insistía a los padres y madres de familia en la responsabilidad de bautizar pronto a los hijos. Es natural que un buen pastor trate de aportar luces sobre las verdades de fe que caen en el olvido, pero esta sintonía con mi propia vida me da mucho ánimo y me hace admirarle aún más.
Aunque había conocido a varias personas del Opus Dei en Inglaterra, solo después de publicar la edición castellana de Relato de una madre (Madrid 1986), tuve la oportunidad de conocer a algunos miembros españoles de la Obra. Fue a través de Gonzalo Herranz, catedrático de medicina de la Universidad de Navarra, que tradujo el libro al castellano. Este profesor tuvo la atención de invitarme a España a dar algunas conferencias; y a partir de ahí fui conociendo a muchas otras personas del Opus Dei que estaban implicadas en el movimiento español pro-vida y fui descubriendo el espíritu que vivían. Hacía años que su Fundador había fallecido, pero comprobé que sus hijos siempre estaban dispuestos a hablarme de él.

Visité España cinco veces entre 1990 y 1992, dando charlas a cientos de padres y estudiantes de centros docentes dirigidos por miembros del Opus Dei. Me impresionaron y gustaron especialmente los colegios situados en las zonas más desfavorecidas, en los que era evidente que el Opus Dei no había escatimado nada para crear un entorno bello y tranquilo para la enseñanza de aquellos jóvenes con menos oportunidades.

También he sabido después que era muy abundante la correspondencia de San Josemaría con gentes de toda clase y condición. Según he leído, sus cartas ayudaban siempre a elevar los ojos hacia lo sobrenatural, y prestaban al destinatario el consuelo del que estaba necesitado. Me gustó especialmente la respuesta que —según me contaron— dio a una periodista rodhesiana (de Zimbabwe) cuando le agradeció la ayuda espiritual que sus escritos le habían proporcionado: “Las gracias dáselas a Dios. A mi, no. Dios escribe una carta, la mete dentro de un sobre. La carta se saca del sobre y el sobre se tira a la basura”. Esta humilde declaración me lleva a desear que mi correspondencia con cientos de personas en las dos últimas décadas pueda haber servido, en ocasiones, como cauce para que el amor de Dios entrara de nuevo en nuestro mundo.

Ha pasado el tiempo y mis hijos ya se han hecho mayores; algunos están casados, y ya abundan los nietos. Me da mucha alegría ver que todos han sido bendecidos con dones de creatividad, de una u otra forma, como pintores, escultores, ilustradores, diseñadores de teatro o de interiores, actores, arquitectos y diseñadores de muebles. La hija más pequeña ha descubierto su aptitud para la medicina y se está preparando para ser enfermera. James recibió hace un tiempo el encargo de pintar un cuadro para el retablo de un oratorio de un Centro del Opus Dei, en Londres, y se le pidió que incorporase un retrato de San Josemaría. Estoy segura de que a mi hijo le alegrará ver esto como una pequeña aportación de mi familia en agradecimiento a Dios por haber dado al mundo a Josemaría Escrivá, padre de una familia tan buena y numerosa.

(Publicado en: Alfonso Méndiz y Juan Ángel Brage, Un amor siempre joven. Enseñanzas de San Josemaría Escrivá sobre la familia. Palabra, Madrid, 2003, p. 325-329.)

Olaizola: un encuentro con San Josemaría


José Luis Olaizola

Me parece de justicia confesar que la espiritualidad del Fundador del Opus Dei me ha ayudado enormemente a remodelar mí vida. Supongo que mis amigos pensarán que, de momento, esa remodelación ha resultado insuficiente, pero uno confía en que Dios le dará aún tiempo para terminar bien el trabajo.

Recuerdo que, cuando estudié el bachillerato, nunca conseguí que me admitieran en las Congregaciones Marianas ni tan siquiera como aspirante. Los congregantes y los aspirantes tenían derecho a comulgar los jueves y ese día entraban tarde en la primera clase de la mañana, de modo ostensible, porque los profesores sabían de dónde venían. Eran tiempos -en España- en que se insistía mucho en la moralidad oficial y el ser congregante daba enorme prestigio. Por eso yo tenía un cierto complejo de inferioridad, porque formulaba la solicitud cada año y era rechazada. Un profesor muy bondadoso me consolaba: "Otro año será, hijo mío". Pero ese año no llegó. Terminé el bachiller y entré en la universidad, haciéndome un poco el agnóstico y jugador de rugby. La relación entre lo uno y lo otro es que los jugadores de rugby hablábamos sistemáticamente mal, aunque sin especial intención. Jugué cinco años la liga nacional en ese deporte, participé en los Campeonatos de España de Bateles, fui campeón juvenil de 800 m lisos y subcampeón universitario de 3.000. También fui internacional de balonmano a 11 y boxeador en la categoría de aficionados. Evidentemente, no me quedaba tiempo para estudiar. Pero repentinamente me enamoré, y, como en España entonces no se podía vivir del deporte, me puse a estudiar y terminé la carrera de Derecho. Yo ya entonces escribía e incluso quedé finalista en un premio de novela en 1957, pero, como era mucho más rentable la literatura jurídica, me tuve que dedicar a los pleitos, porque ya me había casado y tenía hijos con sorprendente regularidad. Eran tiempos en los que aun a los no piadosos no se nos ocurría hacer cosas raras para no tener hijos.

"Me quedó muy claro que que los que nos pasábamos el día lamentándonos de que hubiera ricos y pobres éramos una rémora. Entendí que los demás valen la pena"

Soy el menor de una familia de nueve hermanos, y, como ya he dicho, mi práctica religiosa era bien escasa, si es que era. No obstante, uno de mis hermanos mayores conoció el Opus Dei, y por su mediación fui a un curso de retiro espiritual en Molinoviejo, provincia de Segovia, calculo que en el año 1958. Comenzó entonces un cambio profundo en mi vida. Me llamó especialmente la atención el hecho de que mi trabajo -entonces ejercía la abogacía con entusiasmo relativo- fuera, precisamente, el medio de mi santificación. Me sorprendió que, en aquel curso de retiro, se hablara con tanta naturalidad de santidad, como algo al alcance de cualquier cristiano. Me quedó muy claro que en la Iglesia no podía haber cristianos en situación de clases pasivas y que los que nos pasábamos el día lamentándonos de que hubiera ricos y pobres éramos una rémora. Entendí bastante bien la pobreza de espíritu, el desprendimiento de los bienes terrenos y, conexo con lo anterior, que los demás valen la pena. Quizá no entendí todo esto de golpe, pero empecé a mirar las cosas de otro modo.

Fue en 1960 cuando conocí personalmente al Fundador de la Obra. Ocurrió en la basílica de San Miguel, en Madrid, en una misa en la que -me figuro- casi todos los asistentes serían del Opus Dei. Tenían gran emoción porque la mayoría de ellos iban a ver por primera vez en su vida al Padre. La iglesia estaba abarrotada, todo el mundo hubiera querido estar muy cerca del altar para verle mejor y, sin embargo, aceptaron las indicaciones del que hacía de maestro de ceremonias, mi paisano don Jesús Urteaga. Las mujeres, sentadas en los bancos o en lugares de preferencia; los hombres, detrás, y los que éramos más altos, al fondo del todo. Sí alguno llegaba tarde no se cerraban filas, sino que se hacía un esfuerzo para que cupiera; una tontería si se quiere, pero aquella gente sabía estar en una iglesia.

"Nos habló de que a veces -cuando las cosas hay que hacerlas aunque cuesten- podíamos tener la impresión de que estábamos haciendo comedia
delante de Dios"

Recuerdo la breve homilía de Monseñor Escrivá de Balaguer, corta, pues pienso que no le gustaba distraer la esencia del sacrificio del altar con peroratas, en que nos habló de vida interior, de nuestra lucha para conseguirla, de modo que a veces -cuando las cosas hay que hacerlas aunque cuesten- podíamos tener la impresión de que estábamos haciendo "comedia" delante de Dios: pues ¡bendita comedia, con Dios, la Virgen y los ángeles como espectadores!; desde entonces, yo siempre he pensado que en la comedia de nuestra vida tenemos un Espectador benévolo, Dios, deseoso de que nuestro papel nos salga bien.

En abril de 1965 tuve que ir a Roma a un Congreso de Prensa; entonces trabajaba como directivo en una empresa periodística. Me llevé a mi mujer -Marisa-, que estaba entonces en estado de gestación -su estado habitual a la sazón-, esperando a nuestro séptimo hijo. Me la llevé por muchas razones, pero la principal, porque teníamos esperanzas de que nos recibiera el Padre. Como así fue. Le visitamos el 15 de abril de 1965, a las once de la mañana. Nos recibió en Bruno Buozzi 73, su residencia.

El Padre llevaba una sotana limpia, no demasiado nueva, y una chaqueta de punto, negra, de confección casera. Le recuerdo guapo, con el pelo negro, fino, no demasiado tupido, peinado con raya a un lado, el cutis terso, bien afeitado, con aire delicado, no de salud, sino de un cierto desprendimiento de su ser, pero muy vigoroso en el hablar. Él habló bastante, nosotros muy poco. Era una catequesis deliciosa, porque, por vía de ejemplo, a mí me dijo que teníamos que vivir mejor, que teníamos que viajar, distraernos y, principalmente, distraer a mi mujer. Marisa le interrumpió: "Pero, Padre, entonces dirán que los del Opus Dei nos damos la gran vida". Y el Padre le replicó: "Que digan lo que quíeran". Lo dijo, porque nunca tuvo respetos humanos ni quería que nosotros los tuviéramos y, además, aquel consejo era de una excelente ascesis para mí, que era un ejecutivo, un tanto creído, de treinta y tantos años, dispuesto a hacer méritos a todo trance, y que consideraba como un día fracasado aquel que no hubiera conseguido trabajar diez horas, por lo menos.

"He aprendido a aceptar como la cosa más natural de mundo lo sobrenatural, de modo que las cosas que son imposibles, humanamente hablando, las acometo con la paz que él nos enseñó"

También nos aclaró que lo que en otros tiempos podía ser lujo ahora podía ser necesidad. Se refería a la necesidad de distraerse, de cambiar en ocasiones de ambiente, porque la vida moderna nos imponía ritmos y tensiones que había que aliviar. Aprovechó para explicarnos el modo de vivir la pobreza, que era vivirla en todo, hasta en recoser una sotana antigua para que siguiese durando. Mostró mucho interés en este punto y hurgó en las costuras hasta que encontró una muy deteriorada. "Aquí tengo un roto", dijo. Se puso de pie y buscó una posición favorable de luz para que nosotros también lo viéramos. Pero nos tranquilizó, añadiendo que se la volvería a coser para que siguiera sirviendo. Era un cura muy elegante, aunque vistiera una sotana vieja y una chaqueta de punto grueso. Era un hombre santo que, cuando terminó la entrevista, nos acompañó a visitar al Señor al oratorio. Se arrodilló muy bien, mirando muy fijo al Sagrario, y me invitó a mí a hacer lo mismo, pero a mi mujer no se lo consintió, por su embarazo. Luego nos acercamos a una imagen sedente de la Virgen y la besó con tanto amor que a mí me imponía respeto hacerlo a continuación. Termino estas líneas y veo que son todo detalles personales, nimios, que yo recuerdo de aquel hombre santo que consumió su vida en servicio de la Iglesia. Ahora, que he sobrepasado los setenta, sigo tan necio como cuando corría 800 m, pero -por lo menos- he aprendido del Fundador de la Obra a aceptar como la cosa más natural de mundo lo sobrenatural, de modo que las cosas que son imposibles, humanamente hablando, las acometo con la paz que él nos enseñó.

Hoy, cuando los críticos tienen la gentileza de ocuparse de algunas de mis novelas, me califican como un narrador que les dejo ser a mis personajes y me acerco a ellos de un modo amable. No puedo dejar de pensar que así trató siempre el Padre a la gente: les dejó ser y les amó con sus defectos o, precisamente, por sus defectos.

Todo esto lo aprendí de él. Aprendí tanto que, antes de conocerle, tengo la impresión de que sabía muy poco.

(Publicado en: Alfonso Méndiz y Juan Ángel Brage, Un amor siempre joven. Enseñanzas de San Josemaría Escrivá sobre la familia. Palabra, Madrid, 2003, p. 281-283.)

domingo, febrero 19, 2006

Les sorprende mi alegría al verme en esta silla de ruedas

Tengo cuarenta y cinco años, llevo casi treinta en esta silla de ruedas y más de treinta operaciones a mis espaldas”. Así resume su situación con su sonrisa habitual MªJosé Lostao. Numeraria, reside en un centro del Opus Dei en Pozuelo, Madrid.

“Nací con una complicación de corazón y a los 18 años me puse muy enferma: una meningitis tuberculosa que me tuvo seis meses en coma. Me llevaron al Hospital Ramón y Cajal de Madrid. Mis últimos recuerdos, antes de entrar en coma, fueron los regalos de Reyes, en una habitación del Hospital. Mi siguiente recuerdo es de seis meses después: una luz radiante, esplendorosa, que entraba por la ventana, una luz de verano. Mis hermanos pequeños estaban jugando alrededor de mi cama y al oír la voz del pequeño, Eduardo, me reí. Cuando se dieron cuenta fueron a avisar a mis padres. Volví a caminar con dificultad, me incorporé a la Universidad y logré sacar un curso y medio de Historia del Arte. Cuando todo parecía ir mejor, volví a tener varias recaídas y una de esas múltiples operaciones me afectó a la médula. Dejé de caminar definitivamente.

Ahora, además de no poder caminar, tengo paralizada la mano derecha y la zona derecha de la cara. Esa espasticidad de las piernas, del brazo derecho, etc. me han venido lentamente y eso ha permitido asumirlas con más facilidad. Pienso que Dios cuando me creó dijo: “está chica lo va a pasar mal; por tanto le vamos a darle una buena dosis de humor y una buena dosis de fe para que pueda sobrellevar lo que le va a tocar”.


Y así ha sido. Por eso, puedo decir, de todo corazón, que no pienso que haya tenido unos momentos tremebundos en mi vida: las cosas me han ido llegando poco a poco y eso las ha ido haciendo mucho más llevaderas. Veo que Dios me va llevando de la mano y nunca me he sentido defraudada por Él. Veo Su Voluntad detrás de todo, y espero… ¡que esto me quite purgatorio! Veo claro que Dios no está ajeno a este tinglado, que está al tanto, al loro...

En el Opus Dei me han enseñado a cultivar esa fe y ese sentido del humor que Dios me ha dado y he aprendido a darle sentido al dolor. Muchas veces, en los momentos malos, pienso: “Dios se está enterando de este trance y lo permite. Por tanto, algo bueno sacará de él”.

He aprendido a agarrarme de la mano de Dios y de la Virgen. Nadie me lo ha dicho: lo he aprendido de la fe de San Josemaría. Además, mis limitaciones no me han impedido poder demostrarle mi cariño y agradecimiento: gracias a Dios pude viajar a Roma y asistir a su Beatificación y Canonización.


Vivo en un centro del Opus Dei que reúne todas las condiciones para mi situación. Suelo salir por la mañana, para ir a Misa de doce a mi parroquia, dónde me conoce mucha gente: muchos se sorprenden al verme tan feliz. Yo procuro explicarles que, además de los motivos sobrenaturales, resulta más cómodo para uno mismo estar de buen humor; y para los demás es más agradable que te vean sonreír que estar con cara de víctima… Luego me doy un paseo, hago alguna compra y trato de cultivar una de mis aficiones favoritas que es el arte. Una de las últimas cosas que he hecho ha sido buscar en Internet documentación sobre el arte mozárabe. Y siempre que puedo, procuro escaparme al campo para disfrutar de la naturaleza.

Como una parte importante de mi vocación es hacer apostolado, suelo recibir visitas de jóvenes que participan en los medios de formación que se imparten en los centros de la Obra. Suelo contarles cosas y animarlas a ser generosas para cumplir la Voluntad de Dios. Estoy muy contenta porque antes del verano mi hermano pequeño, Eduardo, al que tengo un especial cariño, me vino a ver para decirme que va a ser sacerdote. Y pienso que quizá alguna culpa de esa decisión generosa tendré yo…”.

© 2006, Oficina de información del Opus Dei en Internet


jueves, febrero 16, 2006

¡Qué familión!

Juan de la Rubia y Manuela Comos, supernumerarios del Opus Dei, han celebrado sus bodas de oro en Valencia. Uno de sus hijos, del Camino neocatecumenal, cuenta en el semanario valenciano "Paraula" algunos rasgos de la historia de su familia durante estos 50 años.


Mis padres celebraron su boda en la capilla del Santo Cáliz de Valencia, pero la renovación la han hecho en San Juan del Hospital. El sacerdote que ofició la ceremonia es un padre jesuita amigo de la familia. Han tenido 14 hijos, de los cuales Dios se llevó a cinco nada más nacer.

Además, a mi hermano Fernando se lo llevó a los 22 años de edad el 20 de noviembre de 1992, habiéndose encomendado a la Santísima Virgen, de la que era muy devoto. Mis padres son miembros supernumerarios del Opus Dei. Como somos tantos hermanos, hay un poco de todo. Algunos formamos parte del Camino neocatecumenal, otros son supernumerarios del Opus Dei y otros son de Congregaciones Marianas.

Ahora mis padres disfrutan de nada menos que treinta nietos, (con el último de ellos, Carlos, Dios ha bendecido a mi familia con un niño con síndrome de Down). Acaba de llegar el nieto número 31 y mi hermano Pablo y su esposa Margarita están esperando otro niño.

Mis padres tienen los dos 77 años y siempre han estado muy comprometidos con la Iglesia. Ambos han sido un ejemplo de entrega, generosidad y amor para nosotros, sus hijos, y lo siguen siendo para sus nietos.

Mis hermanos y yo les debemos mucho a mis padres, sobre todo porque nos han dado su mayor bien, según sus palabras, que ha sido la Fe. A todos nos encantaría poder seguir unidos y celebrar juntos el próximo mes de julio disfrutando de la presencia del Papa Benedicto XVI.

jueves, febrero 09, 2006

Carta al Papa del sacerdote asesinado en Turquía

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 8 febrero 2006: Publicamos la carta que dirigió el 31 de enero el padre Andrea Santoro, sacerdote italiano misionero en Turquía, asesinado el 5 de febrero, mientras rezaba en la iglesia de la que era párroco en Trabzon, ciudad del Mar Negro. Image

Por indicación del Papa, la carta es publicada en la edición italiana de «L'Osservatore Romano» del 9 de febrero. Según el pontífice, en este documento, «se refleja el celo, la fe, el amor, que palpitaban en el corazón de don Andrea Santoro».

Roma, 31 de enero de 2006

Santidad:

Le escribo en nombre de algunas señoras georgianas de mi parroquia, «Sancta Maria» en Trabzon (Trebisonda) en el Mar Negro, Turquía. Me la han dictado en turco, se la traduzco tal y como ha salido de sus labios y se la entrego con motivo de mi visita a Roma. Soy don Andrea Santoro, sacerdote «Fidei donum» de la iglesia de Roma en Turquía, en la diócesis de Anatolia, residente aquí desde hace 5 años. Mi grey está formada por 8/9 católicos, muchos ortodoxos de la ciudad y los musulmanes, que conforman el 99% de la población. Usted, Santidad, es tanto el obispo de mi diócesis de origen (Roma) como el obispo de mi diócesis de destino, pues se trata de un «vicariato apostólico». En virtud de este doble título le entrego la carta de las tres georgianas.

«QUERIDO PAPA:

Le saludamos en nombre de todos los georgianos. Pedimos a Dios salud para ti en el nombre de Jesús.

Estamos muy contentos de que Dios te haya escogido como Papa. Reza por nosotros, por los pobres, por los miserables de todo el mundo, por los niños. Creemos que tus oraciones llegan directamente a Dios. Los georgianos son muy pobres, tienen deudas, no tienen casa, ni trabajo. Nos hemos quedado sin fuerzas.

Vivimos en estos momentos en Trabzon y trabajamos. Tú reza para que Dios nos bendiga y cree en nosotros un corazón nuevo y limpio. No nos olvidamos de la vida cristiana y tratamos de ser un buen ejemplo para los turcos en nombre de Dios para que a través nuestro vean y glorifiquen a Dios.

Tenemos muchas cosas que decir y contar, pero, Inshalá [si Dios quiere, ndt.], si vienes a Trabzon, podremos hablar cara a cara. Tu venida será una fiesta feliz. Pedimos y deseamos de Dios para ti salud, paz y vida cristiana. Besamos tus manos. Nos alegrará el que respondas y nos mandes una foto con tu firma.

Tú, como un papá común, reza por don Andrea y Loredana [voluntaria italiana que colabora en la parroquia, ndt.], que Dios les dé fuerza y que por medio de ellos la Iglesia crezca y se multiplique en Trabzon».

Firman: Maria, Marina y Maria

En nombre de los demás cristianos georgianos, te invitamos a Trabzon con motivo de tu próxima visita en noviembre a Turquía.

Santidad:

Me uno a estas tres mujeres para invitarle verdaderamente a visitarnos. Es una pequeña grey, como decía Jesús, que trata de ser sal, levadura y luz en esta tierra. Una visita suya, aunque sea rápida, sería de consuelo y aliento. Si Dios quiere… no hay nada imposible para Dios.

Le saludo y le doy las gracias por todo. Sus libros me sirvieron de alimento durante mis estudios de teología. Bendígame. Y que Dios le bendiga y le asista a usted.

Don Andrea Santoro

sacerdote «Fidei donum» de la diócesis de Roma en Turquía, Diócesis de Anatolia, ciudad de Trabzon en el Mar Negro, iglesia de «Sancta Maria». (Zenit)

miércoles, febrero 08, 2006

Una sociedad sin Dios


Se ha dicho que Dios no cuenta para los españoles. En muchos casos parece que es así, por muchas situaciones que se están dando en nuestra sociedad. Sin embargo, aún los que se dicen ateos se están rigiendo por criterios cristianos, emanados de Dios. Los que desean ignorar a Dios, si les ocurriera a ellos lo que dan por bueno en otros, ya no lo verían igual. Por ejemplo:

El mal trato de padres a sus hijos, o a la inversa, no se ve como algo que está bien, aunque de hecho se esté produciendo; el socio se apropia del negocio, con malas artes; mi cónyuge me la pega con un vecino, una amiga, un empleado, la jefa; están diciendo falsedades sobre mi comportamiento, o son cosas ciertas, pero ¿por qué se tienen que meter en mi vida?; un familiar muere por causa de un conductor ebrio o drogado, ya no parecería tan normal el alcohol o la droga; una mujer, o un hombre, despechado, mata a su expareja; el contratante se aprovecha de un «sin papeles» para tenerlo en esclavitud, etc.

Me dirán: son los derechos humanos: Sí, pero esos derechos no los han inventado los hombres sino Dios, que los ha puesto para que el hombre pueda vivir en paz. Porque siendo Él quien ha «diseñado» al ser humano, es quien conoce lo que es bueno, o malo para él, es el código con el que nacemos. El refrán «Lo que no quieras para ti, no quieras para los demás»,expresa simplemente: «Ama a tu prójimo como a ti mismo».

Sería muy peligroso prescindir de Dios, porque si las leyes fueran solamente humanas, impuestas por hombres, que son como yo: ni más, ni menos; a los que he prestado mi capacidad de decisión en asuntos que atañen al bien común, transcurrido el tiempo, otros ocuparían su lugar y podrían decidir que lo que antes era blanco, ahora es negro ¡La locura!.

Pilar Lázaro

Albert Camus pidió el bautismo antes de morir

Aparece en español el documento inédito que narra el acercamiento a Cristo del Nobel francés, considerado como una referencia del existencialismo.

La editorial Vozdepapel, dentro de su colección “Veritas”, avalada por seis universidades españolas, acaba de lanzar al mercado editorial español el relato del progresivo acercamiento del escritor albert Camus a la fe cristiana desde sus postulados ateos iniciales. En “El existencialista hastiado” se recogen las conversaciones que el existencialista Albert Camus y el reverendo metodista Howard Mumma tuvieron hace 50 años en París. El Nobel francés añoraba una trascendencia que alejase al mundo del sinsentido, y en su búsqueda puso en juego toda la racionalidad que desplegó en sus obras. Editado por primera vez en castellano, el extraordinario testimonio de Mumma recoge extensos y profundos diálogos con Camus, y muestra hasta qué punto un existencialista hastiado luchó por alcanzar una fe que le diese aquello que el mundo no le daba. El relato de este proceso de inquietud por conocer la respuesta que ofrece la fe cristiana a los interrogantes más profundos del ser humano, nos desvela a un escritor derrotado por el éxito e insatisfecho por la imposibilidad de encontrar en la lucha política por la justicia una solución a los problemas del mundo. “Soy un hombre exhausto y desilusionado. Es imposible vivir sin sentido”.

Buscar el sentido de la vida. Las conversaciones de Mumma vienen precedidas por un estudio de la obra literaria y filosófica de Albert Camus, en el que el profesor universitario José Ángel Agejas recorre las distintas etapas creativas del escritor. Lo más interesante de este análisis es comprobar cómo albert Camus se planteó siempre desde la honestidad intelectual que su obra literaria no era una respuesta a la cuestión del sentido de la vida, sino una reflexión en voz alta sobre la incapacidad del mundo para dar una respuesta satisfactoria. Camus sufrió siempre la incomprensión de quienes le consideraban un existencialista, etiqueta que él rechazó. Su obra no era una defensa del absurdo de la existencia, sino un testimonio de que el mundo sólo responde con el absurdo a la inquietud del corazón humano por encontrar el sentido.

Del ateísmo a la creencia. La despedida de Mumma y Camus concluyó con la fase más desconcertante del relato para quienes siguen viendo en el Nobel francés a un defensor del agnosticismo: “Amigo mío, ¡voy a seguir luchando por alcanzar la fe!” (“El existencialista hastiado”. Howard Mumma. Edición de José Ángel Agejas. Vozdepapel. 2005

martes, febrero 07, 2006

Carta del sacerdote asesinado en Turquía

El padre Andrea Santoro narra su vocación de puente entre Occidente y Oriente Medio
Carta publicada por el padre Andrea Santoro en el número 19 de la revista «Ventana para Oriente Medio» que él mismo había creado en Italia. El sacerdote fue asesinado este domingo a los 60 años mientras rezaba en su parroquia de la ciudad truca de Trabzon, en el Mar Negro.

Queridos:

Os escribo desde Roma, donde he pasado tres semanas antes de volver a Turquía. Han sido días muy intensos, dedicados a testimonios, encuentros, catequesis, conferencias, momentos de oración. Todo ha estado orientado a promover información y conocimientos entre Oriente Medio, visto a través de mi experiencia personal, y nuestro Occidente, según la finalidad de la «Ventana para Oriente Medio».

He encontrado por doquier interés y participación, y un sincero deseo por comprender y establecer lazos de comunión. He experimentado la importancia y la posibilidad de realizar un intercambio de dones espirituales entre estos dos mundos. Oriente Medio, gran «tierra santa», donde Dios decidió comunicarse de manera especial con el hombre, tiene sus riquezas y la capacidad, gracias a la luz que Dios ha infundido desde siempre, de iluminar nuestro mundo occidental.

Pero Oriente Medio tiene sus oscuridades, sus problemas, con frecuencia trágicos, y sus «vacíos». Necesita, por tanto, a su vez, que ese Evangelio que de allí partió vuelva a ser sembrado y que la presencia de Cristo vuelva a ser propuesta allí. Es una recíproca «reevangelización» y un enriquecimiento que los dos mundos pueden intercambiarse.

Mientras tanto [en ausencia del sacerdote, ndt.] en Trabzon, la minúscula comunidad cristiana se ha reunido cada domingo por la mañana para celebrar la liturgia de la Palabra y la iglesia se ha abierto a los visitantes musulmanes dos veces a la semana bajo la responsabilidad de una persona de confianza. Os informaré sobre cómo ha ido.

Os saludo, confiándoos estas reflexiones, y exhortándoos a poner siempre en contacto la fe con el momento presente. Que no sea una fe abstracta y genérica, sino una fe como la de aquellos primeros «inicios», que se nos ha trasmitido en el seno de generación en generación. La levadura, como dice el Evangelio, tiene una capacidad misteriosa de fermentar la masa, si se entra en contacto con ella. La masa, de todo tiempo, de todo lugar, de toda generación.

Además, Jesús decía: «Yo soy la luz del mundo, quien me sigue no camina en tinieblas». Si su luz nos ilumina, no sólo iluminará toda situación, aunque sea la más trágica, sino que además nosotros, como decía Él siempre, seremos luz. La luz tenue de una vela ilumina una casa, una lámpara apagada deja todo en la oscuridad. Que Él brille en nosotros con su palabra, con su Espíritu, con la savia de sus santos. Que nuestra vida sea la cera que se consuma con total disponibilidad.

Con cariño:
Padre Andrea

¿Es lícito, en nombre de la libertad de pensamiento, herir el sentimiento religioso?

Las viñetas sobre Mahoma y las blasfemias en España suscitan interrogantes al diario vaticano

CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 6 febrero, 2006 (ZENIT.org).- Tras el asesinato de un sacerdote católico en Turquía, según los primeros indicios en el contexto de la protesta por la publicación de viñetas sobre Mahoma, el diario de la Santa Sede propone un examen de conciencia sobre la libertad de expresión y la libertad a la ofensa de los sentimientos religiosos.

Este análisis, afirma «L'Osservatore Romano», debería abarcar a todos los medios de comunicación y todos los países, citando explícitamente el caso de España, donde un espectáculo teatral ridiculiza al Papa, amenaza a los católicos, e incita a la apostasía, o donde un programa de televisión explicó «Cómo cocinar un crucifijo».

«¿Es lícito, en nombre de la libertad de pensamiento, herir el sentimiento religioso de quienes pertenecen una determinada confesión? ¿Dónde comienza el derecho de expresión y dónde comienza la ofensa a las convicciones interiores de los demás?», pregunta Francesco M. Valiante en la edición italiana del 6-7 de febrero del diario.

«¿Cuál es la frontera entre sátira y escarnio, entre ingenio y ultraje, entre ironía y blasfemia?», sigue preguntando el autor como parte de este examen de conciencia.

Se trata de un debate, reconoce, entre quienes «invocan el derecho a caricaturizar a Dios» y quienes consideran las viñetas como «un error», «una provocación», «una difamación», «un acto blasfemo».

«En la cuestión se mezclan y en ocasiones confunden niveles diferentes: el jurídico y el cultural, el ético y el deontológico», constata.

«No hay duda de que el derecho a manifestar el propio pensamiento y el derecho a profesar libremente una religión forman parte a pleno título de los derechos humanos fundamentales e irrenunciables universalmente reconocidos» desde hace 60 años por la Declaración Universal de los Derechos del Hombre.

Al mismo tiempo, añade, «es indudable que toda genuina expresión del primero de estos derechos encuentra en la plena e integral realización del segundo un límite, por llamarlo de algún modo, natural».

«La tan enarbolada "laicidad" de la sociedad moderna, ¿no debería encontrar uno de los puntos cardinales de referencia precisamente en la comprensión y en el respeto de las convicciones del "otro", aunque sean diferentes y antitéticas a las propias?», se pregunta el autor del artículo.

«¿Qué progreso social, qué meta civil supone el colgar de la picota los símbolos de la fe de un creyente, independientemente de la religión a la que pertenezca?».

«No estamos hablando, como es obvio, de la crítica legítima, la polémica argumentada, el disenso expresado incluso de manera radical --aclara el texto--. Ninguna Iglesia o confesión puede pretender privilegios e inmunidad».

«Pero puede, es más, debe exigir respeto cuando están en juego la verdad y la dignidad de una experiencia como la religiosa, que pertenece a la dimensión más íntima y fundamental de la persona humana», citando después otras, como la familiar.

El artículo define la función pedagógica y moral de la sátira con el antiguo adagio latino «castigat ridendo mores» (castiga las costumbres riendo).

El texto alaba la sátira, por ejemplo, «cuando ha fustigado las malas costumbres y ha denunciado las injusticias de toda época, desenmascarando la idolatría de los "poderosos", desnudándola de ese halo sacro y artificioso que con frecuencia escondía los vicios y la corrupción».

Pero esto, añade, no tiene nada que ver con las «bajas veleidades "sacrílegas". Cuando tiene por blanco los valores y los símbolos de lo religioso, de lo que es sagrado en sentido absoluto e indefectible, pierde inevitablemente su naturaleza y su función».

«Al quedar privada de toda finalidad crítica o educativa, se convierte en mero ensañamiento. Se transforma en vulgaridad gratuita», denuncia.

Y en el caso de las viñetas de Mahoma o las blasfemias contra el crucifijo en España, según el diario, no queda claro «el valor artístico y cultural, o simplemente "satírico"».

«Resulta oscura incluso su pretensión de ser una expresión de libertad o de "laicidad". Pero, en este caso, por desgracia, el sentido común tiene poco que ver. Ante la vulgaridad, ante el insulto y la blasfemia, la inteligencia de la razón se ve obligada a claudicar».

El artículo concluye constatando que lo sucedido en España no parece «que haya suscitado particular desdén en la opinión pública. Sin embargo, entre los excesos del ruido mediático y el silencio condescendiente --reconoce--, queda la dignidad ofendida, la conciencia herida».

«En esa Cruz --signo por excelencia del Amor universal-- profanada por una repugnante mezcla de miseria y obscenidad, queda agraviada y clavada toda la humanidad», asegura.
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viernes, febrero 03, 2006

Decidí firmar un cheque en blanco, y dejar que Dios pusiese el importe y la fecha

El pasado 1 de febrero falleció en Madrid Francisco Seva, agregado del Opus Dei, conocido entre sus amigos por su simpatía y vitalidad. En los dos últimos años de su vida padeció un proceso de Esclerosis Lateral Amiotrófica (E.L.A). Este es el testimonio que él mismo escribió hace unos meses, y que ha sido publicado recientemente en la revista “Mundo Cristiano”.


UNA RESPUESTA DE LA VIRGEN

He titulado estos papeles "Una respuesta de la Virgen", porque pienso que en todo lo que voy a relatar, Ella es la que ha intervenido decisivamente. Quiero decir en primer lugar que soy un privilegiado, pues como le dije a un buen amigo, hace 34 años me tocó la “lotería”, pues Dios me concedió lo mas hermoso que tengo, que es mi vocación al Opus Dei, y ahora como “premio especial al décimo” me ha concedido una enfermedad, que parece definitiva en unos años, y que me dará un tiempo para prepararme bien. Yo no me merezco ni una cosa, ni la otra, por eso estoy muy feliz. Decía san Josemaría, que Dios hace con las almas como un jardinero con las flores, que las corta cuando están en su mejor momento. Pues en mi jardín hay mala calidad y mucho estiércol –pecados-, con lo que preveo que esto durará bastante, hasta que El me llame. En un primer instante le pedí que fuera rápido, y que por lo menos me dejara la capacidad de hablar. Pero en seguida decidí firmar un cheque en blanco, y dejar que Dios ponga el importe y la fecha.

La enfermedad me está dejando poco a poco paralítico, aunque aún puedo hablar, y escribir con el ordenador. Es curioso que –como dice Jesús en el Evangelio- yo que he sido siempre más “marta” -actividad, gestiones, organizar- que “maría” -contemplación-, vaya a acabar mis días en la tierra –si Dios no dispone otra cosa- como ésta última, es decir, inmóvil –que no inactivo- y rezando. Espero aprovechar bien para sacar adelante muchas intenciones, para el bien de la Iglesia. Y estoy seguro de que cuento con toda la ayuda del cielo, para llegar al final, pues humanamente hablando es difícil explicar la alegría que tengo.

No pretendo con este relato nada más que expresar lo que pienso y siento, por si a alguno le puede ayudar en circunstancias similares. Dios es el que elige la senda y el modo de terminar en sus brazos, y a mí me ha tocado este. Si no hago mucho el tonto espero conseguirlo.

Lourdes 8 abril 2004

Por segundo año consecutivo, decidimos unos amigos y yo, pasar la Semana Santa en Lourdes. Nos fuimos el martes santo y llegamos al día siguiente. El jueves santo estuvimos en Gavarnie, pues el año anterior lo habíamos pasado de maravilla, con un matrimonio francés muy simpático que regentaba el restaurante donde comimos. La pena es que este año estaba cerrado. Nos hicimos unas fotos en un paraje que respiraba paz y sosiego. Volvimos a Lourdes para los oficios en las Clarisas, como el año pasado, y luego fuimos a hacer una romería al santuario. Recuerdo que se puso a llover y rezamos la última parte del rosario enfrente de la gruta, pero al otro lado del río, para estar a cubierto. Fue ahí cuando le pedí a la Virgen la definitiva conversión, pues soy bastante bruto y no acababa de darle a Dios todo lo que me pedía. Ahora estoy seguro de que la Virgen no sólo me escuchó –siempre lo hace con sus hijos, aunque sean unos “perdidos”-, sino que me concedió lo que le pedí, eso sí, de una manera no esperada por mí.

Empiezan los sustos

Me encanta el mar. Quizá porque en Madrid no lo hay. Mi hermana Marisa tiene un piso en Guardamar del Segura (Alicante) y a mediados de junio me fui a verla con ocasión de un viaje profesional. Compré un melón y, cuando intenté abrirlo, en vez de trazar con el cuchillo una línea recta, observé que me salió curva, y que mi mano no “obedecía” bien las instrucciones. En los días sucesivos también noté pérdida de fuerza en el brazo, descoordinación en las piernas –no podía correr-, y empecé a tener dificultades para escribir correctamente a mano. Se lo comenté a mi hermana, que se alarmó algo, y quedamos en ir al médico a la vuelta.

El médico de cabecera observó que efectivamente había perdida de fuerza en el brazo derecho. De las piernas no le dije nada, pues estaba en los primeros síntomas. Me dio cita con el neurólogo y más tarde me pidió una resonancia magnética de la cabeza. La prueba dio como resultado “que no tenía nada en la cabeza”. El resultado lo recibió la neuróloga titular y me mandó hacer una resonancia magnética de la columna cervical, diciéndome que de no encontrar nada ahí, habría que hacer un estudio neurofisiológico completo.

Me hice la 2ª resonancia y después me marché a trabajar. Me metí en Internet y busqué el término que me había dicho la doctora -“fasciculaciones”-, y después busqué el significado de E.L.A y me asusté, porque todo encajaba en mi cuadro clínico: edad, síntomas, etc. La enfermedad es incurable, progresiva y mortal en un periodo de años que oscilaba entre 3 y 5. Sería absurdo negar que me quedé algo “planchado”.

Ese día lo pasé mal, pues estaba convencido de que tenía esta enfermedad, pero al día siguiente me dijeron, tras los resultados, que lo que tenía era una hernia cervical grande que me estaba oprimiendo la médula espinal, y que había que operarla cuanto antes. Vamos, que del susto del a E.L.A. nada de nada.

Diagnóstico confirmado

Se hicieron las gestiones para poder operarme en Pamplona cuanto antes, y así ingresé el 1 de agosto por la tarde. El jueves 5 me operaron y el lunes 9, me dieron de alta, para continuar el postoperatorio en Madrid. Me dijeron que volviera a revisarme a Pamplona tras mes y medio. En la revisión del día 25 de septiembre se comprobó que todo estaba correcto, que había mejorado poco en cuanto a recuperación de movilidad, pero como había lesión medular, estos procesos son lentos, que hiciera rehabilitación, y volviera pasados tres meses.

Así comencé a asistir a la sala de rehabilitación en Madrid. Mejoré algo al principio, pero llegó un momento en que me quedé estancado. Me dijeron que no podían hacer más, y me dieron de alta con el diagnóstico de “afectación neurológica crónica”. Tras la rehabilitación, volví a Pamplona el día 5 de enero. En la clínica, el doctor se preocupó al ver mi evolución, sobre todo cuando le comenté mis dificultades para hablar. Me hicieron varias pruebas y nos volvimos a Madrid para pasar la fiesta de Reyes en casa y esperar acontecimientos.

Pasada una semana hablé con el doctor, que me explicó la situación: enmascarada por la hernia cervical había otra enfermedad, de tipo neurológico. Le pregunté si la enfermedad tenía algún nombre, a lo que me respondió: “Esclerosis Lateral Amiotrófica: E.L.A.”. Ante la noticia, decidí que de quedarme ese día en casa nada de nada. Cogí “el toro por los cuernos” y me fui a cumplir unos encargos y a poner buena cara. Al día siguiente fui a ver a mis hermanas, para tranquilizarlas y animarlas. Es curioso que fuera así, cuando debería ser al revés, y yo lo atribuyo a una gracia especial de Dios. Los días siguientes intenté hacer vida completamente normal, aunque noté que mi voz se volvía cada vez más pastosa y mis piernas estaban cada vez más débiles.

Fátima

Un amigo mío –Macario- iba con mucha frecuencia a Fátima, para agradecer a la Virgen algunos favores. Después de su muerte, su familia quiso que les acompañase a ese santuario de la Virgen, así que el 29 de enero salimos todos para allá. El viaje fue encantador. Llegamos a Fátima con tiempo para escuchar misa en la basílica, y luego hicimos lo que hacía mi amigo: rezar el rosario en la Capelinha. Hacía frío, y me quedé “encogido”. Pedí, por muchas cosas: el Papa, la Iglesia, el Opus Dei, la familia de Macario, la mía, los amigos, etc….también pedí por mi curación, pero pienso que con poca fe.

Volví a Pamplona el 2 de febrero; la doctora confirmó el diagnóstico y nos hizo una serie de recomendaciones sobre la enfermedad. Aquel día, para mí no sólo se confirmó el diagnóstico, sino la intervención de la Virgen en todo este proceso (esto por supuesto es sólo mi opinión), pues detrás de la mesa de la doctora había una postal del santuario de Lourdes, donde empezó todo. ¿Coincidencia?: cada uno es muy libre de pensar lo que quiera….y yo también.

Termino estas líneas el día 11 de febrero, festividad de la Virgen de Lourdes. Me han insistido en que pida mucho por mi curación, y eso haré, además de pedir muchas oraciones a todos. Ayer puse como fondo de pantalla en el ordenador la gruta de Lourdes. Esta mañana me he despertado con un “gracias Madre”, pues ocurra lo que ocurra, me está haciendo mucho bien, y espero que sea una ocasión estupenda para hacer mucho bien a los demás.

miércoles, enero 25, 2006

Benedicto XVI publica primera Encíclica: "Deus caritas est"


Así lo cuenta ACI
VATICANO, 25 Ene. 06 (ACI).- El día de hoy fue publicada la primera Encíclica del Papa Benedicto XVI, quien bajo el título Deus caritas est


"Participando de la Eucaristía, también nosotros somos involucrados en la dinámica de su donación. Nos unimos a Él y al mismo tiempo nos unimos a todos los demás a los cuales Él se dona; convirtiéndonos así todos en ‘un solo cuerpo’. De modo que amor por Dios y amor por el prójimo son verdaderamente fusionados. El doble mandamiento, gracia a este encuentro con el ágape de Dios, no es más solo una exigencia: el amor puede ser ‘mandado’ porque antes ha sido donado”.

La práctica de la Caridad

La segunda parte del documento trata en cambio el ejercicio concreto del mandamiento del amor hacia el prójimo. En esta parte se afirma que “el amor al prójimo enraizado en el amor de Dios, además de ser una tarea de cada fiel, lo es también de la entera comunidad eclesial, que en su actividad caritativa debe reflejar el amor trinitario”.

“La conciencia de tal tarea –continúa la Encíclica– ha tenido una relevancia constitutiva en la Iglesia desde sus inicios. En la estructura fundamental de la Iglesia surge la ‘diaconía’ como servicio del amor hacia el prójimo ejercitado comunitariamente y en modo ordenado”.

El Papa Benedicto XVI hace ver también como “con el progresivo difundirse de la Iglesia, este ejercicio expresa así una triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios, celebración de los Sacramentos, servicio de la caridad. Se trata de tareas que se presuponen mutuamente y que no pueden ser separadas una de la otra”.

El Papa critica luego la visión utilitaria de la caridad, especialmente en el marxismo, al afirmar que “desde el siglo XIX, fue levantada una objeción fundamental contra la actividad caritativa de la Iglesia: esta estaría en contraposición –se ha dicho– con la justicia y terminaría por actuar como sistema de conservación del status quo. Con el cumplimiento de obras de caridad la Iglesia favorecería el mantenimiento del sistema injusto en acto haciéndolo algo soportable y frenando así la rebelión y el potencial cambio hacia un mundo mejor. En este sentido el marxismo había indicado en la revolución mundial y en su preparación la panacea para la problemática social- un sueño que en el entre tiempo se desvaneció”.

Recordando, en esta línea, el magisterio de los Pontífices, “comenzando por la Encíclica Rerum novarum de León XIII hasta la trilogía de Encíclicas sociales de Juan Pablo II (Laborem exercens, Sollicitudo rei socialis, Centesimus annus)”, la Encíclica afirma que ha “afrontado con creciente insistencia la cuestión social, y en el confronto con situaciones problemáticas siempre nuevas ha desarrollado una doctrina social muy articulada, que propone orientaciones válidas más allá de los confines de la Iglesia”.

“La creación de un justo orden de la sociedad y del Estado –continúa– es tarea central de la política, y por lo tanto no puede ser encargo inmediato de la Iglesia. La doctrina social católica no quiere dar a la Iglesia un poder sobre el Estado, sino simplemente purificar e iluminar la razón, ofreciendo así la propia contribución a la formación de las conciencias, para que las verdaderas exigencias de la justicia puedan ser percibidas, reconocidas y también realizadas. Sin embargo no existe ningún orden estatal que, por muy justo, pueda hacer superficial el servicio del amor".

"El Estado que quiere proveer a todo se convierte en definitiva en una instancia burocrática que no puede asegurar la contribución esencial que el hombre sufriente necesita: la amorosa entrega personal”, advierte además el Papa Benedicto.

La encíclica hace ver como un efecto colateral de la globalización “se manifiesta en el hecho que la solicitud por el prójimo, superando los confines de las comunidades nacionales, tiende a extender sus horizontes al mundo entero. Las estructuras del Estado y las asociaciones humanitarias secundan en varios modos la solidaridad expresada por la sociedad civil: se han formado así múltiples organizaciones con fines caritativos y filantrópicos".

"También en la Iglesia Católica –sigue el Santo Padre– y en otras Comunidades eclesiales han surgido nuevas formas de actividad caritativa. Entre todas estas instancias es necesario que se establezca una colaboración fructífera. Naturalmente es importante que la actividad caritativa de la Iglesia no pierda la propia identidad disolviéndose en la común organización asistencial y convertirse en una simple variante, sino que mantenga todo el esplendor de la esencia de la caridad cristiana y eclesial”.

Para que la Iglesia mantenga la esencia de la caridad cristiana, el Papa hace referencia a la necesidad de:

- “basarse en la experiencia de un encuentro personal con Cristo, cuyo amor ha tocado el corazón del creyente suscitando en él el amor por el prójimo”.

- “debe ser independiente de partidos e ideologías. El programa del cristiano es un corazón que ve. Este corazón ve donde hay necesidad de amor y actúa en modo consecuente”.

- “no debe ser medio en función de aquello que hoy es indicado como proselitismo. El amor es gratuito; no es ejercitado para alcanzar otros medios.

"Pero esto no significa que la acción caritativa deba, por así decir, dejar a Dios y a Cristo de lado", advierte el Pontífice. "El cristiano sabe cuando es tiempo de hablar de Dios y cuando es justo callar y dejar hablar solamente al amor. El himno a la caridad de San Pablo debe ser la Magna Carta de todo el servicio eclesial para protegerlo del riesgo de degradar en puro activismo”, añade.

Oración en la acción

Hacia el final de la encíclica el Santo Padre recuerda la importancia de la oración. “Frente al secularismo que puede condicionar también a muchos cristianos comprometidos en el trabajo caritativo, es necesario reafirmar la importancia de la oración”.

“El contacto vivo con Dios –dice el Papa– evita que la experiencia de la desproporción de la necesidad y de los límites del propio actuar puedan, por un lado, llevar a la persona a la ideología que pretende ahora aquello que Dios, por cuanto parece, no consigue, o, por otro lado, ser tentación para ceder a la inercia y a la resignación".

"Quien reza no pierde su tiempo, incluso si la situación parece impulsar únicamente la acción, no pretende cambiar o corregir los planes de Dios, sino que busca- bajo el ejemplo de María y los Santos- de buscar en Dios la luz y la fuerza del amor que vence toda oscuridad y egoísmo presente en el mundo”, concluye el Pontífice.

sábado, enero 21, 2006

Infancia misionera

ESTA mañana, cuando apenas rayaba el alba, ha entrado mi hija de tres años en la habitación, pidiéndome que apoquine un donativo para la Jornada de la Infancia Misionera. En su colegio, regentado por hermanas concepcionistas, le han hablado de otros niños de Guinea Ecuatorial o el Congo, Brasil o Filipinas, atendidos como ella por esta congregación misionera; niños que habrían muerto víctimas de enfermedades feroces o de pura inanición si esas monjas heroicas no hubiesen mediado en su tragedia. Como las hermanas concepcionistas, son miles los hombres y mujeres, religiosos y seglares, que un día cualquiera decidieron inmolarse en la salvación de otras vidas que languidecían en los arrabales del atlas; hombres y mujeres que, como cualquiera de nosotros, hubiesen preferido envejecer entre los suyos, disfrutando de las ventajas de una vida regalada, pero que respondieron sin rechistar a su vocación.

«¿Y qué es la vocación?», me interrumpe mi hija. «Es una llamada de Dios», empiezo un poco atolondradamente, pero como compruebo que mi hija no acaba de entenderme añado: «Dios nos habla a través de los niños que sufren». Y como temo que mi hija confunda a Dios con un ventrílocuo, trato de explicarme: «En realidad, Dios está dentro de cada niño que sufre, Dios es cada niño que sufre. Pero sólo algunas personas elegidas saben verlo; mientras los demás miramos para otro lado, los misioneros miran a Dios a los ojos, lo toman entre sus brazos, le dan un trozo de pan, le curan las heridas...». «¿Y también le cantan para que se duerma?», me interrumpe mi hija, empezando a comprender. «Todas las noches», le respondo. «¿Y cuándo se duerme ellos también descansan?», insiste. «No, ellos siempre están despiertos, porque apenas han conseguido que uno de estos niños se duerma otro empieza a llorar». Mi hija frunce el entrecejo: «¿Dios también llora?». «También. Dios está llorando siempre», le contesto.

Y estos misioneros, centinelas perpetuos de su llanto, se dedican a apaciguarlo, sabiendo que su misión es incontable como las arenas del desierto. Están hechos del mismo barro que nosotros, incluso parecen más frágiles que nosotros, más adelgazados por las noches de insomnio, por el recuerdo de las muchas vidas que han visto consumirse, por el llanto que no cesa y la rabia de no ser omnipotentes; pero en sus cuerpos curtidos por el sol y adelgazados de vigilias se esconde un incendio de benditas pasiones que mantiene caldeada la temperatura del mundo. Quizá mañana mismo se den de bruces con la muerte, que les tenderá su emboscada bajo la forma de un contagio, o de una ráfaga de plomo; pero, entretanto, perseveran en su epopeya silenciosa, sin aguardar otra recompensa que la sonrisa de un anciano famélico, la mirada palúdica de un niño que apenas se sostiene en pie, la caricia exhausta de una mujer que los contempla entre las neblinas de la fiebre. Ellos saben que en esa sonrisa claudicante, en esa mirada desvanecida, en esa caricia de rendida gratitud se esconde Dios. Son veinte mil españoles, entre los cientos de miles que se reparten allá donde las hambrunas y las guerras endémicas trituran vidas ante la indiferencia de los politicastros y los noticieros televisivos. Si mañana dimitieran de su misión, la noche se abalanzaría sobre el mundo. Seguimos vivos porque el fuego que los enardece no declina su llama.

Son veinte mil españoles para atender la muchedumbre del dolor, para apaciguar el llanto multitudinario de Dios que se copia en las lágrimas de cada hombre que sufre, para llevar el Reino a los parajes más arrasados del planeta. Son veinte mil hombres y mujeres salvando cada día a millones de niños. Y necesitan nuestra ayuda: nuestro aliento, nuestra gratitud y también nuestro dinero. Así que a ver si apoquinamos.

Por JUAN MANUEL DE PRADA

viernes, enero 20, 2006

Me he sentido perseguida por ser católica

DAVID GUERRERO
Pilar Domínguez llega corriendo, acalorada. Me saluda y se sienta. Su día ha transcurrido entre clases, práctica y horas de estudio. Está en cuarto de Farmacia. La entrevisto en la sede de Doble Erre, empresa dirigida por Raquel Revuelta para formar profesionales de las Relaciones Públicas, el turismo, la moda y la publicidad. En la forma de hablar se le nota que es modelo. Expresa muy bien lo que quiere decir y remarca las palabras. Mira fijamente para darle más sentido a sus frases. Se trata de una persona de profundas convicciones religiosas y de una sencillez admirable.

¿Cómo comenzó su afición por la moda?
Empecé de pura casualidad a través de una amiga, aunque a mí el mundo de la moda siempre me había gustado un poquito. Lo que no me gustaba era el mundo de las misses porque las veía muy diferentes amí, y yo ya tenía la facultad, mi familia, mis amigos, mi novio, el deporte.

Entonces ...
Al principio yo quería trabajar como azafata para sacar un dinero. Después, me convencieron y empezaron a prepararme para miss. Me presenté habiéndolo decidido poco tiempo antes y me lo tomé como una experiencias. Por eso, me llevé una sorpresa muy grande cuando fui elegida.

¿Qué papel juega la moda?
La moda en sí es un negocio que mueve mucho dinero y también la mentalidad social. Ya desde pequeña ves a las niñas que siguen los modelos que se establecen: modelos de belleza, de delgadez, de ojos, de maquillaje, de mujer perfecta. Al fin y al cabo, es lo que unas personas deciden en una reunión.

¿Y para usted?
Para mí, la moda es arte; en este caso, arte expresado en el textil. Además, en lo personal es un hobby, algo que me gusta y me permite desconectar un poco de todo.

¿Cómo percibe la moda actual?
Las hay muy diferentes. En España e Italia la moda es más elegante. En los países del norte, muy urbana. En Tokio, muy rara, muy moderna.

A veces, da la sensación de que los trajes de las pasarelas están muy apartados de las calles.
La moda que utiliza la gente es muy práctica, muy cómoda. La gente trabaja, estudia.. Por tanto, lo que yo creo que tiene que hacer la moda es adaptarse a las necesidades reales de la gente. Se percibe que algunos diseñadores van evolucionando y adecuándose.

¿Qué hace falta para ser una buena modelo?
Altura, un cuerpo bonito, oído y un sentido del ritmo. Después está la elegancia, aunque eso te lo pueden ir enseñando. Como modelo, tienes que tener la habilidad de expresar mucho. Eres, en definitiva, una actriz que debe plasmar una imagen.

Le he oído decir que no desfilaría nunca en ropa interior ni con transparencias.
Yo creo que no hace falta enseñar nada. En la moda hay que tener valores y principios. Esto puede resultar difícil en determinados ambientes pero la gente no tiene que tener miedo a manifestarse como es. Pero le aseguro que hay mucha gente que piensa como yo. No soy nada del otro mundo.

¿Ha tenido que rechazar ofertas por ello?
Sí, por supuesto. Pero si tienes las ideas claras, no vas donde te lleven. Hay que ir contracorrient. Creo que con esta forma de actuar puedo ser un ejemplo para otras chicas que, como yo, están en el mundo de la moda. De todas formas, ya le digo que no soy la única que piensa así.

¿Tiene esto que ver con su condición de católica?
Mi formación es muy importante en mi vida. Si no tienes religión, no tienes espiritualidad y nada te importa, ni siquiera tu cuerpo. No creo que la vida sea comer, dormir, reporducirse y morir.

Si permite la gracia, ¿ser católico no está de moda?
No tengo miedo de decir lo que pienso. A los cristianos siempre nos han perseguido. En la moda, me he sentido perseguida como católica.

¿Qué piensan sus compañeras?
Es cierto que a muchas les choca cosas como, por ejemplo, ser virgen a los 23 años. Yo pienso que antes de entregarte tienes que tener esa seguridad total de que vas a estar con la otra persona toda la vida. Y para ello, antes hay que pasar por el matrimonio.

Algunos dicen que la Iglesia discrimina a la mujer ..
Al contrario. Desde siempre, Jesús ha tenido muy valorada a la mujer, la ha tenido en un altar. La mujer es su mano derecha y la Iglesia como sucesora, ha fomentado ese mensaje. La gente siempre va a estar criticando miles de cosas y no puedes echarle cuenta a todo lo que dicen.

¿Qué le parece el Papa Benedicto XVI?
Tuve ocasión de ir a verlo y escucharlo en Colonia este verano, en la Jornada Mundial de la Juventud. Creo que se le ha criticado tanto porque es muy diferente de Juan Pablo II. De Benedicto XVI tengo que decir que tiene una formación muy grande- Está dejando las cosas muy claras, también los valores. Él no cede y, a la vez, se adecúa a los problemas actuales.

Póngame un ejemplo de modelo para usted.
Judit Mascó.

¿Y en su vida?
Mi madre ...y la Virgen María. ¿Quién mejor modelo que la Virgen María?

¿Piensa compatibiizar su carrera como modelo con su profesión?
Al final, imagino que tendrá que elegir. Tengo claro que voy a terminar Farmacia. Después no sé en qué voy a trabajar. Me gustan la televisión y la radio, poque me considero muy comunicativa.

jueves, enero 19, 2006

Miss Sevilla: «Hace falta que los cristianos venzamos el miedo y demos testimonio»

Pilar Domínguez asegura que «hablar de Dios en sitios donde nadie cree ratifica mi fe en Cristo»Image

Madrid- Habla con desparpajo y sinceridad, sin ocultar ni sus sentimientos ni la sangre andaluza que tiñe sus palabras. No se considera como una «miss» porque su vocación es la Farmacia. De hecho, el mundo de la moda sólo es una diversión para aliviar sus estudios universitarios. Y aunque a Pilar Domínguez le molesta que muchos consideren que su fe hace de ella «un bicho raro», nada más lejos de la realidad. Es una chica «normal y corriente», con un bonito rostro y unos valores sólidos que afirma con valentía que le gusta «nadar contra corriente y dar testimonio de Jesús». Y ha dejado las cosas claras desde un principio: «No desfilo con transparencias, ni ropa interior, ni faldas cortitas, ni cosas así».

- ¿Se le han cerrado algunas puertas por mantener sus principios en el mundo de la moda?

- Supongo que sí. Pero me da igual, porque tampoco me quiero dedicar a esto de por vida. Yo tengo mi vida, mi carrera, mi familia, mis amigas, mi mundo y, a nivel de ocio, tengo la moda, igual que el deporte u otras aficiones.

- Al verla, resulta curioso cómo rompe el prototipo del mundo de la moda basado en la apariencia, en lo pasajero, mientras que la fe es todo lo contrario

- Realmente es complicado compaginarlo y mantener firmes tus valores. Hay que ir casi continuamente contra corriente.

Cristianos sin miedo. - ¿Y cuesta?

- Cuesta al principio, pero cuando ya superas la barrera del miedo a ser diferente, te ratifica tu fe. Así das testimonio de Jesús en tu vida. A mí no me cuesta nada dar testimonio de Cristo. Me da igual lo que piense la gente de mí, y no sólo en el ámbito de la fe. Gracias a Dios tengo una personalidad fuerte y hago lo que creo que debo hacer. No dependo de los demás y por eso no tengo miedo. Me gusta dar testimonio en sitios donde es más difícil. Hablar de Dios en un sitio donde nadie cree, más bien todo lo contrario, donde todo el mundo hace lo que le da la gana con todo el mundo, provoca que te miren como un bicho raro. Pero me siento muy contenta y muy orgullosa.

- ¿Qué le dice a aquellos que afirman que ser cristiano está pasado de moda?

- Respondo que es al contrario. Si alguien me pide ayuda, crea o no, siempre digo: «No te preocupes, confía en Dios y reza un poquito porque Él es quien más quiere que seas feliz. Tus amigos te pueden aconsejar en mil cosas, pero el que te quiere es tu Padre, el que está arriba, y nunca te va a fallar». La gente tiene una idea de Dios un poco lejana, y en realidad está contigo siempre y puedes sentirlo así.

- ¿Hace falta, entonces, que los cristianos demos más testimonio, que perdamos ese miedo?

- Desde luego que es necesario. Juan Pablo II no paraba de decirlo. A los jóvenes siempre nos decía que la fe no estaba pasado de moda. Si no hay testimonio acabaremos perdiendo espacio, nos «invadirán» otras religiones y retrocederemos.

- En las pasarelas, ¿conoce cristinos que no sean capaces de decirlo?

- Sí, les da miedo marcar la diferencia. Muchos lo interiorizan y no hablan de ello. Pocas veces me encuentro gente con las ideas tan claras como yo. Y no es que yo sea ejemplo de nada, todo lo contrario.

Una experiencia brutal. - Participó en las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ) en Colonia, ¿qué tal fue la experiencia?

- Yo nunca había vivido unas JMJ con el Papa. En todos los sentidos fue muy, muy duro. Pero aprendí un montón de cosas, a compartir, a convivir con muchísimo tipo de gente. Te emocionas cuando estás rodeada por una masa de gente, de todos los países, de todos los idiomas, de todos los rasgos del mundo, y ves que toda esa gente ha ido a buscar lo mismo que tú, con la misma esperanza y siguiendo a Alguien. A todos se nos veía en la cara que compartíamos los mismos principios, las mismas ganas de vivir. Acababa casi todo el mundo con las lágrimas saltadas. La noche de la vigilia, en Marienfield, dormí super forrada, con leotardos, unos vaqueros, un montón de calcetines, un forro polar, un chaquetón, una camiseta interior y una sudadera. Me metí en el saco con eso, dos amigas, un chubasquero y una colchoneta en el campo...

- Como para defilar en pasarela...

- Sí, y maquilladas y todo (risas)

Un sacrificio que compensa. - ¿Qué es lo que más le marcó en Colonia?

- Después de todo lo que viví como «miss» y todos los pajaritos en la cabeza, tanta cosa, tanta gloria, tanta fama, promesas de dinero, lujos... en Colonia viví todo lo contrario. Fue una experiencia de vida brutal, la de volver a recordar lo que realmente importa en la vida. De golpe pasé del lujo al frío, el hambre, la sed, el cansancio... Recordé que sigo siendo la misma y seguiré sufriendo. Que en la vida hay momentos buenos y momentos malos, y que no todo es precioso y maravilloso. Que en la vida real hace falta «apechugar», y que si hacía falta estar así para escuchar lo que ibamos a escuchar, merecía la pena. Ofrecí todas las penurias que pasé. No es por decir, sino que todo era amor en el sacrificio y en mi caso lo ofrecí por mi hermana, por mi familia, para que le vaya bien a toda la gente que quiero.

- Si tuviera que elegir entre el certámen de Miss Internacional, al que acudió hace meses, o las Jornadas de Colonia, ¿con qué se queda?

- No puedo elegir, hay cosas buenas en ambas. Estar un mes entero en Tokio, sin mi familia, y sólo pensando en la belleza, en maquillarte, con aquel ambiente... es agotador.

- ¿De qué fuentes ha bebido en su formación cristiana?

- Formo parte del Movimiento de Cursillos de Cristiandad, en Sevilla. Mi formación es claretiana pero también soy cursillista, aunque este año los tengo un poco descuidados.

- ¿Cómo le gustaría terminar esta entrevista?

- Con la mejor de las intenciones propongo a todos los lectores que se hagan esta pregunta: «¿Qué quiere Dios de mí?». Quizá les ayude a encontrar un nuevo y verdadero sentido para su vida. (La Razón)

viernes, enero 13, 2006

Mario Au y Gary Chu: encontrar a Dios en Hong Kong

Este año se cumplen 20 años del inicio de la labor apostólica del Opus Dei en Hong Kong. Por este motivo, ofrecemos los testimonios de Mario Au y Gary Chu: dos personas que han encontrado la fe gracias a la amistad con fieles del Opus Dei.

12 de enero de 2006

Mario Au: un carnicero chino que descubrió el Opus Dei en un mercado de Hong Kong.

En un mercado de Hong Kong


Mario Au es un carnicero chino que trabaja en el mercado de Sai Wan Ho, un barrio de la periferia de Hong Kong. Una televisión italiana le pidió que contase su experiencia en el transcurso de un programa sobre el Opus Dei. Au estuvo hablando sobre su vida familiar en Tue Mun, sobre su trabajo en el mercado y su encuentro con Dios gracias a un amigo del Opus Dei que le fue mostrando la belleza de la fe, le enseñó el Catecismo y le acompañó en su itinerario de conversión hasta el Bautismo.

"Yo me paso el día cortando y vendiendo carne -contaba Au- y ahora, gracias a mis amigos del Opus Dei, he comprendido que le puedo ofrecer a Dios este trabajo mío de carnicero. Y aunque siga haciendo lo mismo de siempre -cortar, trozear, vender...-, procuro hacerlo cada vez mejor, con más entusiasmo.

Lo mismo me ha pasado en mi relación con los clientes, que son mujeres sobre todo. Antes me limitaba a decirles el precio y punto; ahora, aunque me encuentre cansado o nervioso, me esfuerzo por sonreír y hacer algún comentario animante.

A la mayoría de los chinos la vida en Hong-Kong nos resulta muy dura y fatigosa, y esto acaba influyendo en nuestras relaciones familiares. Yo antes, me enfadaba a la primera y mi mujer era también la primera que sufría las consecuencias...

En la actualidad estoy ganando en serenidad. Además, he conseguido dedicar más tiempo a mi familia. Mi momento favorito es el mediodía, porque he puesto los medios y almuerzo todos los días con mi mujer, y así podemos charlar un rato sobre nuestras cosas. Y dedico el domingo a la Misa y al descanso.

Estoy verdaderamente feliz por haber descubierto a Dios".

Pintura representativa del periodo Tang

Gary Chu: la oración de un artista.

Muchos cooperadores del Opus Dei, sobre todo en el Extremo Oriente, son no católicos y no cristianos. Aprecian el clima de amistad y de alegría que se vive en los centros de la Obra.

Es el caso de Gary Chu, pintor. Su padre era barrendero. Su familia, pobre y numerosa. No pudo realizar estudios de arte, pero en la escuela, mientras sus compañeros estudiaban los caracteres chinos, Gary Chu dibujaba a escondidas. Ha hecho algunos retratos del Fundador de la Obra.

En el momento de la entrevista, Gary está dando los retoques finales a una escena de Nuestra Señora con el Niño y un ángel jugando con una cometa. Es del estilo del periodo Tang.

“Todavía no soy católico pero pienso que algún día seré bautizado. Amo a Jesús, a la Virgen María y a San José, y gozo pintándolos. Les he pintado más de cien veces, y los cuadros están en diferentes partes del mundo; y cuando les estoy pintando les hablo, les rezo”.

Gary nos muestra uno de los primeros retratos que hizo de San Josemaría. "Como me dijeron que está adorando a Dios Sacramentado, pensé que tenía que pintarle concentrado, feliz y lleno de amor".

© 2006, Oficina de información del Opus Dei en Internet

Peregrinación a Torreciudad de una imagen de la Virgen de Kazán

El Santuario de Torreciudad recibió en la mañana del siete de enero la primera peregrinación mariana del año formada por un grupo de católicos rusos con el deseo de entronizar a una imagen de la Virgen de Kazán. Se trata de una representación del icono de la Madre de Dios más venerado por los ortodoxos rusos.

www.torreciudad.org

La imagen de la Virgen de Kazán presentada en Torreciudad ha sido elaborada en unos talleres de arte religioso de la ciudad rusa de San Petersburgo, por iniciativa del joven Elias Ivash junto a un grupo de compatriotas suyos y residentes en Cataluña. La imagen fue entregada al rector, que procedió a su bendición, incensándolas y rezando finalmente la oración empleada por Juan Pablo II con ocasión del envío del icono a Rusia.

Acto seguido, los asistentes asistieron a la santa Misa oficiada por mosén Joan Tarradellas, párroco de Artesa y encargado de atender a una parte de la comunidad rusa en Lérida. Al terminar la Eucaristía, los peregrinos han escuchado un breve recital de guitarra clásica ante el Portal de Belén, instalado en la cripta, como homenaje a la Sagrada Familia.

Apuntar que, horas antes de llegar la peregrinación, el icono fue bendecido durante el rito litúrgico greco-católico de la Navidad que fieles eslavos celebran tradicionalmente durante la medianoche del seis de enero. Además, los peregrinos ya han mostrado interés para traer un icono de la patrona de Ucrania y convocar a todas las personas de los pueblos eslavos a una Jornada Mariana.

El joven Elias Ivash, ha sido uno de los máximos impulsores de la peregrinación. Es original de San Petersburgo, dejó su país hace casi tres años y se ha instalado en España por aquello de “cambiar de mundo, traspasar fronteras, conocer otras culturas y.. buscar sol y calor”, dice. Ahora, reside en la localidad Artesa de Lérida donde compatibiliza sus estudios de quinto en el Conservatorio Superior de Música con conciertos en la banda municipal ‘Amadeo Erráiz’, en la que toca la tuba.

El joven músico conoció Torreciudad hace un año durante una excursión acompañado de “mosen Juan Torrellas”, párroco de una de las iglesias de su pueblo. En el santuario le atrajo la denominada Galería de Advocaciones Marianas, en la que se expone más de doscientas imágenes de la Virgen, pero en la que no había ninguna de origen ruso.

Al finalizar la jornada, los asistentes también han podido informarse sobre el quinto Encuentro Mundial de la Familia en Valencia, presidido por Benedicto XVI. En la oficina de información se les ha hecho entrega de diversa documentación, con noticias y datos del encuentro, y han mostrado gran interés de llevar una amplia peregrinación, en representación de las familias rusas. Según Elias, “estamos deseando que Benedicto XVI visite Rusia y pensamos que será posible cuando se nombre al sucesor del Patriarca Alexis. Esperando que en pocos años se rompan las fronteras que dividen a los católicos y ortodoxos.

La Virgen de Kazán es una de las imágenes más veneradas por los rusos, y su devoción, una de las más difundidas, puesto que es la patrona de millones de hogares rusos. La tradición cuenta que la imagen fue llevada por los generales a las batallas y se hizo conocida como la Kazanskaya, la “Protectora de Rusia”, convirtiéndose en el símbolo ruso de la victoria y la libertad.

HISTORIA DEL ICONO


El icono de la Madre de Dios de Kazan, el mas venerado por los ortodoxos rusos, tiene sus orígenes en el siglo XVI, aunque el icono actual, según estudios recientes, es del siglo XVIII.

Después de varios paraderos, el icono fue comprado en 1970 por el Ejército Azul, organización católica mariana dedicada a promover los mensajes y la espiritualidad de la Virgen en Fátima.

Permaneció en la capilla bizantina del hotel Domus Pacis que el Ejército Azul tiene en el santuario de Fátima. En 1993 fue entregado a Juan Pablo II, pasando así a los apartamentos papales por más de 10 años. El Papa tenía el ardiente deseo de ir a Rusia y entregárselo personalmente al patriarca ortodoxo ruso de Moscú.

Al no poder lograr su sueño de ir a Rusia, el Papa decidió enviar el icono a "nuestro hermano el patriarca Alejo II y a través de él a la santa Iglesia ortodoxa rusa y a todo el pueblo ruso". El 25 agosto del 2004, después de un solemne acto de despedida y veneración al que asistieron 7000 peregrinos, Juan Pablo II entregó a una delegación vaticana el icono de Kazan para que lo llevara el 28 de agosto al patriarca.

LA ORACIÓN DE JUAN PABLO II


El Papa compuso para la despedida de la Madre de Dios de Kazan una oración que reproducimos:

Gloriosa Madre de Jesús, que avanzas ante el pueblo de Dios en los caminos de la fe, del amor y de la unión con Cristo (Cf. «Lumen gentium», 63), ¡bendita seas!

Te llaman bienaventurada todas las generaciones porque ha hecho en tu favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre (Cf. Lucas 1, 48-49).

Bendita seas y honrada, Madre, en tu Icono de Kazan, en el que desde hace siglos estás rodeada por la veneración y el amor de los fieles ortodoxos, convirtiéndote en protectora y testigo de las obras particulares de Dios en la historia del pueblo ruso, muy querido por todos nosotros.

La Providencia divina, que tiene la fuerza de vencer al mal y de sacar el bien incluso de las malas obras de los hombres, hizo que tu santo icono, desaparecido en tiempos lejanos, volviera a aparecer en el santuario de Fátima, en Portugal. Sucesivamente, por voluntad de personas que te tienen devoción, fue acogido en la casa del sucesor de Pedro.

Madre del pueblo ortodoxo, la presencia en Roma de tu santa imagen de Kazan nos habla de una unidad profunda entre Oriente y Occidente, que permanece a pesar de las divisiones históricas y de los errores de los hombres.

Te elevamos ahora con especial intensidad nuestra oración, Virgen, mientras nos despedimos de esta sugerente imagen tuya. Con el corazón, te acompañaremos por el camino que te llevará hacia la santa Rusia. Acoge la alabanza y el honor que te rinde el pueblo de Dios que está en Roma.

Bendita entre todas las mujeres, al venerar tu icono en esta ciudad, marcada por la sangre de los apóstoles Pedro y Pablo, el obispo de Roma se une espiritualmente a su hermano en el ministerio episcopal, que preside como patriarca la Iglesia ortodoxa rusa. Y te pide, Madre Santa, que intercedas para que apresure el momento de la plena unidad entre Oriente y Occidente, de la plena comunión entre todos los cristianos.

¡Virgen gloriosa y bendita, señora, abogada y consoladora nuestra, reconcílianos con tu Hijo, encomiéndanos a tu Hijo, preséntanos a tu Hijo! Amén.

(Traducción del ruso realizada por www.zenit.org, ZS04082502)

© 2006, Oficina de información del Opus Dei en Internet

martes, enero 10, 2006

Lo dice Eulogio...

La mejor forma de ser colonizado es perder la lengua. Hispanoamérica es el patio trasero de Estados Unidos desde el mismo momento en que renuncia al castellano para implantar el inglés. Es más "fashion". Todo experto de comercialización hablará de "share" en lugar de "cuota" para demostrar sus conocimientos. La estupidez llega al ridículo cuando los trabajadores hacen "boxing" en lugar de meter las cosas en cajas para la mudanza.

La huella de un santo

El 9 de enero se cumplen 104 años del nacimiento de San Josemaría. Ofrecemos un vídeo y unos textos extraídos de la homilía “Amar al mundo apasionadamente”, pronunciada en el Campus de la Universidad de Navarra en 1967: síntesis de la amplia predicación del fundador del Opus Dei sobre la santidad en medio del mundo.

07 de enero de 2006

"O sabemos encontrar en nuestra vida ordinaria al Señor, o no lo encontraremos nunca".

Vea un extracto de esta homilía en vídeo

Lo he enseñado constantemente con palabras de la Escritura Santa: el mundo no es malo, porque ha salido de las manos de Dios, porque es criatura suya, porque Yaveh lo miró y vio que era bueno (Cfr. Gen 1, 7 y ss.). Somos los hombres los que lo hacemos malo y feo, con nuestros pecados y nuestras infidelidades. No lo dudéis, hijos míos: cualquier modo de evasión de las honestas realidades diarias es para vosotros, hombres y mujeres del mundo, cosa opuesta a la voluntad de Dios.

Por el contrario, debéis comprender ahora –con una nueva claridad– que Dios os llama a servirle en y desde las tareas civiles, materiales, seculares de la vida humana: en un laboratorio, en el quirófano de un hospital, en el cuartel, en la cátedra universitaria, en la fábrica, en el taller, en el campo, en el hogar de familia y en todo el inmenso panorama del trabajo, Dios nos espera cada día. Sabedlo bien: hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir.

(...) Hay una única vida, hecha de carne y espíritu, y ésa es la que tiene que ser –en el alma y en el cuerpo– santa y llena de Dios: a ese Dios invisible, lo encontramos en las cosas más visibles y materiales.

No hay otro camino, hijos míos: o sabemos encontrar en nuestra vida ordinaria al Señor, o no lo encontraremos nunca. Por eso puedo deciros que necesita nuestra época devolver –a la materia y a las situaciones que parecen más vulgares– su noble y original sentido, ponerlas al servicio del Reino de Dios, espiritualizarlas, haciendo de ellas medio y ocasión de nuestro encuentro continuo con Jesucristo.

Os aseguro, hijos míos, que cuando un cristiano desempeña con amor lo más intrascendente de las acciones diarias, aquello rebosa de la trascendencia de Dios. Por eso os he repetido, con un repetido martilleo, que la vocación cristiana consiste en hacer endecasílabos de la prosa de cada día. En la línea del horizonte, hijos míos, parecen unirse el cielo y la tierra. Pero no, donde de verdad se juntan es en vuestros corazones, cuando vivís santamente la vida ordinaria...

© 2006, Oficina de información del Opus Dei en Internet

'Sólo me he ido a dormir... Os quiero'

NOTA DE UNO DE LOS MINEROS DE EEUU ANTES DE MORIR

Éste y otros cuatro mensajes encontrados en el vestuario han dado cierto consuelo a los familiares

Martin Toler Jr, con su nieto en 2001. (Foto: AP)

Martin Toler Jr, con su nieto en 2001. (Foto: AP)

EL MUNDO
Actualizado domingo 08/01/2006 09:46

WASHINGTON.- El hallazgo de cinco notas escritas por los mineros de Virgina Occidental antes de morir asfixiados ha servido para proporcionar a sus familias un consuelo extraordinario. En uno de esos mensajes, Toler Jr se despide de sus seres queridos mientras entraba en un profundo sueño: "Esto no es tan malo. Tan sólo me he ido a dormir. Os quiero".

Echado junto a sus 11 compañeros sobre el suelo de aquella galería inundada de monóxido de carbono y sabiendo que su muerte estaba cerca, el minero Martin Toler Jr. sacó de su bolsillo un bolígrafo y un trozo de papel arrancado de un formulario de solicitud de un seguro y garabateó un mensaje de despedida para su familia. Con mano temblorosa y mientras iba cayendo en un profundo sueño -del que era consciente que nunca iba a despertar-, Toler escribió: "Decidles a todos que les volveré a ver en el más allá".

Después, a la derecha de donde había escrito su despedida, añadió unas cuantas palabras, que han servido al menos para llevar un leve consuelo a toda la comunidad de Virginia Occidental que se ha visto devastada por la tragedia minera de la semana pasada.

"Esto no es tan malo. Tan sólo me he ido a dormir", añadió este capataz de 51 años, uno de los fallecidos tras verse atrapados bajo tierra cuando explotó una galería en las primeras horas del pasado lunes. "Os quiero" se limitaba a despedirse.

A los familiares de estos mineros se les había hecho creer, durante tres horas del pasado martes, que 12 de los 13 afectados por el desastre habían sido encontrados con vida, y todo ello antes de que les comunicaran que, de hecho, eran 12 los mineros fallecidos. Tom Toler, un hermano mayor de Martin que había trabajado con él durante 30 años en la mina de Sago, aseguraba que aquella nota que se había encontrado la había escrito su hermano de una "manera muy ligera, sin apretar demasiado el bolígrafo" en la parte posterior de un formulario de solicitud de un seguro.

"Para mí, esto quiere decir que la nota fue escrita cuando mi hermano se encontraba ya en una fase terminal", afirma Tom. Además, comentaba que su hermano, al igual que su padre y su abuelo, era un hombre muy religioso, y que, con toda probabilidad, habría podido presenciar cómo "se iban a dormir" varios miembros de su equipo antes de decidirse a escribir la nota en cuestión.

Mensaje de despedida. (Foto: AP)

Mensaje de despedida. (Foto: AP)

Peggy Cohen -cuyo padre Fred Ware también murió en la catástrofe- asegura que cuando acudió al depósito de cadáveres para identificar al fallecido, los médicos forenses le aseguraron que varias de las víctimas habían dejado notas escritas.

"En todas las notas se decía que no estaban sufriendo, que simplemente se iban a dormir", manifestaba Peggy Cohen. Y añadía que, cuando pudo verle, su padre tenía un aspecto sumamente pacífico y que la única marca que tenía en todo su cuerpo era un simple cardenal en el pecho. "Me reconforta mucho saber que no sufrió".

Según el informe final del accidente, 12 de los 13 mineros consiguieron sobrevivir a la explosión y se arrastraron hacia lo más profundo del pozo (unos 3.962 metros) para intentar escapar del monóxido de carbono, que finalmente inundó toda la galería. La angustiosa labor de socorro duró 41 horas marcadas por la confusión.

El único superviviente del accidente, Randal McCloy, de 26 años, se encontraba ayer en situación estable, aunque en estado crítico por la intoxicación y los médicos no descartan que haya sufrido algún daño irreversible.