sábado, octubre 27, 2018

A San José


A Vos, bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación y después de implorar el auxilio de vuestra Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente vuestro patrocinio. 
Por aquella caridad con que la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, os tuvo unido y por el paterno amor con que abrazastéis al Niño Jesús, humildemente os suplicamos que volváis benigno los ojos a la herencia que, con su sangre, adquirió Jesucristo, y con vuestro poder y auxilio socorráis nuestras necesidades.
Proteged, oh providentísimo Custodio de la Sagrada Familia, a la escogida descendencia de Jesucristo. Apartad de nosotros toda mancha de error y de corrupción.
Asistidnos propicio desde el cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha con el poder de las tinieblas. Y, como en otro tiempo librásteis al Niño Jesús del inminente peligro de la vida, así ahora defended a la Iglesia santa de Dios de las acechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, y a cada uno de nosotros protegednos con perpetuo patrocinio para que, a ejemplo vuestro y sostenidos por vuestro auxilio, podamos santamente vivir, piadosamente morir, y alcanzar en el Cielo la eterna bienaventuranza. Amén.
LEÓN XIII.


viernes, octubre 19, 2018

viernes, septiembre 28, 2018


A Santa Teresa de Jesús


Si horas de lucha hay en la vida 
yo encuentro siempre quien me levante 
y oigo en el alma tu voz querida: 
NADA TE TURBE, NADA TE ESPANTE. 

Cuando se escapa lágrima ardiente 
con un gemido que el alma abrasa, 
es un consuelo tu voz clemente 
que me repite.- TODO SE PASA. 

mirando al cielo he dicho a veces 
Santa Teresai ¡Ven en mi ayuda! 
Y tu enseguida, te compadeces, 
segura exclamas: DIOS NO SE MUDA 

Y entonces sigo de mi destino 
el curso firme con la esperanza 
que iluminando va mi camino, 
pues LA PACIENCIA TODO LO ALCANZA. 

Nadie insensible queda al tratarte, 
amor tan grande, ciencia tan alta, 
hay que inclinarse al escucharte: 
QUIEN A DIOS TIENE NADA LE FALTA. 

Con la moderna filosofía 
tu voz serena, dulce, contrasta, 
invade el alma de poesía 
y en ella vibra: ¡SOLO DIOS BASTA! 

Infanta Dª Paz de Borbón

martes, septiembre 11, 2018

Somos estupendos


Somos estupendos
AGUSTÍ ALTISENT, monje de Poblet
Los catalanes nos sentimos fácilmente vulnerables y sabemos reímos poco de nosotros mismos. Lo cual es malo. Con nuestra patética proclamación del hecho diferencial y nuestra inclinación al dulcísimo sentimiento de sentirnos víctimas, como dijo Pía, vamos con los ojos en blanco como mártires involuntarios: sólo nos falta la palma. Otros hispanos, con sus defectos peculiares también, andan más sueltos de sí mismos y tienen mejor salud. U n día le conté a un navarro aquello de: “¿‘El pensamiento navarro’, ‘El pensamiento navarro’?... Si es navarro, no puede ser pensamiento” -de Unamuno- y se rió a carcajadas (aunque no por navarro sino por listo). Eso deberíamos saber hacer nosotros en lugar de tomamos tan en serio. Cierto: en todas partes cuecen habas y a una señora de Olite que me decía “Navarra es lo mejor del mundo”, hube de señalarle que lo mejor del mundo es el mundo. Pero los catalanes, aprendiendo, ganaríamos mucho sin perder lo nuestro. Como todos.
Pero antes de continuar presentaré mis credenciales. Mis antepasados por línea paterna y materna están documentados en el siglo XII en el mismo pueblo del Urgell donde nacieron mis dos abuelos varones; en casa nadie sabía nada de política, pero hablábamos sólo catalán: si un día yo les hubiera escrito en castellano habrían pensado que me había vuelto loco; y si he publicado unas 4.000 páginas de historia, 3.500 son en catalán, que es mi lengua. Soy, pues, un pura sangre. Pero ni me siento importante ni, mucho menos, desgraciado o avergonzado. Cataluña me cae pero que muy bien: perfectamente natural y hecha a la medida (o yo a la suya), y aunque Coriolano dijo que “hay un mundo en cualquier parte”, yo tengo que vivir aquí para ser feliz.

Y regreso al tema. Mientras los catalanes no sepamos sonreímos un poco más de nosotros mismos estaremos tensos y seremos poco simpáticos. Quien no sabe sonreírse de lo suyo elásticamente vivirá pocos años, no tendrá libertad interior y padecerá úlcera de estómago. Ha habido catalanes que han sabido hacer eso y han hallado eco: Santiago Rusiñol con “Els jocs floráis de Camprosa” y “L’auca del senyor Esteve”, por ejemplo.
Los Rusiñol, si son equilibrados, son higiénicos. Y hacen falta. ¿Hacemos un test? Les contaré un chiste: el catalán que se enfade, en mi opinión tiene que ir al psiquiatra y al director espiritual, porque es excesivamente inseguro y se da por atacado enseguida; que es decir: no es inteligente ni humilde. Pero, mucho cuidado: quien no siendo catalán se ría con malicia de los catalanes por ese chiste sin caer en la cuenta de que él tiene también el tejado de vidrio, que vaya a confesarse (que es más barato que ir al psiquiatra e imprescindible para toda clase de salud) y se acuse de no ver la viga en su ojo.
 Y va. Un catalán va a Tierra Santa y en el lago de Tiberíades quiere alquilar una barca para dar un paseo. Pregunta por el precio y le dicen lo equivalente a 4.000 pesetas. El hombre: “Pero, ¡por favor! Escolti, home, escolti! ¡Nosotros, en Banyoles, paseamos en barca por 400 pesetas!” El barquero: “Bien, pero tenga en cuenta que aquí Jesucristo caminó sobre las aguas”. El catalán: “No me extraña, al precio que ponen ustedes las barcas”.
 De todos modos, esos chistes sobre catalanes, ingleses o maños son como las caricaturas: acentúan ciertos rasgos y generalizan, lo cual es siempre inexacto y un tanto injusto; pero así, quienes los inventan y los creen característicos de un grupo, hacen que cobren más fuerza. Una caricatura no es un retrato.
 Nunca ha sido sagaz enfadarse o ponerse serio cuando alguien se sonríe de uno. Lo más eficaz, a falta de una respuesta aguda y rápida que sea para el otro como un puñetazo en la boca (que no recomiendo; el puñetazo, quiero
decir), es mirarle irónicamente en silencio o triplicarle nuestro defecto y reírse con él. Eso último desarma: nadie lucha contra un “sí”. Y si una parte de la esencia de España es pelearnos como buenos hermanos, también “quien sonríe al que le roba, le roba algo al ladrón”, como dice un personaje de Shakespeare.
Cuentan que, si una anciana va a cruzar la calle con el semáforo en rojo, si es en Vallado-lid la avisan de que no puede cruzar; si en Andalucía, la avisan y luego la acompañan; en Barcelona le gritan "Avia! No badií”. En este último caso el catalán es brusco, sí, pero en un punto está mejor que los demás: parte de la base de que uno tiene que aprender a espabilarse porque la vida es dura y hay que estar alerta.


Finalmente, para que no falte algo de examen ascético para castellanos, recuerden que Unamuno, escribiendo a Maragall, le decía: “Son intratables. En lugar de cerebro tienen testículos”. Que también es bastante exacto; aunque no molesta si uno sabe hacerse el muerto y opina lo del “Abel Sánchez”: “Prefiero no obedecer que mandar”. Quedan, entre otros, los vascos: no recuerdo que Unamuno dijera algo acerca de ellos. Si realmente no dijo nada es porque eso es enormemente complicado. No hay quien lo entienda.

LV 26-3-1992 

domingo, septiembre 09, 2018

Jonás, el dormilón

La Biblia es divertida. Vean, por ejemplo, la historia de Jonás. Un día, en su vida de un cualquiera, se filtró la voz de Dios. «Levántate —le dijo—, ve a Nínive y predica que sus maldades han llegado hasta mí». Es decir: «Apestan. ¡Diles que estoy harto!». Nínive era una gran metrópoli, sin duda con gente muy buena, pero también con muchos opresores de los débiles, adúlteros, ricos que derrochaban mientras mucha pobre gente se moría de miseria... La ciudad resplandecía tanto por su lujo como por su corrupción.
Jonás debía ser buena persona cuando Dios le encargó predicar penitencia, pero, cobardón y más listo que el aire, pensó: «¡Menuda papeleta! Si les digo eso, me matarán». Y, piernas, para qué os quiero, huyó a Jafa y allí embarcó para Tarsis. Pero Dios le persiguió: desencadenó una tempestad en el mar y el barco corría peligro de hundirse. La tripulación se asustó, echaron la carga al mar «y cada uno clamó a su dios», dice la Biblia. Pero Jonás, tan fresco: dormía en el fondo de la cubierta hecho un tronco. El capitán le vio y acercándose gritole: «¿Qué haces, dormilón? Levántate y clama a tu Dios. Quizá él se dará maña a favor nuestro y no naufragaremos». Todos los dioses tenían que probarse para ver cuál de ellos funcionaba en el caso, según aquel capitán ecléctico.
Pero entre los marineros corrió la voz de que todo se debía a que a bordo había un culpable. Y echaron suertes. Y apareció que el culpable era Jonás. Le interrogaron y él les dijo que era hebreo, que veneraba al Dios de cielo y tierra; y confesó que huía de Él. Y puesto que el mar se embravecía más y más, él mismo pidió que le echaran al agua para que se calmara. Así se hizo y, en efecto, el furor de las aguas cesó. Pero entonces a los marineros les entró el miedo de Dios, el Dios de Jonás; le ofrecieron un sacrificio y le hicieron una promesa. Y Dios, que en la Biblia interviene en todo manualmente, «hizo que hubiera un gran pez para engullir a Jonás» y, durante tres días y tres noches, Jonás permaneció enterito dentro de las entrañas del pez, desde donde dio gracias a Dios por haberle salvado; y «Dios dio la orden al pez y éste —al punto— vomitó a Jonás sobre la playa», dice la Biblia.
Habrá adornos novelescos (aunque, ¿dónde hay cosas más pintorescas e increíbles que en lo que tenemos cada día ante los ojos?) que Jesús pudo utilizar como símbolo de su muerte y su resurrección. Pero la narración es deliciosa e instructiva, con su poesía sencilla y alegre y su religiosidad llena de humor.
Vuelto Jonás a la libertad, Dios le ordenó de nuevo que fuera a Nínive, ciudad inmensa, a predicar. Jonás entonces gritó allí, en su nombre, por las calles: «¡Dentro de tres días, Nínive será destruida!». Y los ninivitas, atemorizados, le hicieron caso; el rey proclamó un ayuno y obligó a todos a renunciar a su mala conducta (que es lo esencial de la penitencia) porque —decía—: «¿Quién sabe si Dios no recapacitará y abandonará sus planes y nos salvaremos?».
Y, en efecto, Dios vio que habían cambiado de vida y les perdonó. ¡Pero entonces el ofendido fue Jonás! Y clamó a Dios: «¿No lo decía yo? ¡Por eso huí de ti! ¡Sabía que eres clemente y misericordioso y que yo podría hacer un mal papel!». Y le pedía a Dios que le quitara la vida. ¡Había hecho el ridículo ante los ninivitas! Y le dijo a Dios que tenía un disgusto de muerte justificado y, enfurruñado, salió a las afueras de Nínive, se hizo una cabaña y se sentó a la sombra, esperando qué ocurriría con la ciudad. Pero Dios quiso mostrarle la rectitud de su proceder divino. Hizo crecer una higuerilla junto a la cabaña para que le diera sombra y Jonás pudiera echarse durante la siesta. Eso alegró mucho a Jonás, que al parecer gustaba de sestear. Pero al día siguiente Dios hizo que un gusano picara la higuerilla y el arbusto se secó. Cuando salió el sol y la atmósfera se puso calurosa, Jonás quedó tan aplanado que pidió a Dios la muerte. 
«¿Crees realmente —le preguntó Él— que tienes un disgusto de muerte justificado?». Jonás, que todo se lo tomaba por lo trágico, respondió que sí. Y Dios le echó en cara: «Pues no tienes razón alguna para ello. Mira: a ti te duele que haya muerto la higuera que no te ha costado nada y ha salido en una noche. Y yo, ¿no tenía que dolerme por la gran ciudad de Nínive, donde hay tantos habitantes y un ganado tan considerable?».
Así termina esta historia. Sin duda Jonás continuó con su vida de un cualquiera, pero ya no tuvo más tristeza por el bien de los demás. Seguramente se alegraba de que Dios fuera clemente y misericordioso con todos; y esta alegría le hacía feliz como si de sí mismo se tratara.
Porque del bien de los demás sólo puede separarnos la tristeza; si nos alegramos de él, lo gozamos como si fuera nuestro. Quien lo prueba lo sabe.
Agustín Altisent
Monje de Poblet
LV. 28-5-91
Imagen de kisspng


sábado, septiembre 08, 2018

Morir será incómodo pero la maqueta habrá tenido el Vº Bº de Dios

Retomo el blog, con el P. Altisent de Poblet.

Mi muerte
AGUSTÍ ALTISENT
Hay que quitarle hierro a la muerte: es un acto importante de la vida, sí, pero no es ningún drama. Se ha hecho demasiada literatura sobre ese trance. De niño y adolescente moría poquísima gente (que yo conociera; lo demás ocurría muy lejos): la muerte afectaba a dos o tres personas de los mayores. Total: la muerte era un pequeño asunto de los demás y afectaba a gente diferente como contratada ex profeso.
En mi muerte personal, no pensé hasta muchos años después, muy pasada la edad en la que entré -es un decir- en el uso de la razón. Entonces pensé en la muerte instintivamente, en forma de tic y a propósito de trivialidades. Un día, por ejemplo, me sorprendí pensando: «Qué lata. Ahora que he descubierto esta manera rápida de atarme los zapatos voy a tener que morirm». Luego murieron familiares muy queridos. Era muy triste; me saltaban grandes lagrimones.
La vida continuó. Más adelante observé otro grave fallo en la organización: fueron falleciendo parientes y amigos entrañables ¡casi de mi edad! ¡Eso tampoco nos lo habían dicho! Preparar la eternidad y vivir de este modo lo que me quedaba de vida, tratando de ayudar a los demás con alegría, eran unas vacaciones. Naturalmente: no por eso dejé de gozar de este mundo como está mandado y que Dios ha hecho también para nuestra felicidad.
Hoy sigo aproximadamente igual. Sólo que no veo tan rápido eso de mejorar: Dios lleva la batuta y es lento (seguramente por listo), no me necesita para hacerme bueno (aunque me haga el honor de necesitarme un poco para ello) y Él decide los modos y los tiempos. Pero sigo queriendo ser poroso a su acción en mí. Total: en lo que no llego a mejorar, trato de aceptarme como soy (que ya es pena; y vergüenza expiatoria). Eso sí: vivir me entusiasma. ¡Todo me gusta! Y pienso en mi muerte con naturalidad: igual que por la mañana me levanto al sonar el despertador, cuando toquen a morirme me moriré.
¿He de preocuparme por la muerte venidera? Por ahora no me lo parece. ¡Si Dios lo organiza todo...! (Lamento ya mis pecados futuros y acepto todo lo de doloroso que me traiga la vida, incluido, al final, el estrecho desfiladero: desgarrarme por dentro en soledad durante unos días, los tubos metidos por todas partes que no le dejan a uno morir en paz, la UVI...) Mirado en conjunto, morir será incómodo, no lo niego, ¡pero la maqueta habrá tenido el Vº Bº  de Dios! Por lo demás, trato de vivir con la alegría de un niño que juega, atento a las peripecias del juego, pero olvidado de todo lo demás porque en casa tiene el plato en la mesa.
Alguna vez me había preocupado no saber cuándo y cómo, pero ahora pienso que eso es una tontería: Dios me mandará la muerte cuando y como sea mejor para mí; una muerte adecuada y puntual. Él está de mi parte, mi muerte será una criatura suya y a Él le va un poco de su honor en que yo salga bien. Será, por lo tanto, una muerte escogida, cuidada, una muerte a domicilio (aunque fuera en carretera) portes pagados. Por descontado, Dios no tratará de pescarme en un mal momento. ¡Ni sabría hacerlo! ¿Iba a despilfarrar de este modo la crucifixión de su Hijo? Esta convicción hace que, si me ocurre pensar en los traqueteos de carrocería previos al tránsito, me quede tranquilo: podrán sí, entonces, chirriar mis nervios, pero será como si me lavaran con agua hirviendo, jabón reseco, estropajo áspero y frotando fuerte para quedar como nuevo y entrar pimpante en la sala de fiestas. Donde, por cierto, tengo ya tantos familiares queridísimos que me ovacionarán alegremente, que pronto tendré más ganas de ir allí que de quedarme. Lo cual facilita muchísimo.
En cualquier caso, mi muerte no será un “prét-á-porter” de talla general: estará hecha ex profeso, pensada para mí. Y no me digan: “Claro, usted dice misa cada día y está en gracia de Dios”, porque oír misa está al alcance de todas las fortunas y el estado de gracia se recobra en un instante. Y sobre todo tienen que entender que yo -como todos los santos incluidos- no hallo la paz más que mirando, más allá de mi conciencia, la misericordia de Dios, que es él quien tiene la última palabra.»
AGUSTÍ ALTISENT

LV  07 junio 1992



lunes, septiembre 02, 2013

Las hermanas Caridad Álvarez y Esther Paniagua, en proceso de beatificación


En octubre de 2004 recogí en esta entrada el asesinato de dos monjas españolas, una de ellas del colegio donde estudié. Hoy leo que están en proceso de beatificación por martirio:


Madrid (Lunes, 02-09-2013, Gaudium Press) Las Hermanas Caridad Álvarez y Esther Paniagua son dos de los 19 misioneros martirizados entre 1994 y 1996 en Argelia, cuyo proceso de beatificación avanza de manera grupal. Según la Hermana María Paz Martín, religiosa agustina misionera, su intención de permanecer en el territorio en medio de la violencia "no se explica con la Sociología o la antropología. Solo es posible cuando se ha hecho un hueco en el corazón para el amor de Dios".



Hermanas Caridad Álvarez y Esther Paniagua, en proceso de beatificación. Era el verano de 1994. La Embajada de España en Argel aconsejó a todos los españoles residentes en el país regresar a sus tierras debido a la situación de violencia. Ante el peligro especial que corrían los religiosos, el Arzobispo de Argel, Mons. Henri Teissier, contactó alas comunidades para que éstas discernieran sobre su permanencia en el territorio.

La Hermana María Jesús Rodríguez, superiora provincial de las Agustinas Misioneras visitó las tres comunidades de la ciudad para considerar con las religiosas la decisión en oración. "El 6 y 7 de octubre de 1994 hicimos ese discernimiento. Fue un momento muy fuerte de experiencia de fe. Nos acompañó el Arzobispo de Argel y rezamos en un ambiente sereno", resaltó la religiosa en declaraciones difundidas por la agencia ACI. "Todas ellas eran muy conscientes del peligro que corrían, pero todas libremente y a nivel individual decidieron quedarse en Argelia".

Las valientes mujeres explicaron a su superiora que decidían esto libremente por fidelidad al Evangelio, amor por el pueblo argelino y su intención de compartir la misma suerte de la comunidad local. "En ningún momento querían morir, eran amantes de la vida, pero también amantes de su pueblo y decidieron permanecer allí", explicó la superiora. Esta decisión fue consultada de nuevo desde España periódicamente, para establecer si alguna de las religiosas había cambiado de parecer. La respuesta era siempre negativa. "Pero, ¿y si os pasa algo?", preguntaban. "Pues si nos pasa algo, seguimos estando en las manos de Dios", era la respuesta de las Hermanas.

El día de la prueba

La Hna. Esther Paniagua servía en un hospital local y el día 23 de octubre recibió la visita del embajador de España, quien le insistió que las religiosas debían abandonar el país. "Nos contó que el embajador quería haberla sacado en el coche blindado y ella dijo que no, que volvería a casa a pie, como siempre". A su regreso a casa portaba un libro titulado: "Tu entrega por amor".

Ese mismo día, la Hna. Caridad Álvarez recibió una sugerencia similar, esta vez de parte de la entonces superiora, pero ella rechazó la propuesta. "'Es mi fidelidad a la misión", expresó la religiosa. "Les he dicho en casa que si me sucede algo, quiero que me entierren en Argelia".

Por la tarde, las tres religiosas de la casa se dispusieron a asistir a la Eucaristía en el vecino monasterio de las Hermanas de Foucault, junto con la Hna. María Jesús Rodríguez. "Para ir a la capilla decidimos hacerlo según las normas de seguridad que la embajada nos había dicho: 'Salir siempre de dos en dos'", recordó la Hna María Jesús. "Por eso primero fueron Caridad y Esther y cinco minutos después salimos Lourdes y yo. Íbamos a unos 100 metros de distancia".

Cuando las religiosas dieron vuelta en la esquina y quedaron fuera de la vista de sus compañeras religiosas, ocurrió la tragedia. "En ese momento sonaron dos disparos. Instantes después la gente comenzó a correr y una señora nos metió en su casa", relató. "Oímos llorar y supimos que un cristiano había muerto. Subimos al tejado de la casa, desde donde se veía la capilla de las Hermanas de Foucauld y vimos los cuerpos de Cari y Esther tirados en el suelo".

La Hna Caridad estaba tocando a la puerta de la casa de las Hermanas de Foucault y el agujero de la bala aún se conserva en la puerta. Junto a ella, cayó la Hna. Esther. Sus vidas, terminadas por odio a la fe, se ofrecieron junto a las del Obispo de Orán y su chófer en 1996, los siete monjes cistercienses de Tibhirine y otros ocho mártires

Su historia hace parte del testimonio de fe hasta las últimas consecuencias que aún hoy dan numerosos cristianos que viven bajo la persecución en territorios de África y Asia.

Con información de ACI.


Breve biografía del web http://www.agustinasmisioneras.net:

Hna. Esther Paniagua Alonso 

Nació en lzagre (León, España) el 7 de junio) de 1949 ¿? -ilegible en el original-, hija de Dolores Alonso y Nicasio Paniagua. Inquieta y buscadora descubrió que Dios la llamaba a la vida religiosa. A los 18 años entró al noviciado de la Congregación de Agustinas Misioneras. Profesó los votos temporales el 13 do junio de 1970 y los perpetuos en agosto de 1975. Estudió enfermería y fue enviada a Argelia. El contacto con el mundo árabe la cautiva y aumenta su creciente sensibilidad hacia su cultura y su religión, pero sobre todo hacia sus gentes, a quienes ha entregado su ida sin rebajas.

Trabajó en algunos hospitales de Argelia, donde se dedicaba totalmente a los enfermos de manera especial atendió a niños discapacitados a quienes se entregaba sin horario.

Ellos la llamaban 'su ángel'. Preguntada si tenía miedo por la situación del país, respondía: "Nadie puede quitarnos la vida, porque nosotras ya la hemos entregado... No nos pasará nada porque estamos en las manos de Dios y... si nos pasara algo, seguimos estando en sus manos".

Continua diciendo en e1 encuentro de discernimiento con sus hermanas: "Para mí este momento el modelo perfecto es Jesús: sufrió, tuvo que vencer dificultades y acabó con el, fracaso de In cruz, del que nace la fuente de la vida".

Su libro preferido era la Biblia y en ella confrontaba su vida llena de luces y sombras. Hacia uso también del Corán que con tanto interés leía pare profundizar la fe del pueblo, incluso le gustaba leer a místicos o sufíes del mundo musulmán.

Hna. Caridad Álvarez Martín  

Nació en Santa Cruz de la Salceda (Burgos), España, el 9 de mayo de 1933, en el hogar de Sotera Martín y Constantino Álvarez. Ingresó en la Congregación de Agustinas Misioneras en el año 1955.

Pronto fue destinada a Argelia, donde se entregó a la misión y donde emitió los votos perpetuos el 13 de mayo de 1960. Su delicada salud la hace regresar a España. Recuperada vuelve a Argelia, donde permanecerá más do 30 anos y donde vive la crisis de violencia que se desencadenó hacia los anos 1990. Los destinatarios de su misión fueron los ancianos, especialmente los pobres.

Buscadora de Dios se pregunta si debe abandonar Argelia o continuar entre sus gentes a las que tanto amaba. Enamorada de la misión, no duda un instante: permanecerá al lado del pueblo que la ha acogido y al que ama profundamente. "Estoy  abierta y obediente a lo que Dios quiera de mi, a lo quo vean mis superiores. María estuvo abierta al querer de Dios, quizá  le costó. Deseo estar en esa actitud/ ante Dios en los momentos actuales".

 Diariamente rezaba el rosario y su amor a María la identificaba como mujer consagrada. Caridad y Esther fueron asesinadas cuando iban a misa el 23 de octubre de 1994.


miércoles, junio 05, 2013

Los alimentos que se tiran a la basura son alimentos que se roban de la mesa del pobre


Inspirado en el Evangelio de la solemnidad de Corpus, en el que Jesús da de comer a la multitud con cinco panes y dos peces, y al final les pide a los discípulos que nada del alimento sobrante se desperdicie, el Obispo de Roma, afirmó que la Jornada Mundial del Medioambiente, “invita a contrarrestar el desperdicio de alimentos y a mejorar su distribución en el mundo”.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy quiero centrarme en el tema del medio ambiente, como ya he tenido ocasión de hacerlo en varias ocasiones. Me lo sugiere el Día Mundial del Medio Ambiente que celebramos hoy, patrocinado por las Naciones Unidas, que lanza un fuerte llamamiento a de la necesidad de eliminar los desperdicios y la destrucción de los alimentos.

Cuando hablamos de medio ambiente, de la creación, mi pensamiento se dirige a las primeras páginas de la Biblia, al Libro del Génesis, donde se afirma que Dios puso al hombre y a la mujer en la tierra para que la cultivaran y la cuidaran (cf. 2:15). Y me pregunto: ¿Qué significa cultivar y cuidar la tierra? ¿Realmente estamos cultivando y resguardando lo creado? ¿o lo estamos explotando y descuidando? El verbo "cultivar" me recuerda la atención que el agricultor tiene por su tierra, para que dé frutos y éstos sean compartidos: ¡cuánta atención, pasión y dedicación! Cultivar y cuidar la creación es una indicación de Dios dada no solo al principio de la historia, sino a cada uno de nosotros; es parte de su proyecto; significa hacer crecer el mundo con responsabilidad, transformarlo para que sea un jardín, un lugar habitable para todos. 

Y Benedicto XVI ha recordado en varias ocasiones que esta tarea, confiada a nosotros por Dios Creador, requiere que se capte el ritmo y la lógica de la creación. Nosotros, en cambio, a menudo llevados por la soberbia del dominio, del poseer, de manipular, de explotar; no, no custodiamos la creación, no la respetamos, no la consideramos como un don gratuito que debemos cuidar. 

Estamos perdiendo la actitud de la admiración, de la contemplación, de la escucha de la creación; y por lo tanto ya no somos capaces de leer lo que Benedicto XVI llama "el ritmo de la historia de amor entre Dios y el hombre." ¿Por qué sucede esto? Porque pensamos y vivimos de una manera horizontal, nos hemos alejado de Dios, no leemos sus signos.

Pero "cultivar y cuidar" incluye no sólo la relación entre nosotros y el medio ambiente, entre el hombre y la creación, sino que comprende también las relaciones humanas. Los Papas han hablado de ecología humana, estrechamente vinculado a la ecología ambiental. Estamos viviendo un momento de crisis; lo vemos en el ambiente, pero sobre todo lo vemos en el hombre. ¡La persona humana está en peligro! – esto es cierto ¡hoy la persona humana está en peligro! ¡He aquí la urgencia de la ecología humana! Y el peligro es grave porque la causa del problema no es superficial, sino profunda: no es solo una cuestión de economía, sino de ética y de antropología. La Iglesia lo ha subrayado tantas veces. Y muchos dicen: sí es justo, es verdad... pero el sistema sigue como antes, porque las que dominan son las dinámicas de una economía y de una finanza que carecen de ética. El que manda hoy no es el hombre, es el dinero, el dinero. El dinero manda. Dios, nuestro Padre ha dado la tarea de custodiar la tierra, no el dinero. Sino de custodiarnos, a los hombres y las mujeres. Tenemos este deber. Por lo tanto, hombres y mujeres son sacrificados a los ídolos de la ganancia y del consumo: es ‘la cultura del descarte’. 

Si se estropea un ordenador es una tragedia, pero la pobreza, las necesidades y los dramas de tantas personas acaban entrando en la normalidad... Si una noche de invierno, aquí cerca - en la plaza Ottaviano, por ejemplo, muere una persona, esa no es una noticia. Si en tantas partes del mundo hay niños que no tienen qué comer, esa no es una noticia, parece normal. ¡Esto no puede ser! Y estas cosas entran en la normalidad. Que algunas personas sin techo se mueran de frío en la calle, no es noticia. Por el contrario, por ejemplo, una bajada de diez puntos en las bolsas de algunas ciudades, eso sí se vuelve una tragedia. La persona que muere no es noticia, pero si las bolsas bajan diez puntos, es una tragedia. De este modo, las personas son descartables, nosotros las personas somos descartables, como desechos.

Esta "cultura del descarte" tiende a convertirse en mentalidad común, que contagia a todos. La vida humana, la persona ya no se perciben como un valor primordial que ha de ser respetado y protegido, especialmente si son pobres o discapacitados, si aún no sirve -como el niño que está por nacer- o ya no es necesario -como los ancianos. Esta cultura del descarte nos ha hecho insensibles incluso a los desperdicios, a los residuos de los alimentos, que es aún más despreciable, cuando en todo el mundo, por desgracia, muchas personas y familias sufren hambre y desnutrición. En el pasado, nuestros abuelos eran muy cuidadosos de no tirar nada de los restos de comida. El consumismo nos ha habituado tanto a lo superfluo y al desperdicio de la comida diaria, que a veces ya no somos capaces de dar el justo valor, que va mucho más allá de los simples parámetros económicos. ¡Recordemos bien, sin embargo, que la comida que se tira es como si fuera robada de la mesa de los pobres y de los hambrientos! Invito a todos a reflexionar sobre el problema del desperdicio y del derroche de los alimentos y buscar los medios que, abordando seriamente esta problemática, sean un vehículo de solidaridad y de compartir con los más necesitados.

Hace unos días, en la fiesta del Corpus Christi, hemos leído la historia del milagro de los panes: Jesús da de comer a la multitud con cinco panes y dos peces. Y la conclusión del pasaje es importante: "Todos comieron hasta saciarse y con lo que sobró se llenaron doce canastas". (Lc 9:17) ¡Jesús pide a sus discípulos que no se pierda nada: que no haya desperdicios! Y hay este hecho de las doce cestas: ¿Por qué doce? ¿Qué quiere decir esto? Doce es el número de las tribus de Israel, simbólicamente representa a todo el pueblo. Y esto nos explica que cuando la comida se comparte de manera justa, solidaria, no se priva a nadie de lo necesario, cada comunidad puede satisfacer las necesidades de los más pobres. La ecología humana y la ecología ambiental caminan juntas.

Quisiera, pues, que tomásemos todos el serio compromiso de respetar y proteger la creación, de estar atentos con todas las personas, de contrarrestar la cultura de los desperdicios y de descarte, para promover una cultura de la solidaridad y del encuentro. ¡Gracias!

Zenit

lunes, junio 03, 2013

Dios llora por la locura de la guerra, suicidio de la humanidad que mata el amor



(RV).- (Con audio)  “La guerra es el suicidio de la humanidad porque mata el corazón y mata el amor”. Es uno de los pasajes de la homilía del Papa Francisco, durante la Misa celebrada esta mañana en la capilla de la Casa de Santa Marta. 

Participó en esta celebración un grupo de ochenta personas, compuesto por parientes de militares italianos caídos en las misiones de paz en los últimos cinco años, en particular en Afganistán, y por algunos militares heridos en el curso de estas misiones. 
Los parientes de los caídos eran cincuenta y cinco, en memoria de veinticuatro militares y trece heridos, acompañados por algunos parientes. 

El 2 de junio, se celebra en Italia la Fiesta de la República, “un día significativo” – tal como recordó en su saludo Monseñor Vincenzo Pelvi, Ordinario Militar para Italia, quien concelebró con el Papa Francisco – en el que el país – dijo – expresa “una deuda de amor hacia la familia militar”.
“¡El Señor escucha la oración de todos!”, la de Salomón en el día de la consagración del Templo, pero también la oración de cada uno de nosotros, dijo el Papa al resaltar, citando también el episodio evangélico del centurión que le pide a Jesús la curación de su siervo, “nuestro Dios es así – añadió Francisco – escucha la oración de todos, de todos no como si fuéramos anónimos, sino la oración “de todos y de cada uno”. “Nuestros Dios es Dios de lo grande y Dios de lo pequeño; nuestro Dios es personal”, escucha a todos con el corazón y “ama con el corazón”:
“Nosotros hoy hemos venido a rezar por nuestros muertos, por nuestros heridos, ¡por las víctimas de la locura que es la guerra! Es el suicidio de la humanidad, porque mata el corazón, mata precisamente donde está el mensaje del Señor: ¡mata el amor! Porque la guerra viene del odio, de la envidia, del deseo de poder, y también - lo vemos tantas veces – de ese afán por más poder”.
El Obispo de Roma constató que “tantas veces hemos visto que los problemas locales, los problemas económicos, las crisis económicas”, “los grandes de la tierra quieren resolverlos con una guerra”:
“¿Por qué? ¡Porque el dinero es más importante que las personas para ellos! Y la guerra es precisamente esto: es un acto de fe en el dinero, en los ídolos, en los ídolos del odio, en el ídolo que te lleva a matar al hermano, que lleva a matar el amor. Me viene a la mente esa palabra del nuestro Padre Dios a Caín quien, por envidia, había asesinado a su hermano: ‘Caín, ¿dónde está tu hermano? Hoy podemos oír esta voz: es nuestro Padre Dios que llora, que llora por esta locura nuestra, que nos dice a todos nosotros: ‘¿Dónde está tu hermano?’; que dice a todos los poderosos de la tierra: ‘¿Dónde está tu hermano? ¡Qué han hecho!’”
De aquí la exhortación del Pontífice a rezar al Señor para que “aleje de nosotros todo mal”, repitiendo esta oración “también con las lágrimas, con esas lágrimas del corazón”:
“‘Dirígete a nosotros, Señor, y ten misericordia de nosotros, porque estamos tristes, estamos angustiados. Mira nuestra miseria y nuestra pena y perdona todos los pecados’, porque detrás de una guerra siempre están los pecados: está el pecado de la idolatría, el pecado de explotar a los hombres en el altar del poder, y sacrificarlos. ‘Dirígete a nosotros, Señor, y ten misericordia, porque estamos tristes y angustiados. Mira nuestra miseria y nuestra pena. Estamos seguros de que el Señor nos escuchará y hará, hará algo para darnos el espíritu de consuelo. Así sea”.

[...]
(María Fernanda Bernasconi – RV).



Jesús se preocupa por la gente que tiene hambre






(RV).-
Queridos hermanos y hermanas, el jueves pasado celebramos la fiesta del Corpus Domini, que en Italia y en otros países se ha trasladado a este domingo. Es la fiesta de la Eucaristía, Sacramento del Cuerpo y Sangre de Cristo.



El Evangelio nos propone la narración del milagro de los panes (Lucas 9, 11-17); yo quisiera detenerme sobre un aspecto que siempre me impacta y me hace reflexionar. Estamos en la orilla del lago de Galilea, la noche se acerca; Jesús se preocupa por la gente que desde hace tantas horas está con Él: se cuentan por miles y tienen hambre. ¿Qué hacer? También los discípulos se plantean el problema y le dicen a Jesús: «Despide a la multitud», para que vaya a los pueblos y caseríos de los alrededores y encuentre comida. Pero Jesús dice: «Denles de comer ustedes mismos» (v. 13). Los discípulos se quedan desconcertados y responden: «No tenemos más que cinco panes y dos pescados», como diciendo: sólo lo suficiente para nosotros.



Jesús sabe bien qué hacer, pero quiere implicar a sus discípulos, quiere educarlos. La actitud de los discípulos es la actitud humana, que busca la solución más realista, que no provoque demasiados problemas: Despide a la gente, que cada uno se las arregle como pueda, por otra parte ya hiciste tanto por ellos: has predicado, has curado a los enfermos...



La actitud de Jesús es completamente distinta y está dictada por su unión con el Padre y por la compasión hacia la gente, pero también por su voluntad de dar un mensaje a los discípulos. Ante a esos cinco panes, Jesús piensa: ¡he aquí la providencia! A partir de este poco, Dios puede hacer salir lo necesario para todos. Jesús confía totalmente en el Padre celestial, sabe que para Él todas las cosas son posibles. Por lo tanto le dice a los discípulos que hagan sentar a la gente en grupos de cincuenta - no es una casualidad: esto significa que ya no son una multitud, sino que se vuelven comunidades, alimentadas por el pan de Dios. Y luego toma los panes y los peces, levanta los ojos al cielo, pronuncia la bendición - es una clara referencia a la Eucaristía - y después los parte y comienza a darlos a los discípulos, y los discípulos los distribuyen... ¡y los panes y los peces no se acaban! He aquí el milagro: más que una multiplicación es un compartir, animado por la fe y la oración. Comieron todos y sobró: es el signo de Jesús, pan de Dios para la humanidad.



Los discípulos lo vieron, pero no comprendieron bien el mensaje. Quedaron prendados, como la multitud, por el entusiasmo del éxito. Una vez más, siguieron la lógica humana y no la de Dios, que es la del servicio, del amor y de la fe. La fiesta del Corpus Domini nos pide que nos convirtamos a la fe en la Providencia, que sepamos compartir lo poco que somos y que tenemos, y que no nos encerremos nunca en nosotros mismos. Pidamos a nuestra Madre María que nos ayude en esta conversión, para seguir verdaderamente, cada vez más, a ese Jesús que adoramos en la Eucaristía.



(Traducción del italiano: Cecilia de Malak - RV)



La Iglesia de todo el mundo debe sentir como suya la tribulación que se vive en Centroáfrica


Hay un ensañamiento brutal contra la Iglesia Católica, pero gracias a Dios, iremos sacando la cabeza de dentro del agua

AIN, Madrid.- La fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada ha entrevistado a Mons. Juan José Aguirre, misionero comboniano español y obispo de Bangassou, al sur de la República Centroafricana. Este país ha sido invadido por un grupo de rebeldes islamistas que se han hecho con el poder, arrasando con todo lo que han encontrado a su paso. Han violado a mujeres, incendiado casas y destruido iglesias y misiones. 

Mons. Aguirre afirma que "ha habido un ensañamiento brutal contra la Iglesia Católica". El prelado ha asegurado que "al menos el 50% de los haberes de la diócesis han sido robados. Nos han quitado 23 coches. Ahora mismo vamos a pie. Estoy yendo a pie a todas partes, caminando con mi mochila. No tenemos otro medio más que nuestros pies. Nos han quemado la pediatría, el centro de Internet, la farmacia, el garaje, al igual que han hecho con otros edificios administrativos, de las ONGs y de las otras iglesias". Con motivo de estos ataques contra la Iglesia en este país del corazón de África, AIN va a enviar una ayuda de emergencia a Centroáfrica por un valor de 160.000 €

- ¿Cómo ha sido éste último mes?

- Mons. Aguirre: Ha sido durísimo, caótico. La población ha sobrevivido huyendo al Congo. Intentamos devolver la normalidad a la gente, tratando de poner un horizonte de esperanza. Hemos empezado a hacer acciones para organizar la vida, ayer tuvimos confirmaciones. Hay otro rayo de esperanza: hace dos días llegaron nuevos militares que parecen ser más formales que los que han estado aquí hasta ahora, estos no tienen como fin el saqueo. Son Seleka pero una nueva generación. Hasta ahora hemos estado gobernados aquí por un libio, que no hablaba ni francés ni sango. Y estos nuevos Seleka han cogido a este comandante, le han desarmado, le han quitado el uniforme y se lo han llevado, seguramente para repatriarlo a su país. Están desarmando a todos aquellos que habían aprovechado la rebelión para saquear al país. 

- ¿Qué es lo que se ha encontrado cuando ha llegado a su diócesis, cómo estaban las comunidades, las misiones, las iglesias?¿Ha habido algún tipo de violencia contra los cristianos? 

- Mons. Aguirre: Nada más llegar a la diócesis lo que me encontré fue caos. La gente estaba escapando como podía, familias enteras han huido al Congo. Ha habido ejecuciones sumarias, violaciones, robos y saqueos sistemáticos de las misiones. Ha sido un auténtico acto de guerra. En un pueblo cercano a Bangassou han destruido completamente la misión: las casas de los padres, la de las hermanas. Allí han sido quemadas unas 400 casas y mataron a unas nueve personas. Al menos el 50% de los haberes de la diócesis han sido robados. Nos han quitado los coches. Ahora mismo vamos a pie. Estoy yendo a pie a todas partes, caminando con mi mochila. Nos han quemado la pediatría, el centro de Internet, la farmacia, el garaje, al igual que han hecho con otros edificios administrativos de las ONGs y de las otras iglesias. Han sido muy duros contra las confesiones cristianas y en concreto contra la Iglesia Católica. 

- ¿Ha habido algún asesinato a sacerdotes, religiosas, catequistas, …?

- Mons. Aguirre: Gracias a Dios ningún sacerdote, religiosa, catequista ha sido asesinado. Hemos pedido mucho al Espíritu Santo, la gente ofreció la semana pasada la misa en acción de gracias por haber salvado la vida. Pero en otros sitios, fuera de Bangassou ha habido ejecuciones sumarias.Adultos y niños han sido asesinados a ráfaga de metralleta. Desde que han llegado los Seleka a Centroáfrica, todo ha sido destrucción. Los Seleka entraron en el país en diciembre y tomaron la capital en abril, el Domingo de Ramos. Eran unos 300 militares acompañados de unos 3.000 saqueadores mercenarios de otras nacionalidades que han robado coches, radios, techos solares, baterías, etc. Gran parte de lo robado se lo han llevado al Chad y lo están vendiendo en el mercado negro. Nos han expoliado. 

- Se comenta que el nuevo gobierno quiere instaurar una república islámica, ¿se va confirmando esa sospecha día a día?

- Mons. Aguirre: Día a día se ha confirmado hasta hoy. Hace poco declararon un día festivo, y nos enteramos que justamente ese día era el aniversario del nacimiento de Mahoma. Creo que está habiendo un cambio en los países limítrofes con Centroáfrica. Francia se está dando cuenta de que ha cometido un grave error al permitir que los Seleka se hicieran con el país. Espero que la UE tome decisiones sobre el asunto. Se habla de que van a llegar unos 2.000 soldados de las FOMAC de 6 o 7 países libres de África para que pacifiquen el país. El contingente se distribuiría por distintas comunidades del país para pacificarlo y estarían presentes en el país hasta el 2016, cuando está previsto que se celebren nuevas elecciones democráticas, con el fin de establecer un nuevo presidente y no el actual, que es musulmán y que ha dado el golpe de estado.

- Desde AIN ha lanzado una campaña para conseguir ayuda urgente para República Centroafricana, ¿cuáles son las necesidades que tienen en su diócesis? A nivel pastoral y a nivel material.

- Mons. Aguirre: A nivel pastoral, necesitamos coches y motos para poder llegar a las capillas, porque como dije nos han robado todos. El otro día estuvimos en la casa de las hermanas que fueron saqueadas completamente y eso en una casa de misiones, pero tenemos seis casas de misiones que nos han expoliado totalmente. Les hace falta comprar mesas, sillas, mosquiteras, sábanas, armarios, platos, cuchillos, luces, cables, paneles solares, baterías. A nivel material necesitamos sobre todo leche en polvo y medicamentos para los niños y medicinas para los enfermos de SIDA en fase terminal, “antirretrovirales”. Nos hace falta ayuda para las familias. Están intentando que los niños vuelvan al colegio pero nos falta mucho material didáctico: los lápices, las reglas… todo ha desaparecido. Urgente es también la conexión a internet, porque es el “cordón umbilical” que nos conecta con el mundo exterior. Nos encontramos los ordenadores rotos y tirados por el suelo. 

- ¿Y en cuanto a las iglesias?

-  Mons. Aguirre: Pues al menos tres iglesias han sido saqueadas e incluso las han profanado. Primero intentaron agredir a los sacerdotes y a las hermanas que tuvieron que huir. Aprovecharon entonces para entrar en las capillas, amontonaron los bancos para prenderles fuego y luegorompieron el tabernáculo y cogieron la Eucaristía consagrada. Por tanto, una ayuda para rehacer las iglesias, las pinturas y los bancos también sería necesaria. También han quemado iglesias católicas y capillas de los protestantes, que están hechas de paja. Hay un ensañamiento brutal contra la Iglesia Católica, pero tenemos que aguantar y poco a poco gracias a Dios, iremos levantándonos, y sacando la cabeza de dentro del agua. 

- En cuanto a la parte espiritual, ¿Cómo se mantiene firme en la Fe y cómo mantiene también firmes a todos sus fieles?

- Mons. Aguirre: Intentamos trabajar, hablar, rezar, intentamos reírnos también. Para que nuestra fe siga siendo fuerte. Con el ejemplo de la experiencia del Calvario y siguiendo el ejemplo de los apóstoles: verles predicando con tanto ánimo, sonríen, están contentos y se sienten honrados de haber sido vapuleados en nombre de Cristo. Estas lecturas, que leemos cuando rezamos las Vísperas, nos dan mucho ánimo a todos. De alguna manera está pasando en Centro África lo que ya pasó hace 2.000 años: la resurrección de Jesús de algún modo dio ánimo a los apóstoles, les dio mucho ánimo descubrir que había resucitado, se presenta entre ellos y les enseña las manos y el costado. Sin embargo, después de haber resucitado conserva las llagas de la Pasión, del sufrimiento, de la tribulación. 

- ¿Qué mensaje daría a los benefactores de AIN, y en general a los cristianos de todo el mundo? 

- Mons. Aguirre: Que si nos miramos el ombligo, terminaremos como esa mujer curva del Evangelio, que tenía la espalda curva de tanto mirarse a sí misma. La Iglesia tiene que salir de ella misma hacia las periferias, como ha dicho el Papa, y ser conscientes de que las periferias también son la Iglesia. Me gustaría transmitir la tribulación que se vive aquí porque la Iglesia de todo el mundo debe sentir como suya la tribulación que se vive en Centroáfrica. Entonces seremos uno; como dice San Juan en el Evangelio, Jn 14,17: “Que tu y yo seamos uno”.





jueves, abril 04, 2013

La clase de religión


Hay muchas razones para una clase de religión. Una podría ser esta:

Narra Giovanni PAPINI [1981-1956]

"Para juzgar lo que podía saber, es conveniente que cuente un recuerdo. […] En esta escuela, […] estaba concedida por la ley la llamada "instrucción religiosa". Eran dispensados de ella los escolares cuyos padres, o quienes hicieran sus veces, enviaran una petición por escrito. Mi padre, ateo, escribió esta petición, y yo quedé exento del catecismo. Dos veces por semana, en las cansadas horas después del mediodía, se asomaba a la puerta un robusto viejo vestido todo de seda negra y raso: todos se ponían en pie con feliz retumbar de pies. A una seña del maestro, otro muchacho y yo salíamos del aula, con la cabeza baja, seguidos por las miradas un tanto envidiosas y otro tanto conmiserativas de ochenta ojos conocidos. El cura no movía ni las pestañas; el maestro le cedía con digna condescendencia el sillón cubierto de tela encerada. 

"Mi compañero de exilio era judío, y nadie podía decir nada sobre su deserción. Al contrario, muchos, para excusarme, creían que yo también era un fiel al Viejo Testamento. Sin embargo, yo sabía que había sido bautizado en San Juan, y un obispo me había impreso en la frente la señal de la confirmación. ¿Por qué misteriosa condena, pues, estaba obligado a la abstinencia de la palabra divina? Mi compañero quería saberlo. 

-¿Eres protestante? ¿Eres excomulgado? ¿Qué es tu padre? 

No sabía contestar. Al fin, para confundirle, afirmé: -Mi padre es ateo. 

-¿Y qué quiere decir ateo? -Que no cree en nada. 

"El oliváceo descendiente de Abrahán me miró fijamente con toda la aguda fuerza de sus húmedos ojos negros; luego me volvió la espalda y ya no me preguntó nunca nada. 
[…]
"En ciertos momentos me sentía orgulloso de aquella unicidad que me distinguía de todos. ¿Acaso no era mi padre un hombre que leía libros y sabía lo que se hacía? Pero, a veces, qué pena, qué opresión, qué remordimiento de no estar yo también allí dentro para apreder aquella misteriosa doctrina que nuestro maestro, a pesar de ser tan bueno, no tenía derecho a enseñar con su sencillo traje de todos los días. No creía porque no sabía bien en qué creían los otros, y mi voluntad de creer estaba reducida a aquellos momentos de soledad; a breves sobresaltos de vergüenza y de nostalgia a la sombra andrajosa de las perchas, en el polvoriento silencio de aquella hora abandonada. 

"Una vez que estaba solo, me arriesgué a escuchar en la puerta. La voz del cura silabeaba los mandamientos.

-"Honrar padre y madre".

"Y durante todo el día, perplejo, pensé: "por qué mi padre prohíbe que aprenda a honrarle" 


PAPINI, G. Segundo nacimiento. Ed. Aguilar Madrid 1960



sábado, marzo 23, 2013

Francisco visita a Benedicto

Qué viejito estás Benedicto, se nota tu esfuerzo al andar. Me gusta, de lo que han reproducido en el vídeo, ese regateo por reconocer a Pedro al cederle el reclinatorio y cómo obedeces, quizá contra tu propia convicción de que Francisco debe estar delante. Mons  Gänswein contempla divertido la escena. Y yo también. No quiero sustituirte en la cabecera y pondré, si sé, esa imagen.




Y el anciano obedece a su papa. 


 

domingo, marzo 17, 2013

La última entrevista de Mons Bergoglio antes de ser Papa: «Jesús no se cansa de perdonar»


En la entrevista, el ahora Papa habló de su infancia y cómo su abuela  le enseñó a rezar. "Hayas lo que hayas hecho en tu vida, mira a Jesús", decía a los oyentes.

Antes de ser elegido Papa, el todavía cardenal Bergoglio concedió la que fue su última entrevista antes de ser Papa a una humilde emisora, La 96, situada en una barriada de las más pobres de Buenos Aires. 

“Lo que más me impresiona de Jesús es su ternura, su misericordia. Jesús perdona siempre, te está esperando para perdonarte, para volverte a ubicar. Jesús no se cansa de perdonar. Si nosotros nos apartamos mucho de Jesús se nos va endureciendo el corazón. Y entonces nos cansamos de pedir perdón, pero Él no se cansa nunca de perdonas. Hayas lo que haya que hecho en la vida, mira a Jesús, y vas a sentir lo que es su misericordia. Y eso se lo digo a todos. No le tengan miedo. Algunos dicen ‘no, Jesús está con el látigo en la mano, y me va a dar por todos lados’. Te está esperando con ternura, con cariño, basta que lo mires. Eso es lo que a mi más llega de Jesús, su ternura y su misericordia. Por eso usé esa palabra en mi lema sacerdotal”.

Durante esta entrevista concedida a La 96, Voz de Caacupé, el todavía cardenal Bergoglio recordaba su infancia,  y quién fue la persona que lo enseñó a rezar: “A los trece meses de nacer yo, nació mi otro hermano. Somos cinco. Y mamá no daba a basto con los dos. Y mi abuela, que vivía a la vuelta, me llevaba a la mañana con ella, y me traía a la tarde. Lo que más recuerdo es esa vida compartida entre la casa de mamá y papá y la casa de los abuelos. Y la que me enseñó a rezar más fue mi abuela”-

El arzobispo de Buenos Aires relataba en qué consiste la labor pastoral: “Uno puede ser pastor de tres maneras, y a veces tiene que usar las tres maneras. O el pastor que va delante marcando el camino, o el pastor que va a los costados cuidando que no se desmadre la cosa, que siga más o menos todo junto, o el pastor que va detrás siguiendo el camino que las ovejas van marcando con su olfato. Muchas veces, la brújula, el olfato lo tiene el pueblo de Dios, el santo y fiel pueblo de Dios. Vos tenés que mirar para dónde va, porque el Espíritu Santo es el que trabaja el corazón del fiel pueblo de Dios”.

Caacupé es una parroquia ubicada en el corazón de la Villa 21-24 y Zabaleta, en Barracas, Buenos Aires, Argentina.  Desde 1976 trabaja a favor de la evangelización y la promoción social de su gente. La villa 21 ocupa 63 hectáreas, donde viven 50 mil personas, muchas originarias de Paraguay, Perú, Bolivia. Se encuentra en el conglomerado de pobreza urbana más importante de la Ciudad de Buenos Aires. La parroquia de Caacupé cuenta con 13 capillas, un centro de recuperación de adictos, una escuela de oficios, un colegio secundario, hogares de ancianos y adolescentes, 8 comedores comunitarios, un movimiento infanto-juvenil integrado por más de 1000 niños y jóvenes de la villa. 

Tiene, además, la radio La 96, Voz de Caacupé, y el periódico “El católico”. Caacupé acompaña y guía la vida de muchos hombres y mujeres de este barrio obrero, humilde, de enorme fervor popular, que busca vivir con dignidad. Su párroco es el padre Toto, y lo acompañan los padres Facundo, Charlie y Juan.